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Buster Keaton, el héroe del río

Tiempo lectura: 6 minutos

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La escena de hoy es en realidad el final de la película El héroe del río (Steamboat Bill, Jr., 1928), la escena del tornado, una de las más míticas de la historia del cine. El héroe del río es una película de Buster Keaton, codirector (junto a Charles Reisner) y protagonista. Junto a él en el reparto están Tom McGuire, Ernest Torrence, Tom Lewis y Marion Byron. Pero todos esos están para hacer bulto, con perdón, ya que el alma de la película es Keaton, una de las mayores estrellas de la época. Durante toda la película él es el completo protagonista, el resto de personajes son como objetos que le sirven para avanzar la acción. En la escena del tornado ni siquiera aparecen, es toda suya.

El argumento es bastante simple, la enésima adaptación de la historia de Romeo y Julieta. Dos propietarios de barcos fluviales en el Mississippi compiten por el control del negocio. El hijo de uno de ellos, Keaton, vuelve de la ciudad  y se nos presenta como un pijo inútil. Se enamora de una chica que resulta ser la hija del otro empresario y tiene que superar una serie de pruebas para conseguirla. O sea, la historia de todas las películas de Keaton. Pero vean las películas y se darán cuenta que eso importa una higa. La maravilla del cine de Keaton es ver cómo se enfrenta, con tenacidad e imaginación a todas las pruebas.

Toda el film tiene un ritmo que los que no han visto películas anteriores a Tarantino calificarían como ‘muy moderno’. Las películas de Keaton son historias muy simples en las que no te deja tiempo para aburrirte, lo que hace que sus mejores obras hayan aguantado muy bien el tiempo.  Con la escena del tornado, Keaton da un golpe de tuerca más.

Una de las características principales del humor keatoniano es que te ríes de él, no con él. Dice una de la Leyes de Murphy que si eres el único que mantiene la calma cuando todos pierden la cabeza es que no te has enterado del problema. Eso le pasa a Keaton en la mayoría de sus películas. Así se mantiene firme en medio del caos, básicamente porque no se entera de nada. Bueno, eso y que nunca desfallece, sigue intentándolo.

Pero vayamos al tornado. Cuando empieza la tormenta, Keaton prepara la fuga de su padre de la cárcel pero el plan es un fracaso, uno más: el padre no consigue escapar y él acaba en el hospital. El viento se vuelve muy violento, todos corren a refugiarse. Tanto el embarcadero como el pueblo empiezan a derrumbarse.

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Todos intentan huir, salvarse. Vemos el hospital y de allí sale corriendo todo el mundo en pijama. Bueno, no todo el mundo, descubrimos que Keaton sigue en su cama cuando el hospital sale volando de una pieza y solo queda el suelo. La imagen del hospital sin techo ni paredes provoca una gran sensación de vulnerabilidad, fragilidad.

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Como es su costumbre, ante circunstancias excepcionales intenta responder con modales de gentlemen: coge su chaqueta y su sombrero para salir por la puerta cuando la biblioteca que hay ante él también se derrumba.

keaton 06Y entonces un gag genial. ¿Qué hace? Superado por las circunstancias niega el problema y se vuelve a meter en la cama, para refugiarse.  El viento arrastra la cama que llega hasta un establo, componiendo una imagen que podría recordar a Buñuel.

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La puerta del establo se abre y la cama sigue su camino, tropieza, él salta de la misma y acaba, como un niño asustado, escondiéndose debajo.

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La cama se ha detenido ante una fachada, pero una imagen nos muestra que se está fracturando, hay peligro de derrumbe. La imagen es inquietante, la cama parece de papel ante lo que se viene encima.

 

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Ante eso, el hombre que la habita salta desde el segundo piso, para caer en la cama y salir huyendo. Keaton, que está debajo, acusa el golpe. Cuando la cama sale volando Keaton se incorpora mareado y llega una de las imágenes mas representativas de la historia del cine mudo. La fachada entera se precipita sobre nuestro héroe que ni se entera, porque está situado en el punto exacto donde queda una ventana. Se salva por los pelos. En esta escena no hay efecto visual que valga. Es Keaton y una fachada entera del decorado la que se cae. Lo único que hay es cálculo y la sangre fría para mantenerte en tu sitio mientras te cae una casa encima.

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Nuestro protagonista sigue huyendo, otra casa se derrumba ante él.

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Decide dar la vuelta, no sabe a dónde ir pero, fiel a su estilo, mantiene la calma. Se queda en medio de la calle, el viento es tan fuerte que no puede avanzar, apenas tenerse en pie. Aquí Keaton nos obsequia con su talento para las caídas, era un auténtico especialista. Talento natural y perfeccionamiento de la técnica: desde niño (actuando junto a sus padres) había estado cayéndose en teatros y cabarets de todo el país, para seguir haciéndolo en sus películas.

La imagen del hombre de pie, solo, luchando contra la adversidad y sin ayuda de nada más que sus piernas y su voluntad a mi, perdonen la cursilería, me parece bella y emocionante. Además de resumir la idea central de todo el cine de Keaton.

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Pero Keaton no se permite nunca caer mucho tiempo en la cursilería, como a veces encontramos en el genial Chaplin, por ejemplo, y vuelve el gag: se cae de culo. Intenta saltar contra el viento sin éxito y compone otra imagen bastante cómica de su lucha contra los elementos.

Sigue su huida y otro gag genial. Encuentra una puerta sin fachada y hace algo absurdo para nosotros pero completamente lógico para él. Si algo le distingue es el intento desesperado de mantener la normalidad mientras todo se derrumba a su alrededor, se aferra a esa idea, así que ‘entra’ y luego (recuerden, no hay fachada) intenta cerrar la puerta al huracán. Fracasa, claro. Nos hace tanta gracia porque  es lo que solemos hacer a diario.

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Sigue corriendo, llega al embarcadero, tropieza, le caen sacos de tierra, decide tirarse la río, pero ¡cielos! no es un río, es un decorado. Surrealismo. ¿Moderno, verdad?

Creo que para el espectador actual el truco puede seguir funcionando y tal vez no se lo espere: cuando uno estaba pensando “qué mal les ha quedado el efecto del río, claro, en esa época…” es cuando descubre, al igual que Keaton, que no era el río, era el decorado de un teatro. Choque de realidad y ficción. Keaton no puede salvarse a través de una ficción que es solo decorado.

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Siguen unos gags como homenaje al burlesque en el que él, como tanto otros cómicos de la época, se había criado. Y después sale del teatro. Por la puerta, por supuesto.

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Otra vez en campo abierto, corre sin una dirección clara, dando vueltas sin sentido en un prado mientras todo vuela a su alrededor: quien quiera ver el simbolismo lo tiene fácil. Vuelve a tropezar y lo cubre una casa llovida del cielo. Sale tranquilamente por la puerta,  como un señor. Sigue avanzando a pesar de todo.

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Pero en seguida tiene que volver a refugiarse dentro. Cuando vuelve a salir la casa se deshace como un castillo de naipes en otro asombroso efecto.

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Luego se agarra a un árbol. El tornado lo arranca y durante un momento sobrevuela el pueblo agarrado al tronco. Es su manera de llegar hasta el río. Es su estilo, qué quieren que les diga.

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Y hasta el final nuevos retos que, con una mezcla de un poquito de suerte y un mucho de perseverancia e ingenio, nuestro protagonista va superando hasta el final feliz. Atrás queda un pueblo/decorado totalmente arrasado y unos espectadores atónitos.

Como habrán comprobado, me gusta darle vuelta a las cosas, porque hasta lo más sencillo tiene varas maneras de verse. Con un poquito de profundidad se pueden sacar muchas conclusiones de esta lucha de Keaton contra el temporal, contra un mundo hostil. Pero todo eso es para una lectura posterior, porque todas ellas están dentro de un envoltorio que te atrapa, te emociona y te asombra, sin más (ni menos). Eso es el cine, el arte.

Lo fundamental, segundas lecturas aparte, es que Keaton quiere divertirnos, atraparnos y obligarnos a mirar hasta el final y tiene el talento y la habilidad de conseguirlo. Hay muchos tipos de cine diferentes, para todos los gustos. Así que si en la escena del tornado de El héroe del río no te quedas pegado a la pantalla, no te preocupes, no pasa nada.

Eso sí, no te gusta el cine.

Si les apetece ver la escena en acción, aquí abajo la tienen. Perdonen el anuncio del principio, es lo mejor que pude encontrar. También encontrarán la película completa en Internet. Vale la pena.

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3 comentarios sobre “Buster Keaton, el héroe del río”

  1. Me encanta comprobar que consideras al «Héroe del Río» una auténtica obra maestra del cine (viniendo de tí la opinión me merece muchísimo respecto).
    Lo digo porque esta película es una de mis preferidas, una película fetiche del cine mudo.
    Resulta que yo tenía y tengo una tía (hermana de mi padre) que siempre fué, ha sido y será la «tía alternativa» de la familia. Era la hippy, la anarca, «la roja», la que nos compraba libros siempre por nuestros cumpleaños !! y la que nos cogía un domingo sin previo aviso y se nos llevaba al cine.
    Pero no a cualquier cine, nooooo! Nos llevaba al Avenida de la Luz, al Arkadin y a otros que ya ni siquiera recuerdo. Hasta los cines parecían alternativos porque raras veces nos llevaba a ver películas comerciales tipo «Walt Disney» por ejemplo.
    Ella nos llevaba a ver películas en blanco y negro y de cine mudo !! Manda huevos!!
    De todas las películas que vi en mi infancia «El Héroe del Río» fué la que más me marcó.
    Suelo tener una memoria desastrosa para casi todo y eso incluye los libros que he leido y las películas que he visto. Pero con «El Héroe del Río» es como si la hubiese visto ayer, la recuerdo perfectamente y la puedo visualizar de forma asombrosa. Creo que el secreto es que es una película de acción que te atrapa desde el primer fotograma y que casi no te deja respirar.

    Qué gracia que te guste tanto esta peli porque realmente es una de mis películas fetiche de toda la vida.
    Brindo por eso (con vino tito of course).
    Un abrazo.

    1. Muchas gracias Víctor. Podría ponerme en plan crítico de cine y decir que «El Maquinista de La General» es una pelo más redonda que ésta, pero no lo voy a hacer. Es verdad que al ‘héroe del rio’ le cuesta entrar en acción, aunque tenga buenos gags como el de los sombreros.
      Pero el final te quita la respiración y es muy ingenioso. Los que tenemos cierta edad no nos dejamos impresionar tanto por edificios cayéndose: confieso que con el último «Superman» me dormí, y no es un decir. Yo al menos prefiero que me sorprendan, y Keaton lo hace. Y todos los gags, además de divertirnos, tienen fondo. Esa actitud impasible que intenta actuar normalmente en medio de la tormenta la hemos experimentado casi todos alguna vez. Y el viento te tira o tienes que salir corriendo, claro, como Keaton.
      Yo no tuve la suerte de verla de niño, yo me la encontré ya de adolescente, en aquellos tiempos en que, aunque fuera de madrugada, en la tele daban este tipo de películas. Ciclos de Chaplin, de Keaton, de otros genios del cine mudo, el cine de terror de la Universal (Drácula, El Hombre invisible -que peliculón-, en increíble hombre menguante, etc). Toda una suerte. Me la chupaba todas, a costa de ir al Insti o a la Uni por la mañana como una ánima en pena. Qué tiempos.

      Me alegro que coincidamos y sobre todo de que te pases por aquí y poder saludarte.

      Un abrazo.

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