Archivo de la etiqueta: psicología

Genie: frágil, preciosa e inquietante

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A Genie le robaron la vida. Todo. Ni siquiera el nombre es suyo, Genie es el nombre que le puso el estado de California a una niña que desde su nacimiento en 1957 no tuvo ninguna posibilidad. La suya fue una vida no vivida.

Pasó un tercio de la misma torturada por su padre, otro estudiada por especialistas y del resto no sabemos nada. Se supone que sobrevive todavía en alguna institución mental, pero se ha optado por respetar su privacidad después de que su triste caso gozara durante un tiempo de gran popularidad.

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Shell shock y la mirada de las mil yardas

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El 28 de junio se cumple un nuevo aniversario del atentando de Sarajevo que supuso el inicio de la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Una guerra de trincheras de barro donde se mezclaba sudor, sangre, mugre y muerte. Y mucho ruido. Un sonido constante de explosiones, gritos, ametralladoras, crujir de huesos, llantos y quejidos de dolor. Locura fuera de toda humanidad o humanidad en su máxima expresión, según se mire. Muchos de los que volvieron a casa nunca regresaron. Se quedaron allí, atrapados en el Shell Shock o la mirada de las mil yardas.  
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La experiencia de ser otro

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Esclavo de la actualidad como bien saben los lectores de este blog, hoy me he impuesto hablar de las elecciones europeas. Apasionante, lo se. Quiero empezar aclarando que el titular no hace referencia a que, viendo las encuestas, voy a hablar de una máquina que cambie a los representantes que el pueblo tiene pensado elegir por otros que se acerquen a la altura del reto que se nos presenta. Lamentablemente no existe tal artilugio mágico.

Pero sí hay otro en marcha que debería acompañar al acta de diputado, dietas, billetes en primera clase, tablet y demás prebendas. Junto a todo eso debería acompañar, como regalo, un pack de esos tan de moda: una invitación a vivir una experiencia.

A primera vista no es decir mucho. El lector avisado estará pensando que la publicidad, como con tantas otras, ha desgastado la palabra experiencia y ahora todo lo es: te compras una plancha (perdón, centro de planchado) para vivir la experiencia de planchar, un sofá para vivir una sit experience o la última marca de kleenex para vivir una experiencia de narices.

No, yo hablo de una de verdad. Habría que invitar a sus señorías a experimentar una sesión (tal vez dos para el señor Cañete) en la máquina para ser otro, un experimento que se está llevando a cabo en Barcelona.

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Transferencia Gruen, una experiencia religiosa

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Pasó la Semana Santa y algunos, los menos, dedicaron esos días a conmemorar la antigua fe de sus abuelos: recrearon el martirio de Jesús, pasearon sus imágenes y visitaron sus templos. Otros, los más, vivieron la nueva (o no tan nueva) fe: se fueron al centro comercial.

Yo, que estuve poniéndome al día en lecturas, pelis, series y reportajes, recuperé un documental grabado (no son horas, señores programadores) que hablaba de la “transferencia Gruen”;  le quité un poco de polvo a “Coerción”, de Douglas Rushkoff, que ampliaba un poco el tema; y acabé visitando alguna web sobre interiorismo de centros comerciales.

Todo me hizo pensar que las iglesias que revientan aforo hoy día son los centros comerciales. No se si venden o estamos ante otra burbuja (motivo de otro post), el caso es que llenan la pista de devotos. Y se construyen con el mismo cuidado e intención que los viejos templos: provocar una emoción, vivir una experiencia. Cada elemento del espacio, por pequeño que sea, está pensado para que adoremos al único dios verdadero: la compra.

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La cárcel de Stanford somos todos

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Seguro que no soy nada original –a estas alturas pocas cosas tengo más claras– pero al hilo de los últimos brotes de violencia callejera contra personas, e incluso contenedores, yo no paro de acordarme del experimento del profesor Zimbardo, conocido también como el “experimento de la cárcel de Stanford«.

Zimbardo quiso demostrar, nada menos, que las líneas morales son extremadamente inestables y que es muy fácil moverlas dependiendo de la situación. Y lo hizo con uno de esos atrevidos experimentos que se llevaban en los 60, como el de su colega Milgram, y que ahora están muy demodés, criticados ferozmente por la psicología oficial. Criticados públicamente, que en las cocinas de los ejércitos vaya usted a saber lo que tienen ahora a fuego lento.

El de Phillip Zimbardo tuvo lugar en el verano de 1971 y es muy probable que hayan oído hablar de él o hayan visto una película basada en el mismo.

La película, claro, exagera, pero la verdad es que en aquella falsa cárcel de Stanford al profesor el asunto se le fue un poco de las manos. Previsto para 2 semanas, el experimento tuvo que cancelarse a los seis días.

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Síndrome de Cotard y “cotard inverso”

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Un consulta médica en Japón en 2012. El paciente, de 69 años, se dirige al doctor en estos términos: “creo que estoy muerto, me gustaría conocer su opinión”. El médico, supongo que tras un momento de sorpresa, le hace ver que si estuviera muerto no podría estar hablando en ese momento. El paciente, efectivamente, no se lo explica, por algo ha ido a consulta. Lo imagino inquieto ante la falta de perspicacia del médico.  Después de un año de tratamiento psicológico el paciente se recuperó. “Ahora estoy vivo, pero estuve muerto una vez”.

En 1990, un joven escocés tuvo un accidente de motocicleta en el que recibió una fuerte contusión cerebral. Salió del hospital convencido de que estaba muerto. Su madre lo llevó a Sudáfrica y el calor le confirmó que le habían llevado al infierno, mientras su cuerpo seguía muerto en Escocia.

En 2004, un británico de 48 años llamado Graham se despertó un día convencido de que estaba muerto. Meses antes, aquejado de una profunda depresión, había intentado electrocutarse en la bañera y por eso estaba seguro de que su cerebro había dejado de funcionar: “les decía a los doctores que las pastillas no iban a servirme de nada porque no tenía cerebro, me lo freí en la bañera”.

Dejó de fumar y de hablar, perdió el interés por comer, no tenía sentido para un muerto hacer nada de eso. Los médicos le sometieron a un escáner cerebral que les sorprendió. Mientras Graham estaba despierto e interaccionando con otras personas su cerebro mostraba una actividad similar a una persona anestesiada o en estado vegetativo. Tras el tratamiento, Graham empezó a mejorar y acabó sintiéndose vivo de nuevo, aunque “las cosas se ponen un poco raras a veces”.

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