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El Padrino, el espejo del arte

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Retomo mi sección de escenas de películas con El Padrino (The Godfather, 1972), dirigida por Francis Ford Coppola e interpretada en sus papeles principales por Marlon Brando, Al Pacino, James Caan y Robert Duvall, entre otros. La historia se basa en una novela de igual título escrita por Mario Puzo en 1969 y que se había convertido en poco tiempo en todo un bestseller. El guión lo adaptaron Puzo, Coppola y Robert Town, no acreditado pero que escribió algunas escenas, entre ellas la que luego destacaré.

Lo que inicialmente iba a ser una película de bajo presupuesto dirigida por un Coppola de 31 años prácticamente novato, se convirtió en una trilogía (The Godfather II, 1974; The Godfather III, 1990) que aparece en todas las listas de las mejores películas de la historia del cine.

Desde el principio soy consciente que no hay nada nuevo que decir sobre El Padrino.  Pero cada vez que me la encuentro el resto de mi vida se espera un rato hasta que acabe. Tal vez haya mejores películas pero a mí ninguna me provoca el mismo efecto y muy poquitas me gustan cada vez más pasados los 10 visionados.  En esencia la película cuenta un periodo de la vida de una de las familias del crimen organizado (cuidadosamente se eliminó la palabra mafia del guión) de Nueva York justo después de la Segunda Guerra Mundial, concretamente el traspaso del poder del padre a uno de los hijos. En ese sentido se ven ecos de El rey Lear en la película, un film que habla de casi todo: el poder, la política, la violencia, la moral, la familia (sobre todo); en definitiva, de la condición humana.

La película está repleta de escenas intensas, memorables. Precisamente eso es lo que algunos críticos le echan en cara como uno de sus defectos: a veces más que una narración fluida se convierte en una sucesión de buenas escenas que no se integran en el relato. Como sea, el caso es que acabada una, ya quieres ver la siguiente.  Todas son formidables, pero hoy destacaré mi favorita tras el enésimo visionado: en la que Michael toma las riendas y se convierte en el jefe de la familia. El cambio se ritualizará en la escena final, pero lo vemos antes, cuando todavía están vivos tanto el padre como Sonny, su sucesor oficial.

Nace un nuevo jefe

Porque aunque parezca que el protagonista de la película es Vito Corleone, el verdadero eje de la misma es Michael y la venta de su alma, todo por la familia. Michael empieza la película siendo un joven de mirada inocente que en la boda de su hermana le dice a su novia “Así es mi familia Kay, pero yo no” para acabar encogido literalmente por el peso de la responsabilidad y de la culpa, y con una mirada que no quisieras que disparara a tu cabeza.

Se empieza a involucrar tras el tiroteo a su padre, en la escena del hospital, en la que tiene que esconderlo y enfrentarse a la policía a sueldo de Sollozzo. Con su padre a salvo y la mandíbula dolorida lo vemos otra vez en casa, en una pequeña habitación donde se prepara la estrategia. Maravillosas esas habitaciones en penumbra donde habita el poder. Están Sonny (el padrino en funciones), Tom Hagen, Clemenza y Tessio, la plana mayor de la familia Corleone. Sonny les cuenta que Sollozzo, tras fracasar en el atentado a su padre, quiere negociar y pide verse con Michael, que haría de mediador.  Pero, con su vehemencia habitual, Sonny opta por acabar la guerra matándolos a todos por venganza. En cambio Tom, el cerebral consigliere, quiere evitar una guerra perjudicial para el negocio: “Tu padre no estará de acuerdo, esto es un negocio, nada personal (…) hasta sus heridas fueron negocio, no una venganza Sonny”. Es el político, lleva unos papeles en la mano en uno de esos guiños de composición de escena que tanto me gustan.

De momento Michael solo es un espectador, en segundo plano en la escena. Tom sigue dando argumentos:  A Sollozo lo protege un capitán de policía y nadie mató nunca a un policía, los Corleone perderían la protección política. El argumento hace mella en Sonny que decide esperar.

Y de repente:  “No esperamos”, dice Michael.  “¿Qué?”, se escucha en off.

Michael: “No esperamos. No me interesa lo que Sollozzo vaya a proponer, quiere acabar con papá, es su obsesión. Hay que ir por él”.

Y aquí otro detalle de composición de escena. Vemos a Michael sentado en el papel protagonista y como, de espaldas, Tom Hagen se retira a segundo plano mientras de cara se acerca Clemenza por la izquierda de la imagen. Traducción: el político que aboga por la paz se retira para que entre en primer plano el pistolero. Eso es cuidar una escena.

Clemenza (en off): “Michael tiene razón”.

Sonny: “Bien, bien, de acuerdo ¿Pero qué hacemos con McCluskey?

Y aquí es cuando se completa el giro. “¿No quieren hablar conmigo?” replica Michael, “Me reuniré con McCluskey y con Sollozzo, arreglad una cita (…) si Clemenza encuentra el medio de dejar una pistola a mi alcance. Los mataré”. Michael habla tranquilo, seguro, como un líder dando instrucciones mientras la cámara se acerca muy lentamente. Es emocionante ver el nacimiento del nuevo jefe. Coppola ha colocado la cámara y a los actores de modo que nosotros seamos uno más de la reunión. La cámara sigue acercándose y vira hasta que Michael ya no aparece en un extremo del plano sino que ocupa el centro, se va haciendo grande mientras nos da las instrucciones. Es ya el dueño de la habitación.

En esa habitación todos nos quedamos helados por lo que ha dicho y cómo lo ha dicho. Se hace un silencio de sorpresa hasta que Clemenza empieza a reír y los demás (menos Hagen, que ve como pierde esta batalla) lo siguen. Tras el clímax las risas rebajan la tensión y dan más credibilidad a la escena. Perfecto.

Sonny le recrimina, de forma cariñosa, que él lo tome por lo personal pero Michael le replica que no es personal y prepara la estrategia, con una campaña previa de sus periodistas en nómina (qué escándalo ¿no?) para desacreditar al policía corrupto antes de matarlo. Un nuevo jefe ha llegado.

Michael: “No es personal Sonny, solo negocio”.


A pesar del latazo que les estoy dando con El Padrino todavía no tengo bastante y ya que he cogido carrerilla me apetece hablar brevemente de otras fabulosas escenas de la película, cada una de ellas hubiera merecido ser destacada en esta sección.

Creo en América” pero “la justicia la hará Don Corleone

El principio es espectacular por lo sobrio. Pero la importancia de esta escena va más allá de su impacto. No es que nos presente la historia, es que nos da el tono de la película y podríamos decir que incluso su tesis moral.  La sobriedad y la oscuridad de los salones poco iluminados (algo nuevo que no comprendían los directivos del estudio) con una escena sin más añadido que el diálogo y la interpretación. Estamos en la trastienda, donde se toman las decisiones, un territorio oscuro, opaco. El funerario, Buonasera, es un hombre normal, de aspecto insignificante, como cualquiera de nosotros. Era amigo de la familia pero la carrera criminal del Don le había llevado a distanciarse, a desterrarlo , porque Buonasera es un hombre de bien respetuoso con la ley y que “cree en América”. Pero ahora al funerario la ley no le da lo que quiere, y recurre a Don Vito. “La justicia nos la hará Don Corleone”. Ése es el territorio de Don Corleone, donde la ley ya no puede satisfacer al individuo. Don Vito no hace simplemente lo que pide Bounasera, intenta ser justo, y lo hace con su propio código, su ley.

En el despacho se ordenan todo tipo de delitos mientras llega la música y las risas de la boda que se celebra fuera. Esa doble realidad se mostrará muchas veces a lo largo de la trilogía. Fuera la representación, en la penumbra de los despachos la realidad. Así opera el poder, del signo que sea.

Mi papel por un caballo

Amanece en una lujosa mansión y todo está en calma. Vamos al interior, el productor que no ha querido darle un papel al protegido del Don duerme en su cama, la cámara se acerca. Se despierta, ve rastros de sangre en la sábana, en sus manos y en el pijama. Pronto entendemos que no es suya. La cámara baja por su cuerpo mientras él abre la sábana buscando el origen de la sangre, cada vez en mayor cantidad. Destapa por completo y vemos la cabeza de su mejor caballo cortada a sus pies. Gritos de horror con la imagen de la cabeza, luego el rostro de él gritando.  La cámara, en cortes sucesivos, se va alejando dentro de la habitación para acabar fuera de la casa, en un plano largo y con los fritos en off. Sensacional y recurso luego muy copiado en otras películas.

In nomine patris et filii et spiritus sancti

Mítico montaje paralelo durante el bautizo de la hija de Connie (que es Sofia Coppola, por cierto). Mientras Michael ejerce de padrino como buen cristiano, sus hombres descabezan al resto de las familias de Nueva York. Michael ha decidido la guerra total y sus crímenes se mezclan con las oraciones en latín. Parece que estemos en la ópera. Escuchamos en off al sacerdote mientras vemos como los killers preparan sus armas como si fuera un ritual.  “¿Renuncias a Satanás? Sí, renuncio. Muerte. “¿Y a sus pompas y a sus obras?. Sí, renuncio” y otro rival cae asesinado. In nomine patris et filii et spiritus sancti. Amén. 

La dulce muerte de Don Vito

Vito Corleone, el hombre que durante la mayor parte de su vida se ha dedicado al negocio del crimen, que ha sufrido un atentado del que se escapó por los pelos, muere en el huerto de su casa, jugando con su nieto.  No creo que Don Corleone hubiera imaginado una muerte más dulce, en familia, el objetivo cardinal de su vida. Ha cumplido la misión a la que consagró su vida, aunque hubiera querido otra cosa para Michael.

El rey ha muerto, viva el rey

El final de la película es antológico, Michael ha hecho limpieza de enemigos. Tras su bautizo de fuego con el asesinato de Sollozzo y McCluskey (que lo convierte en un príncipe en el exilio) a su vuelta dirige su primera guerra, eliminando a todos sus rivales y ordenando la muerte de su propio cuñado. La familia Corleone ha vuelto a vencer, más fuerte que nunca, con un líder joven y capaz. Al final vemos como se ritualiza la coronación del nuevo rey. Uno de los sicarios entra en la habitación, le besa la mano y le proclama “Don Corleone”. Nostros tenemos la perspectiva de Kay, porque igual que ella no pertenecemos a ese mundo, nos quedamos tras una puerta que se nos cierra. Los negocios quedan al otro lado, en la total oscuridad.

¿Quién es el ingenuo?

No me resisto a dejar la última perla. Un breve diálogo entre Michael y Kay al regreso de éste de Sicilia, donde se tuvo que exiliar tras el asesinato de Sollozzo y donde finalmente  asume quien es y de donde viene. Kay le reprocha la vida que lleva su familia y que su padre, al fin y al cabo es un criminal.

Michael: Ahora trabajo para mi padre, está enfermo, muy enfermo.
Kay: Tú no eres como tu padre Michael, nunca creí que pudieras ser como él. Tú me lo dijiste.
Michael: Mi padre no es diferente a cualquier hombre poderoso. Es un hombre responsable de otros muchos. Igual que un senador o un presidente.
Kay: ¿Cómo puedes ser tan ingenuo?
Michael: ¿Por qué?
Kay: Los senadores y los presidentes no matan a nadie.
Michael: ¿Quién es el ingenuo, Kay?

Primera lección del primer curso de Ciencias Políticas. Para que luego digan que el cine no enseña.

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2 comentarios sobre “El Padrino, el espejo del arte”

  1. En la descripción de la escena de la cabeza de caballo:
    «…fuera de la casa, en un plano largo y con los ***fritos*** en off…»
    Tal vez era Gritos.

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