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Forty Elephants, chicas malas

women in pantsEncontré por internet la imagen que encabeza el artículo. El site decía que la imagen correspondía a una banda de delincuentes femeninas llamadas  “The Clockwork Oranges”. En la década de 1880 habían controlado los bajos fondos londinenses, imponiendo su ley. También decía que su nombre inspiró a Anthony Burgess su novela más famosa, La Naranja Mecánica, célebre por la adaptación cinematográfica que hizo de ella Stanley Kubrick en 1971.

Me puse manos a la obra. Una banda organizada de mujeres delincuentes en el Londres de finales del XIX tenía que aparecer en este blog. Lástima que todo fuera mentira. Ni la imagen que ven corresponde a una banda de delincuentes ni se sabe que existiera ningún grupo con ese nombre.

Aunque gracias a las falsas oranges conocí a las auténticas elephants, las Forty Elephants. Y esas chicas sí merecen un post.

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Crujir de dientes en Waterloo

waterloo_finalSe acaba el año y aún no publiqué mi post sobre la Batalla de Waterloo (1815) de la que este verano se cumplió el bicentenario. El 18 de junio, en aquellos campos belgas, más de 200.000 hombres habían quedado para matarse entre ellos. De un lado los franceses al mando de Napoleón, del otro una coalición de holandeses, prusianos e ingleses al mando de Wellington.

Tras 10 horas de batalla, el resultado fue la derrota y destierro de Napoleón, el fin de la dominación francesa del continente y la confirmación de Gran Bretaña como la nueva gran potencia europea. Y, sobre todo, supuso unos 50.000 muertos. Para 10 horas de matanza no está nada mal ¿verdad?

Aunque yo he venido hoy aquí a hablar de dientes.

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Speculum al foder (Tratado sobre el follar)

Portada de una edición traducida al castellano y página del original catalán
Portada de una edición traducida al castellano y página del original catalán

“Alguns van afirmar que mai no és bo de fer l’amor. Els que parlen així diuen una gran mentida. Només cal veure el que opinaven d’això els gran savis Hipòcrates i Gal·liè. Aquest últim escriu (…) que els homes joves que tenen molta esperma i tarden massa a fer l’amor tenen el cap feixuc, s’escalfen, perden la gana i, per consegüent, moren”(1)

(Speculum al foder, Anónimo, s.XIV-XV)

Hace poco descubrí el tratado Speculum al foder, una obra única en la literatura medieval, considerado el primer Kamasutra occidental. Es una especie de manual sobre sexo datado entre  finales del siglo XIV y principios del XV. Es de autor anónimo y está escrito en catalán, lengua que se habla por las tierras donde vivo con el propósito oculto de fastidiar al resto.

Su título traducido al castellano vendría a ser algo como Tratado sobre el follar y se conservan dos ejemplares: uno completo –manuscrito 3356– y otro parcial –el 10162, perteneciente en su momento al Marqués de Santillana, el puñetero– ambos hoy día propiedad de la Biblioteca Nacional de Madrid.  Sigue leyendo Speculum al foder (Tratado sobre el follar)

Perros de la guerra

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No podemos saber qué pensaba el Sargento Stubby, del 102º regimiento de infantería de los Estados Unidos, cuando recibió su bautismo de fuego nada menos que en Chemin des Dames, que en febrero de 1914 no era precisamente el mejor sitio en el que estar. Salió de allí y se convirtió en alguien querido y respetado por sus compañeros. Se había ganado ese respeto después de servir durante 18 meses y haber participado en más de 15 batallas durante la Primera Guerra Mundial.

El segundo de los protagonistas de esta historia también fue un héroe de la misma guerra, aunque sirvió en el ejército francés y se distinguió principalmente en la batalla de Verdún. Se llamaba Satán, un curioso nombre para un soldado que, además, nunca mató a nadie.

Aunque no tan curioso si se tiene en cuenta que Satán, al igual que Stubby, era un perro.

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The Wipers Times, prensa de trinchera

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Sacar adelante una revista siempre ha sido una tarea complicada. Sobre todo si sus fundadores, en este caso Frederick Roberts y Jack Pearson, son ingenieros que no tienen no idea de lo que es el periodismo profesional.  Desconozco si antes habían fantaseado con dedicarse a ello, pero en realidad su incursión en el periodismo fue casual: tropezaron con una imprenta en un local abandonado y tuvieron la idea.

Ellos mismos lo explican así en el primer editorial:

Habiendo conseguido un equipo de impresión (un poco sucio) a un precio razonable, hemos decidido editar un periódico. (… ) Debemos pedir disculpas a nuestros suscriptores por el retraso en su impresión. Esto se ha debido al hecho de que hemos tenido muchos visitantes no deseados cerca de nuestras imprentas durante los últimos días (…) Cualquier deficiencia en la producción se justifican por la falta de experiencia y el hecho de que piezas de metal de varios tamaños han impactado en nuestra prensa. Esperamos publicar el semanario “Times”, pero es posible que nuestro esfuerzo tenga un final prematuro debido a una crítica adversa o a las atenciones por nuestro rival local, los Sres Hun and Co. (…) Aprovechamos esta oportunidad de decir que no aceptamos ninguna responsabilidad por las declaraciones contenidas en nuestros anuncios.

Toda un  declaración de intenciones, tanto en la forma como en el fondo. El mérito estuvo en mantener la revista, fiel a su cita con unos lectores entusiastas, durante más de dos años: de febrero de 1916 hasta noviembre de 1918. Era apenas una hoja de mal papel y sin fotografías, aunque con dibujos. La publicidad se la inventaban ellos mismos, aunque digan que no asumen su responsabilidad. No parece gran cosa, pero The Wipers Times ha pasado a la historia como uno de los mayores logros del periodismo y, yo diría, del triunfo del espíritu humano.

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Knocker-up, los despertadores humanos

despertadores humanos 01Te levantas de la cama cada mañana con una emisora de música clásica que te procura un despertar suave, y alguna mañanas recuerdas aquellos tiempos en los que eras capaz de quedarte dormido como un bebé mientras los auriculares de tu walkman vibraban con La Polla Records o Rosendo.

Si el día es señalado y no tienes un sueño ligero toda ayuda es poca, así que también programas el despertador de tu teléfono móvil. Puede sonar cada diez minutos, para ir convenciéndote, poco a poco, del significado de la palabra obligaciones, que a esa hora está tan borroso como el resto de lo que hay más allá del borde de la cama. El aparato es capaz de programarse para horas distintas y con melodías diferentes según el día de la semana. Es muy cómodo, simplemente programar y dejarse llevar.

Es el mismo aparato por el que recibes al llegar al trabajo un mensaje de una amiga de Twitter que a muchos kilómetros de distancia se ha acordado de ti y te manda una historia que puede interesarte: la de los Knocker-up, los despertadores humanos.

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