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Vivian Maier, por amor al arte

Tiempo lectura: 5 minutos

 

Era socialista, feminista, crítica de cine y campechana. Aprendió inglés yendo al teatro porque le encantaba. Solía llevar chaqueta de hombre, zapatos de hombre y un sombrero grande. Estaba tomando fotografías todo el tiempo y luego no se las enseñaba a nadie.

(Blog de John Maloof)

 

Vivian Maier muere en abril de 2009 a los 83 años en una residencia para ancianos de Chicago. Sin un dólar, en sus últimos años había vivido de la caridad de algunos niños a los que había cuidado siendo más joven. Porque Vivian se había dedicado la mayor parte de su vida a eso, a criar niños de familias bien de Nueva York y Chicago.

Pero la nanny guardaba un secreto. Su primera condición para aceptar la labor de niñera en la casa donde trabajó más de 20 años fue tener un cuarto propio con cerradura. La familia  no sabe qué hace en ese cuarto tanto tiempo a solas. No se le conocen amigos, ni familiares, ni amores. Al fin y al cabo solo es la nanny,  a pesar de habitar el mismo espacio viven en universos diferentes.

Las familias a las que cuida no saben que en sus ratos libres pasea por las calles como una sombra para captar la vida con su Rolleiflex. Las víctimas favoritas de su cámara son los niños y los ambientes marginales, sombras entre los edificios de Nueva York y Chicago, como ella. Luego se encierra en el cuarto oscuro y revela las fotos sin decírselo a nadie.

Eso mientras le llegó el dinero, hacia el final apenas le da para comprar los carretes, no puede permitirse revelarlos. Gran parte de su obra, que se estima en unos 100.000 negativos en total, está viendo la luz ahora por primera vez, tras su muerte.

Durante su vida nadie vio sus fotos. La gran voyeur las mantuvo a salvo de cualquier mirada indiscreta. Disfrutaba haciéndolas por amor al arte, no necesitaba que nadie las viera. Tras su muerte va camino de convertirse en un mito de la fotografía.

Es emocionante presenciar en directo el descubrimiento de una fotógrafa a la que algunos críticos ya sitúan entre las más grandes del siglo XX,  con una obra que retrata la América urbana de los años 50, 60 y 70 con un talento muy personal.

En estos momentos, su involuntario descubridor, John Maloof, está ultimando un documental sobre el misterio de la nanny fotógrafa. Finding Vivian Maier, se llama. No pienso perdérmelo. Y creo que Sixto Rodríguez también puede estar interesado, por cierto.

Tal vez me estoy pasando, todo sea una operación de marketing y no sea para tanto. No entiendo de fotografía pero lo que he visto me parece asombroso. También tengo que admitir mi predilección por la fotografía urbana, o como se diga. Algunas fotos me han traído a la memoria al gran Català-Roca. Como espectador de a pie, la mirada de Maier me parece muy poderosa, de una composición muy cuidada y de una frágil sensibilidad.

Tristes y bellas fotos. Me atrapan. Tanto, que todo este rollo que les estoy metiendo sale de mis dedos sin control, como si Maier me hubiera contagiado de alguna manera. Su obra y su misterio se cuelan en este blog  por derecho, no he visto en ningún momento la manera de evitarlo.

Mirando al patio trasero

De Vivian Maier se sabe muy poco. Que nació en Nueva York en 1926 de madre francesa y padre austríaco. Su padre desaparece pronto del cuadro y Vivian se cría en Francia con su madre.  En 1951, con 25 años, vuelve a Nueva York. Madre e hija habían convivido un tiempo con la artista Jeanne J. Bertrand, de quien parece que aprendió el gusto por la fotografía.

Los pocos testimonios hablan de una mujer  extremadamente tímida y reservada, de ideas liberales y compromiso con los marginados. Esa querencia se muestra en el objetivo de la cámara, que nunca es neutral.

Durante una época, entre los 50 y 60, viaja por el mundo: Egipto, Tailandia, Vietnam, Oriente Medio, Francia, Italia, El Caribe… donde capta con su cámara a los más desfavorecidos. La mirada de Maier siempre tiende al margen del cuadro. En Nueva York y Chicago, donde vive la mayor parte de su vida, también su cámara se fija en el patio trasero de la primera potencia mundial en aquellos maravillosos años, para algunos.

Sus fotos se centran sobre todo en los retratos, con especial cariño hacia los niños, los únicos con quienes, dicen, se sentía a gusto. Hacia el final  su obra se vuelve más abstracta y las personas van saliendo de cuadro. ¿Desencanto?

Desempolvando a Maier

Todo esto seguiría criando polvo si en 2007 no aparece John Maloof, un joven que, preparando un libro sobre la historia de Chicago, compra en una subasta, por unos 400 dólares, un archivo de fotos olvidadas . Las fotos habían salido de un guardamuebles donde Maier había dejado los negativos. Como Vivian apenas tenía dinero para mantenerse no podía pagar la cuota y la empresa subastó sus pertenencias.

Las fotos a Maloof no le servían para su trabajo, y volvieron al cajón. Al tiempo las recuperó, las volvió a mirar, le gustaron y decidió venderlas por Internet.

Y ahí entra Allan Sekula, prestigioso crítico e historiador de fotografía, que encuentra un gran talento en esas fotos. Sekula es el auténtico descubridor de Maier, es quien la presenta en sociedad. A partir de ahí, Maloof toma consciencia de que tiene el cofre del tesoro y empieza a investigar el resto del material.

De la familia Gensburg, para los que Vivian había trabajado durante 17 años, recupera 2 cajones grandes con carretes y correspondencia. También recupera recortes de periódico y filmaciones de súper 8. En total se estima que la obra de Maier, de los años 50 a los 90, comprende unos 100.000 negativos. Una parte todavía está en fase de revelado e investigación. Eso lo hace todavía más emocionante, aún hay terreno inexplorado en el universo de Maier.

Su obra, quizás a su pesar, sale a la luz, pero ella no. Maier es tan esquiva que cuando Maloof empieza a buscarla en Internet, google le muestra el obituario: había muerto pocos días antes, pudo guardar su secreto y dejó solo su sombra.

Casi todas sus imágenes me atrapan de alguna manera pero mis favoritas son los autorretratos, siempre indirectos, incompletos. Maier nuca se muestra del todo: a veces sólo es una sombra que proyecta la luz hacia afuera, hacia su mirada, que es lo que le importa. Una espectadora que deja rastros sin atreverse a dar la imagen entera, retazos donde encuentras parte del mapa del tesoro, pero sin poder componer el puzzle. Porque el puzzle no se puede componer ni entender, es un misterio; sólo podemos aspirar a comprender alguna pieza suelta. Así es la obra de Maier, igual que su vida.

* Las fotos de esta entrada están sacadas de la web oficial y son propiedad de John Maloof. Si han llegado hasta aquí merecen un premio ( y sino también): entren en la web y disfruten de sus fotos.

7 comentarios sobre “Vivian Maier, por amor al arte”

  1. Extraordinaria historia, por el talante discreto de su protagonista. Cuantas miradas sensibles e inteligentes quedan sin registrarse. Al menos esta mujer ponía una lente y una película entre su mirada y el mundo. Eso nos permite disfrutar de su obra, aunque sospecho que esto a ella le trairía al pairo.
    Pienso recrearme viendo la web que dices.

    1. Gracias Pep. Tienes razón. Muchísimas miradas sensibles e inteligentes quedan sin registrarse. Es un regalo cuando alguien te dice «mira eso», y te sorprende y te alegra la vida aunque sea por cinco minutos. Algo así intento, humildemente, hacer aquí, señalar cosas y personas fuera de los grandes focos.
      Es muy posible que también tengas razón en que a ella tal vez no le importara ser conocida. Aunque creo que el reconocimiento le gusta a todo el mundo, es gratificante. No hablo de la revista Life, tal vez de un vecino que viera las fotos y le dijera, «Vivian, son cojonudas». Aunque ella ya no pueda leerlo, es lo que intento decir también con el post.

  2. Otra historia deliciosa, gracias Miguel, me han encantado las fotos de Vivian Maier, todo un descubrimiento. Es verdad que, aunque no tuvo el reconocimiento en vida que merecía y coincido contigo en que todo creador/a querría tenerlo, parece, por lo que trasluce de la historia, que ella disfrutó mucho haciéndolas. Las imágenes de la América de los 50 y 60 son una maravilla y también sus autorretratos.
    Sigue trayendo a este blog a toda esa gente extraordinaria y gracias nuevamente!

    1. Me alegro de que te haya gustado, para eso lo hago. Gracias por el comentario. Tal como digo en el post, yo soy el primer asombrado y tanto la historia como las fotos me atraparon. Todo lo que tenía programado se fue al traste desde que las fotos de Vivian dieron un golpe en la mesa de este blog.
      Sí creo que ella debía disfrutar disparando su cámara. tanto que incluso siguió haciéndolo aunque luego no pudiera revelarlas. Era su lugar en el mundo y lo demás, accesorio.
      Tal como dices, voy a seguir intentando traer estas historias al blog y hacerlo lo mejor posible, aunque también se que no todos los días se encuentran historias tan potentes como la de Maier. Espero que las siguientes también te parezcan interesantes.

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