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Asuntos de familia

Juan José Güemes, Andrea Fabra, Carlos Fabra

Hacía tiempo que tenía desatendida esta sección del blog. No por falta de candidatos, sino por no aburrir a los fieles que se pasan por aquí a ver qué se me ocurre. Pero hay momentos en que tienes que soltar un poco de lastre. Ésta es mi manera de subir a la superficie y tomar aire antes de sumergirme de nuevo en el estiércol que cubre el día a día de la vida económica y política de estos reinos.

En su día ya mencioné en otra entrada de esta misma sección la necesidad de un rescate moral, mucho más difícil pero también más necesario, y urgente si me apuran, que el económico. Lo que me apetece contar hoy son historias de familia. Dos historias encontradas al azar en solo 15 minutos de twitter (les prometo que así fue), dos casos que representan muy bien ese fango moral que nos atrapa y nos pringa de la cabeza a los pies, aunque intentemos no mirar. Está en todos lados y campa a sus anchas, porque las corralinas siempre son para los mismos.

Historias de familias con los ilustres apellidos Güemes, Fabra y Álvarez. Todo digno de Enredo.

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15M: “Mariano, tenemos que hablar”

Entre los múltiples eslogans acertados del 15M (‘poco pan, pésimo circo’ me parece brillante, por ejemplo) siempre hubo uno que me llamó especialmente la atención: “Vamos despacio porque vamos lejos”. No cuadraba con tanta efervescencia de tuits, streamings y demás palabros que envuelven el movimiento desde sus primeros pasos. En la generación del too fast too furious era una nota discordante.  Sabia, pero discordante. Vivimos una cultura audiovisual en que todo ha de ser instantáneo, donde los vídeos en internet de más de 3 minutos cansan y donde los anuncios plantean el problema y ofrecen una solución perfecta en 20 segundos. Si la felicidad se consigue en 20 segundos comprando lo adecuado ¿quién quiere esforzarse despacio para conseguir algo?

Por eso, parte de la ciudadanía y, sobre todo la prensa sobrecogedora sector ultracentrista, enterraron el 15M cuando vieron que a los dos minutos el sistema no se había venido abajo ni el cielo caía sobre nustras cabezas. Lo repitieron a las dos horas y a los dos meses y lo seguirán repitiendo tras comprobarse, un año después, que el muerto está muy vivo, mucho más que algunas portadas, tan rancias que a sus mismos autores les avergonzarán de aquí a unos años y negarán haberlas perpetrado.

El 15M sigue caminando despacio (o no, el tiempo es relativo ¿verdad?) pero sin pausa y con buena salud, demostrando además una capacidad de movilización envidiable, se mire como se mire. Yo lo vi en Barcelona con mis propias gafas. Un éxito.

Con tanto crédito acumulado, los autores de ‘no recortaremos sanidad y educación’, ‘no subiremos el IVA’ o ‘hazte bankero‘  (“…que sino te haré yo a la fuerza”, maldita letra pequeña) y sus altavoces van a seguir con el mismo discurso, como el rey desnudo que una vez descubierto por el niño siguió altivo, “con sus ayudas de cámara sosteniendo la inexistente cola” como si nada pasase. Triste trabajo el de algunos periodistas que cada vez se pasan más tiempo hablando solos.

Porque lo importante, aunque fueron muchos, no es que los indignados ayer en Madrid o Barcelona sean 45.000 o 50.000, ese es el debate que quieren algunos para no hablar de lo que realmente importa: el 15M es el resultado del sufrimiento causado por el capitalismo salvaje, la enfermedad del sistema es lo que importa. La gente se dio cuenta que la crisis es en realidad una estafa y, cómo mínimo, dijo aquello de “ahora me vas a oír”.  Había esclavos a los que su estado les parecía natural, seguro que agradecían a su dueño que les tratara con cierta amabilidad; además, les daba de comer. No hace tanto tiempo de aquello. Siempre hubo resignados y sumisos y siempre los habrá. Siempre hubo capataces y siempre los habrá. Y nunca han sido ellos los que han logrado los progresos sociales.

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Amnistía fiscal: el que tiene padrino, delinque

El jueves tuvo lugar en España una huelga general y en Barcelona una manifestación en la que se quemaron contenedores de basuras, carreras, pelotas de goma, etecé, etecé. Ya lo sabrán, si han leído prensa nacional no ocurrió nada más en todo el país. Pues a los señores que reventaron la manifestación de Barcelona, con la inestimable colaboración de unos Mossos que son la envidia de las discotecas poligoneras “¿qué toman? yo también quiero de eso”, les relevaron al día siguiente otros que, BOE en mano, están reventando el Estado de Bienestar a la carrera, lo suyo si que es vandalismo social y sin capucha ni nada, con un par.

Además de recortes varios que nunca aparecieron en su programa electoral, quemaron un contenedor enorme: el anuncio de amnistía para los delitos fiscales.

Las cosa es, más o menos, que quien regularice las rentas no declaradas (¿ven como se puede decir bonito “los delincuentes que roban a Hacienda”?) podrán hacerlo a cambio de pagar un 10% de los sustraído, en lugar de las penalizaciones contempladas en la ley. Blanqueo a buen precio cortesía del PP, su banca amiga. ¿Hablamos? Viva la Pepa! que viene muy a mano, ahora que sabemos que la hicieron los peperos de la época. Una medida que pretende que los delincuentes se arrepientan y aflore el dinero negro. El GESTHA, el Sindicato de Técnicos del Ministerio de Hacienda, calcula que la economía sumergida equivale a 243.000 millones euros anules, se dice pronto, lo que conrrespondería al 23% de PIB español. En esa cifra hay pequeño defraudador (19% en pequeñas empresas, 8% en autónomos) pero, sobre todo, algunos grandes defraudadores (más del 70% del fraude) que tienen sus fortunas en SICAV y paraísos fiscales (asómbrese con el dato pinchando aquí). El sindicato de técnicos (que sigue clamando en el desierto mediático) cree que con mayor voluntad política y mayores competencias gran parte de ese delito se podría reducir, y así podríamos recuperar nuestro dinero todos aquellos que, nómina en ristre, pasamos religiosamente y en procesión ordenada por caja. Pero a los diversos gobiernos que en este reino han sido, no les parece ése el camino. Ahora el de Mariano El Discreto, da una vuelta de tuerca y prefiere mirar para otro lado. O tal vez se trata de ser compasivo, o caritativo, o poner la otra mejilla al defraudador: no se, me hago un lío, no soy teólogo.

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Deutsche Bank, ¿susto o muerte?

En el Deutsche Bank, el mayor banco alemán, se apostaba por la muerte. Con ello no quiero decir que participara de manera directa o indirecta en operaciones de tráfico de armas o de drogas, dios me libre, estoy seguro de que eso no ocurre. Me refiero a la noticia que esta semana ha publicado el diario Frankfurter Allgemeine y que ha sido recogida por varios medios españoles.

El Deutsche Bank creó unos fondos llamados DB Life Kompass (1, 2 y 3, invierta otra vez) en el cuál los clientes apostaban por la esperanza de vida de unos conejillos de indias anónimos. La apuesta se basaba en una estadística sobre esperanza de vida de unos 500 norteamericanos de entre 70 y 90 años. Si el paciente moría prematuramente (antes de lo que indicaba la estadística) el cliente ganaba, si vivía más, ganaba el banco. Todo un detalle por parte del DB no hacerlo al contrario; visto lo visto, no es tan evidente.

Las diferentes emisiones de este producto financiero han captado hasta ahora unos 200 millones de euros.

Según el noticiario televisivo cuya cadena ya no recuerdo (sí recuerdo que luego pusieron unos vídeos de primera, así que pudo ser cualquiera de ellos) la primera emisión se canceló en 2008, año en el que por primera vez la esperanza de vida de los estadounidenses dejó de crecer, malo para el banco. Y el caso se destapa ahora porque un abogado de Hamburgo, Tilman Langer, ha solicitado un  proceso de arbitraje al defensor del consumidor de la Asociación de Bancos Alemanes (DBD). Langer no protesta porque le parezca obsceno el tipo de apuesta (el abogado representa a un grupo de 30 inversores que preferían muerte a susto) sino porque alega que el banco usaba unas tablas de esperanza de vida obsoletas que perjudicaban a los inversores. O sea, que se apostaba a muerte con las cartas marcadas. Esos malditos viejos yanquis no se morían cuando tocaba ¡Qué falta de ética! claman los inversores.

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Amunt València

Si no es ahora, ahora que la justicia vale menos, infinitamente menos que el orín de los perros;
si no es ahora, ahora que la justicia tiene menos, infinitamente menos categoría que el estiércol;
si no es ahora … ¿cuándo se pierde el juicio?

León Felipe (Pero ya no hay locos)

En primer lugar, mis felicitaciones al autor o autores del vídeo que encabeza esta entrada, es magnífico. El final es espectacular.  Esta entrada es mi excusa para colgarlo.

Iba a titular esta entrada “Independencia pa Valencia” por razones obvias pero tras unos segundos de reflexión (una norma que aconsejo a todo el mundo, incluso en el Sálvame) he decidido expresar mi solidaridad a todos aquellos valencianos que, bajo la pátina ‘siciliana’ que gobierna la comunidad, sufren, luchan y trabajan honradamente. Ellos son los que menos se merecen todo esto.

Aunque la verdad es que tras el veredicto del jurado popular (5-4, estuvimos a punto de remontar pero parece que en Valencia es imposible ganar, que diría Mourinho) que declara no culpable a Camps de sus problemillas de guardarropa, no creo que sea el mío el único grito que desde otros rincones de España clama por la segregación de la Comunidad Valenciana. Tienen sus propias leyes, que tengan su país.

Cierto es que el que esté libre de pecado que tire la primera comisión, aunque sea de un 3%, pero lo que en otro lugares es motivo de cuchicheos soto voce, disimulo y un poquito de vergüenza, parece que en tierras levantinas se hace a base de estruendo de tracas a plena luz del día. Debe ser el fet diferencial valencià.

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¡Viva la Inmaculada Constitución!

Hoy la Constitución cumple 33 años. Había llegado a los 32 pura y casta, nadie se atrevía a proponerle algo serio, con visita a los padres y demás. Hasta que este verano en las fiestas del pueblo dos señoritos tuvieron un calentón, la arrinconaron en una esquina oscura y le hicieron un 3 por ciento.

El resto del pueblo no pudo o no quiso hacer nada, solo murmurar y solo alguno, un tal Gaspar, levantar un poco la voz, sin consecuencias, como es habitual. En fin, son cosas que pasan y la mujer ya tenía una edad, aunque hubiera sido mejor hacerlo de otra manera, sin abuso, nocturnidad y alevosía. Vamos, digo yo.

El problema no se si vendrá de un 3 por ciento más o menos, tal vez en unos años nos riamos de todo esto en la taberna, si es que queda taberna o podemos pagarnos el chato. Porque mucho me temo que al paso que vamos lo único que quedará será el club de tenis, ese que hay a las afueras del pueblo donde van todos los días vestidos de domingo y está reservado el derecho de admisión.

Puede que ni la Consti ni su 3 por ciento importen mucho de aquí a unos años, cuando el pueblo se convierta en un resort propiedad de unos extranjeros. Entonces todos viviremos mejor y esto será como la “República Dominicana, que viven de puta madre, todos tienen chacha”. Les juro que la frase no es mía, fue dicha sin ironía por una veraneante española y se me quedó grabada de tal manera que a veces pienso en hacerme un cuadro bordado con ella.

Pero a lo que iba, la noticia del día ni es la Constitución ni el gobierno de Rajoy ni siquiera la reunión de Merkozy (empeñados, en su política de austeridad, en ahorrarnos el parlamento europeo) con la fantástica foto que encabeza esta entrada en la que las banderas alemana y francesa tapan a la europea.

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