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La extraña vida de Mike

Hoy me apetece contar la historia de Mike. Una historia de 1947 que habla de nosotros, como siempre. Mike nace en 1945 en un pequeño pueblo de Colorado llamado Fruita y al poco tiempo se convertirá en el ¿fruitero? más famoso de la Historia. Tanto, que tiene una estatua y en su honor se celebra una fiesta anual en mayo. A todo esto, Mike era un pollo. Esta es la historia del pollo Mike.

Concretamente un pollo de la raza Wyandotte que vivía apaciblemente, con sus preocupaciones de pollo, en la granja de los Olsen. 

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Elecciones en Liberia en 1929 (parábola liberiana)

En 1929 Liberia celebraba elecciones, la fiesta de la democracia, ya saben. El presidente Charles Dunbar Burgess King, del True Whig Party (liberal) se enfrenta al aspirante, Thomas J. Faulkner, del Partido Popular. Se sabe que quien convoca elecciones en el poder suele llevar ventaja, y esta vez se volvió a cumplir: ganó el presidente King, (el nombre es más apropiado de lo que parece).

La victoria de King (en las fotos de portada) fue histórica, obtuvo 234.000 votos por solo 9.000 de su oponente. Pero no fue histórica por la paliza democrática, lo fue porque en este momento había solo 15.000 votantes registrados. Una hazaña que le hizo aparecer como el mayor fraude electoral de la historia, según ‘un libro de excesos que hay en inglés’, que diría Krahe.

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La inspiradora historia de James Robertson

Escucho la noticia en la radio, voy a internet y me encuentro la historia inspiradora de James Robertson, un hombre de 56 años de Detroit que acude cada día puntual al trabajo, de lunes a viernes, en una fábrica de productos plásticos. En años no ha faltado ni un solo día, llueva o nieve. Hasta ahí no parece una historia digna de llegar desde Detroit hasta aquí.

Lo extraordinario, o tampoco tanto, es que empieza el turno a las 14 horas y se levanta a las 8 de la mañana para no llegar tarde. Pierde 6 horas diarias en llegar a la fábrica porque ésta se encuentra a 37 kilómetros de su casa y recorre la mayor parte del trayecto, 33 kilómetros, a pie.

Luego vuelve a casa, donde llega sobre las 4 de la mañana. En total le quedan unas cuatro horas de vida para sueño y ocio. O sea, que todo su ocio es dormir un poco.

James no hace esto por gusto ni por deporte. Lo hace porque no hay transporte público y su trabajo no le da lo suficiente para comprarse un coche. En Detroit. El sueño americano.

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La rebelión de Charles Deslondes

Charles Deslondes vivía, a principios del s. XIX, en la “Costa Alemana” de Luisiana, una zona francófona que recibe el nombre de sus primeros colonos, las cosas son como son. Es el orden natural:  las plantaciones de caña de azúcar son el motor económico y los esclavos negros la mano de obra. Ellos están más capacitados para soportar el calor y en el fondo son felices, amparados por sus amos. Tienen techo y comida y una vida sana en el campo, podría ser peor. Además, no hay nada que hacer.

Pero el 8 de enero de 1811, uno de esos esclavos, un mulato llamado Charles Deslondes, se sube a su caballo e inicia una marcha contra ese orden natural e inmutable. Le siguen unos cuantos más, armados con azadas, machetes de cortar caña y otros utensilios que han ido recopilando sigilosamente durante meses. En perfecta formación, con estandartes y un tambor marcando el paso, el ejército de esclavos se dirige hacia Nueva Orleans, mientras en el camino reclutan más esclavos liberados. Su objetivo era engrosar su columna, tomar la ciudad e instaurar la primera república de hombres negros libres de norteamérica.

Lo que las crónicas llamarán “actos asilados de bandidaje y pillaje” fue la mayor rebelión de esclavos de la historia de los Estados Unidos. A la espera de una película de Spielberg, hoy día el ejército de Deslondes sigue en una remota orilla de la historia oficial.

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Transferencia Gruen, una experiencia religiosa

Los días de fiestas religiosas son momento para reafirmar la nueva fe –consumir– y visitar los nuevos templos, los centros comerciales. En esos curiosos edificios podremos experimentar lo que se conoce como la “transferencia Gruen”.

El nombre viene de Victor Gruen, probablemente el arquitecto más influyente de nuestra época, con permiso de los amantes de la arquitectura.

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Fordlandia, una ciudad en ruinas en Brasil

Siempre me han fascinado las historias de megalomanías fracasadas. No por el goce morboso sino porque nos pone en nuestro sitio. En su momento hablé de Prípiat, “la ciudad del futuro”, una fantasía del paraíso socialista achicharrada súbitamente por la radioactividad. En el post la confrontaba con Detroit, una ciudad moribunda, un final más acorde con la fantasía capitalista. Y la ciudad de los coches me llevó, maravilla de Internet, a Fordlandia.

Podríamos decir que Fordlandia se encuentra en el punto más elevado de la soberbia de Henry Ford, pero para ser más exacto y menos pedante, en realidad se ubica en el Amazonas brasileño, a orillas del río Tapajós. O sea, en medio de la selva, entre Santarem y Belem.

La ciudad se construyó de la nada en 1930 en lo que no dejaba de ser una versión más de la típica colonia industrial del siglo XIX pero sin tanta clase como la Güell. Aquello era más bien como las Little boxes que cantaba Pete Seeger, puro american way of life. Para Ford era tan importante la producción como su deseo de jugar a ingeniero social creando su sociedad ideal, su paraíso capitalista.

Pero al gigante de la industria esto le salió mal.  Aquella aventura acabó 16 años después con 20 millones de dólares gastados y una ciudad fantasma. Seguir leyendo Fordlandia, una ciudad en ruinas en Brasil