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Alma Rosé, música para sobrevivir

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Alma Rosé era una obsesa de la música y como tal una directora de orquesta severa y muy perfeccionista. Cuentan que durante un concierto interrumpió la interpretación, visiblemente enfadada, porque entre el público algunos hombres hablaban demasiado alto.

Hasta aquí algo casi normal. Pero la cosa cambia si se abre el encuadre y vemos el escenario. Alma Rosé era judía, directora de la orquesta femenina de Auschwitz-Birkenau y su distinguido público los SS encargados de torturar y asesinar a los presos. Dioses para los que matar a un preso era un acto tan banal como encenderse un cigarrillo.

Alma Rosé fue una mujer excepcional atrapada en unas circunstancias que van más allá de la excepcionalidad. Una mujer que intenta sobrevivir en el infierno a golpes de música, casi literalmente. Tiene que ganarse, nota a nota, cada minuto de vida en un lugar en la que el horizonte vital de un preso son 3 meses.

En Auschwitz cada día, cada pequeña decisión, cada gesto, era trascendental. Y Alma Rosé tomó algunas decisiones que años después la convirtieron en un personaje polémico, con luces y sombras. O sea, como todos los demás que hemos tenido la suerte de no vivir en el infierno.

María Mandel y Josef Mengele

La banda femenina de Auschwitz fue una iniciativa de María Mandel, lagerführerin (jefe de campo, justo por debajo del comandante Höss) que deshacía a su antojo en el campo femenino. Apodada La Bestia, gustaba de torturar a las que llamaba sus “mascotas judías. Pero la Mandel se conmovía con la música, pasión que compartía con otros colegas como Mengele.

La orquesta se puso en marcha a principios de 1943 y su función era recibir a las nuevas reclusas que llegaban al campo, así como acompañar la selección de las mujeres para las cámaras de gas. Era una especie de sedante para controlar mejor el proceso.

También se utilizaba para entretener los fines de semana a los prisioneros, recibir a cualquier visitante ilustre y en veladas destinadas al descanso de los guerreros de las SS, tras una dura jornada de asesinatos.

Alma Rosé llega a la orquesta

Era una banda formada por músicos amateurs que hacían lo que podían, al nivel de una banda municipal. Pero la llegada de Alma Rosé al campo, en julio de 1943,  la cambió por completo. Alma era una figura conocida en el mundo de la música. Sobrina de Gustav Mahler, hija del director de la Filarmónica de Viena y violinista de fama, antes de la guerra fundó una orquesta femenina que había tocado en los mejores escenarios de Europa.

Rosé se agarra a la orquesta de Auschwitz como a un clavo ardiendo. Se dedica en cuerpo y alma, impone duras sesiones de ensayos y la convierte en un conjunto excelente, de nivel profesional.

El repertorio es escaso pero la ejecución muy convincente. Fragmentos de Wagner, un poco de Strauss, Schumann (favorito de Mengele), Verdi, Tchaikovsky o el primer movimiento de la Quinta de Beethoven hacían las delicias de los guardianes nazis en los conciertos del domingo.

No puedo imaginar qué debe sentirse al escuchar a Beethoven o Tchaikovsky mientras del cielo llueve muerte en forma de ceniza. ¿La Europa eterna?

Privilegios

La pertenencia a la orquesta concede a sus integrantes una serie de privilegios vedados al resto de internas. Vivían en un barracón especial (primero el 12 y luego el 7) con el suelo de madera y una estufa a fin de proteger los instrumentos. Quedaban excluidas de los trabajos físicos y recibían alimentación y cuidados médicos de mejor calidad que el resto de las presas.

Como directora, Rosé tenía la categoría de capo, lo que aparte de darle poder sobre el resto de reclusas le proporcionaba mejor comida y ropa y una habitación privada. No solo eso, su magnífica labor al frente de la orquesta había convertido a Mandel, Mengele y otros mandatarios de su calaña en fans que le profesaban un respeto impensable para una presa judía.

¿Una capo severa?

Y aquí empiezan las sombras. Una de las integrantes de la orquesta, Fania Fénelon, sobrevivió al campo y escribió unas memorias tituladas “Playing for time”, de las que también se hizo una película.

En ellas, Fénelon, pianista y cantante profesional, da un versión poco amable de Rosé, una “autócrata fría que se había rebajado ante los alemanes por sus intereses personales”. La acusa de ser excesivamente complaciente con los asesinos y demasiado severa con las mujeres de la orquesta, a las que imponía una disciplina exagerada. Como si se hubiera contagiado, en cierta forma, de las SS.


Ciertamente, ni Rosé, ni la propia Fénelon ni el resto de integrantes de la orquesta debían vivir con comodidad su situación como divertimento de sus propios torturadores.

Su cometido era perfumar por una horas la pestilencia moral de aquel público presuntamente sensible ante el genio de Beethoven, compatriota que seguramente les reafrmaba sobre la superioridad de su raza. Ellas les divertían con su música, otras presas con sus muertes.

Eso debe generar un sentimiento de culpa que, aunque sotto voce bajo el instinto de supervivencia, es un rumor que les ha debido martirizar toda la vida. Tuvieron que sentirse odiadas por el resto de las presas debido a sus privilegios, acusadas de colaborar, de alguna manera, con los verdugos. Pero, al mismo tiempo,  su propia vida dependía diariamente del capricho de los guardias. Todo eso tiene que acercar mucho a la locura.

Música para calmar a la bestia

No seré yo quien juzgue a Rosé por meterse en la música, pura abstracción, para mitigar en lo posible la banda sonora real de los gritos, la sangre y el olor a carne quemada.

Por un lado su profesionalidad le ayuda a escapar de Auschwitz para sentirse en la Filarmónica de Viena por un rato. Por encima de la condición de untermensch impuesta por su captores, Alma se considera artista, es su manera de vencerles.

Pero su obsesión por la ejecución perfecta, por mejorar cada día, va más allá. Deleitar al público no significa el aplauso, significa escapar a la muerte. Tocan para ganar tiempo, para calmar a la bestia. Con su orquesta Rosé consigue conservar la vida, un cierto nivel de cordura y, además, mantener igualmente a salvo al resto.

Bajo su protección ninguna de las mujeres de la orquesta fue asesinada y a las que enfermaron se las trató adecuadamente. La mayoría de las supervivientes lo ven de esa manera y le están agradecidas.

Alma no consiguió salir de Auschwitz

En la primavera de 1944 Alma cae enferma, probablemente de tifus. En esas condiciones el destino de cualquier prisionera judía era la cámara de gas, pero a Alma se le proporcionó una habituación individual en la enfermería, donde era cuidada por el propio Mengele.

Dicen que María Mandel, responsable de ordenar 500.000 asesinatos, lloró al enterarse de su muerte. No se si se puede hablar de esquizofrenia o simplemente era una niña a la que se le había roto un juguete, lo que está claro es que el ser humano es extraordinario. Hay mujeres como María Mandel y otras como Alma Rosé, y no tengo claro si son las circunstancias las que hacen a una y a otra.

Entiendo a Fénelon, pero a su manera imperfecta, humana, real, a mí Rosé me parece una heroína.

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11 comentarios sobre “Alma Rosé, música para sobrevivir”

  1. Permíteme que califique tu reflexión de valiente y de sanos sentimientos. Lo fácil, en estos casos, es condenar. Como si esas vidas, en esas circunstancias tan extremas, fueran fáciles de juzgar.

    1. Muchas gracias José. Efectivamente, es muy fácil juzgar sentados en una terraza tomando unos martinis. Todos lo hacemos para pasar el rato, pero no es serio. Todos fallamos alguna vez en circunstancias más o menos cómodas ¿cómo atreverse a juzgar a alguien sometido a tal presión? Se trata de empatía, nada más.
      Y los mismo me vale para María Mandel. Su conducta es imperdonable, en el sentido en que debe tener castigo. Pero eso no quita que antes nos preguntemos ¿qué hubiéramos hecho nosotros? Ese es el problema, que Rosé, Mandel, tu y yo somos iguales. No se cómo, pero de alguna manera tendríamos que prepararnos para reducir las ‘mandels’ que llevamos dentro todo lo posible. Y una de ellas, modesta (tal vez inútil) es recordar que estas cosas pasaron.

  2. Recomiendo escuchar el trabajo recopilatorio (donde se cita esta historia) Músiques de l’Holocaust, del collectiu Brossa Quartet de Corda. No estoy de acuerdo con relativizar la responsabilidad de los culpables, en todo caso es pasto de psiquiatras. Pero me gustó el artículo y coincido con lo de » reflexión de valiente y de sanos sentimientos». Una vuelta de tuerca al tema, en circunstancias similares, se dio en los juicios a los Militares de la última dictadura en Argentina.Por otra parte , cito del articulo abajo adjunto.“La culpabilidad sobre el consentimiento de una víctima, no se puede aceptar en un contexto concentracionario. No hay libre ejercicio de la voluntad” Saludos!.
    Qué opináis de esto?
    http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-8852-2014-05-21.html

    1. Hola Lautaro. Muchas gracias por tu comentario y tu aportación, que enriquece muchísimo el post. Me leí e impresioné con el artículo d Página 12 que enlazas y animo a todo el mundo a leerlo.
      Estoy de acuerdo completamente en que no se puede hablar de consentimiento de las víctimas ni culparlas de nada, y eso es lo que pretendía decir en mi post, no se si lo logro. También es verdad, por testimonios de los propios supervivientes (como en el artículo que enlazas) que existe el sentimiento de culpa del superviviente ¿por qué yo? que es humano aunque no sea «lógico».
      Y en cuanto a los verdugos, no quiero quitarles un ápice de culpa. Solo creo, tal vez me equivoque, que no pueden ser considerados monstruos, o al menos no todos ellos. «No les demos esa grandeza», como diría Galeano. Esa me parece una lectura útil para tranquilizar nuestras consciencias. Creo que son personas como tú o yo. Y eso sí que es inquietante.

  3. Es imposible hacer revisionismos historicos sin involucrarse. Pero hay q ser muy conciente del momento historico de los echo..no sirve hoy juzgar y posicionarse de un lado…solo nos queda el ser lector silencioso

    1. Muchas gracias por el comentario, Elizabeth. Totalmente de acuerdo en que no se febe mirar la historia con ojos de presente y que creo necesario mostrar un poco de empatía por los personajes y sus circunstancias. Aunque lo que está mal está mal, el crimen, la crueldad, el racismo no tienen excusa.

  4. Me gusto mucho el artículo,y juzgar,no es lo indicado en esas circunstancias,no podríamos decir nada sobre lo que seriamos capaces de hacer para sobrevivir en ese infierno…La música es algo sublime y excelso y un medio de escapar de tanto horror,esa mujer fue una artista que se aferro a lo único hermoso que aún quedaba en su vida,lo único que la mantenia cuerda en medio de tanta locura y crueldad…esos seres que hicieron esas barbaridades hay que reconocerles que de verdad creían en eso que hacían y sin querer quitarles ni un poco de responsabilidad solo puedo agregar que el ser humano con su capacidad de pensar y hablar alberga en su interior muchos misterios,la historia esta llena de hechos atroces desde siempre desde los sacrificios humanos que se hicieron en la antigüedad en civilizaciones que eran muy avanzadas en su tiempo,como Grecia,Los Mayas,Los Incas ellos creían en esos actos que a nosotros nos parecen atrocidades,la misma Inquisición…El punto es que la historia esta repleta de hechos aberrantes cometidos por seres humanos inteligentes,y racionales,pero tambien tenemos el arte que nos limpia de todo eso y nos acerca más a esa parte espiritual que tambien habita en nosotros y que ojalá nos permita evolucionar para que el genocidio,y la barbarie no sigan escribiendo capitulos en la historia de la humanidad..

    1. Muchas gracias por el comentario Heidi. De acuerdo con casi todo, especialmente con «la historia esta repleta de hechos aberrantes cometidos por seres humanos inteligentes,y racionales». La inteligencia no nos salva de nada y la racionalidad a veces se aplica de forma inmoral. la pregunta difícil es ¿qué nos lleva a ese punto, a ser alguien como Mengele, por ejemplo?

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