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Salazar y las brujas de Zugarramurdi

El aquelarre, o el Gran Cabrón (1820-23), Francisco de Goya

Alonso de Salazar y Frías nació en Burgos en 1564, en una próspera familia de comerciantes bien conectados. Estudió Derecho Canónico en Salamanca y Sigüenza y luego se hizo sacerdote. Intelectualmente bien dotado, se le abría una buena carrera en una empresa que, podríamos decir, era el Ibex 35 de la época. Según su biógrafo, el prestigioso historiador danés Gustav Henningsen, era “uno de los clérigos más brillantes de la Corte”.

Tras su paso por las diócesis de Jaén y Toledo, le cayó un marrón. En 1609 fue designado inquisidor de Logroño, con la epidemia de brujas surgidas en Zugarramurdi y el mayor proceso contra la brujería de la historia en marcha. Unas 5.000 personas encausadas. En medio de aquella locura cayó nuestro racionalista hombre de letras ¿Qué pasó?

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Delito de solicitación, confesiones en caliente

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Fray Juan de Santisteban, dominico que reside en el monasterio de su orden de Saelices, fue testificado por un testigo mujer de que por espacio de dos años que la confesó algunas veces, en tres o cuatro confesiones, habiendo comenzado a decir sus pecados la solicitó para tener cuenta carnal con ella diciéndole palabras lascivas y deshonestas tomándole sus manos y poniéndolas en las partes vergonzosas  de él hasta venir en polución”.

Fray Juan Sánchez, Prior que fue del monasterio de Santo Domingo de Ciudad Rodrigo fue testificado por un testigo mujer de que estándola confesando en la capilla mayor del dicho monasterio, la dijo palabras de amores y la tocó las manos el dicho fraile a las partes vergonzosas, y llegó a tocar sus partes de él con las de ella”.

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Las Cañitas

inquisición Goya-El Roto

Junio de 1603 en las Españas, concretamente Salamanca. La relación entre Inés de Santa Cruz y Catalina Ledesma era la comidilla, “había mucho escándalo y murmuración en el barrio”, según el acta. ¿Y por qué? Por “bujarronas”. ¿Qué me dices? Lo que oyes, ¿cómo te quedas? ¿No te habías enterao todavía? Si todo el mundo lo sabe, las cañitas les llaman.

Pero aquello no quedó en habladurías de tasca y lavadero. Aquello fue a juicio porque no se podía tolerar. Y del juicio quedaron actas, enterradas en el archivo de Simancas hasta que fueron rescatadas por el historiador Federico Garza Carvajal. Las sospechosas ya habían sido juzgadas dos años antes en Valladolid por el nefando crimen. El escribano no quería dejar lugar a dudas: “trataban una con la otra carnalmente como hombre y mujer poniéndose la una debajo y la otra encima y tenían un instrumento de caña hecho a forma de natura de hombre con el cual se conocían la una a la otra carnalmente y por dicho delito fueron desterradas de la dicha ciudad…“.

Aunque ellas no escarmentaban, eran reincidentes y parece que en Salamanca seguían igual, pecando contra natura obstinadamente. Según el explícito escribano, Inés “con sus manos la abría la natura a la dicha Catalina hasta que derramaba las simientes de su cuerpo en la natura de la otra por lo cual las llamaban las cañitas y esto es público y notorio entre las personas que las conocen”.

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