Archivo de la etiqueta: experimento

Genie: frágil, preciosa e inquietante

Tiempo lectura: 6 minutos

A Genie le robaron la vida. Todo. Ni siquiera el nombre es el suyo, Genie es el nombre que le puso el estado de California a una niña que desde su nacimiento en 1957 no tuvo ninguna posibilidad. La suya fue una vida no vivida. Pasó un tercio de la misma torturada por su padre, otro estudiada por especialistas y del resto no sabemos nada. Se supone que sobrevive todavía en alguna institución mental, pero se ha optado por respetar su privacidad después de que su triste caso gozara durante un tiempo de gran popularidad.
El nombre de Genie, según sus investigadores, proviene de la idea de un genio encerrado en una botella. Ellos pretendieron sacarlo a la luz, sin éxito. Genie es un caso moderno de niño salvaje, una de esas historias a las que la crueldad inicial de crecer sin contacto humano se une el interés que estos raros casos despiertan en la comunidad científica. Así, el ingreso en la ‘civilización’ viene a ser el paso de niño salvaje a objeto de estudio. Con mayor o menor compasión, pero cobaya al fin.
Todas las historias de los niños salvajes suelen ser trágicas y acaban mal, la de Genie es una de ellas.
Seguir leyendo Genie: frágil, preciosa e inquietante

La cárcel de Stanford somos todos

Tiempo lectura: 5 minutos

Seguro que no soy nada original –a estas alturas pocas cosas tengo más claras– pero al hilo de los últimos brotes de violencia callejera contra personas e incluso contenedores, yo no paro de acordarme del experimento del profesor Zimbardo, conocido también como el “experimento de la cárcel de Stanford«.
Zimbardo quiso demostrar, nada menos, que las líneas morales son extremadamente inestables y que es muy fácil moverlas dependiendo de la situación. Y lo hizo con uno de esos atrevidos experimentos que se llevaban en los 60, como el de su colega Milgram, y que ahora están demodés, criticados ferozmente por la psicología oficial. La no oficial vaya usted a saber lo que tiene ahora a fuego lento.
El de Phillip Zimbardo tuvo lugar en el verano de 1971 y es muy probable que hayan oído hablar de él o hayan visto una película basada en el mismo.
La película, claro, exagera, pero la verdad es que al profesor aquello se le fue un poco de las manos. Previsto para 2 semanas, tuvo que cancelarse a los seis días.
Seguir leyendo La cárcel de Stanford somos todos

Milgram y la obediencia debida

Tiempo lectura: 6 minutos

La extrema buena voluntad de los adultos de aceptar casi cualquier requerimiento ordenado por la autoridad constituye el principal descubrimiento del estudio.

 Stanley Milgram (Los peligros de la obediencia, 1974)

 

El antidisturbios que golpea al anciano en youtube es su vecino, coincide con usted en el parque donde los hijos de ambos juegan juntos. El director de la sucursal que le vendió preferentes a unos jubilados analfabetos está a su lado en la barra del bar, tomando lo mismo que usted. El broker experto en evasión a paraísos fiscales se enamoró de la misma mujer que usted, y a él tampoco le hizo ningún caso. El CEO de la agencia de calificación sufre por su hija, que va por mal camino, como la de usted. La señora ministra, a la salida de su última reunión con el lobby de armamento, no puede dejar de pensar en esa mancha que le ha salido en el brazo. El del medio de la troika toma las mismas pastillas que usted para poder dormir.

Por las calles, las universidades, las plantas nobles de los bancos, los palacios y los estadios de fútbol caminan algunos verdaderos psicópatas, gente malvada que disfruta infligiendo daño al prójimo. Son muy pocos, poquísimos. Fanáticos hay unos cuantos más, pero siguen siendo minoría. El resto son personas como usted y como yo: personas normales, mediocres si me permiten, que, en determinadas circunstancias pueden convertirse en torturadores, sobre todo si cumplen órdenes de otros.

En julio de 1961, Stanley Milgram, psicólogo de la Universidad de Yale, realizó un conocido experimento  en el que intentaba medir hasta dónde llega la obediencia a la autoridad cuando se enfrenta a la conciencia personal. Los resultados sobrecogieron al propio Milgram.

Seguir leyendo Milgram y la obediencia debida

Bruce, Brenda, David y el doctor Money

Tiempo lectura: 6 minutos

LA PORTERA: ¿Que no está muerto? Ustedes sin salir de este aire no perciben la corrupción que tiene.
BASILIO SOULINAKE: ¿Podría usted decirme, señora portera, si tiene usted hechos estudios universitarios acerca de medicina? Si usted los tiene, yo me callo y no hablo más. Pero si usted no los tiene, me permitirá de no darle beligerancia, cuando yo soy a decir que no está muerto, sino cataléptico.
LA PORTERA: ¡Que no está muerto! ¡Muerto y corrupto!
BASILIO SOULINAKE: Usted, sin estudios universitarios, no puede tener conmigo controversia. La democracia no excluye las categorías técnicas, ya usted lo sabe, señora portera.
Ramón María del Valle-Inclán (Luces de Bohemia,  escena XIII)

 

El doctor John Money, psicólogo neozelandés, se había doctorado en Harvard y desde 1951 hasta su retiro fue profesor de pediatría y psicología médica en la Universidad John Hopkins, en Baltimore. Su reputación como científico estaba fuera de toda duda y hasta su muerte ha recibido honores y distinciones. En el ambiente de los años 60 emergió como una figura relevante con teorías bastante radicales. La principal es que la identidad de género (sexual, no gramatical) se aprende, viene dada por la educación y no por factores biológicos. Cuando conoció el caso de Bruce Reimer quiso demostrar su teoría: Bruce se convertiría en Brenda, se le educaría como una niña y sería una niña el resto de su vida. El experimento salió muy mal.

Seguir leyendo Bruce, Brenda, David y el doctor Money