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Alice Guy inventó el cine

Se dice que los hermanos Auguste y Louis Lumière inventaron el cine. Aunque no es del todo exacto. Es cierto que en febrero de 1895 patentan el cinematógrafo y que el 22 de de marzo proyectan la primera película de la historia: La sortie des ouvriers des usines Lumière à Lyon Monplaisir. Pero los Lumière tienen una visión científica de su invento, no les interesa o no son capaces de ver su dimensión artística.

Por eso se considera a George Méliès como el verdadero inventor, el primero que ve las posibilidades del cinematógrafo para contar historias, para explorar los recursos narrativos, para hacer arte.

Pero eso tampoco es cierto. El inventor no fue Méliès, el inventor del cine fue inventora, una mujer a la que se intentó olvidar: Alice Guy.

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Portsmouth Sinfonia, el punk sinfónico

portsmouth_general¿Pueden tener algo en común los Sex Pistols y una orquesta sinfónica nacida de una escuela de música que interpreta eso que llaman clásicos populares?  ¿Podemos comparar la guitarra estridente de Steve Jones y los aullidos de Johnny Rotten con unos señores cómodamente sentados atacando con entusiasmo la obertura de Guillermo Tell? Si lo que cuenta es la actitud, sí.

Gracias a un buen amigo que me ha puesto sobre la pista, les quiero contar la historia de la Portsmouth Sinfonia, una orquesta en la que gente como Brian Eno o Michael Nyman probablemente empezaron el punk sin saberlo, a base de interpretar –por ejemplo en el Royal Albert Hall de Londres– a Strauss, Beethoven y compañía.

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La stufetta del cardenal Bibbiena

stuffetaHabía decidido tomarme vacaciones por Semana Santa, pero me he encontrado con una historieta irresistible y creo que apropiada para estas fechas. O tal vez no, ya me dirán. Es la curiosa historia de una pequeña habitación que aún se conserva en el tercer piso del Palacio Apostólico del Vaticano, la conocida como Stuffeta del cardenal Bibbiena. Un lugar al que se le ha llamado “el rincón más secreto de la Ciudad Secreta”.

Tal vez un poco exagerado, pero ¿a que ahora quieren saber un poco más del asunto?

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La experiencia de ser otro

Esclavo de la actualidad como bien saben los lectores de este blog, hoy me he impuesto hablar de las elecciones europeas. Apasionante, lo se. Quiero empezar aclarando que el titular no hace referencia a que, viendo las encuestas, voy a hablar de una máquina que cambie a los representantes que el pueblo tiene pensado elegir por otros que se acerquen a la altura del reto que se nos presenta. Lamentablemente no existe tal artilugio mágico.

Pero sí hay otro en marcha que debería acompañar al acta de diputado, dietas, billetes en primera clase, tablet y demás prebendas. Junto a todo eso debería acompañar, como regalo, un pack de esos tan de moda: una invitación a vivir una experiencia.

A primera vista no es decir mucho. El lector avisado estará pensando que la publicidad, como con tantas otras, ha desgastado la palabra experiencia y ahora todo lo es: te compras una plancha (perdón, centro de planchado) para vivir la experiencia de planchar, un sofá para vivir una sit experience o la última marca de kleenex para vivir una experiencia de narices.

No, yo hablo de una de verdad. Habría que invitar a sus señorías a experimentar una sesión (tal vez dos para el señor Cañete) en la máquina para ser otro, un experimento que se está llevando a cabo en Barcelona.

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Vivian Maier, por amor al arte

Era socialista, feminista, crítica de cine y campechana. Aprendió inglés yendo al teatro porque le encantaba. Solía llevar chaqueta de hombre, zapatos de hombre y un sombrero grande. Estaba tomando fotografías todo el tiempo y luego no se las enseñaba a nadie.

Blog de John Maloof

 

Vivian Maier muere en abril de 2009 a los 83 años en una residencia para ancianos de Chicago. Sin un dólar, en sus últimos años había vivido de la caridad de algunos niños a los que había cuidado siendo más joven. Porque Vivian se había dedicado la mayor parte de su vida a eso, a criar niños de familias bien de Nueva York y Chicago.

Pero la nanny tenía un secreto. Su primera condición para aceptar la labor de niñera en la casa donde trabajó más de 20 años fue tener un cuarto propio con cerradura. La familia  no sabe qué hace en ese cuarto tanto tiempo a solas. No se le conocen amigos, ni familiares, ni amores. Al fin y al cabo solo es la nanny, corren los años 60 y a pesar de habitar el mismo espacio viven en universos diferentes. Las familias a las que cuida no saben que en sus ratos libres pasea por las calles como una sombra para captar la vida con su Rolleiflex. Sus víctimas favoritas son los niños y los ambientes marginales, sombras entre los edificios de Nueva York y Chicago, como ella.

Luego se encierra en el cuarto oscuro y revela las fotos sin decírselo a nadie. Eso mientras le llegó el dinero, hacia el final apenas le llega para comprar los carretes, no puede permitirse revelarlos. Gran parte de su obra, que se estima en unos 100.000 negativos en total, está viendo la luz ahora por primera vez, tras su muerte. Durante su vida nadie vio sus fotos. La gran voyeur las mantuvo a salvo de cualquier mirada indiscreta. Disfrutaba haciéndolas por amor al arte, no necesitaba que nadie las viera. Tras su muerte va camino de convertirse en una de las fotógrafas más famosas de la historia.

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