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Tres desconocidos idénticos

 

Tres desconocidos idénticos (Three Identical Strangers, Tim Wardle, 2018) es un documental que ha obtenido el premio especial del jurado del último festival de Sundance. Pero es, sobre todo, una historia increíble de esas en las que un guionista dudaría de su verosimilitud.

Nueva York, 1980. Eddy Galland y Robert Shafrand son unos gemelos separados al nacer que se conocen, por casualidad, a los 19 años. Una gran historia que salta a los periódicos pero que guarda un nuevo giro de guión: los gemelos son trillizos.

Al ver la foto de los gemelos en los periódicos, el tercer hermano, David Kellman, se pone en contacto con ellos.  Conectan instantáneamente, se van a vivir juntos y les va bien. Se convierten en celebridades, Los trillizos de Long Island. Montan un restaurante, aparecen en televisión e incluso hacen un cameo en una peli con Madonna.

Pero faltaba un nuevo giro de guión que vuelve la historia un poco más oscura. Los trillizos formaban parte de un experimento un tanto siniestro.

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Peter y Margaret, una historia de amor y ciencia

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Hoy toca una historia de amor, la de Peter y Margaret. Se conocieron en las Islas Vírgenes en 1964 y estuvieron conviviendo noche y día durante 10 semanas en las que a Peter le dio tiempo de enamorarse de Margaret. Pero la cosa no duró, el amor no prosperó por varios motivos.

En primer lugar, tanto Peter como Margaret formaban parte de una investigación financiada por la NASA e ideada por el polémico neurocientífico John C. Lilly con el fin de explorar nuevas formas de comunicación. Y llegó un momento en que la atracción de Peter por Margaret, la joven asistente del doctor Lilly, puso en peligro los resultados de uno de los experimentos más extraños de los años 60, que ya es decir.

El segundo inconveniente es que Peter era un delfín.

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Tuskegee, Guatemala y los límites de la ciencia

Hablaré sobre Tuskegee, pero antes permítanme una introducción pertinente.

Entre 1946 y 1948, la Secretaría de Salud Pública de los Estados Unidos lleva a cabo un experimento en Guatemala sobre la sífilis. El objetivo es probar la eficacia de la penicilina a la hora de curar y prevenir la sífilis y la gonorrea. Pero como había pocos pacientes, decidieron infectar a más. Les inyectaron la bacteria de la sífilis, sin su conocimiento, a unos 700 guatemaltecos: prostitutas, presos en cárceles o manicomios y demás gente prescindible. Luego se les suministraba penicilina para curarlos, aunque se desconoce el destino de estos conejillos de indias involuntarios.

Todos los médicos, que sí sabían lo que hacían, eran estadounidenses. Entre ellos se encontraba el doctor John Cutler, que ya había participado en otro experimento similar, en Tuskegee, Alabama.

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La cárcel de Stanford somos todos

stanfordprisonexpSeguro que no soy nada original –a estas alturas pocas cosas tengo más claras– pero al hilo de los últimos brotes de violencia callejera contra personas e incluso contenedores, yo no paro de acordarme del experimento del profesor Zimbardo, conocido también como el “experimento de la cárcel de Stanford“.

Zimbardo quiso demostrar, nada menos, que las líneas morales son extremadamente inestables y que es muy fácil moverlas dependiendo de la situación. Y lo hizo con uno de esos atrevidos experimentos que se llevaban en los 60, como el de su colega Milgram, y que ahora están demodés, criticados ferozmente por la psicología oficial. La no oficial vaya usted a saber lo que tiene ahora a fuego lento.

El de Phillip Zimbardo tuvo lugar en el verano de 1971 y es muy probable que hayan oído hablar de él o hayan visto una película basada en el mismo.

La película, claro, exagera, pero la verdad es que al profesor aquello se le fue un poco de las manos. Previsto para 2 semanas, tuvo que cancelarse a los seis días.

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Milgram y la obediencia debida

 

La extrema buena voluntad de los adultos para aceptar casi cualquier requerimiento ordenado por la autoridad constituye el principal descubrimiento del estudio.

 Stanley Milgram (Los peligros de la obediencia, 1974)

El antidisturbios que golpea al anciano en youtube es su vecino, coincide con usted en el parque donde los hijos de ambos juegan juntos. La directora de la sucursal que le vendió preferentes a unos analfabetos está a su lado en la barra del bar, ha pedido el café exactamente como usted. El broker experto en evasión a paraísos fiscales se enamoró de la misma mujer que usted, y a él tampoco le hizo ningún caso. El CEO de la agencia de calificación sufre por su hija, que va por mal camino, como la de usted. La señora ministra, a la salida de su última reunión , no puede dejar de pensar en esa mancha que le ha salido en el brazo. El del medio de la troika toma las mismas pastillas que usted para poder dormir.

Por las calles, las universidades, las plantas nobles de los bancos, los palacios y los estadios de fútbol caminan algunos verdaderos psicópatas. Son muy pocos. Fanáticos hay unos cuantos más, pero siguen siendo minoría. El resto son personas como usted y como yo: personas normales, mediocres si me permiten, que en determinadas circunstancias pueden convertirse en torturadores. Sobre todo si cumplen órdenes de otros.

En julio de 1961, Stanley Milgram, psicólogo de la Universidad de Yale, realizó un histórico experimento.  En él intentaba medir hasta dónde llega la obediencia a la autoridad cuando se enfrenta a la conciencia personal. Los resultados sobrecogieron al propio Milgram.

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Bruce, Brenda, David y el doctor Money

Doctor Money - Brenda Reimer

El doctor John Money, psicólogo neozelandés, se había doctorado en Harvard y desde 1951 hasta su retiro fue profesor de pediatría y psicología médica en la prestigiosa Universidad Johns Hopkins, en Baltimore. Su reputación como científico estaba fuera de toda duda y hasta su muerte recibió honores y distinciones.

En el ambiente de los años 60 emergió como una figura relevante con teorías bastante radicales. La principal es que la identidad de género se aprende, viene dada por la educación y no por factores biológicos. Cuando conoció el caso de Bruce Reimer quiso demostrar su teoría. Bruce se convertiría en Brenda, se le educaría como una niña y sería una niña el resto de su vida.

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