Archivo de la categoría: Medioteorías

Reflexiones sobre los mass media. Opiniones y teoría de los medios de comunicación. Televisión, prensa, Internet, etc.
Tienen más peligro de lo que se suele creer, que ya es. Hay que saber leerlos, para que no nos engañen más de la cuenta.

La Tecnología no es neutral. Parte IV

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La televisión: el espectáculo continúa

La televisión es la nueva tecnología, es el centro de las sociedades mínimamente avanzadas. Nadie se excluye de su uso, no hay barreras de edad o condición social. Todo el mundo la consume en mayor o en menor medida. No hay un tema de interés público que no se encamine hacia la televisión. Por poner un ejemplo, los grandes acontecimientos deportivos se hacen para ser retransmitidos y el público que asiste a ellos se convierte en un figurante más del gran espectáculo.  El cambio de los horarios de los partidos de fútbol sería el ejemplo más claro. La televisión incluso nos dirige de una manera un poco más sutil: nos organiza el entorno de comunicaciones (qué películas, libros, revistas, programas de radio hemos de consumir), nos dice qué debemos comprar e incluso nos organiza en muchos casos el plan del día.

En esto cada día que pasa le come más terreno Internet, a grandes zancadas, pero creo que todavía la TV es la reina, los que usamos Internet tendemos a creer que la realidad que vivimos es la única y hay todavía grandes huecos en esa Red, agujeros enormes que están por llenar. Creer, como dicen algunos medios, que un gobierno ha caído gracias a Twitter me parece, cuanto menos, un poco ingenuo.

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La tecnología no es neutral. Parte III

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La Galaxia Gütemberg

Decíamos ayer que la aparición de nuevas tecnologías, según McLuhan y Postman, proponen un cambio para el que no hay vuelta atrás. Eso ocurre, -y tal vez en mayor medida- con los medios de comunicación. Las formas del discurso público regulan e incluso dictan el tipo de contenido que surge de ellas. Un nuevo medio cambia la estructura del discurso, exigiendo un cierto tipo de contenido.

Los historiadores utilizan tres fechas para separar, en la historia de Occidente, el paso de la Edad Media a la Edad Moderna.

La primera de ellas es la caída de Constantinopla, en 1453, a manos de los turcos. Así acabó el Imperio Romano de Oriente (Bizancio) y con ello el último vestigio de la antigüedad.

La segunda es la llegada de Colón, en 1492, a tierras americanas. El mundo occidental se habría como nunca lo había hecho y demostraba su voluntad de expandirse por todo el planeta. Un hito histórico similar a la llegada a la Luna pero con mayores consecuencias: suponía el encuentro de dos civilizaciones humanas que se habían ignorado durante siglos.

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La tecnología no es neutral. Parte II

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Un poco de McLuhan para seguir

A todo esto, Neil Postman (1931-2003), profesor, sociólogo y crítico cultural estadounidense fue discípulo de Marshall McLuhan (1911-1980) en la Universidad de Columbia. Y eso se nota.

Por cierto, inciso. Si queréis ver a McLuhan aquí lo tenéis en acción. McLuhan sale al final pero vale la pena verlo entero.

Yo también salgo, soy el pesao que sabe tanto sobre McLuhan.

Pero sigamos con las cosas serias.

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La tecnología no es neutral. Parte I

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De MacLuhan y Potsman

Si esta página cae en ojos de un estudiante de Comunicación ya sabrá de qué va, y sino (los programas cambian, los profesores se descuidan) que vaya a buscar el libro de Postman. Los que no hayan caído en las garras de dicha carrera pero les interesa el tema, que hagan lo mismo. Al fin y al cabo desde hace años tengo la teoría de que en bachillerato debería haber dos asignaturas obligatorias: Nutrición y Medios de Comunicación. Lo que más hacemos es comer y consumir mass media (perdón por la expresión) sin tener ni puñetera idea de cómo se hacen ambas cosas.

El libro del que quiero hablar hoy es Divertirse hasta morir, el discurso público en la era del «show business», y fue escrito por un tal Neil Postman en 1985. Pero no se precipiten y lo den por obsoleto hasta que no lo hayan leído o acaben, tengo la esperanza, de leer esta especie de reseña.

 

El prefacio del libro no solo anuncia su tesis principal, además es brillante. A un tipo impresionable como yo le noqueó. Empieza diciendo que los estadounidenses reflexivos, tras aguantar la respiración,  se congratulaban de que hubiera pasado 1984 sin que en su país (ni en el resto de Occidente, añado yo) se hubiera cumplido la pesadilla autoritaria que profetizaba Orwell en su novela. Pero estaban tan pendientes de Orwell que no se habían dado cuenta que lo que sí se había cumplido era lo que temía Aldous Huxley en Un mundo feliz.

El estado tenebroso de Orwell en el que un Hermano Mayor (que no Gran Hermano), decida todo por nosotros y nos prohíba todo lo que le de la gana se ha revelado en nuestras democracias occidentales, y salvo intentos como la penúltima ley antitabaco, poco probable. No parece viable.

Pero en la visión de Huxley no hace falta ningún dictador que uniforme el discurso y nos diga constantemente qué debemos pensar y qué no. Pero mejor en palabras de Postman.

Lo que Orwell temía era que se prohibirían los libros. Lo que temía Huxley era que no habría razón para prohibir ningún libro porque no habría nadie que quisiera leer. Orwell temía a los que nos pudieran privar de información. Huxley temía a los que nos darían tanta que nos reducirían a la pasividad y el egoísmo. Orwell temía que se nos ocultara la verdad. Huxley temía que la verdad se ahogara en un mar de irrelevancia.(…) En 1984 las personas son controladas mediante el dolor. En Un mundo feliz, son controladas mediante el placer. Resumiendo, Orwell temía que nos destruyese lo que odiamos. Huxley temía que nos destruyese lo que amamos.

Joder con Huxley.

El libro (y este escrito) tratan de la posibilidad de que fuera Huxley,  y no Orwell, el que tuviera razón.

Internet va a cambiar la película, y tras los sucesos en el mundo árabe parece aún más claro que el mundo de Orwell (con permiso de Google) cada día es un poco más improbable. Pero ¿y el de Huxley?

Continuará, que tengo que irme a dormir.