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Pich i Pon, un político adelantado

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Cuentan que un día, Joan Pich i Pon, un prohombre barcelonés, estaba con un grupo se señoras de la alta sociedad y quiso presentar a un familiar. “Aquí mi sobrino, que es sifilítico”. “Filatélico, tío, filatélico”, le corrigió el sobrino, aficionado a coleccionar sellos.

No era la primera ni la segunda metedura de pata de Pich i Pon, un personaje que se había hecho famoso por eso. Tanto, que sus peleas con el idioma habían creado una nueva palabra entre los barceloneses, las “piquiponadas”. 

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Nova Barcelona, aventura en los Balcanes

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En Barcelona, este pequeño rincón del mundo desde el que les escribo, estamos viviendo días históricos por un tubo. Vale, puede que a algunos de ustedes, sobre todo si viven lejos, no les suene. Pero confíen en mí, el mundo nos mira y usted puede que haya estado muy despistado/a estos meses.

También reconozco que los lugares pequeños tenemos tendencia a convertir cualquier cosa en un día histórico a poco que nos descuidemos. No pasa nada, tampoco somos los únicos que nos creemos especiales ¿no?

Y como no creo que seamos los únicos en creernos especiales voy a navegar por la paradoja mirándome el ombligo para recordar una pequeña historia olvidada que no le importa a nadie. Va sobre 1714, la Guerra de Sucesión, el fin de la Generalitat de Catalunya y la fundación de Nueva Barcelona, una pequeña ciudad muy muy lejana, como por los Balcanes nada menos. Una ciudad desaparecda y olvidada por la historia, como tantas otras.

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The Summit y BCN, parte 2: The big picture

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De Génova 2001 a la resistencia pasiva. Le llaman democracia y no lo es.

Tras la peli (ver primera parte), el cineforum prometido.

Valorar si la reforma laboral, los recortes y los piquetes empresariales son más violentos que lo de los contenedores de basura nos llevaría a otro extenso artículo, no es lo que pretendo ahora. Lo que intento es ver el marco general en el que ocurren estas cosas, lo que los anglosajones llaman “The big picture”.

La imagen general, echando el zoom hacia atrás a tope de power, es que el capitalismo está tan maduro que se pudre y el olor está llegando a la gente. Por un lado, los recursos se agotan. El crecimiento sostenido e infinito en un planeta finito es algo inconcebible para un niño de 10 años que no sea economista neoliberal.

Por otro, el capitalismo financiero (alias, los mercados) se ha comido al industrial  y lleva décadas absorbiendo dinero y recursos de la gente que produce algo, tanto de personas como de empresas. No es nuevo, las rentas hace años que van de abajo hacia arriba y la desigualdad crece. La crisis sólo ha acelerado el proceso y las medidas de los gobiernos parecen echar gasolina al fuego. Incluso desde el FMI y el New York Times, conocidos izquierdistas, declaran abiertamente que tantos recortes que ahogan cualquier crecimiento en favor de la idea fanática (¿a quién beneficia?) de reducir el déficit solo es una «sobredosis de dolor» que no ayuda sino que mata más y con más sufrimiento. Las clases medias se empobrecen y cada día hay más gente expulsada fuera de un sistema que no solo es incapaz de hacer feliz a la mayoría de la gente sino que la hace día a día más desgraciada. Algo parecido a lo que ocurrió más allá del Muro de Berlín, no se si recuerdan. Vale que el suicida griego es un caso extremo (más favorable, por cierto, al orden público que pretende Felip Puig) pero cuando veas las barbas de tu vecino cortar… pues eso, ojo con el barbero.

Puede que llegue un momento que la Champions League y el Sálvame no basten para distraer al personal. La elecciones son una coartada que cada día pierde legitimidad, en parte gracias a los propios políticos que dicen una cosa y la contraria 5 minutos después de las votaciones.  Los gobernantes legislan, descarada y públicamente, para satisfacer a los mercados y a instituciones no democráticas como el Banco Central Europeo y nos dicen que es por nuestro bien, para no hacer enfadar a esos señores que mandan. Va calando la idea de que los parlamentos son caros, por inútiles. Eso también me suena, a años 30. El Parlamento Europeo ni está ni se le espera. Los Lehman Boys, representantes de la nueva plutocracia gobernante, se sientan ya en los ministerios siguiendo el ejemplo marcado por sus homólogos estadounidenses.

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