The Summit y BCN, parte 2: The big picture

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De Génova 2001 a la resistencia pasiva. Le llaman democracia y no lo es.

Tras la peli (ver primera parte), el cineforum prometido.

Valorar si la reforma laboral, los recortes y los piquetes empresariales son más violentos que lo de los contenedores de basura nos llevaría a otro extenso artículo, no es lo que pretendo ahora. Lo que intento es ver el marco general en el que ocurren estas cosas, lo que los anglosajones llaman “The big picture”.

La imagen general, echando el zoom hacia atrás a tope de power, es que el capitalismo está tan maduro que se pudre y el olor está llegando a la gente. Por un lado, los recursos se agotan. El crecimiento sostenido e infinito en un planeta finito es algo inconcebible para un niño de 10 años que no sea economista neoliberal.

Por otro, el capitalismo financiero (alias, los mercados) se ha comido al industrial  y lleva décadas absorbiendo dinero y recursos de la gente que produce algo, tanto de personas como de empresas. No es nuevo, las rentas hace años que van de abajo hacia arriba y la desigualdad crece. La crisis sólo ha acelerado el proceso y las medidas de los gobiernos parecen echar gasolina al fuego. Incluso desde el FMI y el New York Times, conocidos izquierdistas, declaran abiertamente que tantos recortes que ahogan cualquier crecimiento en favor de la idea fanática (¿a quién beneficia?) de reducir el déficit solo es una «sobredosis de dolor» que no ayuda sino que mata más y con más sufrimiento. Las clases medias se empobrecen y cada día hay más gente expulsada fuera de un sistema que no solo es incapaz de hacer feliz a la mayoría de la gente sino que la hace día a día más desgraciada. Algo parecido a lo que ocurrió más allá del Muro de Berlín, no se si recuerdan. Vale que el suicida griego es un caso extremo (más favorable, por cierto, al orden público que pretende Felip Puig) pero cuando veas las barbas de tu vecino cortar… pues eso, ojo con el barbero.

Puede que llegue un momento que la Champions League y el Sálvame no basten para distraer al personal. La elecciones son una coartada que cada día pierde legitimidad, en parte gracias a los propios políticos que dicen una cosa y la contraria 5 minutos después de las votaciones.  Los gobernantes legislan, descarada y públicamente, para satisfacer a los mercados y a instituciones no democráticas como el Banco Central Europeo y nos dicen que es por nuestro bien, para no hacer enfadar a esos señores que mandan. Va calando la idea de que los parlamentos son caros, por inútiles. Eso también me suena, a años 30. El Parlamento Europeo ni está ni se le espera. Los Lehman Boys, representantes de la nueva plutocracia gobernante, se sientan ya en los ministerios siguiendo el ejemplo marcado por sus homólogos estadounidenses.

Con la doctrina del shock a toda máquina llegan momentos en que las votaciones no son imprescindibles para mantener la coartada. De hecho son un estorbo. Así se designa ¿quién, con qué legitimidad?  al nuevo gobierno italiano; o inspectores de la Unión Monetaria dirigen directamente el gobierno griego, que de una tacada recorta su democracia y su soberanía, toma 2×1, viva el carrefour.

Con este panorama crece la conciencia altermundista, hay que cambiar porque esta moto ya no tira, no me la vendas otra vez. El 99% de la población está empezando, lento pero seguro, a enfadarse. Mientras, los políticos gritan en sus megáfonos “por su seguridad, permanezcan en sus casas, ya nos ocupamos nosotros”.

El 15M es un paso más en ese crecimiento y los dirigentes, encerrados en aquella fortaleza genovesa, le tienen miedo a la gente, como sus homólogos del Kremlin de hace unos años. Así que tienen que recurrir a las porras, siempre hay dinero para porras.

La estrategia no es nueva

La estrategia probada en Génova ¿también en Barcelona? es dejar que un grupo extremista más o menos dirigido y tolerado excuse una violencia policial que aleje a la gente pacífica de las calles y la mantenga ante la tele o el youtube, sin rechistar y pensando que todo pasa porque así lo quiere el orden natural de las cosas. A partir de ahí se endurece la ley aplicable a aquel que moleste. Recuerdo el dato: de los cientos de detenidos en Génova en 2001, ni uno solo -ni uno- pertenecía al grupo violento Black Bloc. El problema para nuestros amados líderes no son los violentos, ni la violencia en sí. El Estado siempre se ha llevado bien con eso, sabe manejar la violencia, tiene profesionales equipados, entrenados y algunos muy motivados para ello. No así  con la respuesta pacífica. Que alguien me explique qué quiere decir incorporar al delito de atentado a la autoridad la resistencia activa o pasiva grave. ¿Desmayarse o morirse en la manifestación será considerado delito por resistencia pasiva grave?

Y aquí la versión 2.0

Detrás de todo esto está el miedo de los dirigentes a que la gente se anime a la protesta pacífica. Como ellos temen a sus gobernados, pretenden que sus gobernados les tengan miedo a ellos. Bueno, a sus chicos de la porra, ellos se queda en el despacho, son gente pacífica que ordena a  otros lo de golpear y eso. Pero a los que golpean esta cosa jipi de la no violencia les desconcierta. Quieras o no, algunos mossos se encontrarían incómodos ante el hecho de golpear a mi señora madre, incapaz, por educación, de quemar una sola papelera.  Así que habrá que meterle miedo para que no se le ocurra ir en plan resistencia pasiva, que igual eso sí es capaz de hacerlo.

Según palabras del propio Fernández Díaz  el endurecimiento del código penal (¿la amnistía fiscal también?) supone una defensa de la democracia. Sí señor, la guerra es la paz, señor ministro.  También declaró que «Barcelona no se puede convertir en la capital antisistema de Europa«. «Vamos a hacer que no lo sea«. Pirueta lingüística muy neocon el equiparar antisistema con violento, algo así como igualar sacerdote a pedófilo.  Creo que convertirse en capital altermundista sería mucho más beneficioso para su imagen internacional que convertirla en la versión europea de Las Vegas, pero hay gustos para todo.

Volviendo a la entrada anterior del blog, la primera entrada de esta miniserie, lo que estremeció a unos de los creadores de The Summit (excorresponsal de guerra, recuerden), testigo directo de la masacre de Génova es que todo eso pasara en Italia, en la Unión Monetaria Europea y no en la Latinoamérica de los años 70 o en otros lugares del mundo. De repente comprobó, de forma traumática, cómo los mercados (recuerden, era 2001, los buenos tiempos) suspenden la democracia cuando lo creen oportuno, cuando no es competitiva. Nada personal, solo negocios.

La democracia se ha convertido para ellos en un inconveniente que están eliminando. Intentan que parezca un accidente.

3 comentarios sobre “The Summit y BCN, parte 2: The big picture

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