Archivo de la etiqueta: Segunda Guerra Mundial

El Münchener Post contra Hitler

Descubierto en documentos secretos y denunciado en exclusiva en el Münchener Post, en diciembre de 1931: “Para la solución final de la cuestión judía (Endlösung der Judenfrage) se propone utilizar a los judíos en Alemania para el trabajo esclavo o para el cultivo de los pantanos alemanes administrados por una división SS especial”.

Repito la fecha por si se les pasó por alto: diciembre de 1931.

Hitler y el nazismo no nacen en Auschwitz. No brotan repentinamente para perpetrar uno de los mayores horrores de la historia. Hasta llegar allí recorren un largo camino. Y, aunque la “solución final” era un  asunto que se llevaba de forma discreta, las señales estaban ahí. Hubo gente que las vio. Por ejemplo, en Munich un pequeño grupo de valientes periodistas lo publicó mientras pudo: era el Münchener PostSigue leyendo El Münchener Post contra Hitler

Cuando Japón ganó la II Guerra Mundial

Bahía de Tokio, 2 de septiembre de 1945. A bordo del acorazado USS Missouri y ante el general MacArthur, Japón se rinde a los Aliados.

Tokio, 1 de enero de 1946. El emperador Hirohito, lee la histórica Ningen Sengen (“Declaración de humanidad”) por la que renuncia a su deidad y se declara un ser humano normal.

Cinco días después, el 6 de enero, el excoronel japonés Jenji Kikawa se presenta en una comisaría brasileña junto con media docena de seguidores pidiendo la legalización de su organización. Una sociedad “para cultivar el espíritu nipón y unir a los japoneses, sin menospreciar el nombre del emperador, como los derrotistas hacen”. Y añade “queremos pedir a la autoridad que prohibía la propaganda que algunos individuos inútilmente hacen dentro de la colonia [japonesa en Brasil], predicando el derrotismo”.

La organización a la que se refiere es el Shindo Renmei, protagonista de uno de los autoengaños más sorprendentes de la historia del siglo XX. Para ellos Japón había ganado la guerra y lo contrario era propaganda americana que no iban a permitir. No eran cuatro locos; en todo caso, miles de locos.

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La guerra de Schmiedel

Cierro la miniserie sobre desertores -basada en el libro de Charles Glass– con Werner E. Schmiedel. Nada que ver con Slovik o Powers. Schmiedel no desertó por miedo, por negarse a matar o por amor.

Schmiedel decidió que lo de disparar y correr iba a ir en beneficio propio, sin bandera ni mandos a los que obedecer. Arriesgaría el todo por el todo, pero no precisamente por la patria.

La historia lo tiene todo para una buena peli. Verán.

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La suerte del soldado Powers

Era marzo de 1958, un día cualquiera en el pequeño pueblo de Mont d’Origny, en el norte de Francia, cerca de la frontera con Bélgica. Hay un accidente automovilístico frente a la casa de Yvette Beleuse. Allí vive la joven madre junto a sus cinco hijos, nadie más.

Pero al llegar la policía al lugar ven la figura de un hombre mirando a través de las cortinas, alguien que no debería estar ahí. De hecho es alguien que debió estar junto a su unidad 14 años antes, alguien que se esfumó y que ahora reaparece desde las sombras. Es Wayne Powers, un desertor del ejercito estadounidense durante la batalla de las Ardenas, en 1944.

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La suerte del soldado Slovik

Durante la Segunda Guerra Mundial, cerca de 50.000 soldados estadounidenses desertaron de sus tareas. De estos, a más de 21.000 se les condenó a diversas penas, la mayoría de ellas de arresto o encarcelamiento. Una junta de clemencia revisaba los casos graves, reduciendo las sentencias en el 85 por ciento de ellos.

Se decretaron 49 sentencias de muerte.

De esas 49 condenas a muerte, se conmutaron 48. Solo un soldado estadounidense fue ejecutado por deserción: Edward Slovik, 24 años, en sus propias palabras “el tipo menos afortunado del mundo”.

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Arabel, una pareja de espías

araceli_joan_portadaEs muy posible que hayan oído hablar de Garbo. No me refiero a Greta, sino a Joan Pujol García, uno de los espías más importantes del siglo XX. Se supone que los británicos los bautizaron así por la capacidad de seducción del espía catalán, que engañó repetidamente a los nazis, en especial durante el episodio clave del desembarco de Normandía.

Los engañó con tanto éxito que los alemanes le condecoraron y, acabada la guerra, seguían pensando que era uno de sus mejores agentes.

Aunque lo alemanes no lo llamaban Garbo, el nombre en clave de Pujol en la Abwehr, era Arabel. Y ahí es donde viene la parte menos conocida de Garbo y la historia de este post. El nombre de Arabel viene de Araceli la Bella. Porque Joan Pujol tenía una mujer que también era espía: Araceli González Carballo.

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