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Agenda Setting Function, los medios crean la realidad (2 de 2)

Tiempo lectura: 5 minutos

Cuantos más gatekeepers, mejor

En la teoría de los medios, a la persona que hace la selección de las noticias se le conoce como gatekeeper. Traducido en español generalmente como ‘guadabarreras’, es el filtrador, es quién decide dónde se buscará la noticia y qué recursos se emplearán; también decidirá la forma de la noticia, tan importante como el propio contenido.  Es una labor necesaria ya que el volumen de información es tal que siempre hay que elegir un pequeño grupo de acontecimientos que sobresalgan del resto.  El gatekeeper realiza esta selección siguiendo criterios profesionales: novedad, oportunidad, relevancia del personaje, consecuencias del hecho, público al que se dirige, etc.
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Agenda Setting Function, los medios crean la realidad (2 de 2)

Tiempo lectura: 5 minutos

gatekeeperCuantos más gatekeepers, mejor

En la teoría de los medios, a la persona que hace la selección de las noticias se le conoce como gatekeeper. Traducido en español generalmente como ‘guadabarreras’, es el filtrador, es quién decide dónde se buscará la noticia y qué recursos se emplearán; también decidirá la forma de la noticia, tan importante, en ocasiones más, que el propio contenido.  Es una labor necesaria ya que el volumen de información es tal que siempre hay que elegir un pequeño grupo de acontecimientos que sobresalgan del resto.  El gatekeeper realiza esta selección siguiendo criterios profesionales: novedad, oportunidad, relevancia del personaje, consecuencias del hecho, público al que se dirige, etc.)

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Agenda Setting Function, los medios crean la realidad (1 de 2)

Tiempo lectura: 4 minutos

 

“La prensa no tiene mucho éxito en decir a la gente qué tiene que pensar pero sí lo tiene en decir a sus lectores sobre qué tienen que pensar” (Bernard Cohen, 1963)

 

Esta frase supuso el punto de partida para una investigación sobre la influencia de los medios en la sociedad. Una teoría continuada y fijada por Maxwell McCombs, padre de la “agenda setting function”. En español se utiliza el término “agenda temática” u otro que va un poco más allá: “tematización de la realidad”. Como nuestros sentidos son limitados, necesitamos de los medios para hacernos una idea más extensa de la realidad. Con la selección de los temas que nos ofrecen, los medios no reflejan la realidad sino que la crean.

Según McCombs:

Las agendas o temas considerados relevantes por los medios pasan a ser subrayados también en las agendas de la audiencia. Las personas no sólo reciben información a través de los medios sobre determinados temas o asuntos que ocurren en el mundo y son considerados prioritarios, sino que también aprenden de ellos la importancia y el énfasis que les deben dar.

La teoría va a la misma raíz de la que salen los productos informativos. La primera labor de los medios es conformar la agenda de temas a tratar. Basándose en conocimientos aprendidos del oficio, en sus propios criterios personales y en las directrices del medio en el que trabajan, cada día los profesionales buscan informaciones para luego incluir y/o excluir algunos temas. El siguiente paso, tanto o más importante, es jerarquizar dichas noticias. Eso se hace ya desde el origen, al asignar determinados recursos para ‘cubrir’ tal o cual tema, ‘olvidando’ otros.

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La tecnología no es neutral. Parte VI

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“Y a continuación …” en el reino de la Videocracy

Vamos a continuar la serie con Neil Postman y su “Divirtámonos hasta la muerte” y con la televisión, por seguir la cronología.  Más adelante, con Nicholas Carr, veremos cómo afecta Internet a nuestra manera de pensar. Pero permítanme hacer un poco de ‘historia’ de la televisión. Qué cosas, hace sólo 30 años de todo esto.

Escribe Postman:

Otro de los aspectos que contribuye a banalizar la realidad en la televisión es la continuidad. No hay ningún asesinato  tan brutal, ningún terremoto tan devastador, ningún error político tan grande que no se pueda borrar de nuestras mentes con un  y a continuación…’  del presentador.

Con esto el presentador nos evita reflexionar sobre lo que nos acaba de decir, no tenemos tiempo, nos dice que ya hemos pensado durante el tiempo suficiente la cuestión anterior  (aproximadamente unos ¿veinte segundos?) y que ahora debemos fijar nuestra atención en otra noticia, en un anuncio o un programa de entretenimiento. Porque en el fondo no se trata de crear un plato que nos alimente sino un pastiche que nos sacie.

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La tecnología no es neutral. Parte I

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De MacLuhan y Potsman

Si esta página cae en ojos de un estudiante de Comunicación ya sabrá de qué va, y sino (los programas cambian, los profesores se descuidan) que vaya a buscar el libro de Postman. Los que no hayan caído en las garras de dicha carrera pero les interesa el tema, que hagan lo mismo. Al fin y al cabo desde hace años tengo la teoría de que en bachillerato debería haber dos asignaturas obligatorias: Nutrición y Medios de Comunicación. Lo que más hacemos es comer y consumir mass media (perdón por la expresión) sin tener ni puñetera idea de cómo se hacen ambas cosas.

El libro del que quiero hablar hoy es Divertirse hasta morir, el discurso público en la era del «show business», y fue escrito por un tal Neil Postman en 1985. Pero no se precipiten y lo den por obsoleto hasta que no lo hayan leído o acaben, tengo la esperanza, de leer esta especie de reseña.

 

El prefacio del libro no solo anuncia su tesis principal, además es brillante. A un tipo impresionable como yo le noqueó. Empieza diciendo que los estadounidenses reflexivos, tras aguantar la respiración,  se congratulaban de que hubiera pasado 1984 sin que en su país (ni en el resto de Occidente, añado yo) se hubiera cumplido la pesadilla autoritaria que profetizaba Orwell en su novela. Pero estaban tan pendientes de Orwell que no se habían dado cuenta que lo que sí se había cumplido era lo que temía Aldous Huxley en Un mundo feliz.

El estado tenebroso de Orwell en el que un Hermano Mayor (que no Gran Hermano), decida todo por nosotros y nos prohíba todo lo que le de la gana se ha revelado en nuestras democracias occidentales, y salvo intentos como la penúltima ley antitabaco, poco probable. No parece viable.

Pero en la visión de Huxley no hace falta ningún dictador que uniforme el discurso y nos diga constantemente qué debemos pensar y qué no. Pero mejor en palabras de Postman.

Lo que Orwell temía era que se prohibirían los libros. Lo que temía Huxley era que no habría razón para prohibir ningún libro porque no habría nadie que quisiera leer. Orwell temía a los que nos pudieran privar de información. Huxley temía a los que nos darían tanta que nos reducirían a la pasividad y el egoísmo. Orwell temía que se nos ocultara la verdad. Huxley temía que la verdad se ahogara en un mar de irrelevancia.(…) En 1984 las personas son controladas mediante el dolor. En Un mundo feliz, son controladas mediante el placer. Resumiendo, Orwell temía que nos destruyese lo que odiamos. Huxley temía que nos destruyese lo que amamos.

Joder con Huxley.

El libro (y este escrito) tratan de la posibilidad de que fuera Huxley,  y no Orwell, el que tuviera razón.

Internet va a cambiar la película, y tras los sucesos en el mundo árabe parece aún más claro que el mundo de Orwell (con permiso de Google) cada día es un poco más improbable. Pero ¿y el de Huxley?

Continuará, que tengo que irme a dormir.