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 ¿Por qué insostenible?

El nombre tiene, como todo en la vida, varios motivos.

El primero. No puedo estar cada día dedicándole el tiempo que merecería, me canso.

El segundo. La situación es insostenible pero nos  empeñamos en aguantar (yo el primero) y nos lo vamos repitiendo como una letanía (aquí igual soy el segundo).

El tercero. Me gusta la palabra, tanta sostenibilidad y tanta palabra hueca de políticos y asimilados para llenar la nada me pone de los nervios.

Son bienvenidos a este rincón todos aquellos (el masculino plural castellano es genérico, no excluye a nadie por su sexo ¿no es bonito, chicas?) que rechazan ese lenguaje políticamente correcto creado para disfrazar la realidad; y a los nuevos curas que desde distintos púlpitos (todos controlados por los partidos políticos, omnipresentes en este país) se empeñan en amargarme los telediarios. Van contra mí, porque, como cantaba el gran Serratentre esos tipos y yo hay algo personal. Y duele más porque hasta hace dos días, como el que dice, yo creía que eran los míos. Pero es que yo ya no se si soy de los nuestros.

Son bienvenidos también, por supuesto, esos nuevos curas. Este sitio es pequeño pero, si nos apretamos un poco, cabemos todos. Quien sabe, tal vez nos convenzan. Lo digo sin ironía.

Finalmente, todos aquellos admiradores del capitalismo especulativo, con pósters en el alma de Lehman Brothers, Goldman Sachs, la gente del FMI y compañía (“gente que camina y va apestando la tierra“) no son bienvenidos aquí. Esos que se vayan a tomar por saco a otro lado. Son los mercaderes que Jesucristo, el de la otra mejilla, echó a golpes del templo.

Hasta él sabía que la tolerancia y el buen rollito tienen un límite.

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Parece mentira ¿verdad?