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Lo siento pero no puedo

Señores Gallardón y González Pons, por más que lo intento no consigo sentir lástima, ni solidaridad, ni empatía siquiera con sus ilustrísimas señorías. Ni siquiera con sus familias. Lo que están viviendo con el escrache de la PAH debe ser muy duro, un mal trago. Lo sé, lo racionalizo y no tengo duda de ello. De repente la realidad de la calle ha saltado el muro y ha llegado hasta sus puertas. Y no les gusta lo que han visto. No es bonito, ni edificante. Ni creo que la PAH lo pretendiera.

Debería notar esa empatía con los que sufren, como sus señorías y, lo digo en serio, me molesta no sentirla, es una derrota personal. No se, tal vez solo sea una excusa, pero tras años de ver tanta gente sufrir, y no solo en los telediarios, algo se ha roto. Años de ver a mi alrededor gente que se va al paro, que vive cada día preocupada por llegar a fin de mes, van haciendo costra. Los que tenemos suerte solo hemos visto recortados nuestros sueldos a cambio de trabajar más. De momento. Pero otros lo han perdido todo: su casa e incluso sus vidas. ¿Demagogia? El señor Gallardón decía que no se puede violentar de esa manera a unos diputados que votan “en conciencia”. ¿En conciencia? Las listas de los partidos son tan cerradas que a la conciencia no la dejan entrar, como si llevara zapatillas deportivas. Y eso lo sabe todo el mundo, así que sus grandes palabras suenan más huecas que nunca para la mayoría.

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Nuevo mensaje a los mercados

Nuevo mensaje, alto y claro, a los mercados: la Agencia Tributaria desmantela su unidad contra la corrupción en Baleares. Los agentes habían sido claves para sacar a la luz tanto el caso Urdangarín como algunos asuntillos del PP de las islas. Como se ve una vez más, a nuestro gobierno no le tiembla el pulso para sacarnos de la crisis. Si esto no genera confianza en nuestro país la culpa será de esos mercados que, como todas las divinidades, no son nada claros en sus demandas y generan cierta confusión, incluso en sus mas fervorosos creyentes. Antes de criticar la medida reconozcan que no es fácil acertar con dioses tan esquivos.

Históricamente España, salvo raras excepciones, ha tenido gobiernos que se han pasado más tiempo mirando al cielo que a los gobernados. Desde los tiempos del glorioso imperio , aquel en el que sus súbditos salían a matar por el mundo porque aquí se morían de hambre, los gobiernos españoles han tenido a bien ser depositarios de la esencia de la verdadera religión, que diría Alatriste. A cambio de una comisión y, sobre todo, de la satisfacción del deber cumplido, claro. Hay dos cosas que nunca han faltado en una iglesia: la cruz y el cepillo. La verdadera religión no ha cambiado, aunque sí el nombre de la divinidad, ahora son los mercados. El cepillo ha pasado a primer plano.

Pero, como decía al principio, el problema con las divinidades es que no son transparentes. Gustan de los mensajes ambiguos, las paradojas y las contradicciones. Que no es aconsejable jugar al póker con ellos, vamos. El Rajoy candidato, el de la niña de los (sic) chuches, pensó que con sólo sentarse a la mesa le iban a dar fichas; y ahí lo tienen todo el día debajo de la mesa: no es que esté escondido, es que las está buscando. Las fichas, no las chuches.

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Rescate a España el día en que a De Guindos le toca El Gordo

España ya está en posición de rescate, una posición que no describiré por si a esta hora hay niños leyendo. No hemos tenido tanta suerte como en ese país en el que gobierna un tal  De Guindos. Allí, en cambio, han recibido un “préstamo en condiciones muy favorables”. Para más razón pueden leer también ABC o La Gaceta, los principales diarios de dicho país. Ese lugar se encuentra en una galaxia muy muy lejana y en él unos bancos, sólidos como kriptonita, han conseguido que otros países socios, que minutos antes les tenían una mezcla de manía y envidia porque jugaban mejor que ellos con pelotas variadas, le dieran un montón de dinero. Así, sin más, porque ellos lo valen. O tal vez ha sido un milagro de una Virgen que tienen en ese país siempre dispuesta a echar una mano a quien lo pide con fervor.

No les voy a mentir, yo soy uno de esos envidiosos, me gustaría vivir en ese país. Pero me ha tocado vivir en España, al menos de momento. Un país en el que hemos vivido buenos momentos, también merece recordarse. He de confesar que una pizquita de orgullo se me escapó cuando un chaval bajito de Albacete metió un gol que no le cabía en el pecho. O un orgullo mucho mayor, que no me cabía en el mío, cuando cientos de miles salieron a la calle hace ya más de un año y se organizaron, bajo el nombre de 15M, para dar un grito de dignidad que ocupó las portadas del mundo y, lo que es más importante, las mentes de mucha gente de bien de todo el planeta. Y ahí siguen.

Pero en mi país, a diferencia del que gobierna el tal De Guindos, las cosas andan mal para la mayoría. Están a punto de llegar unos señores de negro que son los que lo van a gobernar a partir de ahora. El problema no es que vengan de fuera; vistos los de dentro no es como para ponerse puntilloso con la partida de nacimiento. El problema es que vienen con el dinero y el que paga elige el menú. En el país de De Guindos no sé, en el mío continúa en vigor una vieja ley –que siguen  desde los bancos a Tony Soprano, que cada día tiene más cara de banquero– por la cual si te dejan dinero hay que devolverlo con intereses. Y la fama de los señores de negro les precede: una estirpe que se remonta a Atila, fundador de la hermandad.

Así que mientras en el país de De Guindos todos andan celebrando que les ha caído una herencia de una tía segunda alemana, en el mío es un día más bien negro. Tanto que nuestro supuesto presidente guarda luto en su casa y tiene pensado coger un avión mañana para salir corriendo de él. No sabemos si se traerá a los hombres de negro para hacer el traspaso de los bártulos y enseñarles dónde guarda el tippex (seguro que usa) o directamente se quedará en Polonia a buscar un futuro para su familia. Un dirigente que tiene una niña en la cabeza y no entiende lo que escribe es imprevisible.

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15M: “Mariano, tenemos que hablar”

Entre los múltiples eslogans acertados del 15M (‘poco pan, pésimo circo’ me parece brillante, por ejemplo) siempre hubo uno que me llamó especialmente la atención: “Vamos despacio porque vamos lejos”. No cuadraba con tanta efervescencia de tuits, streamings y demás palabros que envuelven el movimiento desde sus primeros pasos. En la generación del too fast too furious era una nota discordante.  Sabia, pero discordante. Vivimos una cultura audiovisual en que todo ha de ser instantáneo, donde los vídeos en internet de más de 3 minutos cansan y donde los anuncios plantean el problema y ofrecen una solución perfecta en 20 segundos. Si la felicidad se consigue en 20 segundos comprando lo adecuado ¿quién quiere esforzarse despacio para conseguir algo?

Por eso, parte de la ciudadanía y, sobre todo la prensa sobrecogedora sector ultracentrista, enterraron el 15M cuando vieron que a los dos minutos el sistema no se había venido abajo ni el cielo caía sobre nustras cabezas. Lo repitieron a las dos horas y a los dos meses y lo seguirán repitiendo tras comprobarse, un año después, que el muerto está muy vivo, mucho más que algunas portadas, tan rancias que a sus mismos autores les avergonzarán de aquí a unos años y negarán haberlas perpetrado.

El 15M sigue caminando despacio (o no, el tiempo es relativo ¿verdad?) pero sin pausa y con buena salud, demostrando además una capacidad de movilización envidiable, se mire como se mire. Yo lo vi en Barcelona con mis propias gafas. Un éxito.

Con tanto crédito acumulado, los autores de ‘no recortaremos sanidad y educación’, ‘no subiremos el IVA’ o ‘hazte bankero‘  (“…que sino te haré yo a la fuerza”, maldita letra pequeña) y sus altavoces van a seguir con el mismo discurso, como el rey desnudo que una vez descubierto por el niño siguió altivo, “con sus ayudas de cámara sosteniendo la inexistente cola” como si nada pasase. Triste trabajo el de algunos periodistas que cada vez se pasan más tiempo hablando solos.

Porque lo importante, aunque fueron muchos, no es que los indignados ayer en Madrid o Barcelona sean 45.000 o 50.000, ese es el debate que quieren algunos para no hablar de lo que realmente importa: el 15M es el resultado del sufrimiento causado por el capitalismo salvaje, la enfermedad del sistema es lo que importa. La gente se dio cuenta que la crisis es en realidad una estafa y, cómo mínimo, dijo aquello de “ahora me vas a oír”.  Había esclavos a los que su estado les parecía natural, seguro que agradecían a su dueño que les tratara con cierta amabilidad; además, les daba de comer. No hace tanto tiempo de aquello. Siempre hubo resignados y sumisos y siempre los habrá. Siempre hubo capataces y siempre los habrá. Y nunca han sido ellos los que han logrado los progresos sociales.

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Ciudadano ciclista

Grecia avanza ¿lenta? pero segura hacia nuestras costas y la indignación crece poco a poco. El 15M no está tan muerto como sueñan en Interlobotomía y otros medios afines, con lo que las policías del reino tienen doble sesión de entrenamientos ante la presumible clasificación de España para la Champions de los países reformados recortados estrujados. Con tal panorama, no faltan en Internet vídeos que muestren la violencia en las calles. Violencia de manifestantes exaltados que deberían quedarse en su casa si tienen mal beber, violencia de policías infiltrados que animan a los descerebrados anteriores a liarla, violencia de sus compañeros de la porra y la cara tapada que golpean por doquier en defensa de los valores democráticos, de la libertad, la igualdad, la fraternidad. De lo valores que personifica el Fondo Monetario Internacional, en suma.

Pretendía escribir sobre el penúltimo recorte, el de la libertad de reunión y manifestación, imprescindible para dar confianza a los mercados, principio y final de las democracias en vías de desarrollo. Miraba información por internet sobre el temazo y encontré, sin esfuerzo, un par de cosas interesantes. Pero unas cosas te llevan a otras y me volví a topar con esos vídeos violentos (algunos también por este blog) circulando por ahí a mí. Hasta que llegué a uno que les va a parecer aburrido e intrascendente a primera vista. Pero no, hay que mirar bien. Véanlo entero, pero antes acaben de leerme a mí, por favor, ya que me tomo la molestia.

Es Valencia, una protesta pacífica, la policía está tranquila y vemos una calle abierta al tráfico.  La calle esconde un misterio: todo el mundo pasa menos un ciclista, que es detenido sin motivo aparente. Ahí arranca la película, una situación cotidiana (mucha policía en las calles, acostúmbrense) en la que aparece un elemento perturbardor ¿porqué el ciclista no puede pasar? ¿Qué secreto encierra?

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Islandia (un tupido velo), los mejor es pasar desapercibidos

Lo mejor ¿para quién? Es posible que para los islandeses, a los que parece que no les va mal. A los belgas parece que tampoco, el ir saliendo de la crisis económica les deja más tiempo para dedicarse a cosas de belgas, como liquidar (con razón y sin ella) su propio país. Bien comido, es un decir, hay más energía para ondear las banderas. Pero es sin duda La banda de Merkel (ya saben, BCE, FMI, Sarko, Berlusconi y la Unión Monetaria -también conocida, por mal nombre, como UE- en pleno) la más beneficiada. El nombre se lo pongo porque es la alemana quien sale en la foto, ya me gustaría saber quién dirige de verdad el cotarro en la trastienda de Satriale’s.

Es que, por lo que leo por ahí, resulta que Islandia se recupera de la crisis mucho más rápido de lo esperado. No se si ahora mismo caen, es un pequeño país donde no se vivía mal del todo, a pesar del frío indecente, y en el que en un determinado momento unos banqueros conocieron a unos políticos, se gustaron y decidieron echarse una juerga. Pero de las buenas buenas, de esas que en las películas americanas lo que pasa en ellas se queda en las Vegas. A la hora de pagar la cuenta (siempre llega), tonto el último. Y el último, claro, era la población islandesa en conjunto. Esa historia se cuenta en una peli de ciencia ficción, Inside job, que les recomiendo.

Entonces los islandeses sacaron ese vikingo que llevan dentro y no solo dijeron que la juerga de unos cuantos la iba a pagar Ingrid la cantaora, sino que a los responsables del destrozo, tal vez, quizás, puede que no fuera mala idea sacarlos del medio para que no siguieran rompiendo y tal vez, acaso, posiblemente, pudieran ser llevados a los tribunales. Buff, eso es imposible, imagínate, si son intocables.

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