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Bárcenasgate, la serie

Max: La tragedia nuestra no es tragedia.
Don Latino: ¡Pues algo será!
Max: El Esperpento
(Escena XII de Luces de Bohemia, Ramón del Valle-Inclán, 1924)

España es una deformación grotesca de la civilización europea”. El diagnóstico de Max Estrella no solo no ha sido mejorado, sino que cada día nuestro país se parece más a Luces de Bohemia. Hoy, el día de El Pantallazo, hemos dado otro pasito más.

Cuando la realidad se enmierda de esta manera las almas sensibles recurrimos a la ficción para que nos la explique un poco. Por respeto a Valle no me atrevo a sugerir una interpretación esperpéntica del asunto pero sí creo que un buen thriller político al estilo americano nos ayudaría. En los últimos años la televisión norteamericana nos ha dado series como Boss, Kings, Damages u otras que también nos explicarían nuestra realidad actual como Boardwalk Empire, Los Soprano, Deadwood (sí, también) o The Wire, la serie total.

Propongo hacer una colecta para invitar a una selección de los guionistas de dichas series para poner en marcha un nuevo argumento. Yo estoy dispuesto a aportar una módicasuma (en mi caso forman una palabra indivisible) para ello. También aporto unas cuantas ideas a bote pronto como punto de partida para que ellos las desarrollen.

Título provisional: El Partido. También podría ampliar el foco y llamarla El Régimen pero corremos el riesgo de abarcar demasiado y que el espectador se pierda, hace falta mucho talento para que no ocurra, aunque de los guionistas de The Wire podríamos esperarlo.

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Nuevo mensaje a los mercados

Nuevo mensaje, alto y claro, a los mercados: la Agencia Tributaria desmantela su unidad contra la corrupción en Baleares. Los agentes habían sido claves para sacar a la luz tanto el caso Urdangarín como algunos asuntillos del PP de las islas. Como se ve una vez más, a nuestro gobierno no le tiembla el pulso para sacarnos de la crisis. Si esto no genera confianza en nuestro país la culpa será de esos mercados que, como todas las divinidades, no son nada claros en sus demandas y generan cierta confusión, incluso en sus mas fervorosos creyentes. Antes de criticar la medida reconozcan que no es fácil acertar con dioses tan esquivos.

Históricamente España, salvo raras excepciones, ha tenido gobiernos que se han pasado más tiempo mirando al cielo que a los gobernados. Desde los tiempos del glorioso imperio , aquel en el que sus súbditos salían a matar por el mundo porque aquí se morían de hambre, los gobiernos españoles han tenido a bien ser depositarios de la esencia de la verdadera religión, que diría Alatriste. A cambio de una comisión y, sobre todo, de la satisfacción del deber cumplido, claro. Hay dos cosas que nunca han faltado en una iglesia: la cruz y el cepillo. La verdadera religión no ha cambiado, aunque sí el nombre de la divinidad, ahora son los mercados. El cepillo ha pasado a primer plano.

Pero, como decía al principio, el problema con las divinidades es que no son transparentes. Gustan de los mensajes ambiguos, las paradojas y las contradicciones. Que no es aconsejable jugar al póker con ellos, vamos. El Rajoy candidato, el de la niña de los (sic) chuches, pensó que con sólo sentarse a la mesa le iban a dar fichas; y ahí lo tienen todo el día debajo de la mesa: no es que esté escondido, es que las está buscando. Las fichas, no las chuches.

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Golpe de mercado

A unos días del 18 de julio de 2012. Mariano Rajoy se subió al estrado del hemiciclo, BOE en mano, y gritó “¡quieto todo el mundo!” y “¡al suelo!”. Su destacamento de diputados del PP, con el apoyo de sus correligionarios de CiU, controlaban el Congreso mientras el silencio del PSOE  acallaba las protestas de los minoritarios. En el resto del país la situación estaba controlada, las capitanías de las principales autonomías estaban también en manos de los golpistas. Televisión Española y RNE estaban ya ocupadas por las nuevas fuerzas de asalto, así como los medios públicos de las principales regiones militares. Rajoy empezó a desgranar las medidas que una autoridad competente “europea, por supuesto” ponía en marcha para dejar sin efecto el artículo 1.1 de la Constitución de 1978 por el que España se constituía como “un estado social y democrático de derecho”. La palabra social desaparece, las otras quedan muy pixeladas hasta hacerse irreconocibles.

A medida que el capitán general avanza en la lectura del bando, la bancada popular va exaltándose, jaleando cada una de los torpedos en la línea de flotación de las clases medias y bajas. Como aquella vez de la guerra ilegal en Irak. Incremento del IVA, reducción del sueldo de los funcionarios, reducción significativa de las empresas o fundaciones públicas, privatización de transporte ferroviario, portuario y aéreo, reducción del subsidio de desempleo. En ese momento cumbre, la brunete valenciana del PP no puede más y Andrea, de los Fabra de toda la vida,  consigue, a voz en grito, sintetizar  perfectamente el programa del “golpe de mercado” en una frase de gran resonancia cañí: “Que se jodan”. La quintaesencia del programa del PP sale, poderosa, a la luz y corre por las calles.  Unos modos que hacen añorar a los ‘hombres de negro’ europeos: harán lo mismo, pero guardando las formas. Cuando acaba la sesión, en un ejercicio de responsabilidad y amor a España, Rajoy sale por la puerta trasera.

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Rescate a España el día en que a De Guindos le toca El Gordo

España ya está en posición de rescate, una posición que no describiré por si a esta hora hay niños leyendo. No hemos tenido tanta suerte como en ese país en el que gobierna un tal  De Guindos. Allí, en cambio, han recibido un “préstamo en condiciones muy favorables”. Para más razón pueden leer también ABC o La Gaceta, los principales diarios de dicho país. Ese lugar se encuentra en una galaxia muy muy lejana y en él unos bancos, sólidos como kriptonita, han conseguido que otros países socios, que minutos antes les tenían una mezcla de manía y envidia porque jugaban mejor que ellos con pelotas variadas, le dieran un montón de dinero. Así, sin más, porque ellos lo valen. O tal vez ha sido un milagro de una Virgen que tienen en ese país siempre dispuesta a echar una mano a quien lo pide con fervor.

No les voy a mentir, yo soy uno de esos envidiosos, me gustaría vivir en ese país. Pero me ha tocado vivir en España, al menos de momento. Un país en el que hemos vivido buenos momentos, también merece recordarse. He de confesar que una pizquita de orgullo se me escapó cuando un chaval bajito de Albacete metió un gol que no le cabía en el pecho. O un orgullo mucho mayor, que no me cabía en el mío, cuando cientos de miles salieron a la calle hace ya más de un año y se organizaron, bajo el nombre de 15M, para dar un grito de dignidad que ocupó las portadas del mundo y, lo que es más importante, las mentes de mucha gente de bien de todo el planeta. Y ahí siguen.

Pero en mi país, a diferencia del que gobierna el tal De Guindos, las cosas andan mal para la mayoría. Están a punto de llegar unos señores de negro que son los que lo van a gobernar a partir de ahora. El problema no es que vengan de fuera; vistos los de dentro no es como para ponerse puntilloso con la partida de nacimiento. El problema es que vienen con el dinero y el que paga elige el menú. En el país de De Guindos no sé, en el mío continúa en vigor una vieja ley –que siguen  desde los bancos a Tony Soprano, que cada día tiene más cara de banquero– por la cual si te dejan dinero hay que devolverlo con intereses. Y la fama de los señores de negro les precede: una estirpe que se remonta a Atila, fundador de la hermandad.

Así que mientras en el país de De Guindos todos andan celebrando que les ha caído una herencia de una tía segunda alemana, en el mío es un día más bien negro. Tanto que nuestro supuesto presidente guarda luto en su casa y tiene pensado coger un avión mañana para salir corriendo de él. No sabemos si se traerá a los hombres de negro para hacer el traspaso de los bártulos y enseñarles dónde guarda el tippex (seguro que usa) o directamente se quedará en Polonia a buscar un futuro para su familia. Un dirigente que tiene una niña en la cabeza y no entiende lo que escribe es imprevisible.

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15M: “Mariano, tenemos que hablar”

Entre los múltiples eslogans acertados del 15M (‘poco pan, pésimo circo’ me parece brillante, por ejemplo) siempre hubo uno que me llamó especialmente la atención: “Vamos despacio porque vamos lejos”. No cuadraba con tanta efervescencia de tuits, streamings y demás palabros que envuelven el movimiento desde sus primeros pasos. En la generación del too fast too furious era una nota discordante.  Sabia, pero discordante. Vivimos una cultura audiovisual en que todo ha de ser instantáneo, donde los vídeos en internet de más de 3 minutos cansan y donde los anuncios plantean el problema y ofrecen una solución perfecta en 20 segundos. Si la felicidad se consigue en 20 segundos comprando lo adecuado ¿quién quiere esforzarse despacio para conseguir algo?

Por eso, parte de la ciudadanía y, sobre todo la prensa sobrecogedora sector ultracentrista, enterraron el 15M cuando vieron que a los dos minutos el sistema no se había venido abajo ni el cielo caía sobre nustras cabezas. Lo repitieron a las dos horas y a los dos meses y lo seguirán repitiendo tras comprobarse, un año después, que el muerto está muy vivo, mucho más que algunas portadas, tan rancias que a sus mismos autores les avergonzarán de aquí a unos años y negarán haberlas perpetrado.

El 15M sigue caminando despacio (o no, el tiempo es relativo ¿verdad?) pero sin pausa y con buena salud, demostrando además una capacidad de movilización envidiable, se mire como se mire. Yo lo vi en Barcelona con mis propias gafas. Un éxito.

Con tanto crédito acumulado, los autores de ‘no recortaremos sanidad y educación’, ‘no subiremos el IVA’ o ‘hazte bankero‘  (“…que sino te haré yo a la fuerza”, maldita letra pequeña) y sus altavoces van a seguir con el mismo discurso, como el rey desnudo que una vez descubierto por el niño siguió altivo, “con sus ayudas de cámara sosteniendo la inexistente cola” como si nada pasase. Triste trabajo el de algunos periodistas que cada vez se pasan más tiempo hablando solos.

Porque lo importante, aunque fueron muchos, no es que los indignados ayer en Madrid o Barcelona sean 45.000 o 50.000, ese es el debate que quieren algunos para no hablar de lo que realmente importa: el 15M es el resultado del sufrimiento causado por el capitalismo salvaje, la enfermedad del sistema es lo que importa. La gente se dio cuenta que la crisis es en realidad una estafa y, cómo mínimo, dijo aquello de “ahora me vas a oír”.  Había esclavos a los que su estado les parecía natural, seguro que agradecían a su dueño que les tratara con cierta amabilidad; además, les daba de comer. No hace tanto tiempo de aquello. Siempre hubo resignados y sumisos y siempre los habrá. Siempre hubo capataces y siempre los habrá. Y nunca han sido ellos los que han logrado los progresos sociales.

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Rajoy y el IVA, el sablazo del mal gobernante

“La subida del IVA es un sablazo de mal gobernante”
Mariano Rajoy, 2010

 

La subida del IVA es insolidaria, injusta, contraproducente y además ineficaz”. No es el portavoz socialista, es el propio Mariano Rajoy el que decía eso hace bien poco, ya metidos en esta recesión estafa económica provocada por los mismos que prometen sacarnos de ella a fuerza de cavar cada vez más hondo. Aunque somos nosotros quienes, con espíritu de sacrificio (Mosén IBI dixit) cavamos. Nuestra fosa, no la de ellos.

El anuncio de la subida en 2013 del IVA, o como quieran llamarlo (se ve que en Lehman Brothers no tienen claro el nombre, con tantas siglas se lían), por sí solo ya es escandaloso cuando hasta hace 5 minutos en el PP insistían, por la gloria de su madre, en que no lo iban a subir. Esperanza Aguirre estaba en plan perroflauta recogiendo firmas y anunciando su rebeldía ante la medida de Zapatero. Pero es que llueve sobre mojado. Los peperos no paraba de hablar, muy solemnes, de líneas rojas (cursilería seguramente importada de los think thank americanos, me apuesto un brazo) que no se traspasarían nunca, por dios y por España: implantar el copago repago sanitario o no recortar en educación o sanidad. Y ahí los tienen, haciendo lo contrario de lo que decían, una y otra vez. Parece ser que así se consigue el nuevo tótem de la política contemporánea: restaurar la confianza de los mercados. De cómo la economía ha pasado a basarse en una sola ley, la de la confianza, término científico donde los haya, ya hablaremos otro día. Rajoy repite las palabras credibilidad y confianza como un hare krishna fumado mientras sigue incumpliendo una a una todas las promesas electorales, sin sonrojo alguno. Habíamos llegado al cinismo (aunque yo me sigo negando) de dar por hecho que las promesas electorales se quedaban en nada pero el PP de Rajoy ha pulverizado todos los registros. No solo olvidan promesas sino que hacen exactamente lo contrario de lo que más repitieron en campaña electoral. Lo dicho, lo suyo es inspirar confianza y credibilidad.

Para explicar todo esto, sus ministros (él sigue en la semiclandestinidad) han interiorizado a Orwell, ya que es la neolengua de 1984 la única con la capacidad suficiente para ello. El gran Juan José Millás lo explicaba el viernes muy bien, en el castellano de toda la vida, en su columna.

Al PSOE no le hace falta decir nada, ya que el PP, en plena euforia democrática, hace gobierno y oposición a la vez, una estrategia brillante que ha dejado noqueado y acorralado a su ¿adversario? Porque mientras todo esto ocurre, la ex-ministra Elena Salgado dedica su año cuasisabático a colaborar con la ONG Abertis, porque ella lo vale y se lo ha ganado, qué coño. Así que tal vez lo que pasa es que los gobiernos de PP y PSOE no han sido consecutivos sino simultáneos, con lo que ambos están a la vez en el consejo de ministros y en la oposición. O sea PPSOE, que dicen por ahí.

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