Archivo de la etiqueta: Segunda Guerra Mundial

Solos en Berlín

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Otto y Elise Hampel se tenían el uno al otro y poco más. Estaban siempre alerta, completamente solos en una gran ciudad. Cada día se cruzaban con cientos de personas, todas potencialmente hostiles. El nazismo había convertido su barrio de Berlín en terreno enemigo y ellos vivían disimulando, un día tras otro.

Tal vez les pesaba su soledad y por eso escribían mensajes anónimos, con la ingenua  esperanza de levantar la venda que impedía a sus vecinos ver que el rey estaba desnudo. Y así no estar tan solos. Sus motivos profundos probablemente no los sabremos nunca. Sus únicos testimonios fueron fruto de los hábiles interrogatorios de la Gestapo, con lo que no son muy fiables.

El crimen de Otto y Elise Hampel fue de “alta traiciónpor “socavar la moral militar”, en sentencia del 22 de enero de 1943. Desde septiembre de 1940 hasta el otoño de 1942, este matrimonio humilde con estudios básicos se opuso activamente, en solitario, al régimen nazi.

En el corazón de la bestia. Durante dos años, nada menos.

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Bajo el nombre del padre

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El 30 de abril de 1945, Hitler se suicida en el búnker. El 7 de mayo, el general Jodl, jefe de lo poco que queda del ejército alemán, firma la rendición ante británicos y estadounidenses, el 8 ante los soviéticos.

Europa en ruinas, Alemania arrasada. Los responsables intentan escapar.  Algunos lo lograrán, esfumándose o pasando a trabajar para los vencedores. Pero los más notables no pueden huir de la muerte a la que habían convocado.

Hitler y Goebbels se suicidan antes de ser capturados. Bormann, aunque la causa no está del todo confirmada, también muere. Entre los capturados hay quien consigue suicidarse –Himmler y Goering– y otros que son ejecutados tras un juicio.

Pero sus muertes, su desaparición, no borran el horror y la vergüenza. Quedan los hijos de los nazis. Dejan hijos que han de cargar con apellidos infames, con una culpa que no es suya. A su manera, también son víctimas de sus padres. Se firma la paz pero ¿hasta cuándo dura una guerra?

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El soldado Wojtek

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Documentándome para el pasado post sobre Stubby me encontré con Wojtek, el soldado más famoso de la 22 compañía de suministros de artillería del Segundo Cuerpo del ejército polaco durante la Segunda Guerra Mundial. Enrolado durante el paso de los polacos por Irán, camino a Egipto, embarcará con el resto de compañeros en Egipto para la invasión de Italia.

Y se hará famoso en Montecassino, una de las batallas más sangrientas de toda la guerra. Allí mostrará un valor incalculable y se ganará el respeto de todos sus camaradas.

A estas alturas sospecharán que se trata de otro perro, como Stubby, corriendo entre las balas, ejerciendo de correo o enlace. Pues se equivocan, Wojtek era un enorme oso pardo.

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Alan Turing, el pecado de un genio

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Alan Mathison Turing (1912-1954) era un genio. Fue uno de los padres de la computación, un precursor de la informática. O sea, uno de los culpables de que ahora estés leyendo esto y luego pases a algo mucho más interesante con solo un clic.

Eminente matemático, diseñó uno de los primeros computadores digitales. También fue uno de los antecesores de la Inteligencia Artificial, creador de un test que aún se usa hoy día para establecer la inteligencia de las máquinas.

Por si eso fuera poco, fue un héroe de la Segunda Guerra Mundial. Cuando Churchill dijo aquello de “nunca tantos debieron tanto a tan pocos” se refería a los pilotos de la RAF, pero hubiera encajado igual  referido a Turing y su equipo. Turing trabajó para el espionaje británico y consiguió descifrar la potente máquina alemana Enigma. Eso salvó miles de vidas y ayudó enormemente a los aliados a ganar la guerra.

Pero todo eso no le sirvió de nada ante un delito imperdonable: “indecencia grave y perversión sexual”, que es como el “pecado nefando” de la Inquisición pero en versión tribunal inglés de los años 50. No hace tanto de eso. Y sigue pasando hoy mismo en otros lugares. Turing fue condenado por ser homosexual, fue castrado químicamente y todo indica que acabó suicidándose con cianuro inyectado en una manzana.

Así se las gastan las leyes de los hombres.
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El enigma de las emisoras de números

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6,7,4,8 (pausa) 6,7,4,8 (pausa) 2,8,7,2 (pausa) 2,8,7,2 …. Eres radioaficionado, has estado buscando en la onda corta y te encuentras esto. El ruido de fondo, la voz mecánica, todo tiene un aire irreal. Una pausa, una música breve, una nueva secuencia de números sin sentido. Y luego nada más. ¿De dónde carajo ha salido eso? Te has topado con una de esas «emisoras de números«.

Acabas de escuchar algo que, oficialmente, no existe.

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La carretera de los huesos

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Se conoce como “Trassa” (La Ruta), así a secas, porque no necesita otro nombre: es la única carretera que hay en una vasta zona de la Rusia siberiana. Concretamente es el último tramo de 2.032 kilómetros de la M56, también llamada Autopista de Kolymá, aunque lo de autopista es un eufemismo. En realidad es una calzada apenas pavimentada que atraviesa zonas boscosas inhabitadas. Está considerada como una de las carreteras más peligrosas del mundo.

Conecta la ciudad de Magadán con el río Lena a la altura de Yakust  y fue construida por orden de Stalin entre 1932 y 1953, año de su muerte, para transportar el oro de las minas de la zona hasta la costa del Pacífico, frente a la península de Kamchatka.

En invierno el problema es el frío, se llega a 60 bajo cero, aunque la parte buena es que la congelación del suelo la hace más fácilmente transitable, porque en primavera, con el deshielo, el barro derrite la ruta en muchos puntos, haciéndola imposible. La zona es tan inhóspita que los vehículos accidentados allí se quedan, convirtiendo partes de la carretera en un cementerio de automóviles.

Aparte de razones geográficas (la enorme balsa de agua del subsuelo lo hace inestable), la alta siniestralidad en algunos tramos tiene otras dos explicaciones. La primera pretende ser científica: en algunas zonas se podrían producir emanaciones de gases que duermen o atontan a los conductores, lo que provoca los accidentes. La segunda no lo pretende: los accidentes se deben a la gran cantidad de fantasmas que vagan por una carretera maldita.

No seré yo quien se abone a la segunda explicación, pero no faltaría base para considerar maldita una ruta a la que se conoce como La carretera de los huesos porque está pavimentada, literalmente, con los huesos de quienes murieron construyéndola.

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