Las Cañitas

Para compartir:
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Email to someone
email
6 min de lectura aprox.

Portada 'Las Cañitas'. inquisición Goya-El Roto

La Cañitas, les llamaban. Junio de 1603 en las Españas, concretamente Salamanca. La relación entre Inés de Santa Cruz y Catalina Ledesma era la comidilla: había mucho escándalo y murmuración en el barrio, según el acta. ¿Y por qué? Por “bujarronas”. ¿Qué me dices? Lo que oyes, ¿cómo te quedas? ¿No te habías enterao todavía? Si todo el mundo conoce a Las Cañitas, hombre. Ponme otro vino, zagal.Pero aquello no quedó en habladurías de tasca y lavadero. Aquello fue a juicio. Y del juicio quedaron actas, enterradas en el archivo de Simancas hasta que fueron rescatadas por el historiador Federico Garza Carvajal.

Las sospechosas ya habían sido juzgadas dos años antes en Valladolid por el nefando crimen. El escribano no quería dejar lugar a dudas: “trataban una con la otra carnalmente como hombre y mujer poniéndose la una debajo y la otra encima y tenían un instrumento de caña hecho a forma de natura de hombre con el cual se conocían la una a la otra carnalmente y por dicho delito fueron desterradas de la dicha ciudad…“.

Las Cañitas no deponen su actitud

Aunque ellas no escarmentaban y tras salir de Valladolid, en Salamanca seguían igual, pecando contra natura obstinadamente. Según el explícito escribano, Inés “con sus manos la abría la natura a la dicha Catalina hasta que derramaba las simientes de su cuerpo en la natura de la otra por lo cual las llamaban las cañitas y esto es público y notorio entre las personas que las conocen”.

garza carvajal - las cañitas

Una abominación por la que Las Cañitas fueron torturadas y castigadas como dios manda, aunque no consta que éste acudiera a declarar como ofendido.  En 1606 Inés y Catalina sufrieron un tercer juicio en Valladolid por no deponer su pecaminosa actitud.

Los documentos rescatados por Garza Carvajal y publicados en un libro titulado Las Cañitas nos explican la historia de un amor lésbico luchando por defenderse de la agresividad de la sociedad bienpensante de la época.

Inés de Santa Cruz (ex-monja y beata) es mujer instruida, de buena familia, con contactos en la Real Audiencia y Chancilleria de Valladolid, gente con posibles.  Catalina Ledesma está casada, trabaja como criada, es pobre y analfabeta. Lo bueno (o terrorífico, según quien lo mire) que tienen dos cuerpos desnudos es que las diferencias de clase se quedan enredadas en el lío de ropa a los pies de la cama.

Aunque, según Garza, la relación entre ambas mujeres parece ser complicada y tormentosa (dominación, celos , etc.) lo cierto es que lucharon por seguir juntas. Una lucha judicial que las llevó a tres juicios, otras tantas apelaciones, algunos latigazos, destierro y el perdón real en 1625. Un perdón que las separa definitivamente y obliga a Catalina Ledesma a vivir con su marido, para regocijo de la Santa Madre Iglesia, ya que dios siguió sin  personarse como acusación.

Sentencia suave

Llegados a este punto hay quien pensará que teniendo en cuenta la época, las sentencias fueron benévolas, sobre todo si se compara con la durísima persecución de la sodomía masculina. Y tendrá razón. Hay varios motivos.

En primer lugar a nadie se le puede escapar que la posición social de Inés y sus contactos consiguieran un trato favorable para ella. Vale que la niña se había descarriado, pero su familia es un pilar de la comunidad. La lógica nos dice que la corte debía estar nutrida de homosexuales que no vieron la Inquisición ni de lejos.

escudo inquisición - las cañitasAún así no era tan fácil librarse, ya que la sodomía era el “pecado nefando”, el más grave, peor que la herejía, porque era un “acto contra natura” la máxima ofensa a Dios, en mayúscula. Y, para situarnos: natura y dios eran la misma cosa; pecado y delito también. No se trataba solo de la burla y estar en boca de todos, te jugabas la cárcel, tortura o incluso la muerte.

Todxs somos sodomitas

El acto sexual entre dos hombres suponía “sodomía perfecta, un terrible delito que la Inquisición no podía tolerar.  El castigo era tortura, galeras o incluso muerte en la hoguera. Hay que tener en cuenta una cosa: la Inquisición no mataba a nadie. La Iglesia apuntaba con la ley y era la justicia civil la que mataba en su nombre, sin que los primeros tuvieran que mancharse los hábitos.

El razonamiento teológico/legal es que el sexo estaba encaminado únicamente hacia la procreación, por lo que el quid de todo el asunto es que si se “desperdiciaba” la simiente del hombre se  rompía un supuesto pacto con el dios de los cristianos.

Una relación heterosexual que supusiera el “manejo abominable del miembro viril o la masturbación eran también pecado/delito, aunque de sodomía imperfecta. Así que no hay escapatoria queridxs: perfectos o imperfectos, todos y todas somos sodomitas.

Por el mismo razonamiento, la relación homosexual entre dos mujeres no era un delito tan grave ya que no había desperdicio de semen. Por tanto, no era una ofensa tan grave a dios, muy puntilloso para sus cosas. Era una “sodomía imperfecta, merecedora de un castigo menor.

Víctima irresponsable

Tras el entramado teórico, y sin ser experto, creo que se trasluce en todo esto una cierta condescendencia ante la mujer como ser inferior. La mujer no es considerada como adulta  sino como un ser  infantil e irresponsable (como una infanta de España, vamos). Por no poder ni siquiera es capaz de llevar la sodomía hasta la perfección, se queda a medio camino.

De ahí venimos, ni más ni menos. Pero por suerte para nosotros, y  para vosotras, los tiempos cambian y la lucha de muchos hombres y mujeres del pasado ha conseguido sacarnos de ese pozo, aunque quede mucho camino.

El resultado de la justicia según la clase social, la condescendencia respecto a la mujer –”siempre víctima” a la que hay que salvar de sí misma– o legislar según el dogma religioso son, felizmente, cosas del pasado más tétrico, cuando mandaban las sotanas. ¿Verdad? Oscuras épocas de la Inquisición que, gracias al Siglo de las Luces, ya quedaron muy atrás en España. Pero muy muy atrás.

boda

GuardarGuardar

GuardarGuardarGuardarGuardarGuardarGuardarGuardarGuardarGuardarGuardar

GuardarGuardarGuardarGuardar

GuardarGuardar

GuardarGuardar

GuardarGuardar

Para compartir:
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Email to someone
email

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.