La puerta del cielo, un milagro

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Vittorio De Sica fue uno de los grandes directores italianos de la historia, clave en el neorrealismo italiano con películas como Ladrón de bicicletas (1948), Milagro en Milán (1951) o Umberto D (1952). También fue actor en muchas otras, personalmente no me puedo olvidar de su protagonista en la maravillosa El general de la Rovere (1959), que les recomiendo encarecidamente.

Pero la película de las que le voy a hablar no se la puedo recomendar porque no la he visto, es muy difícil de encontrar y, parece ser, su calidad es más que cuestionable. Se llama La puerta del cielo y se acabó de filmar en 1945. Más interesante que la propia película sería otra que contara su rodaje.

La puerta del cielo es una de esas malas películas cuya producción contiene una gran historia. Bueno, varias, con diferentes nombres: De Sica, un tal Pratelli, María Mercader, Goebbels, Pío XII y Giovanni Montini, el futuro Pablo VI… y un montón de extras judíos.

La película narra la historia de un grupo de peregrinos enfermos que viajan en tren hasta el santuario de Nuestra Señora de Loreto en busca de un milagro que los sane. Hasta aquí la historia de la peli, nada del otro mundo: ahora viene la historia buena de verdad.

Un film clandestino

La película estaba financiada por El Vaticano, que vetó la distribución de la cinta y prácticamente la enterró. Solo se conservan tres copias, dos guardadas en los archivos vaticanos y una tercera en poder de Christian De Sica, hijo del director. Los motivos de que El Vaticano vetara su propia película son varios. Por una parte, no era muy buena. Tampoco ayudaba que casi todos los pasajeros del tren lograran el milagro, algunos de ellos antes incluso de llegar a acercarse a la Virgen de Loreto, eso le pareció a la jerarquía vaticana poco edificante.

La tercera razón es que lo importante de esa película fue rodarla, no exhibirla. Una vez acabada ya no le interesaba a nadie. Aunque sobre esto vuelvo luego, no se impacienten.

María Mercader, Goebbels y un tal Pratelli

La segunda historia interesante es que Vittorio De Sica no fue el primer director del filme, sino uno con menos caché que él en aquel tiempo, Esodo Pratelli. Un director desconocido que formaba parte del grupo ejecutivo de Cinecittà, de su Centro experimental y de la Comisión de Censura.

Pero para explicar el cambio de director hay que introducir un nuevo personaje, la actriz catalana María Mercader. Dicha actriz tenía un hermano famoso, Ramón Mercader, que pasó a la historia como el tipo que mató a León Trotski en México con un piolet en 1940. Pero no nos distraigamos y volvamos a María, que hizo carrera a caballo entre España e Italia, participando en unas 40 películas. En 1942 coincide con De Sica -él en la dirección- en la película Un garibaldino al convento, se enamoran perdidamente e inician una relación. De Sica estaba casado y la legislación fascista, con El Vaticano mirando, no admitía el divorcio. Aunque era un secreto a voces, tuvieron una relación extramatrimonial durante 17 años, hasta que en 1959 se casaron en México. Un matrimonio no reconocido que llevó a De Sica a hacerse ciudadano francés, obtener allí el divorcio y casarse con María en París en 1968, por fin legalmente.

María Mercader y De Sica en una obra de teatro, en 1945

A lo que iba, que esta historia tiene muchas curvas. En 1943 María Mercader era un actriz cotizada a punto de rodar La puerta del cielo cuando a su amado De Sica, un director que despuntaba, se le aparece en carne mortal el subsecretario de Goebbels para pedirle que se uniera a la causa propagandística nazi-fascista y rodara una película explicando las bondades fascistas.

No debía ser fácil decir que no a Goebbels en 1943, así que De Sica, horrorizado, se lo explica a María. ¿Cómo librarse del marrón y salir vivo del intento? A Mercader se le ocurre plantear a sus productores que no trabajará en La puerta del cielo si no la dirige De Sica, que subido al barco de la nueva peli puede decir que no, aunque sea temporalmente, a Goebbels. Los productores aceptan.

Esodo Fratelli, un secundario.

Mercader salva a De Sica y de rebote condena a Pratelli a trabajar con el régimen fascista y a ser olvidado por la historia. Tanto es así que tras la guerra apenas se tienen registros del mismo. Participa en un par de documentales sobre arte, luego se vuelve a su pueblo natal, en Rávena, y desaparece; se supone que murió sobre los primeros años 80.

Así que una de las razones de que el rodaje de la película se eternizara durante casi dos años es que de esa manera De Sica se mantenía alejado de Goebbels. Pero esa no fue la única ni la razón principal. Volvamos a la Santa Sede.

Asilo en sagrado

Pío XII, a la izquierda, junto a Giovanni Montini (Pablo VI)

El Vaticano estaba alarmado (tras posturas tibias anteriores, aunque no voy a entrar en eso) por la persecución en Italia a judíos y opositores políticos, sobre todo a partir de la ocupación alemana en septiembre de 1943. El Papa Pío XII decidió utilizar el Centro Católico Cinematográfico, dependiente de la Santa Sede, para rodar una película que solo serviría de excusa para proteger al mayor número de judíos –y antifascistas perseguidos– de la voracidad represora de los nazis.

Así, la película, desde su concepción inicial, no era más que una bendita pantomima para mantener a un montón de gente a salvo, contratándolas como extras, actores o falsos miembros del equipo técnico. Distintas fuentes hablan de unas 300 personas en total.

La localización del rodaje se escoge con toda la intención, la Basílica de San Pablo Extramuros es uno de los cuatro templos fuera del recinto vaticano que cuentan con convenio de extraterritorialidad. Es decir, aunque estuvieran en la Roma ocupada por los alemanes, aquel recinto seguía siendo territorio vaticano, fuera del alcance de la Gestapo. Todo el equipo estaba acogido a sagrado. La basílica dispone de unos amplios jardines, donde duerme el presunto equipo, con documentos y nombres falsos.

Fotograma de “La puerta del Cielo”

El rodaje empieza en el verano de 1943. El avance aliado desde el sur se encuentra con una fuerte resistencia alemana, con batallas como la de Montecassino. El Papa, De Sica y su equipo están dispuestos a alargar el rodaje hasta la liberación; aunque no se si, como Penélope, deshacían lo avanzado cada día. Los 40.000 dólares de presupuesto se van básicamente en la manutención de técnicos y extras. Los días pasan en aquella “fortaleza bajo asedio”, en palabras del propio director. Los aliados no llegan y la situación es cada vez más precaria, con el temor constante de que los nazis se salten a la torera la ley internacional, algo a lo que eran muy aficionados. Escasea la comida y aumentan los enfermos.

Finalmente, el 5 de junio de 1944 –un día antes del desembarco en Normandía y un año después del inicio del rodaje– las tropas estadounidenses liberan Roma y De Sica termina la filmación de la película. La puerta del cielo, apropiado título, fue una mala película que nada más acabada se guardó en un cajón, pero que salvó la vida de unas 300 personas.

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3 pensamientos sobre “La puerta del cielo, un milagro”

  1. Como siempre muy interesante y entretenido, fácilmente da para una película de la película. La aparición de María Mercader es llamativa (la familia es la mar de compleja).
    Felices vacaciones, esperamos que vuelvas pronto

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