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El tifus del doctor Lazowski

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Eugene Lazowski, y Estanislav Matulewicz eran dos médicos polacos que decidieron, por su cuenta y riesgo, inocular una bacteria llamada Proteus OX-19 a cientos de personas. Sin el conocimiento de nadie, ni de los propios pacientes.

La bacteria era inocua en la gran mayoría de los casos, aunque en determinadas condiciones, sin ser mortal, podía ser perjudicial para la salud. Estuvieron haciéndolo durante un par de años, sin que se descubriera. De hecho, pasaron más de 30 años hasta que se conoció su historia. 

Una historia que los convirtió en héroes. 

Eugene Lazowski (1913-2006) es médico cuando Alemania invade Polonia en septiembre de 1939, dando inicio a la Segunda Guerra Mundial. En ese momento sirve en el ejército polaco en un tren de la Cruz Roja y lo seguirá haciendo durante un tiempo, cuando ese ejército derrotado se convierta en una milicia clandestina.
A mediados de 1940, con el país ocupado, Lazowski ejerce en un pequeño pueblo llamado Rozwadów. En aquella zona coincide con un colega, amigo suyo desde los tiempos de la facultad, el doctor Matulewicz. 

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Deportación de judíos del ghetto de Zychlin al campo de Chelmno, marzo 1942 (Fuente: ushmm.org)

Los alemanes iniciaron pronto redadas por la zona de Rozwadów, se llevan a los judíos a los campos de concentración y a los gentiles a trabajos forzados. Las únicas excepciones son los aquejados de algún tipo de enfermedad infecciosa. Y de todas ellas es el tifus la que más aterroriza a los alemanes. Extinguido de Alemania, su soldados son particularmente sensibles al tifus, aparte de ser un mal que se extiende con gran rapidez.

Un falso positivo

Los dos médicos quieren hacer lo posible por ayudar a su gente, y  ponen a trabajar su ingenio. Matulewicz, más avezado en técnicas diagnósticas, descubre que una bacteria, el Proteus OX-19, tiene el mismo comportamiento que la del tifus cuando se le somete a la prueba estándar de la época, la reacción de Weil-Felix. O sea, podían crear un falso positivo por tifus sin tener dicha enfermedad.

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Cartel nazi publicado en Polonia en 1941. «Los judíos son piojos, causan tifus». (Fuente: ushmm.org)

Prueban primero con un amigo de Matulewicz, le inyectan la bacteria y el paciente da positivo en fiebre tifoidea, pero sin los síntomas de la enfermedad. Mandan la muestra de sangre a los laboratorios nazis y cruzan los dedos. A ver qué pasa. Achtung, Fleckfieber, deben aislar al paciente. Primera prueba superada. Los alemanes cierran toda aquella zona, poniéndola en cuarentena y evitando acercarse a esos pueblos a toda costa.
Ahora debían planificar un método para seguir haciéndolo sin que les descubrieran, ya que les iba la vida en ello. Al más mínimo paso en falso eran hombres muertos. Había sido relativamente fácil engañar a los alemanes una primera vez y con un solo paciente. El reto era hacerlo durante todo el tiempo posible y con más gente. Un reto arriesgado y complejo. 

El método Lazowski

Para ello intentan imitar en todo lo posible a una epidemia natural. Para empezar, buscan pacientes con síntomas parecidos al tifus (fiebre, dolor abdominal, tos, náusea, etc.) y les inyectan la bacteria diciéndoles que era la cura. Luego les toman una muestra de sangre que envían a los alemanes. 
Pero como no encuentran demasiados de esos pacientes apropiados, deciden fabricarlos. Idean un compuesto que provoca síntomas de tifus inofensivos que remitían a los pocos días. Ese es  el tiempo justo para inocularles su falsa-inyección y enviar los análisis a los nazis. Los pacientes quedaban maravillados con la eficacia del método de Lazowski, que les curaba el tifus (que en realidad no tenían) en un pispás. Y lo que es más importante, los alemanes seguían alejados de una zona plagada de tifus.
De esta manera consiguieron ampliar su radio de acción a las poblaciones cercanas a Rozwadów, que quedaron cerradas por cuarentena. 
Para evitar levantar sospechas inyectan a judíos y gentiles, sin distinción de sexo ni edad. También tienen en cuenta la época del año en que, por el clima, los agentes de contagio (piojos y pulgas, principalmente) son más activos. Un trabajo de orfebrería médica, cualquier precaución es poca.

Sospechas alemanas

Pero los alemanes tenían que sospechar tarde o temprano, ya que el número de infectados no se correspondía, de forma lógica, al número de muertos. Mandan un equipo médico para investigar. 
Los doctores polacos vuelven a estar en peligro de muerte inminente.

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Lazowski en 2003. (No he podido encontrar ninguna imagen de Matulewicz)

A la llegada del equipo médico alemán les preparan un gran recibimiento a las afueras de la ciudad, una comilona generosamente regada con alcohol. Por muy doctor alemán que sea, es difícil resistirse a eso. 
El banquete consigue dejar fuera de combate a buena parte de la comitiva. Al final, parece ser que el trabajo de inspección lo encomiendan a dos novatos, que se internan en la zona infectada entre borrachos y aterrorizados. Lazowski y Watulewicz les entregan más muestras falsas y les enseñan algunos cadáveres con aspecto de haber muerto de tifus. Eso bastó, los alemanes solo querían salir corriendo para no volver allí jamás.
Y no lo hicieron. Los dos médicos polacos y el falso tifus consiguieron lo que no había logrado el ejército polaco, mantener aquella zona libre de nazis hasta el final de la guerra. Se estima que con esa artimaña salvaron a unas 8.000 personas de los campos de la muerte. Ante la imposibilidad de oponerse a la fuerza bruta de los nazis, optaron por la astucia, lo que me recuerda otro caso comentado en este blog
Su engaño no se conoció hasta 1977, cuando Lazowski, que tras la guerra emigró a Estados Unidos, lo explicó en una revista médica. 

Yo no era capaz de pelear con una pistola o con una espada, pero encontré la manera de asustar a los alemanes”, escribió Lazowski en sus memorias.

Viva la inteligencia, muera la muerte.

2 comentarios sobre “El tifus del doctor Lazowski”

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