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Los cultos cargo, tal como somos

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7 min de lectura aprox.

Los cultos cargo (cargo cult), tal como los llaman los antropólogos, son la crónica fascinante de la creación de una nueva religión ante nuestros ojos. Una religión que nace a inicios del siglo XX y que se desarrolla sobre todo durante la Segunda Guerra Mundial en algunas islas del Pacífico. Un caramelo para sociólogos, antropólogos o filósofos.

Y una historia curiosa y sugerente que dice mucho de cómo somos. 

“Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”.  Arthur C. Clarke (1973)

Los profetas llegan en avión

Hasta los años 40 del siglo XX los indígenas de algunos lugares remotos del Pacífico, sobre todo en la Melanesia, vivían apartados del mundo en sus idílicas islas. Bueno, a ellos no les parecían tan idílicas ya que tenían que trabajar duro para sobrevivir. Sus creencias eran las que profanos como yo conocemos de las  películas y algún  artículo del National Geografic: rendían culto a sus antepasados que regresarían trayendo consigo una nueva era de prosperidad.

Pero estalla la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico y aquello cambia por completo. Aquella gente empieza a oír extraños rugidos en el cielo. Se les aparecen imponentes pájaros oscuros y grandes canoas o monstruos marinos. Primero a lo lejos; luego algunos llegaron hasta la costa. Hasta la puerta de casa. ¿Qué pasará?

El choque cultural es de proporciones bíblicas, nunca mejor dicho. Algo así como la llegada de las primeras suecas a las playas españolas en los 60, pero más bestia. De esas extrañas máquinas salen hombres descoloridos vestidos de verde, con curiosas insignias, banderas y objetos metálicos en sus manos. Sin duda eran los nuevos dioses o, como mínimo, los profetas de los nuevos cultos cargo.

Dioses más poderosos

Todo el esquema de creencias de estos indígenas se viene al traste. Estos nuevos dioses parecen poderlo todo. Traen latas de conserva, linternas, leche en polvo, chocolate, tabaco y toda una suerte de objetos mágicos que empiezan a regalar a los nativos. 

Éstos observan ojipláticos cada detalle y pronto se dan cuenta de una cosa: los dioses de los blancos son mucho mejores que los suyos. Ellos llevan siglos trabajando duro y siguiendo rituales y sacrificios sin un resultado demasiado satisfactorio. Cada fruto tienen que lucharlo con esfuerzo. 

En cambio, estos mesías blancos no cultivan, no pescan, se limitan a realizar unos extraños rituales, sin esfuerzo alguno, y lo tienen todo. Escriben en papeles, se sientan ante cajas parlantes y se comunican con sus dioses a través de extraños artefactos que emiten ruidos y luces. A cambio, sus dioses les envían un cargo (flete) impresionante: comida y ropa, así como todo tipo de regalos en abundancia.  Así, por la cara. 

Además, esos curiosos hombres blancos venidos de una tierra lejana a la que llamaban USA tienen también el poder de curar enfermedades. Unos verdaderos magos, una civilización superior llegada desde el cielo.

Nacen los cultos cargo

Pero no hay bien que cien años dure.  Estos indígenas tienen la desgracia de que la guerra acaba y, tal como llegaron, los nuevos dioses blancos se van, llevándose sus cargos. La era de prosperidad acabó.

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Empiezan los cultos cargo. El aprendizaje humano se da, sobre todo, por observación e imitación, al menos es lo que yo vi un día en un documental de los de la siesta. Así que esos nativos melanesios lo vieron claro, debían copiar los ritos de aquellos hombres de verde para recibir ellos también el cargo, los regalos de los dioses blancos. 

Pintaron sus cuerpos imitando los uniformes de los blancos, desfilaron con fusiles hechos con cañas, construyeron radios con latas e incluso aviones y torres de control de madera. Aunque ya más como folclore que como creencia verdadera, a día de hoy algunas comunidades siguen los mismos ritos a la espera del maná del cielo.

John Frum que estás en los cielos

En una de esa pequeñas islas Tanna, en el archipiélago de Vanuatu, se sigue celebrando una vez al año el rito principal de su nueva religión.  El día de John Frum (el 15 de febrero), en el que honran a su dios.

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John Frum es un personaje a medio camino entre la realidad y la leyenda. Se cuenta de él que era bajito, con el pelo blanco y una casaca con numerosos botones. Se sospecha que fuera un soldado norteamericano que se presentaría diciendo algo así como “I am John, from America”. Y de ahí el nombre acortado, John Frum, para servir aquí a unos amigos y devotos seguidores. 

Aquel profeta blanco desbarata la estructura social y religiosa de la pequeña isla de Tanna. Les enseña muchas cosas, como que llegará un día en el que no tendrán que trabajar, que aquello será el paraíso. Muy típico de profeta todo. 

También les anuncia la llegada del apocalipsis. Dice la leyenda que tuvo tres hijos: Isaac, Jacob y Lastuán (the last one), aunque muy pocos elegidos pudieron verlos y transmitir sus conocimientos.

Tras un tiempo, John Frum desapareció. Hoy día siguen esperando su retorno, que traerá otra vez el preciado cargo, una nueva era de abundancia en la que no habría que volver a trabajar. Siguen convocándolo cada 15 de febrero con sus desfiles, sus pistas de aterrizaje y sus aviones de caña. 

Si se extrañan de que estos cultos cargo sigan esperando unos aviones durante años piensen en quienes llevan milenios esperando a otro profeta. 

Tal como somos

Los cultos cargo son mucho más que una curiosidad, una buen a historia que contar ante el fuego, en este caso digital. Nuestras religiones, los dioses en los que creemos, se crearon hace mucho. Las fuentes son inciertas, algunas poco fiables. 

Los cultos cargo nos dan la oportunidad de seguir, al minuto, la formación de una religión. Una maravillosa oportunidad para antropólogos, sociólogos, filósofos y demás estudiosos del Calama humana.  Y una gran oportunidad para que reflexionemos los demás. 

Aquí se dan algunos condicionantes que aparecen también en las religiones ortodoxas: un ser venido desde el cielo, diferente a nosotros y que posee un poder y unos conocimientos que nos sobrepasan. Nos cambia todo el marco de creencias y un día desaparece. Nos deja esperando su vuelta, momento en el que nuestra tierra se convertirá en paraíso. Tal vez le suene de algo.

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Funcionamos así, mediante mitos, que no son sino explicaciones de lo inexplicable. Hay que rellenar los huecos de todo lo que ignoramos buscando la interpretación que nos parece más sencilla y más adaptable a nuestros conocimientos y a nuestra conveniencia. 

Unos adoran a los mercados, otros a un dios que es único y a la vez son tres personas, otros a seres del espacio que nos observan y otros a Maradona o a John Frum.

Otros, que creemos en la ciencia y/o en la razón, no deberíamos olvidar las palabras de Antonio Machado en su obra Juan de Mairena (1936) “No fue la razón sino la fe en la razón lo que mató en Grecia la fe en los dioses”.

Todos, como el agente Mulderqueremos creer en algo.

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12 pensamientos sobre “Los cultos cargo, tal como somos”

  1. Es fascinante tio, la verdad.
    El otro día quedé a tomar una copa con un amigo y su cuñado, que es belga (belga el cuñado, no mi amigo, no te vayas a creer)…belga y por tanto digno de credibilidad…bueno, tambíen es antropólogo pero vamos…
    El caso que, hablando de este tema, nos comentó que hay una apasionante, jeje, discusión en el ámbito de los antropólogos sobre qué cultura puede ser considerada cargio y cual no…¿es correcto este qué…cual? Me temo que no.
    Parece ser que el wodoo de New Orleans es considerado cargo en algunos foros y no cargo en otros.

    Te puedes imaginar lo que dió de sí esta conversación, con 2 cubatas encima, como llevabamos.

    1. Gracias por la recomendación Mikel, no conocía a Marvin Harris (no tengo ni idea de antropología como habrá quedado demostrado) y de momento no he pasado de echarle un vistazo a Harris en la Wikipedia. En cuanto tenga tiempo, jejé, le echo un vistazo al libro.

  2. Podríamos especular esto… ¿Son las religiones cultos cargo para extraterrestres o humanos venidos del futuro? Maná para los conspiranóicos.

    Lo mismo sucede con la escritura; algunos indígenas americanos desarrollaron una escritura, sin saber leer, pues vieron que los colonos tenían una.

    No obstante, yo soy cristiano y puedo asegurar que, a diferenca de estas religiones (que buscan cosas físicas, como comida o medicinas), las religiones modernas buscan espiritualidad. O se supone. Tienen una función social, moral, etc.

    Por otra parte, existieron”supersticiones” de que no debes tocar a los muertos o la sangre porque podrías pecar y enfermarte. Esto lo vemos en el viejo testamento. Y funcionaba, aunque no conocían las bacterias, esa superstición era práctica.

    Por eso no podemos ser totalmente racionales. Estos indígenas no son racionales respecto a nosotros, pero nosotros no tenemos puntos de referencia más allá de lo que nos puede decir la ciencia. Tal vez somos muy supersticiosos y no lo sabemos aún (claro, según la definición de nuestros descendientes).

  3. Todavía siguen esperando a su Dios a que lleguen a su isla. Mientras los cristianos siguen esperando al suyo o vamos cada día a espacios inventados por nosotros mismos a venerar esculturas a las que llamamos Dios. La religión aparece hace más de 10.000 años en el mundo. De verdad ¿hemos avanzado tanto?. Si Darwin levantara la cabeza.

    1. Muchas gracias por el comentario Carmelo. Como lo has leído, ya sabes que estoy totalmente de acuerdo contigo, desde el titular “tal como somos”, en tiempo presente.
      Permíteme que te aconseje otra de mis entradas, la de los moais en la Isla de Pascua.
      http://www.miguelgarciavega.com/catastrofe-en-la-isla-de-pascua/
      Ese seguir construyendo moais sin parar, solo porque es “lo que hay que hacer”, porque lo mandan los dioses (mercados) hasta la destrucción de la isla. Imagino que alguien pensó en cambiar, hacer otra cosa. Qué coño sabía él, hay que construir aún más, dirían los sacerdotes/economistas dominantes.
      En fin, que somos lo que somos, desde siempre. Pero no hay que descartar que algún día aprendamos algo ¿no?

  4. Según Richard Dawkings una vez un periodista preguntó a un nativo en una festividad del 25 de febrero cuanto tiempo llevaba esperando a John Frum con su cargo, y este le contesto “19 años”. El periodista le inquirió que si no era ya mucho tiempo de esperar promesas que no se cumplian año con año, el nativo lo miro a los ojos y le contestó “Cuanto tiempo llevas tu esperando a Jesús?, 2000 años?, yo también puedo esperar a John Frum muchos años como tu a Jesús” ….
    Interesante

    1. Jeje. Muy bueno el comentario Rodolfo, muy interesante. Y tal vez dentro de 1.000 años sigan esperando a John Frum ¿por qué no?
      Gracias

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