Rob Riphagen

Rob Riphagen, en el nombre del hijo

Para compartir:
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Email to someone
email
9 min de lectura aprox.

Rob Riphagen vivía con su madre, en Amsterdam. Su padre se tuvo que ir del país cuando él era un bebé. Se fue a trabajar a Argentina y a finales de los años 40 Argentina estaba bastante más lejos de Holanda que ahora.

A sus cinco años, las referencias de Robert sobre su padre eran las fotografías que decoraban su casa –una grande en el salón, otra en la mesita de noche– y lo que su madre le contaba sobre él. Cosas buenas: que se había marchado a trabajar lejos para que a ellos no les faltara de nada. Eran tiempos difíciles para la mayoría, recién acabada una guerra atroz.

Así que en la mente infantil de Rob su padre era un héroe. Un hombre grande y fuerte, sin miedo a nada ni a nadie y que pronto volvería a casa para cuidarles y protegerles.

Por eso no podía entender por qué en el colegio sus compañeros se burlaban, insultaban a él y a su padre, le pegaban, abrían su cartera y tiraban sus libros y cuadernos al barro. Todo por culpa de su padre.

El pequeño Rob no entendía qué tenía de malo ser hijo de Andreas “Dries” Riphagen.

Dries Riphagen con su hijo Rob

Riphagen, un apellido marcado

Porque los hijos no son culpables de los pecados de los padres. Todo el mundo lo sabe. Pero luego parece que a mucha gente se le olvida.

En aquel tiempo Rob no conocía casi nada sobre su padre. Margaretha, su madre, intentaba protegerle de la verdad y le insistía en que pronto se reuniría con ellos. Durante un tiempo Rob lo creyó.  El día menos pensado aparecería para darle un abrazo, con un regalo traído desde más allá del mar.

Con siete años, un día que no tenía colegio se fue con su bici hasta el puerto de Amsterdam, a ver si por casualidad encontraba a su padre bajando de alguno de aquellos barcos que venían de América.

Aquello no pasó, y con el tiempo Rob se fue dando cuenta de que aquel encuentro no iba a producirse en un futuro próximo. Pero al mismo tiempo que su presencia se alejaba, la sombra de su padre se iba haciendo más pesada.

Dibujo hecho en Madrid en 1946 a partir de una foto de Rob

Un día, al volver del cole tras la última pelea a causa de su padre, Rob le pregunta a su madre. Margaretha procura siempre minimizar el hecho sin responder al misterio que seguía envolviendo a su marido ausente. Ese misterio y algún otro dato robado de las crípticas conversaciones entre los mayores –sobre todo entre su madre y un amigo de Dries, Frits Kerkhoven, quien se había convertido en una especie de padre adoptivo– fueron confirmando en la mente del niño que había algo que no era normal. Para él su padre seguía siendo un hombre grande y fuerte, afable, elegante, divertido, con don de gentes y conocimiento de idiomas.

Pero tanta reserva no presagiaba nada bueno.

En el lado equivocado

Con 18 años supo el terrible secreto, que su padre había había estado “en el lado equivocado (fout) de aquella guerra.  En la que, por otra parte, había mucha más gente equivocada de la que parecía cuando acabó. Frits, que estuvo en la resistencia a la ocupación, se lo confirmó. Su padre había colaborado con los nazis y por eso huyó a Argentina. Lo hizo escondido en el ataúd de un coche fúnebre con una bici desmontada, con la que cruzó toda Francia hasta llegar a España.

Desde ese momento, su padre se convirtió en alguien de quien avergonzarse, en un doloroso secreto. No sabía los detalles, pero conocía aquellas historias sobre la persecución a los judíos, por ejemplo. Y ahora sabía que su padre formaba parte de ‘los malos’ de aquellas historias, tan terroríficas como reales.

Andreas Riphagen

Rob, a diferencia de otros ‘hijos de’, no negó la evidencia ni se aferró a justificaciones. En Rob se instaló la vergüenza por su apellido.

Miedo

Pero sobre todo el miedo. El miedo a ser descubierto, a que aquel apellido le cayera encima como un rayo y que la gente le señalara. Se matriculó en la universidad con ese miedo que siempre le acompañaba. Miedo a que lo descubrieran y le señalaran sus amigos, algunos judíos. Miedo a que la mancha de su apellido afectara a sus calificaciones, su futuro.

Tras la facultad empezó su carrera profesional en el mundo del marketing. Y siguió el miedo: si se descubría públicamente quién había sido Dries Riphagen y quién era su hijo, el puesto de trabajo de Rob se vería comprometido. Aunque obviamente eso no es motivo de cese, la publicidad negativa es algo que aterra a una compañía; siempre hay justificaciones para un despido.

Por el camino se casó, en 1965, con una bella mujer que fue Miss Holanda. Aquello duró 5 años. En 1979 se vuelve a casar y tiene dos hijos, Robert y Suzette, a los que de niños les contará la historia del abuelo Dries, sin dar muchos detalles. Que tampoco conocía, por otra parte.

Rob tiene un trabajo y una familia, un futuro por delante y menos tiempo y ganas de indagar en el doloroso pasado de su apellido. Con su madre nunca hablan del tema. Dries había muerto en secreto en Suiza en 1973, aunque bastantes años antes Margaretha había renunciado a saber nada de aquel hombre que la abandonó con su bebé.

Pero el secreto familiar sigue allí, escondido. Lo hijos no heredan las culpas de los padres, pero sigue el miedo a ser “descubiertos”. Y siguen las preguntas. ¿Por qué? ¿Por qué hizo lo que hizo? ¿Por qué los abandonó y nunca intentó reunirse con ellos?

Toda la verdad a la luz

Y en 1990 se hace la luz y el pasado regresa como una bofetada. El apellido Riphagen es expuesto en la plaza pública, sus crímenes a la vista de todos. Primero en una serie de reportajes, después en un libro de investigación. El libro de dos periodistas holandeses muestra como Dries Riphagen sacaba partido, y por dos veces, de entregar a los judíos de Holanda a los nazis. Aquí la historia.

En ese momento Rob conoce por primera vez la historia completa de su padre. Se la encuentra negro sobre blanco en los periódicos. La verdad era una herida dolorosa, pero ahora sangra en los detalles.

También descubre una hermanastra, nacida de un matrimonio anterior de su padre, cuando éste tenía 18 años. A aquella primera familia, como a Rob y a Margaretha, también las abandonó a su suerte. Dries Riphagen no tenía más objetivo en la vida que cuidar de Dries, costara los que costara.

Con las revelaciones periodísticas el revuelo es grande. Los hijos no tienen la culpa de las acciones de los padres, pero Rob tiene que marcharse a Francia. Riphagen se ha convertido en un apellido tóxico en Holanda. La reputación y el buen nombre de las empresas, ya se sabe.

Malos tiempos para Rob Riphagen. Ahora cada 4 de mayo, el Nationale Dodenherdenking (Día de la Memoria) es aún más doloroso. Para él es un alivio estar fuera de Holanda.

La película, una nueva etapa

La vida sigue, Rob se jubila y en 2010 se vuelve a casar, con María Faber. Una vida tranquila, cultivando plantas y cuidando su jardín. Pero en 2016 vuelve otra vez Dries como un vendaval. Se estrena una película sobre él, su historia vuelve a ponerse de actualidad en Holanda, y traspasa sus fronteras.

Con el apoyo de María, Rob decide enfrentarse definitivamente a su padre, a sus orígenes. Sigue siendo doloroso, pero ahí está él para dar la cara. Este año, por ejemplo, ha viajado con su mujer al Toronto Jewish Festival, donde tras exhibirse la película contestó a las preguntas del público, con algún familiar de las víctimas incluido.

Rob y María durante la premier de la película en Holanda.

Allí también explicó que no sabe nada de la supuesta fortuna que hizo su padre entregando judíos a los nazis. Tal vez se la gastó toda, tal vez quedó en Argentina. El cónsul argentino en Suiza se hizo cargo de sus pertenencias cuando murió y Rob desconoce que pasó con ellas, no pudo rescatar nada. De hecho, Rob se enteró de la muerte de su padre en 1982, nueve años después de que ocurriera.

También este año, y acompañado por María, ha viajado a Argentina buscando las huellas de su padre, intentando encontrar nuevas pistas que le digan quién fue, qué hizo, qué pensaba. ¿Por qué? ¿Por qué?

E intentando calmar un poco un dolor con tantas capas acumuladas tras tantos años escondido. Usándolo para ayudar a otros. Hay muchas maneras de enfrentar los pecados de los padres, y supongo que cada uno lo hace como puede o sabe. No podemos juzgarlos. Pero me parece que la de Rob es la más valiente y la más positiva. Asume una culpa que no es suya e intenta confortar de alguna manera a unas víctimas que tampoco lo son. En todo caso él es también, de otra manera, una víctima de su padre.

La historia no puede borrarse, pero ahora el apellido Riphagen es también el de Rob, el tipo honesto y valiente que se enfrentó a la verdad demostrando, una vez más, que el mal no está en los genes, ni escrito en las estrellas. Y que se le puede vencer.

Rob Riphagen deja a sus hijos una herencia preciosa.

 

Quiero dar las gracias a María Faber, la mujer de Rob. Sin ella este post no hubiera sido posible. Gracias por su ayuda y su amabilidad.

Y a Rob, por supuesto, por su ayuda y por su valentía. 

GuardarGuardar

GuardarGuardar

GuardarGuardar

GuardarGuardar

GuardarGuardar

Para compartir:
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Email to someone
email

24 pensamientos sobre “Rob Riphagen, en el nombre del hijo”

    1. Muchas gracias Federico, me alegro de que te haya gustado.
      Además esta historia no es como las otras de este blog, es un testimonio directo de Rob, es especial para mi.

  1. A los Argentinos, estas historias nos ayudan a conocer la nuestra. Varias coincidencias con Holanda. Pensar que el padre de la Reina no pudo asistir al casamiento de su hija. Holanda tiene memoria y la hace valer, es la única forma de sanear ese pasado de traiciones. En Argentina y en Holanda. La importancia de la Memoria y la necesidad de la Justicia, no importa cuando llegue sino que llegue.
    Gracias Miguel por la nota.

    1. Muchas gracias Alejandro. En mi país, España, también sabemos mucho de esconder la historia debajo de la alfombra, perpetuando así muchas injusticias. En ese sentido, al final argentina está haciendo mejor los deberes. Bueno, casi todo el mundo está haciendo mejor los deberes que España en el tema de la memoria. Y así nos va.
      Dicho esto, de esta historia de Rob me interesaba más lo personal: la relación de una persona con su historia familiar. En un momento del post escribo:
      “Así que en la mente infantil de Rob su padre era un héroe. Un hombre grande y fuerte, sin miedo a nada ni a nadie”
      y el verdaderamente fuerte y valiente era el hijo.

      1. Si, lo de Rob impresiona, como uno se va construyendo al paso del tiempo. Es tarea personal no quedarse en lo que nos fue dado. Rob lo hizo y seguramente lo continuará haciendo.
        Te hago un paralelo Miguel con los jóvenes argentinos que van recuperando su verdadera identidad. Es como si de golpe descubrieran una ventana por donde respirar aire puro. Rob también estaba viviendo una mentira y descubrir y aceptar la verdad te sana. Y hay que ser muy Fuerte para elegir ese camino de la incomodidad de la incertidumbre.

  2. Anoche vimos con mi esposa la pelìcula por NETFLIX, ya que en Argentina no se estrenó en los cines, ni creo llegue a hacerlo. Quedamos impresionados de lo que vimos. Un film de gran calidad formal, buena investigación, admirables actores y un desarrollo que no da respiro. Sabía que muchos colaboracionistas de países europeos huyeron a la Argentina, una Argentina que no dejaba entrar judíos, mancha lamentable y eterna del peronismo. Pero el film me obligó a bucear en la historia del tristemente célebre RIPHAGEN, un admirador de Al Capone y de Hitler (por conveniencia para sus robos y estafas), que estuvo al lado de Perón y hasta le organizó su Servicio Secreto con picana eléctrica y todo. Esto daría origen a otra película que podría titularse: ¿CON CUANTO ORO NAZI SE QUEDO PERON, QUE HOY DISFRUTA ESTELA?.

    1. Hola Alberto. gracias por pasarte por aquí y comentar. desconozco si ya hay investigaciones publicadas sobre la relación entre Perón y los criminales de guerra huidos de Alemania, pero coincido en que es un tema interesante.
      No se si todavía tendría que pasar más tiempo para abordar el tema de forma menos ‘pasional’, desconozco la realidad Argentina para afrontarlo.

  3. Vi la película por Nexflix, es interesante y de calidad cinematrograficamente hablando. La trama es atrapante,sobre todo porque muestras miserias y es sabido que a las mayorías les interesan. Cabe informar a quienes nos leen,que Argentina no sólo se nutrió de porquerias humanas como este tipo,también ingresaron muchos cientificos,que le dieron posibilidad de desarrollos en esas materias y por ultimo informar que una de las mayores comunidades judías se encuentran en Argentina. Lo aclaro para que no quedén falsas ideas sobre mi país.

    1. I’m sorry Don, this post it’s not in English. My English is really really poor. Try with the google translator, helps. :))
      Sorry.

      1. Thank you for the reply, usually this works without issue, but translator for whatever reason cannot work on this page. I just saw the movie on Netflix and wanted to see what the son has to say (if I get the jest of the article correctly).

  4. Hello,
    Just an update. For whatever reason Google translate decided to work on the article, very interesting read and I thank you for the time you put into it.
    Don

  5. ¡Excelente !,simplemente excelente esta investigación y nota publicada;pensar que la “historia” de gran parte de nuestra historia argentina,desdeIgoyen,pasando por el regimen peronista y toda su delirante actividad,casi a nuestros días,”nos las vendieron con moño y todo”, Cúan necesario es tener varios Miguel Garcia Vega,con el compromiso,como lo a hecho Ud,de hacernos conocer,ese sub mundo de la historia oculta,que nos llevó a tener una argentina bananera,pero ya sabemos,como leí,en su nota de aviso,”CADA PALO AGUANTA SU VELA”…Cada argentino,debemos hacer “navegar” el futuro de las generaciones nueva,por “aguas más claras. ¡¡¡ GRACIAS MIGUEL !!!

    1. Muchas gracias. Hasta donde puedo intento sacar verdades que si no están ocultas sí se han dejado ‘a la sombra’. A partir de ahí cada cual haga su interpretación. Me enseñaron los maestros que no existe la objetividad, pero sí la ‘honradez intelectual’ para describir los hechos con la mayor objetividad posible con todo el respeto para el lector.

  6. La investigación es excelente.- El tema de como llegaron lo fugitivos nazis a la Argentina (no sólo alemanes, sino también: franceses, belgas, holandeses, croatas, italianos) con la estrecha colaboración de Perón y su gobierno, están retratadas y documentadas en el libro “La Odessa Argentina” de Uki Goñi.

    1. Muchas gracias Alfredo. Y gracias por la recomendación, no conocía el libro y tiene muy buena pinta. Aunque la memoria te falló (un poquito) y tras consultarlo veo que el título exacto es “La auténtica odessa”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.