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HitchBOT, de robots y hombres

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HitchBOT nació en 2014. De poco más de un metro de altura, solo podía mover un brazo para hacer autoestop (hitchhiking), que es para lo que había nacido. Dependía de la amabilidad de los extraños, como Blanche Dubois. Él ofrecía conversación, simpatía y unas enormes ganas de hacer amigos y ver mundo. Era todo lo que tenía.
Su viaje comenzó un domingo, el 27 de julio de 2014, en una cuneta de Halifax, en la costa este canadiense. El 21 de agosto, llegó a Victoria. En 21 días había cruzado Canadá de costa a costa, haciendo amigos y explicando sus vivencias en mensajes y fotos en las redes sociales. Luego viajó por Alemania, Holanda y Estados Unidos, donde acabó su viaje. Muy a su pesar.
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La extraña vida de Mike

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Hoy me apetece contar la historia de Mike. Una historia de 1947 que habla de nosotros ahora, como siempre. Mike nace en 1945 en un pequeño pueblo de Colorado llamado Fruita y al poco tiempo se convertirá en el ¿fruitero? más famoso de la Historia. Tanto, que tiene una estatua y en su honor se celebra una fiesta anual en mayo.

A todo esto, Mike era un pollo.

Concretamente un pollo de la raza Wyandotte que vivía apaciblemente, con sus preocupaciones de pollo, en la granja de los Olsen. 

Esta es la historia del pollo Mike.

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Genie: frágil, preciosa e inquietante

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A Genie le robaron la vida. Todo. Ni siquiera el nombre es suyo, Genie es el nombre que le puso el estado de California a una niña que desde su nacimiento en 1957 no tuvo ninguna posibilidad. La suya fue una vida no vivida.

Pasó un tercio de la misma torturada por su padre, otro estudiada por especialistas y del resto no sabemos nada. Se supone que sobrevive todavía en alguna institución mental, pero se ha optado por respetar su privacidad después de que su triste caso gozara durante un tiempo de gran popularidad.

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La cárcel de Stanford somos todos

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Seguro que no soy nada original –a estas alturas pocas cosas tengo más claras– pero al hilo de los últimos brotes de violencia callejera contra personas, e incluso contenedores, yo no paro de acordarme del experimento del profesor Zimbardo, conocido también como el “experimento de la cárcel de Stanford«.

Zimbardo quiso demostrar, nada menos, que las líneas morales son extremadamente inestables y que es muy fácil moverlas dependiendo de la situación. Y lo hizo con uno de esos atrevidos experimentos que se llevaban en los 60, como el de su colega Milgram, y que ahora están muy demodés, criticados ferozmente por la psicología oficial. Criticados públicamente, que en las cocinas de los ejércitos vaya usted a saber lo que tienen ahora a fuego lento.

El de Phillip Zimbardo tuvo lugar en el verano de 1971 y es muy probable que hayan oído hablar de él o hayan visto una película basada en el mismo.

La película, claro, exagera, pero la verdad es que en aquella falsa cárcel de Stanford al profesor el asunto se le fue un poco de las manos. Previsto para 2 semanas, el experimento tuvo que cancelarse a los seis días.

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Milgram y la obediencia debida

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La extrema buena voluntad de los adultos de aceptar casi cualquier requerimiento ordenado por la autoridad constituye el principal descubrimiento del estudio.
Stanley Milgram (Los peligros de la obediencia, 1974)

El antidisturbios que golpea al anciano en youtube es su vecino, coincide con usted en el parque donde los hijos de ambos juegan juntos. El director de la sucursal que le vendió preferentes a unos jubilados analfabetos está a su lado en la barra del bar, tomando lo mismo que usted. El broker experto en evasión a paraísos fiscales se enamoró de la misma mujer que usted, y a él tampoco le hizo ningún caso.

La señora ministra, a la salida de su última reunión con el lobby de armamento, no puede dejar de pensar en esa mancha que le ha salido en el brazo. La jueza toma las mismas pastillas que usted para poder dormir.

Por las calles, las universidades, las plantas nobles de los bancos, los palacios y los estadios de fútbol caminan algunos verdaderos psicópatas. Son muy pocos. Fanáticos hay unos cuantos más, pero siguen siendo minoría.

El resto son personas como usted y como yo: personas normales, mediocres si me permiten, que, en determinadas circunstancias pueden convertirse en torturadores, sobre todo si cumplen órdenes de otros.

En julio de 1961, Stanley Milgram, psicólogo de la Universidad de Yale, realizó un conocido experimento  en el que intentaba medir hasta dónde llega la obediencia a la autoridad cuando se enfrenta a la conciencia personal.

Los resultados sobrecogieron al propio Milgram.

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Bruce, Brenda, David y el doctor Money

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LA PORTERA: ¿Que no está muerto? Ustedes sin salir de este aire no perciben la corrupción que tiene.
BASILIO SOULINAKE: ¿Podría usted decirme, señora portera, si tiene usted hechos estudios universitarios acerca de medicina? Si usted los tiene, yo me callo y no hablo más. Pero si usted no los tiene, me permitirá de no darle beligerancia, cuando yo soy a decir que no está muerto, sino cataléptico.
LA PORTERA: ¡Que no está muerto! ¡Muerto y corrupto!
BASILIO SOULINAKE: Usted, sin estudios universitarios, no puede tener conmigo controversia. La democracia no excluye las categorías técnicas, ya usted lo sabe, señora portera.
Ramón María del Valle-Inclán (Luces de Bohemia,  escena XIII)

 

El doctor John Money, psicólogo neozelandés, se había doctorado en Harvard y desde 1951 hasta su retiro fue profesor de pediatría y psicología médica en la Universidad John Hopkins, en Baltimore. Su reputación como científico estaba fuera de toda duda y hasta su muerte ha recibido honores y distinciones. En el ambiente de los años 60 emergió como una figura relevante con teorías bastante radicales. La principal es que la identidad de género (sexual, no gramatical) se aprende, viene dada por la educación y no por factores biológicos. Cuando conoció el caso de Bruce Reimer quiso demostrar su teoría: Bruce se convertiría en Brenda, se le educaría como una niña y sería una niña el resto de su vida. El experimento salió muy mal.

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