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HitchBOT, de robots y hombres

001HomeBanner copiaHitchBOT nació en 2014. De poco más de un metro de altura, solo podía mover un brazo para hacer autoestop (hitchhiking), que es para lo que había nacido. Dependía de la amabilidad de los extraños, como Blanche Dubois. Él ofrecía conversación, simpatía y unas enormes ganas de hacer amigos y ver mundo. Era todo lo que tenía.

Su viaje comenzó un domingo, el 27 de julio de 2014, en una cuneta de Halifax, en la costa este canadiense. El 21 de agosto, llegó a Victoria. En 21 días había cruzado Canadá de costa a costa, haciendo amigos y explicando sus vivencias en mensajes y fotos en las redes sociales. Luego viajó por Alemania, Holanda y Estados Unidos, donde acabó su viaje. Muy a su pesar.

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Slenderman y los hombres del saco

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Morgan y Anissa llevaban planeándolo desde hacía tiempo. Supongo que hablaban a menudo del asunto, a solas, dándose el valor necesario y cargándose de razones. Desde que lo pensaron por primera vez en febrero de 2014 habían pasado meses. El primer plan era sorprender a la víctima mientras dormía y una vez amordazada, apuñalarla.

El plan no debió convencerles, o al final tal vez improvisaron. El caso es que el 31 de mayo llevaron a su víctima con algún pretexto (supuestamente jugar al escondite) a una zona boscosa del condado de Waukesha, en Wisconsin. Allí la apuñalaron con saña, 19 veces nada menos. No me puedo imaginar la escena: la sorpresa de la víctima, una niña de 12 años, ante el ataque inesperado e incomprensible, la soledad, la indefensión y los gritos que nadie pudo escuchar en aquel bosque. No murió, las agresoras la dejaron allí tirada y un ciclista la encontró y pudo pedir ayuda a tiempo.

Para proteger su intimidad, la identidad de la víctima se desconoce, Ante hechos como estos siempre la misma pregunta ¿Quién es capaz de hacer algo así a una niña indefensa e inocente? En este caso otras dos niñas de su misma edad: Morgan Geyser y Anissa Weier, detenidas y en espera de juicio, en el que serán consideradas adultas y podrían ser condenadas hasta a 65 años de prisión.

Y la otra gran pregunta, la mas importante ¿Por qué dos niñas de 12 años intentaron matar a puñaladas a otra? En sus propias palabras a la policía: para “impresionar a Slenderman”.

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I+D+i en España, una moto y un botijo

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En la España de los primeros 70, Arturo Estévez iba por los pueblos con su extraña motocicleta y un botijo siempre a mano. La moto estaba equipada con un curioso depósito. Arturo seguía un  ritual. Cuando ya había conseguido congregar al suficiente público, echaba un trago del botijo y el resto lo vaciaba en el depósito de la moto. Y después encendía el motor y ¡funcionaba! Un motor de agua que dejaba a la audiencia boquiabierta y con ganas de salir corriendo a contar a todo el mundo que habían sido testigos del prodigio.

Arturo aseguraba que no había ningún truco, excepto unas raras piedras que lanzaba también al depósito de su mágico vehículo. Arturo Estévez Varela no era un mago, ni un buhonero,  era perito mercantil, jefe de un taller mecánico e inventor en sus ratos libres. Sigue leyendo I+D+i en España, una moto y un botijo

Carr II, nuestro cerebro es plástico

Un amigo dice a menudo una frase muy aguda: “nos estamos volviendo tontos y nos gusta”. No solo clava la realidad en muchos aspectos sino también la tesis central del libro de Nicholas Carr, Superficiales, ¿qué está haciendo Internet con nuestras mentes? Tras unas cuantas semanas abandonada, vuelvo a mi sección peñazo, Medioteorías, que, aunque parezca mentira, también tiene sus admiradores, no se crean.

A nuestro cerebro Internet le parece una pastelería abierta las 24 horas y con todas las variedades de golosinas inimaginables y, aparentemente, gratuitas. La recompensa es prácticamente instantánea. ¿Quién, a estas alturas, está dispuesto a leer veinte páginas de buena literatura erótica para llegar poco a poco a la excitación si a golpe de un clic y en diez segundos ya tienes a la chica dispuesta a satisfacer cualquier fantasía que se te ocurra? Si hasta las pelis porno tradicionales  tienen introducciones, con perdón, que se nos antojan largas. ¿O no las tienen ya? Agradeceré la información a cualquiera que quiera ilustrarme, hace tiempo que no piso un videoclub.

Y lo malo, o lo bueno,  es que nuestro cerebro siempre está dispuesto y siempre pide más (ya no hablo de porno, vuelvan).

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Nicholas Carr: ¿Google nos vuelve estúpidos?

NIcholas Carr, a ver qué dice.

Neil Postman vivió en un mundo donde la televisión era la reina indiscutible y entendió que, como el medio es el mensaje, la televisión banalizaba, cuanto menos, el debate público sobre los aspectos importantes. Creo que la tele sigue en la cúspide de la ‘pirámide comunicativa‘, aunque le ha salido un competidor muy duro que más temprano que tarde le va a arrebatar la corona. La gran esperanza blanca: Internet.

Si la tele nos ha hecho  un poco más frívolos e insensible a las cuestiones importantes de nuestra sociedad, según Potsman,  la pregunta ahora es ¿Google nos vuelve estúpidos? La pregunta no es mía, es el inicio de la contraportada del libro de Nicholas CarrSuperficiales, ¿qué está haciendo Internet con nuestras mentes?” (2010). La continuación lógica a Postman en este análisis de los medios con el que me empeño en aburriros durante semanas. Aunque la mejor opción es que compren el libro y lo lean,  si no tienen tiempo o prefieren una lectura incompleta y fragmentada (dando la razón al autor, por cierto) aquí la tendrán. Pueden memorizar tres frases -de Carr, no mías- y triunfar en alguna fiesta pretenciosa.

El autor no niega los beneficios de Internet, ya lo iremos viendo, pero quiere alertar de esa postura tan preocupante, por lo común, del ‘idiota tecnológico’, que adopta toda nueva tecnología con entusiasmo, sin un ápice de reflexión sobre ella. O la postura contraria, el apocalíptico que intuye el fin de los tiempos en cada nuevo cacharro. La reflexión no implica que nos podamos librar de dicha tecnología y sus efectos, es sólo la voluntad de saber y entender de qué moriremos. Pírrico consuelo, sí, pero qué quieren, esto es solo un blog por el que ni siquiera me pagan, que lo queremos todo.

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Los cultos-cargo, tal como somos

“Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”. Arthur C. Clarke (1973)

Los Cultos-Cargo, tal como los llaman los antropólogos, son la fascinante historia de la creación de una nueva religión, folclore en formación ante nuestros ojos. Una religión que nace a inicios del siglo XX y que se desarrolla sobre todo durante la Segunda Guerra Mundial en algunas islas del Pacífico. Un caramelo para sociólogos, antropólogos o filósofos que han escrito bastante sobre el asunto, así  que tal vez ya conocen el tema, pero es que yo me he enterado hace poco.

Hasta los años 40 del siglo XX los indígenas de algunos lugares remotos del Pacífico, sobre todo en la Melanesia, vivían apartados del mundo en sus idílicas islas. Bueno, a ellos no les parecían tan idílicas (háganse cargo -con perdón- no había resorts todavía) ya que tenían que trabajar duro para sobrevivir. Sus creencias podríamos calificarlas de habituales en estos casos: rendían culto a sus antepasados que regresarían trayendo consigo una nueva era de prosperidad.

Pero estalla la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico y aquello cambia por completo. Empiezan a oír extraños rugidos en el cielo, a ver enormes pájaros oscuros, o sea OVNIS, y grandes canoas o monstruos marinos. Primero a lo lejos y finalmente algunos desembarcan en su isla. El choque cultural es de proporciones bíblicas, nunca mejor dicho. Algo así como la llegada de las primeras suecas a nuestras playas, pero más bestia. De esas extrañas máquinas salen hombres muy blancos vestidos de verde, con curiosas insignias y banderas y objetos metálicos en sus manos. Sin duda eran los nuevos dioses o, como mínimo, sus profetas.

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