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Lo que se ve venir (en La City)

Tiempo lectura: 6 minutos

Parece que las vacaciones son el momento adecuado para dedicarse a leer novela ‘ligera’; adjetivo que uso sin ninguna intención calificadora. Pero como no tengo remedio, hace ya años que uso mis veranos para leer ‘no ficción’, y más concretamente un tipo de libros que consiguen que acabe mis vacaciones particularmente preocupado y pesimista. Y vuelvo al blog deseando compartir esa desazón, y que Uds me acompañen en la zozobra. De nada. Esta vez ha tocado algo sobre La City.
Uno de los libros fue “Entre tiburones” (2016), del periodista y antropólogo holandés Joris Luyendijk, que supone un fabuloso trabajo de dos años de entrevistas a trabajadores de La City de Londres (de diferentes niveles y especialidades) para tratar de entenderles, de saber cómo son quienes trabajan en los grandes bancos que dirigen el mundo.
Un libro muy revelador del que extraer muchas enseñanzas. Hoy les quiero hablar de una de ellas, aprovechando que en estos días se cumplen 9 años de la quiebra de Lehman Brothers, el punto culminante de la crisis financiera de 2008.
Por cierto, la conclusión es… que no nos pase ná.
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15M: “Mariano, tenemos que hablar”

Tiempo lectura: 4 minutos

Entre los múltiples eslogans acertados del 15M (‘poco pan, pésimo circo’ me parece brillante, por ejemplo) siempre hubo uno que me llamó especialmente la atención: “Vamos despacio porque vamos lejos”. No cuadraba con tanta efervescencia de tuits, streamings y demás palabros que envuelven el movimiento desde sus primeros pasos. En la generación del too fast too furious era una nota discordante.  Sabia, pero discordante. Vivimos una cultura audiovisual en que todo ha de ser instantáneo, donde los vídeos en internet de más de 3 minutos cansan y donde los anuncios plantean el problema y ofrecen una solución perfecta en 20 segundos. Si la felicidad se consigue en 20 segundos comprando lo adecuado ¿quién quiere esforzarse despacio para conseguir algo?

Por eso, parte de la ciudadanía y, sobre todo la prensa sobrecogedora sector ultracentrista, enterraron el 15M cuando vieron que a los dos minutos el sistema no se había venido abajo ni el cielo caía sobre nustras cabezas. Lo repitieron a las dos horas y a los dos meses y lo seguirán repitiendo tras comprobarse, un año después, que el muerto está muy vivo, mucho más que algunas portadas, tan rancias que a sus mismos autores les avergonzarán de aquí a unos años y negarán haberlas perpetrado.

El 15M sigue caminando despacio (o no, el tiempo es relativo ¿verdad?) pero sin pausa y con buena salud, demostrando además una capacidad de movilización envidiable, se mire como se mire. Yo lo vi en Barcelona con mis propias gafas. Un éxito.

Con tanto crédito acumulado, los autores de ‘no recortaremos sanidad y educación’, ‘no subiremos el IVA’ o ‘hazte bankero‘  («…que sino te haré yo a la fuerza», maldita letra pequeña) y sus altavoces van a seguir con el mismo discurso, como el rey desnudo que una vez descubierto por el niño siguió altivo, «con sus ayudas de cámara sosteniendo la inexistente cola” como si nada pasase. Triste trabajo el de algunos periodistas que cada vez se pasan más tiempo hablando solos.

Porque lo importante, aunque fueron muchos, no es que los indignados ayer en Madrid o Barcelona sean 45.000 o 50.000, ese es el debate que quieren algunos para no hablar de lo que realmente importa: el 15M es el resultado del sufrimiento causado por el capitalismo salvaje, la enfermedad del sistema es lo que importa. La gente se dio cuenta que la crisis es en realidad una estafa y, cómo mínimo, dijo aquello de “ahora me vas a oír”.  Había esclavos a los que su estado les parecía natural, seguro que agradecían a su dueño que les tratara con cierta amabilidad; además, les daba de comer. No hace tanto tiempo de aquello. Siempre hubo resignados y sumisos y siempre los habrá. Siempre hubo capataces y siempre los habrá. Y nunca han sido ellos los que han logrado los progresos sociales.

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Deutsche Bank, ¿susto o muerte?

Tiempo lectura: 4 minutos

En el Deutsche Bank, el mayor banco alemán, se apostaba por la muerte. Con ello no quiero decir que participara de manera directa o indirecta en operaciones de tráfico de armas o de drogas, dios me libre, estoy seguro de que eso no ocurre. Me refiero a la noticia que esta semana ha publicado el diario Frankfurter Allgemeine y que ha sido recogida por varios medios españoles.

El Deutsche Bank creó unos fondos llamados DB Life Kompass (1, 2 y 3, invierta otra vez) en el cuál los clientes apostaban por la esperanza de vida de unos conejillos de indias anónimos. La apuesta se basaba en una estadística sobre esperanza de vida de unos 500 norteamericanos de entre 70 y 90 años. Si el paciente moría prematuramente (antes de lo que indicaba la estadística) el cliente ganaba, si vivía más, ganaba el banco. Todo un detalle por parte del DB no hacerlo al contrario; visto lo visto, no es tan evidente.

Las diferentes emisiones de este producto financiero han captado hasta ahora unos 200 millones de euros.

Según el noticiario televisivo cuya cadena ya no recuerdo (sí recuerdo que luego pusieron unos vídeos de primera, así que pudo ser cualquiera de ellos) la primera emisión se canceló en 2008, año en el que por primera vez la esperanza de vida de los estadounidenses dejó de crecer, malo para el banco. Y el caso se destapa ahora porque un abogado de Hamburgo, Tilman Langer, ha solicitado un  proceso de arbitraje al defensor del consumidor de la Asociación de Bancos Alemanes (DBD). Langer no protesta porque le parezca obsceno el tipo de apuesta (el abogado representa a un grupo de 30 inversores que preferían muerte a susto) sino porque alega que el banco usaba unas tablas de esperanza de vida obsoletas que perjudicaban a los inversores. O sea, que se apostaba a muerte con las cartas marcadas. Esos malditos viejos yanquis no se morían cuando tocaba ¡Qué falta de ética! claman los inversores.

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Amunt València

Tiempo lectura: 4 minutos

Si no es ahora, ahora que la justicia vale menos, infinitamente menos que el orín de los perros;
si no es ahora, ahora que la justicia tiene menos, infinitamente menos categoría que el estiércol;
si no es ahora … ¿cuándo se pierde el juicio?

León Felipe (Pero ya no hay locos)

En primer lugar, mis felicitaciones al autor o autores del vídeo que encabeza esta entrada, es magnífico. El final es espectacular.  Esta entrada es mi excusa para colgarlo.

Iba a titular esta entrada “Independencia pa Valencia” por razones obvias pero tras unos segundos de reflexión (una norma que aconsejo a todo el mundo, incluso en el Sálvame) he decidido expresar mi solidaridad a todos aquellos valencianos que, bajo la pátina ‘siciliana’ que gobierna la comunidad, sufren, luchan y trabajan honradamente. Ellos son los que menos se merecen todo esto.

Aunque la verdad es que tras el veredicto del jurado popular (5-4, estuvimos a punto de remontar pero parece que en Valencia es imposible ganar, que diría Mourinho) que declara no culpable a Camps de sus problemillas de guardarropa, no creo que sea el mío el único grito que desde otros rincones de España clama por la segregación de la Comunidad Valenciana. Tienen sus propias leyes, que tengan su país.

Cierto es que el que esté libre de pecado que tire la primera comisión, aunque sea de un 3%, pero lo que en otro lugares es motivo de cuchicheos soto voce, disimulo y un poquito de vergüenza, parece que en tierras levantinas se hace a base de estruendo de tracas a plena luz del día. Debe ser el fet diferencial valencià.

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¡Viva la Inmaculada Constitución!

Tiempo lectura: 3 minutos

Hoy la Constitución cumple 33 años. Había llegado a los 32 pura y casta, nadie se atrevía a proponerle algo serio, con visita a los padres y demás. Hasta que este verano en las fiestas del pueblo dos señoritos tuvieron un calentón, la arrinconaron en una esquina oscura y le hicieron un 3 por ciento.

El resto del pueblo no pudo o no quiso hacer nada, solo murmurar y solo alguno, un tal Gaspar, levantar un poco la voz, sin consecuencias, como es habitual. En fin, son cosas que pasan y la mujer ya tenía una edad, aunque hubiera sido mejor hacerlo de otra manera, sin abuso, nocturnidad y alevosía. Vamos, digo yo.

El problema no se si vendrá de un 3 por ciento más o menos, tal vez en unos años nos riamos de todo esto en la taberna, si es que queda taberna o podemos pagarnos el chato. Porque mucho me temo que al paso que vamos lo único que quedará será el club de tenis, ese que hay a las afueras del pueblo donde van todos los días vestidos de domingo y está reservado el derecho de admisión.

Puede que ni la Consti ni su 3 por ciento importen mucho de aquí a unos años, cuando el pueblo se convierta en un resort propiedad de unos extranjeros. Entonces todos viviremos mejor y esto será como la “República Dominicana, que viven de puta madre, todos tienen chacha”. Les juro que la frase no es mía, fue dicha sin ironía por una veraneante española y se me quedó grabada de tal manera que a veces pienso en hacerme un cuadro bordado con ella.

Pero a lo que iba, la noticia del día ni es la Constitución ni el gobierno de Rajoy ni siquiera la reunión de Merkozy (empeñados, en su política de austeridad, en ahorrarnos el parlamento europeo) con la fantástica foto que encabeza esta entrada en la que las banderas alemana y francesa tapan a la europea.

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Crematorio: cuando eres poderoso dejas de ser todo lo demás

Tiempo lectura: 5 minutos

Ya ha salido en DVD y Blu-ray, tal vez la estén reponiendo ahora en el Canal+ y me han dicho que también corre por Internet. Mañana lunes 30 de enero empieza en La Sexta. Una serie tan realista que además de en la escuela de cine debería estudiarse en las facultades de Economía y Ciencias Políticas. Una serie para exportar y explicar quiénes somos y lo que hemos hecho. Si quieren saber qué y cómo se ha destrozado el litoral con montañas de cemento, cómo se han vendido los políticos al mejor postor, cómo se ha hinchado la burbuja inmobiliaria y cómo algunos han hecho tanto dinero en España en estos últimos años, no se pierdan Crematorio.

Si quieren vibrar con un gran actor, José Sancho, en un momento especialmente dulce de su carrera con un papel que le va como anillo al dedo, no se la pierdan. Si quieren disfrutar de otros secundarios impecables: Vicente Romero (una debilidad mía), Pep Tosar (otra), Manuel Morón, Alicia Borrachero, Juana Acosta, Montserrat Carulla… en fin, de todos, no se la pierdan.

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