Los cultos-cargo, tal como somos

Tiempo lectura: 4 minutos

«Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia». Arthur C. Clarke (1973)

Los Cultos-Cargo, tal como los llaman los antropólogos, son la fascinante historia de la creación de una nueva religión en el siglo XX, folclore en formación ante nuestros ojos. Una religión que nace a inicios del siglo XX y que se desarrolla sobre todo durante la Segunda Guerra Mundial en algunas islas del Pacífico. Un caramelo para sociólogos, antropólogos o filósofos que han escrito bastante sobre el asunto, así  que tal vez ya conocen el tema, pero es que yo me he enterado hace poco, entre trabajar y seguir el twitter de Rajoy y todas las declaraciones de Mourinho no es fácil enterarse de cosas interesantes, no hay tiempo.

 

Hasta los años 40 del siglo XX los indígenas de algunos lugares remotos del Pacífico, sobre todo en la Melanesia, vivían apartados del mundo en sus idílicas islas. Bueno, a ellos no les parecían tan idílicas (háganse cargo -con perdón- no había resorts todavía) ya que tenían que trabajar duro para sobrevivir. Sus creencias podríamos calificarlas de habituales en estos casos: rendían culto a sus antepasados que regresarían trayendo consigo una nueva era de prosperidad.

Pero estalla la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico y aquello cambia por completo. Empiezan a oír extraños  rugidos en el cielo, a ver enormes pájaros oscuros, o sea OVNIS, y grandes canoas o monstruos marinos. Primero a lo lejos y finalmente algunos desembarcan en su isla. El choque cultural es de proporciones bíblicas, nunca mejor dicho. Algo así como la llegada de las primeras suecas a nuestras playas, pero más bestia. De esas extrañas máquinas salen hombres muy blancos vestidos de verde, con curiosas insignias y banderas y objetos metálicos en sus manos. Sin duda eran los nuevos dioses o, como mínimo, sus profetas.

cuto-cargo, Tanna, Vanuatu

Nuevos dioses más poderosos

Todo el esquema de creencias de estos indígenas se vino al traste. Estos nuevos dioses parecían poderlo todo. Traían latas de conserva, linternas, leche en polvo, chocolate, tabaco y toda una suerte de objetos mágicos que empezaron a regalar a los indígenas. Éstos observaban ojipláticos cada detalle y pronto se dieron cuenta de una cosa, los dioses de los blancos eran mucho mejores que los suyos. Ellos llevaban siglos trabajando duro y siguiendo rituales y sacrificios sin un resultado demasiado satisfactorio. En cambio, estos mesías blancos no cultivaban, no pescaban, se limitaban a realizar unos extraños rituales: escribían en papeles, se sentaban ante cajas parlantes y se comunicaban con sus dioses a través de extraños artefactos que emitían ruidos y luces. A cambio, sus dioses enviaban un cargo (un flete) impresionante: comida y ropa, así como todo tipo de regalos en abundancia.  Así, por la cara. Además, esos curiosos hombres blancos venidos de una tierra lejana a la que llamaban USA tenían también el poder de curar enfermedades, unos verdaderos magos. Un civilización superior llegada desde el espacio.

John Frum que estás en los cielos

Pero no hay bien que cien años dure y estos indígenas tuvieron la desgracia de que la guerra acabó y, tal como llegaron, los nuevos dioses blancos se fueron, llevándose sus cargos: la era de prosperidad acabó.

El aprendizaje humano se da, sobre todo, por observación e imitación (al menos es lo que yo vi un día en un documental de los de la siesta) así que esos nativos melanesios lo vieron claro, debían copiar los ritos de los blancos para recibir ellos también el cargo, los regalos del cielo. Pintaron sus cuerpos imitando los uniformes de los blancos, desfilaron con fusiles hechos con cañas, construyeron radios con latas e incluso aviones y torres de control de madera. A día de hoy algunas comunidades siguen los mismos ritos a la espera del maná del cielo.

En una de esa pequeñas islas, Tanna, en el archipiélago de Vanuatu, se sigue celebrando una vez al año el rito principal de su nueva religión, El día de John Frum (el 15 de febrero), en el que honran a su dios. John Frum es un personaje a medio camino entre la realidad y la leyenda. Se cuenta de él que era bajito, con el pelo blanco y una casaca con numerosos botones. Se sospecha que fuera un soldado norteamericano y que su nombre vendría porque se presentaría diciendo algo así como “I am John, from America” y de ahí el nombre acortado, John Frum para aquí unos amigos y devotos seguidores. Aquel profeta blanco desbarata la estructura social y religiosa de la pequeña isla de Tanna. Les enseña muchas cosas, como que llegará un día en el que no tendrán que trabajar, que aquello será el paraíso, y a la vez les anuncia también la llegada del apocalipsis. Dice la leyenda que tuvo tres hijos: Isaac, Jacob y Lastuán (the last one), aunque muy pocos elegidos pudieron verlos y transmitir sus conocimientos.

Tras un tiempo, John Frum desapareció. Hoy día siguen esperando su retorno, que traerá otra vez el preciado cargo, una nueva era de abundancia en la que no habría que volver a trabajar. Siguen convocándolo cada 15 de febrero con sus desfiles, sus pistas de aterrizaje y sus aviones de caña.

El poder observar desde fuera la creación de una religión ante nuestros ojos, además de dar trabajo a los antropólogos (pobres míos con la que está cayendo), nos induce a reflexionar. Aquí se dan algunos condicionantes que aparecen también en las religiones ortodoxas: un ser venido desde el cielo, diferente a nosotros y que posee un poder y unos conocimientos que nos sobrepasan. Nos cambia todo el marco de creencias y un día desaparece y nos deja esperando su vuelta, momento en el que nuestra tierra se convertirá en paraíso. Tal vez le suene de algo.

Desfile John Frum, Tanna

Funcionamos así, mediante mitos, que no son sino explicaciones de lo inexplicable. Hay que rellenar los huecos de todo lo que ignoramos buscando la interpretación que nos parece más sencilla y más adaptable a nuestros conocimientos y a nuestra conveniencia. Unos adoran a los mercados, otros a un dios que es único y a la vez son tres personas (con pasajes en los que habla consigo mismo como padre e hijo a la vez), otros a seres del espacio que nos observan y otros a Maradona o a John Frum.

Otros, que creemos en la ciencia y/o en la razón, no deberíamos olvidar las palabras de Antonio Machado en su obra Juan de Mairena (1936) “No fue la razón sino la fe en la razón lo que mató en Grecia la fe en los dioses”.

Todos, como el agente Mulder, queremos creer.

También te puede interesar:

  • Los cultos cargo, tal como somos25 septiembre, 2011 Los cultos cargo, tal como somos Los cultos cargo (cargo cult), tal como los llaman los antropólogos, son la crónica fascinante de la creación de una nueva religión ante nuestros ojos. Una religión que nace a inicios del […]
  • I+D+i en España, una moto y un botijo14 julio, 2013 I+D+i en España, una moto y un botijo En la España de los primeros 70, Arturo Estévez iba por los pueblos con su extraña motocicleta y un botijo siempre a mano. La moto estaba equipada con un curioso depósito. Arturo seguía […]
  • Catástrofe en la isla de Pascua23 septiembre, 2012 Catástrofe en la isla de Pascua La catástrofe de la Isla de Pascua entre los siglos XVI y XVIII se pudo deber, entre otras cosas, a la construcción desaforada de moais que llevó a la sobreexplotación de los recursos, […]
  • Desmontando a los Reyes Magos1 enero, 2013 Desmontando a los Reyes Magos La trama oculta de la 'Operación Oriente' y los Reyes Magos descubierta tras un brillante trabajo de investigación en el que he ocupado al menos los últimos tres cuartos de hora de mi […]

10 comentarios sobre “Los cultos-cargo, tal como somos”

  1. Es fascinante tio, la verdad.
    El otro día quedé a tomar una copa con un amigo y su cuñado, que es belga (belga el cuñado, no mi amigo, no te vayas a creer)…belga y por tanto digno de credibilidad…bueno, tambíen es antropólogo pero vamos…
    El caso que, hablando de este tema, nos comentó que hay una apasionante, jeje, discusión en el ámbito de los antropólogos sobre qué cultura puede ser considerada cargio y cual no…¿es correcto este qué…cual? Me temo que no.
    Parece ser que el wodoo de New Orleans es considerado cargo en algunos foros y no cargo en otros.

    Te puedes imaginar lo que dió de sí esta conversación, con 2 cubatas encima, como llevabamos.

    1. Gracias por la recomendación Mikel, no conocía a Marvin Harris (no tengo ni idea de antropología como habrá quedado demostrado) y de momento no he pasado de echarle un vistazo a Harris en la Wikipedia. En cuanto tenga tiempo, jejé, le echo un vistazo al libro.

  2. Podríamos especular esto… ¿Son las religiones cultos cargo para extraterrestres o humanos venidos del futuro? Maná para los conspiranóicos.

    Lo mismo sucede con la escritura; algunos indígenas americanos desarrollaron una escritura, sin saber leer, pues vieron que los colonos tenían una.

    No obstante, yo soy cristiano y puedo asegurar que, a diferenca de estas religiones (que buscan cosas físicas, como comida o medicinas), las religiones modernas buscan espiritualidad. O se supone. Tienen una función social, moral, etc.

    Por otra parte, existieron»supersticiones» de que no debes tocar a los muertos o la sangre porque podrías pecar y enfermarte. Esto lo vemos en el viejo testamento. Y funcionaba, aunque no conocían las bacterias, esa superstición era práctica.

    Por eso no podemos ser totalmente racionales. Estos indígenas no son racionales respecto a nosotros, pero nosotros no tenemos puntos de referencia más allá de lo que nos puede decir la ciencia. Tal vez somos muy supersticiosos y no lo sabemos aún (claro, según la definición de nuestros descendientes).

  3. Todavía siguen esperando a su Dios a que lleguen a su isla. Mientras los cristianos siguen esperando al suyo o vamos cada día a espacios inventados por nosotros mismos a venerar esculturas a las que llamamos Dios. La religión aparece hace más de 10.000 años en el mundo. De verdad ¿hemos avanzado tanto?. Si Darwin levantara la cabeza.

    1. Muchas gracias por el comentario Carmelo. Como lo has leído, ya sabes que estoy totalmente de acuerdo contigo, desde el titular «tal como somos», en tiempo presente.
      Permíteme que te aconseje otra de mis entradas, la de los moais en la Isla de Pascua.
      http://www.miguelgarciavega.com/catastrofe-en-la-isla-de-pascua/
      Ese seguir construyendo moais sin parar, solo porque es «lo que hay que hacer», porque lo mandan los dioses (mercados) hasta la destrucción de la isla. Imagino que alguien pensó en cambiar, hacer otra cosa. Qué coño sabía él, hay que construir aún más, dirían los sacerdotes/economistas dominantes.
      En fin, que somos lo que somos, desde siempre. Pero no hay que descartar que algún día aprendamos algo ¿no?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.