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La guerra de Schmiedel

Cierro la miniserie sobre desertores -basada en el libro de Charles Glass– con Werner E. Schmiedel. Nada que ver con Slovik o Powers. Schmiedel no desertó por miedo, por negarse a matar o por amor.

Schmiedel decidió que lo de disparar y correr iba a ir en beneficio propio, sin bandera ni mandos a los que obedecer. Arriesgaría el todo por el todo, pero no precisamente por la patria.

La historia lo tiene todo para una buena peli. Verán.

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La suerte del soldado Powers

Era marzo de 1958, un día cualquiera en el pequeño pueblo de Mont d’Origny, en el norte de Francia, cerca de la frontera con Bélgica. Hay un accidente automovilístico frente a la casa de Yvette Beleuse. Allí vive la joven madre junto a sus cinco hijos, nadie más.

Pero al llegar la policía al lugar ven la figura de un hombre mirando a través de las cortinas, alguien que no debería estar ahí. De hecho es alguien que debió estar junto a su unidad 14 años antes, alguien que se esfumó y que ahora reaparece desde las sombras. Es Wayne Powers, un desertor del ejercito estadounidense durante la batalla de las Ardenas, en 1944.

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La suerte del soldado Slovik

Durante la Segunda Guerra Mundial, cerca de 50.000 soldados estadounidenses desertaron de sus tareas. De estos, a más de 21.000 se les condenó a diversas penas, la mayoría de ellas de arresto o encarcelamiento. Una junta de clemencia revisaba los casos graves, reduciendo las sentencias en el 85 por ciento de ellos.

Se decretaron 49 sentencias de muerte.

De esas 49 condenas a muerte, se conmutaron 48. Solo un soldado estadounidense fue ejecutado por deserción: Edward Slovik, 24 años, en sus propias palabras “el tipo menos afortunado del mundo”.

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Arabel, una pareja de espías

araceli_joan_portadaEs muy posible que hayan oído hablar de Garbo. No me refiero a Greta, sino a Joan Pujol García, uno de los espías más importantes del siglo XX. Se supone que los británicos los bautizaron así por la capacidad de seducción del espía catalán, que engañó repetidamente a los nazis, en especial durante el episodio clave del desembarco de Normandía.

Los engañó con tanto éxito que los alemanes le condecoraron y, acabada la guerra, seguían pensando que era uno de sus mejores agentes.

Aunque lo alemanes no lo llamaban Garbo, el nombre en clave de Pujol en la Abwehr, era Arabel. Y ahí es donde viene la parte menos conocida de Garbo y la historia de este post. El nombre de Arabel viene de Araceli la Bella. Porque Joan Pujol tenía una mujer que también era espía: Araceli González Carballo.

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No hubo justicia para Riphagen

riphagen_portadaEn mayo de 1940 Alemania ocupa militarmente Holanda. Un país pequeño, que no había sufrido ningún conflicto militar en más 100 años y con un ejercito reducido y obsoleto no fue rival para el poderoso y moderno ejército de Hitler. En pocos días los alemanes se hacen con el control del país, de forma casi incruenta si la comparamos con otros lugares de Europa. Los alemanes consideraban a los holandeses como arios, así que no sufrieron el racismo con el que los ocupantes nazis se conducían en otros pueblos de Europa.

Obviamente todo esto no aplicaba a los judíos holandeses, que fueron duramente perseguidos. Los que no pudieron huir tuvieron que esconderse –como la famosa Ana Frank– para evitar ser deportados a los campos de exterminio.

Aunque un pequeño y débil movimiento de resistencia intentó ayudarles, también apareció otro grupo que olió negocio en el expolio y deportación de los judíos. Ya se sabe que donde unos ven desgracia hay emprendedores que ven una oportunidad.

Andreas Riphagen era uno de ellos.

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El desembarco en Kiska fue un éxito

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Tal vez no sepan que durante la Segunda Guerra Mundial los japoneses invadieron territorio norteamericano. Concretamente dos diminutas islas del archipiélago de las Aleutianas, perteneciente a Alaska, llamadas Attu y Kiska.

Reconquistada Attu, se puso en marcha el último tramo de la Operation Cottage, la recuperación de Kiska. Los aliados Iban a por todas: más de 30.000 soldados y unos 90 barcos (acorazados, destructores y cruceros) además de apoyo aéreo. Primero estuvieron bombardeando la isla durante semanas. Finalmente, el 15 de agosto, marines estadounidenses –y unos pocos canadienses– desembarcaron en Kiska.

En poco tiempo los norteamericanos recuperaron la isla. Una hazaña olvidada en la historia. Un olvido en el que quizás tenga que ver la lista de bajas de ambos contendientes. Por parte americana: 300 muertos y más de 500 heridos. Por la parte japonesa: cero. Ni un herido, ni un rasguño. Ni siquiera un prisionero.

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