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Mary Thomas, la reina negra de Dinamarca

De la Queen Mary negra no se sabe mucho, aunque sí lo suficiente para erigirle una estatua en Copenhage. Su nombre era Mary Thomas y junto a Agnes Salomon y Mathilda McBean fueron conocidas como “las tres reinas” o “las reinas de fuego”.

¿Por qué la estatua? Por liderar el Fireburn (1878), una revuelta de trabajadores que acabó con media isla de Saint Croix ardiendo. La isla pertenece a las actuales Islas Vírgenes estadounidenses. Por aquel tiempo aquello era una colonia danesa que proporcionaba pingües beneficios gracias al trabajo de esclavos africanos. En 1848 se abolió la esclavitud y siguió dando pingües beneficios por el trabajo en condiciones de esclavitud de los trabajadores libres.    

Pero la resiliencia de los nuevos siervos tuvo un límite y Mary Thomas mandó a parar. Junto a sus compañeras reinas y el resto de trabajadores exigieron un cambio quemando todo lo que pudieron a su paso.

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Dan Burros, el judío neonazi

burros y kkkEl complejo debate sobre el odio, la violencia y su relación con las ideas políticas y religiosas que llenan las noticias estos días me ha llevado a recordar la figura de Dan Burros. Daniel fue un joven activista neonazi norteamericano que en los años 60 llegó a ser “Gran Dragón”  de la sección de Nueva York del Ku Klux Klan. Antes había pasado por el Partido Nazi Americano y había jurado lealtad a George Lincoln Rockwell, su fundador, y a Adolf Hitler.

Su fascinación por la milicia y un temperamento inestable y violento encajaban bastante bien con la actividad política y la opción elegida por Burros. Su alto coeficiente intelectual (154), por el contrario, puede generar muchas dudas y una importante discusión sobre los limites de la inteligencia humana.

Lo que parece indudable es que su origen no encajaba en la ecuación. Daniel era judío, un judío neonazi. Una contradicción insuperable que le llevó a suicidarse en 1965, con 28 años.

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Tuskegee, Guatemala y los límites de la ciencia

Hablaré sobre Tuskegee, pero antes permítanme una introducción pertinente.

Entre 1946 y 1948, la Secretaría de Salud Pública de los Estados Unidos lleva a cabo un experimento en Guatemala sobre la sífilis. El objetivo es probar la eficacia de la penicilina a la hora de curar y prevenir la sífilis y la gonorrea. Pero como había pocos pacientes, decidieron infectar a más. Les inyectaron la bacteria de la sífilis, sin su conocimiento, a unos 700 guatemaltecos: prostitutas, presos en cárceles o manicomios y demás gente prescindible. Luego se les suministraba penicilina para curarlos, aunque se desconoce el destino de estos conejillos de indias involuntarios.

Todos los médicos, que sí sabían lo que hacían, eran estadounidenses. Entre ellos se encontraba el doctor John Cutler, que ya había participado en otro experimento similar, en Tuskegee, Alabama.

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Drapetomanía y disestesia, males del esclavo

Samuel Adolphus Cartwright (1793-1863) fue un médico miembro de la Louisiana Medical Association e inventor de una enfermedad: la drapeotomía. Nació en Virginia, estudió en Filadelfia y Louisiana y una vez licenciado practicó la medicina en Alabama, Mississippi y Nueva Orleans, antes de la Guerra de Secesión americana. No me enrollo, es importante situarlo.

Aparte de otros posibles méritos, el buen doctor ha pasado a la historia por sacarse de la manga dos curiosas enfermedades: la drapetomanía y la aethiopica disestesia. Pasen y pásmense.

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Billie Holiday y su strange fruit

En cuanto pones atención a los primeros versos, lo único que puedes hacer es apretar los dientes y aguantar el tirón hasta que acabe. Es Strange Fruit, cantada por Billie Holiday.

Es muy posible que la conozcan, la canción es antigua (1936) y bastante famosa en Estados Unidos. Yo me encontré con ella hace poco y hasta que no escriba esto no me la voy a poder quitar del estómago. Tal vez ni así.

No soy un incondicional de Billie Holiday. La tenía de fondo, mientras trabajaba, calándome poco a poco de su tristeza. Porque –supongo que ya se ha dicho, sobre ella se ha dicho todo– Holiday no canta: llora con ritmo y un punto de rabia felina.

Una letra tan impactante me llevó a investigarla y lo que me devolvió internet fue un puñetazo en la garganta.  Hay mucha historia detrás de Strange Fruit. A ver si se contarla.

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Zoos humanos, un esqueleto en el armario

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Sara (Saartije en afrikáans) Baartman nace en 1789 en Cape Est, Sudáfrica, en la tribu de los khoikhoi. Siendo adolescente emigra  a Cape Flats, cerca de Ciudad del Cabo, donde es esclava de unos granjeros. Pueden imaginar que la vida de la muchacha no debía ser idílica. En 1810 es vendida al británico William Dunlop, que se la lleva a Europa. Con apenas 20 años Saartjie sale de África rumbo a la civilización. A partir de ese momento su vida será aún peor.

Sara tenía esteatopigia, una condición que se da habitualmente en algunas tribus africanas por la que se acumulan grandes cantidades de grasa en ciertas partes del cuerpo, sobre todo en las nalgas. O sea, tenía un culo enorme para los patrones europeos. A su llegada a Londres fue exhibida en ferias para deleite de los diminutos, o no tanto, culitos blancos. “La Venus Hotentote” (nombre peyorativo que los afrikáners daban a los khoikhoi) era presentada con ropa ajustada o directamente desnuda sobre una plataforma en la que se le obligaba a “actuar”. Por un dinero extra podías tocarle el culo y así contarlo luego en el pub o el exclusivo club de bridge; y echar unas risas.

Cuando las protestas en Londres se hicieron muy sonadas, un domador de fieras la compró y se la llevó a París, donde siguieron explotándola durante más de un año. Luego el show decayó y fue obligada a prostituirse, cayó en el alcoholismo y murió. Tenía 25 años y hacía solo 5 que había llegado a Europa. Sara no pudo aguantar más civilización en vena, pero la raza superior no tenía suficiente: su esqueleto, cerebro y genitales fueron expuestos en el Museo del Hombre de París. Allí permanece hasta que en 1994, que se dice pronto, Nelson Mandela pide a Francia la repatriación de sus restos, que serán enterrados en su tierra natal en 2002.

Sara no es un caso aislado, como tampoco lo fue Julia Pastrana y otros muchos freaks expuestos en ferias. Pocos años más tarde se van a poner de moda en Europa los zoos humanos, un episodio más de la infamia.

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