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Muslyumovo, el culo del mundo

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El pueblo de Muslyumovo, en la República de Tartaristán a unos mil quinientos kilómetros al este de Moscú es, casi oficialmente, el culo del mundo. Dicho esto con todo el respeto a sus cerca de 4.000 habitantes. No lo digo yo, lo dice el Worldwatch Institute, que lo califica comoel lugar más contaminado del mundo”. 
En un planeta cada día más sucio, el galardón no es moco de pavo.  La isla de basura del Pacífico (también llamada sopa de plástico), por ejemplo, está ahí disputándole el sitio. Esto último al menos aparece de vez en cuando en el informativo; Muslyumovo ni eso. Olvidados, la radioactividad mata a la chita callando. 
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Julia Pastrana, La Indescriptible

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Julia Pastrana nació mujer, india y pobre en el estado Sinaloa, México, en 1834. Así que lo normal es que su vida no fuera fácil. Pero, además Julia era muy especial.  Tanto que cuentan en su pueblo, Ocoroni, que su madre la mantenía recluida en casa. También cuentan que en la casa no había espejos.
Julia Pastrana hubiera sido una india pobre y anónima más si no hubiera nacido con hipertricosis lanuginosa (otros hablan de hirsutismo) y con hiperplasia gingival. O, en términos de marketing –que puede ser extremadamente cruel–  si no se hubiera convertido en la famosa mujer mono, la mujer oso, la mujer más fea del mundo, un “híbrido maravilloso, producto de los amores pecaminosos entre un hombre y una hembra de orangután”. 
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Síndrome de Cotard y “cotard inverso”

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Un consulta médica en Japón en 2012. El paciente, de 69 años, se dirige al doctor en estos términos: “creo que estoy muerto, me gustaría conocer su opinión”. El médico, supongo que tras un momento de sorpresa, le hace ver que si estuviera muerto no podría estar hablando en ese momento. El paciente, efectivamente, no se lo explica, por algo ha ido a consulta. Lo imagino inquieto ante la falta de perspicacia del médico.  Después de un año de tratamiento psicológico el paciente se recuperó. “Ahora estoy vivo, pero estuve muerto una vez”.

En 1990, un joven escocés tuvo un accidente de motocicleta en el que recibió una fuerte contusión cerebral. Salió del hospital convencido de que estaba muerto. Su madre lo llevó a Sudáfrica y el calor le confirmó que le habían llevado al infierno, mientras su cuerpo seguía muerto en Escocia.

En 2004, un británico de 48 años llamado Graham se despertó un día convencido de que estaba muerto. Meses antes, aquejado de una profunda depresión, había intentado electrocutarse en la bañera y por eso estaba seguro de que su cerebro había dejado de funcionar: “les decía a los doctores que las pastillas no iban a servirme de nada porque no tenía cerebro, me lo freí en la bañera”.

Dejó de fumar y de hablar, perdió el interés por comer, no tenía sentido para un muerto hacer nada de eso. Los médicos le sometieron a un escáner cerebral que les sorprendió. Mientras Graham estaba despierto e interaccionando con otras personas su cerebro mostraba una actividad similar a una persona anestesiada o en estado vegetativo. Tras el tratamiento, Graham empezó a mejorar y acabó sintiéndose vivo de nuevo, aunque “las cosas se ponen un poco raras a veces”.

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Operación Gomorra: crimen en Hamburgo

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Aquel julio de 1943 hacía calor en Hamburgo, el julio más seco y caluroso de los últimos diez años. Quizás ellos no lo sabían, pero Alemania ya estaba perdiendo la guerra. Como tampoco que iban a vivir ese 24 de julio las consecuencias de la Operación Gomorra.

En febrero de ese año la derrota en Stalingrado ha supuesto el punto de inflexión.  En enero, en la Conferencia de Casablanca, los aliados declaran que solo aceptarán la rendición incondicional de Alemania. La  respuesta del régimen nazi es el famoso discurso de Goebbels en el Palacio de los Deportes de Berlín en el que declara la Guerra Total (Der Totale Krieg) ante una audiencia enfervorizada.

En Hamburgo saben de qué va eso de la guerra mejor que en otros lugares de Alemania. Ciudad industrial, ha sido, desde 1940, objetivo de los aviones británicos. Los aliados son cada día más fuertes y quieren acelerar el final de la guerra. Para ello deciden que además de atacar las fábricas y los nudos de comunicaciones, el objetivo principal es doblegar la voluntad de lucha del pueblo alemán.

Se trata de infundir el terror en el enemigo. La noche del 24 de julio, Hamburgo tuvo el triste honor de ser la primera gran ciudad arrasada por el fuego, nunca antes se había visto nada igual. El tristemente famoso bombardeo de Dresde, vendrá en 1945.

Visto con perspectiva puede ser considerado (como luego Dresde, Hiroshima y Nagasaki) un acto terrorista a gran escala, un crimen de guerra más conocido como Operación Gomorra.

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En Minamata bailaban los gatos

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Desde hace un tiempo en Minamata los animales de la zona se comportan de forma extraña. Primero un vecino ve a su gato caminar errático  –con fuertes convulsiones a modo de danza extravagante– y luego saltar desde el puerto al mar para morir ahogado. Parecía borracho.

Pero no es el único, pronto otros cuentan cosas parecidas y el rumor se extiende por todo el pueblo. Unos les llamaban “los gatos que bailan”, otros, “los gatos suicidas”. Los imagino bromeando sobre el tema en la taberna.

Las risas se apagan un poco cuando empiezan a aparecer peces muertos flotando en la orilla: poca broma, esos peces son el pan de todos en aquel pueblo. Y definitivamente la cosa no tiene ni puta gracia cuando las personas empiezan a ‘imitar’ a aquellos gatos bailarines.

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La Tercera Ola

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La civilización no suprime la barbarie, la perfecciona.
(Voltaire)

En 1967, Ron Jones era un joven profesor de Historia de la Cubberley High School, en Palo Alto, California, que se había encontrado a menudo con una pregunta de sus alumnos: ¿cómo pudo prosperar el nazismo en un país tecnológica y culturalmente tan avanzado como la Alemania de los años 30? Su respuesta fue crear La Tercera Ola.

Iba a ser solo una semana, pero una semana muy intensa para sus alumnos. La velocidad con la que aceptaron el experimento es escalofriante y sorprendió a todo el mundo. El propio creador se vio afectado y reconocía posteriormente: “Mi ego se infló, me gustó”.

Pero vayamos paso a paso, son sólo cinco días.

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