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Todos los políticos son iguales (Cambalache)

Raquel Lopez_Diego Sanjuanbenito

Esto es una entrada de urgencia dedicada a aquellos que repiten, sin pensar, que todos los políticos son iguales. Los que lo dicen pensándolo son aquellos que tienen cosas que ocultar: corrupción y vasallajes inconfesables; que cada vez son más confesables porque sigue habiendo gente que repite las cosas que escuchan sin pensar. Debe ser la edad pero cada día se me hace más difícil la paciencia y comprensión con la gente que habla sin pensar lo que dice. ¿Son iguales todos los periodistas, los médicos, los cantantes, los jugadores de fútbol? Pues los políticos sí. El argumento se aguanta menos que un helado al sol de Almería, pero es muy conveniente a los corruptos –que sí, son legión– para esconderse y seguir hasta el infinito y más allá.

Por eso se mezcla en un cambalache  películas muy diferentes: a Raquel López con Diego Sanjuanbenito (“Barrenderos de Madrid”) o a David Fernández con Rodrigo Rato (“El Día de la Sandalia”).

 “Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio o chorro, generoso o estafador”.

Aunque leyendo cierta prensa, deudora de sus bancos, no es lo mismo, ellos tienen muy claro la conclusión: la mala de la peli es la sandalia.

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Aprender a defenderse

En 1975 a Martin Seligman se le ocurrió dar una serie de descargas eléctricas a unos perros para ver cómo reaccionaban. No era un psicópata con mucho tiempo libre, sino un  psicólogo realizando un experimento serio. Claro que eso se lo deberíamos contar a los perros. El resultado fue la Teoría de la Indefensión Aprendida (learned helplessness) y su relación con la depresión. 

El experimento consistía en colocar a unos perros en unos habitáculos donde se les propinaban descargas eléctricas, sin ningún tipo de patrón o justificación. Al primero se le daba la oportunidad de parar la descarga impulsando con su hocico una palanca, al segundo no se le daba ninguna posibilidad de detenerla. Después se les pasaba a otros habitáculos, donde se les volvía a infringir descargas eléctricas. La diferencia es que de estas podrían librarse fácilmente, solo tenían que saltar una pequeña valla para salir de allí. El primero de los perros lo hacía a la primera, sin problemas. El segundo no se movía, simplemente soportaba la descarga resignado. Había aprendido a estar indefenso y se resignaba a su suerte. Sigue leyendo Aprender a defenderse

Trospicracia

Tróspido. Me encontré con ella una noche en twitter. Sonora, misteriosa, con la elegancia de una esdrújula. Las palabras agudas son trabajadoras, las llanas clase media y las esdrújulas la aristocracia del idioma. Fue amor a primera vista. La fuerza de la erre y la sensualidad de la de, combinadas con el acento, me cautivaron. Pero veo que no soy el único, Internet se ha enamorado de ella.

Parece ser que su descubrimiento se debe a @hematocrítico, un profesor gallego, bloggero y activo en twitter. Enhorabuena. Como buena parole fatale, es esquiva y no acabamos de saber qué quiere. Su significado no está del todo definido, en la RAE la acaban de conocer y sus señorías son gente prudente, no se pronuncian. Pero se ha llegado a un consenso: es un adjetivo que indica algo que está mal, que es desagradable, incorrecto o erróneo más allá de lo que pueden describir los adjetivos al uso.

Si te casas con tu prima tus hijos saldrán tróspidos. El gato de las tiendas de los chinos es tróspido (bueno, tal vez toda la tienda); un yogur caducado es tróspido.

Eso me lleva a preguntarme, ¿vivimos en una democracia tróspida? ¿Una trospicracia?

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The Summit y BCN, parte 2: The big picture

De Génova 2001 a la resistencia pasiva. Le llaman democracia y no lo es.

Todo pasa y todo queda. Vuelve el vintage, la moda de los 70.

Tras la peli (ver primera parte), el cineforum prometido.

Valorar si la reforma laboral, los recortes y los piquetes empresariales son más violentos que lo de los contenedores de basura nos llevaría a otro extenso artículo, no es lo que pretendo ahora. Lo que intento es ver el marco general en el que ocurren estas cosas, lo que los anglosajones llaman “The big picture”.

La imagen general, echando el zoom hacia atrás a tope de power, es que el capitalismo está tan maduro que se pudre y el olor está llegando a la gente. Por un lado, los recursos se agotan. El crecimiento sostenido e infinito en un planeta finito es algo inconcebible para un niño de 10 años que no sea economista neoliberal.

Por otro, el capitalismo financiero (alias, los mercados) se ha comido al industrial  y lleva décadas absorbiendo dinero y recursos de la gente que produce algo, tanto de personas como de empresas. No es nuevo, las rentas hace años que van de abajo hacia arriba y la desigualdad crece. La crisis sólo ha acelerado el proceso y las medidas de los gobiernos parecen echar gasolina al fuego. Incluso desde el FMI y el New York Times, conocidos izquierdistas, declaran abiertamente que tantos recortes que ahogan cualquier crecimiento en favor de la idea fanática (¿a quién beneficia?) de reducir el déficit solo es una “sobredosis de dolor” que no ayuda sino que mata más y con más sufrimiento. Las clases medias se empobrecen y cada día hay más gente expulsada fuera de un sistema que no solo es incapaz de hacer feliz a la mayoría de la gente sino que la hace día a día más desgraciada. Algo parecido a lo que ocurrió más allá del Muro de Berlín, no se si recuerdan. Vale que el suicida griego es un caso extremo (más favorable, por cierto, al orden público que pretende Felip Puig) pero cuando veas las barbas de tu vecino cortar… pues eso, ojo con el barbero.

Puede que llegue un momento que la Champions League y el Sálvame no basten para distraer al personal. La elecciones son una coartada que cada día pierde legitimidad, en parte gracias a los propios políticos que dicen una cosa y la contraria 5 minutos después de las votaciones.  Los gobernantes legislan, descarada y públicamente, para satisfacer a los mercados y a instituciones no democráticas como el Banco Central Europeo y nos dicen que es por nuestro bien, para no hacer enfadar a esos señores que mandan. Va calando la idea de que los parlamentos son caros, por inútiles. Eso también me suena, a años 30. El Parlamento Europeo ni está ni se le espera. Los Lehman Boys, representantes de la nueva plutocracia gobernante, se sientan ya en los ministerios siguiendo el ejemplo marcado por sus homólogos estadounidenses.

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The Summit y kale borroka barcelonesa

Aviso, este artículo puede parecer un poco desorganizado. Pero la realidad es así, fragmentaria, caótica y cambiante. Bueno, eso y que no doy para más. Habla de una peli (The Summit, 2011) sobre otra peli (Cumbre del G8, 2001); una especie de “Cómo se hizo”. La peli original fue dirigida por Silvio Berlusconi y producida por el G8. Una superproducción con miles de extras, traiciones, torturas y violencia. Al final la chica de la peli, Democracia, muere. Pero para explicarla bien tengo que dar saltos en el tiempo que, además, está muy de moda.

Present Day. Abril de 2012. El ministro del Interior del Reino de España anuncia que su ministerio, conjuntamente con otro llamado de Justicia, trabaja a destajo para endurecer el código penal contra el vandalismo callejero, equiparándolo a la kale borroka, o sea, al terrorismo. Contagiado con la velocidad decreto ley de otros ministerios peperos, se pretende que esté listo antes del verano. El Molt Honorable president de la Generalitat, Artur Mas, y otros ilustres están en la línea.

Ahora, un Flashback. Julio de 2001, Génova. Reunión del G8. Los líderes del mundo libre están encerrados en una especie de castillo del medievo fuertemente protegidos por un ejército policial mientras en las calles de la ciudad la vida real no parece encantada por tan ilustres visitantes. A Génova llega un movimiento altermundista que crece de manera muy inquietante para algunos. Hay que cortar tanta protesta y tanta leche, vamos a ver cómo lo hacemos.

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Sal de la crisis hecho un bankero

Mira que era fácil. Tanto indignado, tanto 15M, tanta movilización, con lo que eso cansa y lo complicado y fatigoso que es organizarlo y movilizarse. La solución la tiene Rodrigo Rato, y como todas las soluciones brillantes de verdad, era muy simple. Hacerse bankero por 1.00o euros. Anímense, Luis y María, arquitecto y pediatra en sus ratos libres, ya lo son y se les ve felices, no con la cara de hipoteca que tenemos la mayoría.

Aquí mi primo Manuel, de profesión jefe (la más valorada en España desde tiempo inmemorial) no tenía suficiente con eso y ha decidido dar el salto, también es bankero.

La chica con dos carreras y con una beca de investigación de 800 euros al mes es el próximo anuncio. Además, nadie dice que no pueda seguir siendo bankera cuando emigre a Alemania. Incluso en el anuncio su abuelo puede salir haciéndole una ruta de lugares interesantes que conoció cuando fue a trabajar a la Volkswagen. Qué tiempos.

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