El pequeño Albert

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El pequeño Albert, o Little Albert, fue un experimento llevado a cabo en 1920 por John B. Watson (1878-1958), uno de los psicólogos estadounidenses más importantes del siglo XX, fundador de la Escuela Psicológica Conductista.

Inspirado por el famoso experimento del perro de Pavlov (1897) el bueno de John Watson, junto a su ayudante Rosalie Rayner, decidió probar lo del perro ruso pero en personas estadounidenses: cómo se podía condicionar la respuesta a un estímulo, crear un reflejo condicional.

Querían provocar una serie de fobias aprendidas a un bebé humano. Y el pequeño Albert fue el afortunado.

Little Albert ha pasado a los libros de psicología como uno de los experimentos más aberrantes e inmorales de su historia reciente.

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Christine Granville, la mejor espía de la 2GM

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Chistine Granville en realidad no se llamaba así, sino Krystyna Skarbek. También se llamó Jacqueline Armand, alias Pauline. Krystyna/Chistine/Jacqueline era polaca y “la espía favorita de Churchill”.  Pero tras la guerra, Gran Bretaña la abandonó.

Entró en la Polonia ocupada esquiando a través de los montes Tatra, los más escarpados de los Cárpatos. Fue capturada por la Gestapo y escapó simulando una enfermedad. En Francia participó en la Operación Dragón y liberó a unos compañeros ingleses a punto de ser fusilados.

Inteligente, aventurera, testaruda y muy valiente, Chistine Granville tuvo una vida de película que terminó mal.

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Para juicio el del papa Formoso

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Formoso fue el papa número 111 y ejerció su pontificando durante 5 años (septiembre de 891– abril de 896). Su etapa al mando de la iglesia romana fue convulso, que en aquellos tiempos es como no decir nada: entre 872 y 965 hubo nada menos que 24 papas, una profesión de alto riesgo.

Pero Formoso pasa a la historia no tanto por las dificultades durante su pontificado como por el juicio al que se le somete en 897. O sea, cuando ya llevaba 9 meses muerto.

Eso, por sí solo, tampoco es tan raro, lo curioso es que dicho juicio se celebra con el papa Formoso de cuerpo presente. Fue el llamado Concilio Cadavérico o Juicio del Cadáver. En latín me gusta aun más: Synodus Horrenda

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Viva Naomi Parker / Rosie the Riveter

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Hace unos días murió Naomi Parker. Tenía 96 años. Vivió una vida normal. Las vidas normales, igual que las extraordinarias, están atravesadas por una época de la que no pueden escapar. Naomi tenía 20 años cuando Japón atacó Pearl Harbour y Estados Unidos entró en la Segunda Guerra Mundial.

Naomi fue una más de las mujeres que se sumaron  al esfuerzo de guerra. Junto a su hermana Ada, se presentó para trabajar en la base naval de Alameda, California. Las contrataron a las dos.

Tras la guerra dejó la fábrica –como tantas otras– y trabajó como camarera. Se casó tres veces. No era nadie, una estadounidense más.

Hasta que en 2011, con 90 años, supimos que ella era Rosie the Riveter (Rosie la Remachadora), la mujer que lo puede todo, un icono de nuestros tiempos.

Si quieres saber la historia detrás de Rosie, ahora te la cuento.

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Keith Harward y la ciencia forense

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Todos necesitamos certezas. Por estos pagos, tras siglos de depositar nuestras certezas en “dios y la verdadera religión”, la mayoría hemos decidido confiarlas a la ciencia. Así se convierte a La Ciencia en algo que no es: una prueba de verdad absoluta. Y eso también puede ser peligroso ya que las verdades científicas siempre son relativas.

No se espanten, no voy a hablar de paraciencias, debate de moda en Internet. En realidad quiero contar la historia de Keith Allen Harward, un crimen, una violación y la ciencia forense.

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Pedazos de la Historia. Historias 'mínimas' que nos cuentan quiénes fuimos y por qué somos. Vistas desde el fondo a la izquierda.