Sandblasting = tejanos + silicosis

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Mira en tu armario, o simplemente dirige tu vista hacia tus piernas. Es posible que lleves tejanos. Es posible que te hayan costado una pasta, incluso que hayas tenido que ahorrar para comprártelos. Míralos, recién estrenados y medio rotos, descoloridos estratégicamente siguiendo las instrucciones del diseñador de turno. Unos jeans de lo más trendy, que dirían los entendidos de la tribu.

Hubo un tiempo en que los tejanos los tenías que desgastar tú. Tengo ya una edad y lo recuerdo perfectamente. Tenías que trabajártelo a base de lavadoras de tu madre, de arrastrase por esos campos soñando que serías futbolista o dándote de pedradas con los del barrio de al lado. Pero ya no hay ni piedras ni tiempo para nada y tampoco conviene que los tejanos te duren años, hay que engrasar la máquina del consumo, así que ya vienen desgastados de fábrica.

Hay varias técnicas para hacerlo pero la más popular es el sandblasting; y lo es porque, lo adivinaste, es la más barata. El sandblasting consiste en proyectar con fuerza un chorro de arena contra una superficie, en este caso el denim, con aire comprimido o vapor. Se utilizan mangueras para lanzar arena con alto contenido en sílice. Si no se lleva la protección adecuada, ese sílice cristalino puede ocasionar una enfermedad respiratoria grave, incluso mortal. Se calcula que unos meses chorreando ropa con arena pueden equivaler a diez años de trabajo en una mina. Silicosis crónica en bien de la moda, auténticos fashion victims.

La arena usada en el proceso se fragmenta en partículas muy finas que son inhaladas por el chorreador. Las partículas más grandes, las que ‘molestan’, son filtradas por la nariz y la garganta. El peligro está en las más pequeñas, que superan los filtros naturales y penetran en el sistema respiratorio hasta los bronquios. A medida que el polvo se acumula se hace difícil respirar, lo que puede llevar a síntomas de disnea y astenia (fatiga, cansancio y debilidad que invalida para cualquier pequeño esfuerzo físico). Los mineros sabrán bien de qué hablo. La silicosis te convierte en un anciano muy deprisa. En su forma más aguda se caracteriza por la dificultad en la respiración, fiebre y cianosis. Cuando se respira la sílice cristalina el tejido pulmonar reacciona desarrollando nódulos fibróticos: una costra alrededor de las partículas de sílice atrapadas. El sistema respiratorio entra en un círculo vicioso sin vuelta atrás. Además, las víctimas de silicosis tienen alto riesgo de contraer tuberculosis.

Economías emergentes

El riesgo para la salud de los chorreadores y de los que  comparten su espacio, que aún descuidan más las medidas de seguridad, no está cuantificado científicamente y depende de la exposición y de las circunstancias. Pero lo que está claro es que es grande y no es nuevo. De hecho, desde la  mitad del pasado siglo empezó a prohibirse en algunos países. En Gran Bretaña en 1950 y en la década de los 60 en otros países europeos. La legislación estadounidense y europea establece niveles máximos de sílice del 1 y 0,5% respectivamente. Hay que ser más competitivos, susurran los aires acondicionados de los despachos del Primer Mundo. La arena usada en muchos lugares del planeta sí es más competitiva llegando a contener hasta un 80% de sílice. En países como Turquía, Pakistán o India, esa potencia emergente, el chorro de arena se realiza de manera manual, con manguera o pistola y sin las más mínima protección para el trabajador y el personal que lo acompaña. Al hacerlo a mano se consigue el efecto exacto que pretendía el diseñador, mientras que el lavado a la piedra provoca un desgaste homogéneo que ya no se lleva, que sois unos antiguos. Es una técnica simple y barata si la arena tiene una buena carga de sílice que echarse al pecho.

Luego, los pantalones pueden llegar a precios que ni soñarían poder pagar esos mismos trabajadores. Pero esos trabajadores viven muy al sur de ninguna parte, engullidos por las grandes cifras estadísticas que se felicitan por la productividad. En la mayoría de esos lugares ni siquiera le cuestan nada a unos sistemas de salud inexistentes. La sanidad es un ‘gasto’, como todos ustedes saben.

Los promotores de la campaña Ropa Limpia hacen lo que pueden y denuncian la pasividad de los gobiernos ante la situación. Las fábricas están en el Sur pero muchas de ellas son propiedad de empresas del Norte: Zara, H&M, Levi’s o Diesel están bajo sospecha, a pesar de sus buenas intenciones (una vez ‘cazados’, eso sí). Sus directivos pasean sus corbatas de éxito por lo mejores salones, admirados como buenos emprendedores, héroes modernos. Algunos tal vez van en tejanos descoloridos a dar charlas explicando su secreto.

Pero no se preocupen, cuando los tejanos llegan a su centro comercial más cercano están limpios de polvo y paja, expuestos en tiendas brillantes y luminosas con la música ambiental adecuada. Listos para que pueda lucir ese perfecto aire desaliñado que tanto le gusta.  Deslocalización, productividad y globalización son palabras mucho más sonoras que silicosis. Que siga la fiesta: la de hoy es temática. Tejanos, por supuesto.

 

*Esta entrada se debe a mi amigo y colega Manel Domene, que me hizo conocer el caso con un excelente artículo –mucho más técnico, en una revista profesional– que es la inspiración de éste. Moltes gràcies Manel.

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