No podemos saber qué pensaba el Sargento Stubby, del 102º regimiento de infantería de los Estados Unidos, cuando recibió su bautismo de fuego nada menos que en Chemin des Dames, que en febrero de 1914 no era precisamente el mejor sitio en el que estar. Salió de allí y se convirtió en alguien querido y respetado por sus compañeros. Se había ganado ese respeto después de servir durante 18 meses y haber participado en más de 15 batallas durante la Primera Guerra Mundial.
El segundo de los protagonistas de esta historia también fue un héroe de la misma guerra, aunque sirvió en el ejército francés y se distinguió principalmente en la batalla de Verdún. Se llamaba Satán, un curioso nombre para un soldado que, además, nunca mató a nadie.
Aunque no tan curioso si se tiene en cuenta que Satán, al igual que Stubby, era un perro.