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Círculos de costura en Hollywood

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¿Se imaginan a Greta Garbo o Joan Cawford compartiendo patrones para hacer calceta o petit point? ¿Las ven, a ellas y otras actrices del Hollywood de los 20 y 30 entre ovillos de lana, agujas y demás material DIY en los llamados círculos de costura? ¿Las imaginan pasando  el rato  hablando de sus cosas mientras cosen algo que poner sobre la mesa del salón o regalar a un sobrino?

¿A que no?

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Dick Kerr Ladies, pioneras del fútbol

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Aunque creo que hay que ser optimista de cara al futuro, el fútbol femenino siempre ha ido a la contra. Ahora contra el negocio/espectáculo: no hay suficientes patrocinadores porque no hay público; por tanto no hay tele. Y si no hay tele no hay público; y por tanto no hay patrocinadores. Es difícil salir del círculo.
Pero antes era todavía peor. Les voy a contar la historia de unas pioneras: las Dick Kerr Ladies.

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187 mujeres en Dagenham

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Es 8 de marzo y si tienen un par de horas  les recomiendo una peli, Made in Dagenham (Pago Justo es su título en español) dirigida en 2010 por Nigel Cole y protagonizada por Sally Hawkings (impresionante), Geraldine James, Rosamund Pike, Miranda Richardson y Bob Hoskins, entre otros.

Es la historia de una huelga.  Pero no teman sesudos discursos políticos, está contada en un tono generalmente festivo, aunque sin  ocultar las dificultades de la lucha de 187 mujeres contra la todopoderosa Ford, el gobierno británico, un sindicato machista y acomodaticio y, a veces, hasta contra sus propios maridos. En una época en la que el cine comercial abusa de la épica, no se me ocurre una lucha más épica que esta.

Pero, además de ser buena película, es un historia real que merece recordarse, la huelga de las cosedoras de la factoría Ford de Dagenham (al este de Londres) en 1968.

Esas mujeres han pasado a la historia por méritos propios.

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Las mujeres del doctor Moebius

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En el año 1900, Paul Julius Moebius publicó en Leipzig el ensayo “Sobre la inferioridad mental de la mujer”. La intención del médico y psiquiatra alemán, famoso en su tiempo, era aconsejar a sus colegas para que trataran a sus pacientes femeninas de manera diferente a los hombres, ya que, según él,  cometían el error de concebir los cuerpos de las mujeres como iguales a los de los hombres salvo en sus órganos sexuales.

Moebius tenía claro que eso no era así: la mujer no era igual al hombre, era físicamente diferente. Y mentalmente inferior. Esta inferioridad no es patológica, sino natural. La Naturaleza (no hay referencias a dios, es un científico) ha adaptado el cuerpo femenino a su rol de parir y cuidar a los hijos, y en esa adaptación va incluida la inferioridad mental. Si entiendo bien al doctor, la inteligencia de una mujer adulta sería la misma que la de un negro, y se encontrarían ambas entre la de un varón blanco (en la parte superior, aclaro) y un niño; no se especifica, pero entiendo que el niño en cuestión también sería blanco. No he encontrado ninguna tabla, así que desconozco qué inteligencia presume Moebius a una niña negra.

moebius_libro2Julius no solo tocó lo fisiológico, también era psicólogo así que profundizó en ese ámbito. La mujer  es más instintiva, más ’animal’ y menos dotada para el pensamiento conceptual y asociativo. Son egoístas (aclara el doctor que eso es bueno), no entienden el sentido de la justicia, son vanidosas y dadas a las murmuraciones. Pueden ser buenas intérpretes pero nunca creadoras. También son proclives a mentir. Esto último tiene su explicación (¿qué creían?). Como están marcadas por su rol sexual -que es el de ser deseadas, no desear- ocultan su deseo, con lo que mentir se convierte en algo natural en ellas.

Tras concluir con éxito su primer cometido, “ser deseadas”, llega su razón de ser: procrear y cuidar a la prole. Y para eso es mejor no ser demasiado inteligente ni estudiosa. De hecho, según el doctor, eso es contraproducente para sus funciones maternales. Y por eso la sabia naturaleza las ha hecho más tontas, si se me permite con la palabra rebajar el rigor científico del señor Moebius. De esa inferioridad se deduce, yendo al fondo de todo esto, que le conviene estar sujeta a la autoridad del varón.

Para su ensayo Moebius toma de diferentes teorías y disciplinas. Hay cierto aroma a darwinismo, aunque el propio doctor  abominara de las teorías del naturalista inglés. También bebió de Freud, del economista Adam Smith y su “egoismo positivo” y de la frenología de su tiempo, según la cual, la forma del cráneo establecía el carácter de la persona. Coge cada uno de esos ingredientes adaptándolos a su manera para que encajen en su preconcebida visión del mundo. Y lo hace para darle más credibilidad a su trabajo, usando argumentos de autoridad, aunque deformados, para darle empaque científico.

Porque todo esto que acaban de leer fue publicado como un ensayo científico por un reputado doctor. En Alemania, en 1900; no hace tanto ¿verdad?

Da que pensar, y en múltiples direcciones.

Alan Turing, el pecado de un genio

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Alan Mathison Turing (1912-1954) era un genio. Fue uno de los padres de la computación, un precursor de la informática. O sea, uno de los culpables de que ahora estés leyendo esto y luego pases a algo mucho más interesante con solo un clic.

Eminente matemático, diseñó uno de los primeros computadores digitales. También fue uno de los antecesores de la Inteligencia Artificial, creador de un test que aún se usa hoy día para establecer la inteligencia de las máquinas.

Por si eso fuera poco, fue un héroe de la Segunda Guerra Mundial. Cuando Churchill dijo aquello de “nunca tantos debieron tanto a tan pocos” se refería a los pilotos de la RAF, pero hubiera encajado igual  referido a Turing y su equipo. Turing trabajó para el espionaje británico y consiguió descifrar la potente máquina alemana Enigma. Eso salvó miles de vidas y ayudó enormemente a los aliados a ganar la guerra.

Pero todo eso no le sirvió de nada ante un delito imperdonable: “indecencia grave y perversión sexual”, que es como el “pecado nefando” de la Inquisición pero en versión tribunal inglés de los años 50. No hace tanto de eso. Y sigue pasando hoy mismo en otros lugares. Turing fue condenado por ser homosexual, fue castrado químicamente y todo indica que acabó suicidándose con cianuro inyectado en una manzana.

Así se las gastan las leyes de los hombres.
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Claudette Colvin, la otra

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Si una ley es injusta, es lícito no acatarla
Henry David Thoreau

Mientras más obedecíamos, peor nos trataban
Rosa Parks

Si hablamos de desobediencia civil, de desobedecer leyes injustas, no solemos acordarnos de Claudette Colvin, su nombre no nos dice nada.

En seguida nos vienen a la mente Mandela o las sufragistas inglesas, unas señoras muy desobedientes que consiguieron el voto para la mujer.  Y, sobre todo, Rosa Parks, la costurera que en diciembre de 1955 se negó a ceder su asiento en el autobús a un blanco, tal como marcaban las leyes de Alabama. Parks, pasó la noche en el calabozo y pagó una multa de 14 dólares, pero a la vez fue un símbolo para el inicio del movimiento en favor de los derechos civiles y el fin de la segregación racial en Estados Unidos. Eso es lo que consiguió Rosa al no obedecer una ley injusta.

Pero, como sugería al principio,  no quiero hablar de Parks, que ya la conocemos. De quien quiero hablar hoy es de Claudette Colvin. La otra.

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