La tecnología no es neutral. Parte VII

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9 min de lectura aprox.

Huxley tenía razón

Qui paga, mana, se dice en mi pueblo. Porque no se trata de que la publicidad consiga banalizar el mensaje (como decía en el capítulo anterior hace ya mucho tiempo, es que me distraigo), que confunda un penalty no pitado con un recorte salarial. Es que la cosa se complica si después de asustarnos con un posible futuro sin pensiones (¿tengo que hacerme un plan privado?) aparece el anuncio del BBVA o del Banco de Santander.

Doy fe que la sección de economía de un noticiario está patrocinada por una conocida caja de ahorros, convertida ahora en banco, o no, quién lo entiende. Como también vi el otro día en diferido, en TVE, un debate entre cómicos sobre su profesión. Hablaban de los límites de la burla (ya saben, Iglesia, rey, etc.) y Javier Cansado (Faemino y Cansado, unos genios) decía que en realidad solo había un límite: el patrocinador. Ni Iglesia, ni rey ni leches. Así que si en tu informativo anuncian empresas de telecomunicaciones y bancos puedes imaginar la información que sobre ellos aparecerá. En las públicas, si los cargos los nombra el partido gobernante, puedes imaginar la información que sobre ellos se emitirá. Si la gente cree que es la realidad lo que le están contando, puedes imaginar a quién votará.

Pero volvamos a Postman, que vivía todavía en mundo sin ‘redes sociales’ en el que la palabra de la TV era la ley, un mundo en el que la mayoría vivimos todavía, aunque cada vez menos.

Lo peor es que tenemos tan asimilado ese discurso que estamos convencidos de que es el bueno, que así estamos lo suficientemente informados y controlamos nuestro entorno. Imaginad un telediario de tres o cuatro horas en el que cada noticia se analizase en profundidad, se discutiese sobre ella y se relacionara cada hecho con su entorno o con la Historia.

Evidentemente esto sería insoportable. Pensaríamos que los editores de ese espacio y los que les han dado el visto bueno para llevarlo adelante toman sustancias que no les benefician tanto como ellos creen. Todos los experimentos por hacer cultura saltándose o ignorando el formato han fracasado, aburren. Por mucho que  nos empeñáramos no le podemos pedir eso a la televisión porque no puede, va contra su naturaleza. O eliges otro medio (un libro) o te adaptas a la tele, que también puede hacer cosas interesantes y hay muestras de ello todos los días en algunos canales (los dos videos de esta entrada son claros ejemplos), no nos pongamos apocalípticos tampoco.

Aunque, al paso que vamos, en España los telediarios van a acabar durando eso, pero no porque analicen las noticias, hagan una exposición histórica que aclare el origen de las cosas (¿Historia, pero para qué sirve eso?) o se detengan a dar diversos puntos de vista sobre un hecho. No, no es eso. Los telediarios en España cada vez son más largos para poder meter en ellos más publicidad. Algunos cortes publicitarios dentro del noticiario son tan prolongados que se te olvida qué estabas viendo y al final el tiempo de noticias y el de anuncios es prácticamente el mismo. La teoría clásica suponía que los dueños de un medio de comunicación tenían la publicidad para ganar dinero y la información para influir políticamente. Ahora parece que el discurso político se ha quedado un poco reseco y tal vez han decidido que su verdadera manera de influirnos es inundarnos de publicidad: el discurso político que llevan los anuncios nos entra así aliñado, con una buena salsa que lo hace más digerible y apetitoso.

En algunos informativos de cadenas privadas están tan imbricadas ambas cosas que el mismo presentador te anuncia una cuchilla de afeitar, o, mejor todavía, convierten en noticia el último anuncio de un tenista o, ya el colmo, (otro que vi con mis ojitos) el periodista aparece anunciando un nuevo modelo de botas que ese mismo día había presentado un futbolista liado con una señorita que canta. Ya no necesitan ni al futbolista, la cuña la hace el redactor “por poderes”, que nos muestra, muy ufano, la nueva bota de una conocida marca. ¿He dicho cuña? perdón, nos ‘informa’ de que ha salido al mercado dicho producto.

Network (Sidney Lumet, 1976). Como si fuera ayer mismo

Desinformación

En relación con el estilo informativo de la televisión, me parece oportuno volver a Postman cuando decía:

“la televisión está alterando el sentido de estar informados al crear una forma de información que correctamente se debería llamar desinformación. Utilizo esta palabra casi con el mismo sentido con el que la utilizan los espías de la CIA o de la KGB. Desinformación no quiere decir información falsa, quiere decir información engañosa -información equivocada, irrelevante, fragmentada o superficial-  información  que crea la ilusión de saber algo pero que, de hecho, nos aparta del conocimiento”.

 

Neil Postman, el responsable de todo este rollo que les he soltado

Postman nos quiere decir que estamos perdiendo el sentido de lo que verdaderamente quiere decir estar bien informado. Porque ante la ignorancia hay solución: se detecta y se puede corregir. Pero, ¿qué podemos hacer si creemos que la ignorancia es conocimiento, si lo confundimos, si estamos completamente convencidos de estar bien informados? Y no hablamos de una manipulación concreta, eso ha existido siempre en la historia y seguramente seguirá existiendo. Estamos hablando de todos los noticiarios de televisión, de todas las noticias de todos los días. La televisión es más peligrosa que otros medios en este sentido -el de la manipulación consciente e incluso inconsciente, basándose en el pensamiento primario o asociativo, de la realidad- por su afán de monopolio en las formas de comunicación y porque la imagen nos fascina, nos envuelve y nos crea una muy fuerte ilusión de realidad. Eso es fundamental para entender lo que quiere decir Postman.

Además, al presentar las noticias como un puro entretenimiento, la televisión ha empujado a los otros medios a hacer lo mismo, de manera que todo el entorno informativo empieza a imitar a la televisión. Hasta en los libros de texto (condenados a desaparecer, por lo visto)  cada vez hay menos letra, que aburre mucho y solo la leen cuatro gatos. Respecto a Internet y sus textos con imágenes e hipervínculos volveré en próximas entregas de  esta apasionante serie.

Para acabar

Volvamos a la política y con ella al principio, a Orwell y Huxley. El discurso del “y a continuación …”  no es el de la coherencia, sino el de la discontinuidad. Y en un mundo de discontinuidades,  la lógica o la contradicción son inútiles como prueba de verdad, sencillamente no existen. La dificultad para valorar con el suficiente conocimiento de causa la verdad o mentira de las manifestaciones del presidente del gobierno  -utilicemos como ejemplo al político supuestamente más influyente-  radica en analizar sus declaraciones. Muchos de los errores del presidente entran en la categoría de contradicciones, afirmaciones que se autoexcluyen, que no pueden ser ciertas las dos en el mismo contexto.

En el mismo contexto es la clave de todo. Es el contexto el que define la contradicción y eso no existe en la televisión. El presidente puede afirmar una cosa en el noticiario del mediodía y su contrario en el debate electoral dos meses después. En ese debate los espectadores estarán tan fascinados con su seguridad al hablar, con su verborrea técnica que demuestra sus amplios conocimientos, con su sonrisa o su chaqueta que pocos serán los que se acuerden en ese momento de lo anterior y lleguen a la conclusión de que una de las afirmaciones necesariamente debe ser falsa. Además, la esencia del periodismo es la fugacidad, ¡quién se acuerda de lo que se dijo hace un par de meses!

Thomas Jefferson,  junto con otros padres de la democracia liberal, suponía que la prensa libre era un pilar fundamental del sistema, que con una prensa que funcionara como detector de mentiras, se despertaría y se ofendería el interés general si un presidente mentía a sus conciudadanos. El creía que lo más importante era que el público tuviera los medios para detectar las mentiras porque el estar bien informados nos haría libres para reaccionar ante ellas. “Prefiero una prensa sin Gobierno que un Gobierno sin prensa. Lo básico es el derecho del pueblo a saber”, es una de las frases más famosas de Jefferson. Fíjense que usa la palabra ‘saber’, no estar informado

El problema no está en que los periodistas que cubren la información política no están dispuestos a denunciar las mentiras. Están muy dispuestos a denunciar las mentiras que los accionistas o el partido que controla su medio quieren denunciar. El problema es que al público eso le pille mirando a Messi o escuchando a Belén Esteban. Atrapados en el entretenimiento, en la Videocracy berlusconiana, el público se aburre muy pronto de cualquier asunto -ya sea un huracán, una guerra o un caso de corrupción política- y pide nuevas diversiones. ¿O no las pide sino que directamente se le dan? No se. En todo caso, según Postman, así es el discurso público en la era del showbusiness. Él cree que no puede ser de otra manera.

Como dice nuestro autor :

A pesar de toda su perspicacia, Orwell se habría visto impotente ante esta situación; no tiene nada de “orwelliana”. El presidente no tiene a la prensa bajo sus órdenes. (…) No se han definido como verdades las mentiras ni como mentiras las verdades. Lo que ha pasado es que el público se ha adaptado a la incoherencia y se ha entretenido hasta la indiferencia. Y por eso a Huxley no le sorprendería nada el relato. De hecho, él predijo que llegaría. Creía mucho más probable que las democracias occidentales fuesen cantando y soñando hacia el olvido que no que fuesen marcando el paso, en fila de a uno, esposadas. Huxley, a diferencia de Orwell, comprendió que no hace falta ocultar algo a un público que es insensible a la contradicción y que está narcotizado por las diversiones tecnológicas.

Hasta aquí Postman y la televisión.  Próxima parada: Carr e Internet.

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3 pensamientos sobre “La tecnología no es neutral. Parte VII”

  1. Fabulosa entrada, como siempre. A este respecto quiesiera comentar algo.
    Para orientarnos geográficamente, existen los mapas. Los mapas son reproducciones bidimensionales a escala de una región geográfica. Precisamente el cambio de escala nos permite comprender donde estamos. ¿quieres desplazarte? Escoge el camino. Pero se inventó el GPS, que evita el esfuerzo de orientarse. Nos muestra el camino sobre un mapa. Ése mapa es ya solamente el contenedor del camino, nada mas. Ya no escoges el camino, ya no sabes donde estás. Te dejas llevar, como las ovejas; tu pastor es un GPS.
    La realidad nunca ha tenido mapas, la realidad no se puede escalar; es mas, dudo que exista la realidad, así, a lo bestia. Antes de internet, de la tele, de la prensa, etc, la realidad era la imagen que uno se formaba de su entorno más inmediato, de lo que puedes abarcar. Según mi criterio sigue siendo así. El viajero que explicaba otros mundos era diversión, evasión, imaginación, extrapolación….. etceteración. No muy diferente al placer de escuchar un chisme de la vecina. O de aprender algo nuevo. O de descubrir otro punto de vista.
    No nos engañemos, la tele, internet, la prensa, etc no son mapas de la realidad. Son viajeros que nos explican otros mundos. O la vecina chismosa. O son pastores, osease GPS.

    1. Muy agudo, como siempre, el comentario. McLuhan también se ocupó de la revolución que supuso la invención de los mapas y el resultado de reducir la realidad a dos dimensiones. En posteriores entradas de esta serie (sobre el libro de Carr) hablaré sobre ello. Y muy interesante lo del GPS como un pastor, nunca lo había pensado, hasta ahora simplemente me he dejado llevar. Es que el chisme (como google) es condenadamente eficaz. Ahí está el peligro de ambos.

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