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Pich i Pon, un político adelantado

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Cuentan que un día, Joan Pich i Pon, un prohombre barcelonés, estaba con un grupo se señoras de la alta sociedad y quiso presentar a un familiar. “Aquí mi sobrino, que es sifilítico”. “Filatélico, tío, filatélico”, le corrigió el sobrino, aficionado a coleccionar sellos.

No era la primera ni la segunda metedura de pata de Pich i Pon, un personaje que se había hecho famoso por eso. Tanto, que sus peleas con el idioma habían creado una nueva palabra entre los barceloneses, las “piquiponadas”. 

Bueno, para ser exactos, no deberíamos achacar su fama solo a eso. Algo también tendría que ver ser una acaudalado empresario y, entre otras cosas, gobernador general de Catalunya y alcalde de Barcelona, nada menos. Un  alcalde que al iniciar una de sus primeras sesiones quiso ser metódico:  Bueno, empecemos por la A: Acienda”.

Piquiponadas ciertas y apócrifas

Pero lo primero que hay que dejar claro es la gran cantidad de piquiponadas (también llamadas piquiponianas)  apócrifas que han llegado a nuestros días. Pich i Pon vendría a ser un Albert Einstein o un Winston Churchill del disparate; acabaron atribuyéndosele todo tipo de chascarrillos inventados por otras personas.  El motivo de esa proliferación es doble. 

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Pich i Pon con el batón de mando de alcalde de Barcelona.


Por un lado, sus rivales políticos no dudaron en dar publicidad a sus resbalones lingüísticos. Una revista barcelonesa, Mirador, organizó una ‘caza’ de piquiponadas: parece ser que pagaba 3 pesetas a quien enviase una digna de ser impresa. Eso agudizó el ingenio de muchos lectores. No tengo claro si era pura diversión o ataque político. O ambas cosas.

Por otro, si había sido un ataque político, no salió del todo bien. A la larga aquello fue beneficioso para nuestro personaje, que ganó en popularidad y simpatía del público. Así que no solo era el primero en reírse de sus patadas al diccionario: “El otro día dije una de órgano (por órdago)”, sino que incluso contribuyó a amplificar su leyenda. Era promoción.

Porque Pich entendía la importancia de la prensa y la opinión pública, lo de crearse una imagen. De hecho, fue propietario de dos periódicos, La Tribuna (1911) y El Día Gráfico (1913) que, como su nombre indica, se centraba en fotografías e ilustraciones y tenía vocación popular. Lo de la lectura no era para él. En 1924 fundó el vespertino  La Noche. Industrial, político y hombre de prensa que tenía muy claro su papel: ¡Porque nosotros, los periodistas, venimos a prestar un vacío a Barcelona!Exposición Universal Barcelona, ampliación Barcelona, Ajuntament de Barcelona, Pich i Pon, especulación urbana,propiedad urbana,frases Pich i Pon,piquiponianas,piquiponadas

Pich i Pon, un self-made man

Aunque el propio Pich i Pon acabara promocionando muchos de sus despropósitos lingüísticos, éstos no son del todo voluntarios: brotan de su falta de escolarización. Joan Pich i Pon nació en 1878 en el seno de una familia pobre de Barcelona, no pasó por el colegio y apenas aprendió a leer y escribir. No era tan raro, a finales del siglo XIX la tasa de analfabetos en España superaba el 60%. 

Por eso, cuando le toca pisar los salones de la parte noble de la ciudad empieza a usar palabras que había oído por ahí, de esas que te hacen culto, pero sin saber exactamente qué querían decir. Así nacen la mayoría de las piquiponadas. 

Empieza a trabajar muy joven como lampista. Era listo, con gran capacidad para los negocios y, sobre todo, para hacer los contactos adecuados. Si algo tenía Joan era olfato para los negocios y don de gentes.

De simple lampista pasa a empresario del sector eléctrico. Cuando obtiene un gran contrato municipal –la versión española del emprendimiento– para la conservación del alumbrado público, su carrera despega definitivamente. Encarga al mismísimo Puig i Cadafalch su casa en una de las esquinas de la Plaza de Catalunya. Un edificio de seis pisos de los que arrendaba todos menos el superior, que era su vivienda particular. 

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Edificio Pich i Pon en la Plaça de Catalunya de Barcelona.

¡Cuánta propiedad urbana!

Para empujar sus negocios se mete en política. Supongo que era de los que piensan que si quieres hacer algo bien mejor hazlo tú mismo, ya que hay veces que financias un partido y luego te sale rana.  

Durante toda su carrera ocupó multitud de cargos públicos, acompañados de multitud de cambios de chaqueta, según viniese el viento. Versatilidad política y simpatía para colocarse donde más le beneficiara. “Si las cosas cambian, yo seguiré siempre adelante, o sea, jo, al tanto (catalán: ‘yo, alerta’)”. O como cuando un periodista le urgió a que aclarara en qué sector político se situaba: “Pues verán, yo hago como los taxis, llevo el libre a disposición de quién me contrate”. 

En 1905 ya era concejal en el ayuntamiento de Barcelona, además de diputado provincial.  Era, en fin, un empresario metido en política para su propio beneficio y para promover los intereses patronales de la ciudad, especialmente de los especuladores. Un político business friendly, que se diría ahora. «Yo no sé firmar, pero sé hacer mucho dinero«.

Así, mi frase favorita, la que le define,  no es uno de sus divertidos desprecios al diccionario, sino algo que parece que dijo en una ocasión, desde el monte Tibidabo, con toda una ciudad en crecimiento a sus pies: “¡Cuánta propiedad urbana!”. Ahí estuvo fino. Mucho más que cuando, con motivo de la Expo de 1929, le dijo a Alfonso XIII: “Majestad, ante sus pies, la ubre”.

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Vista de Barceloan desde el Tibidabo. A Pich i Pon esta visión le hubiera emocionado.

Un acumulador de cargos políticos

Sabía de lo que hablaba, porque entre otros cargos fue presidente de la Cámara de la Propiedad Urbana. Antes había participado en la organización de la Exposición Internacional de Barcelona de 1929, uno de esos eventos con los que la ciudad ha ido creciendo a golpes a lo largo de su historia reciente. 

El anterior impulso se había dado con motivo de la Exposición Universal de 1888, de donde vienen l’Arc de Triomf (que fue la entrada a la exposición) o el Parc de la Ciutadella. Allí se inauguró poco después el zoo de la ciudad. En una visita de Pich i Pon al zoo, el político reclamaba más especies para el recinto. Cuando su interlocutor propuso comprar también una góndola (un pequeño carruaje), nuestro hombre replicó: Sí, pero no una, sino dos: un macho y una hembra. ¡Que críen, que críen!”. Exposición Universal Barcelona, ampliación Barcelona, Ajuntament de Barcelona, Pich i Pon, especulación urbana,propiedad urbana,frases Pich i Pon,piquiponianas,piquiponadasSi han  llegado hasta aquí ya habrán visto que una de sus características era que no sabía estarse quieto ni callado. Su actividad política era frenética, como él mismo se encargó de señalar cuando dijo (ante un grupo que atestigua la veracidad de la frase): “Ahora iremos Lleida a dar un ciclón de conferencias”. Aunque a veces había que parar un poquito,  dedicándose “a una vida sedimentaria”. 

Secretario de Marina, gobernador de Catalunya, alcalde de Barcelona… su momento de máximo esplendor político se lo proporcionó el Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux –partido en el que militó desde su fundación– y la llegada de la Segunda República. Por cierto, Pich describe el 14 de abril de 1931, cuando se proclama la república, como una jornada revolucionaria pero “sin infusión de sangre”. 

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Pich i Pon en la puerta del Ayuntamiento. (Foto: Díaz Casariego, EFE).

Estraperlo y se acabó

Lo de Lerroux y sus radicales tiene mucha miga y no me da para explicarlo aquí, ni aunque lo entendiera. Un partido básicamente populista que estuvo en varios gobiernos de la Segunda República en un viaje de giros electrizantes desde la izquierda hasta la derecha. La verdad es que, bien mirado, a Pich i Pon un partido tan ‘flexible’ le iba como anillo al dedo. 

El caso es que después de estar en la cima del poder, Lerroux cae, entre otras cosas, por el escándalo del estraperlo (1935). 

Lo del estraperlo es un caso de corrupción institucional, de esos que se dan muy raras veces en la historia de España. Andaba por aquí un timador holandés llamado Daniel Strauss que junto a su socio, Joachim Perlowitz, había inventado una especie de ruleta, a la que habían llamado stra-perlo”, juntando el inicio de sus apellidos. Hay otras versiones sobre el nombre, pero ésta parece la más fiable.   

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Ruleta Estraperlo.

Resumiendo: las casas de juego estaban prohibidas en España, así que los dos emprendedores, imbuidos rápidamente de la cultura local, se arrimaron a la administración para que les consiguiera los permisos -bajo la coartada de juego de habilidad y no de azar– y así poder explotar su invento.

A cambio de una buena comisión en el  bolsillo de los políticos, claro, que no eran comunistas. Además, las ruletas –en lo que se acerca a cierto virtuosismo corruptil– estaban trucadas. La banca siempre gana, dos veces.

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Alejandro Lerroux

¿Y quién se encargó de introducir el estraperlo en España? Efectivamente, nuestro querido Joan Pich i Pon, que no sabía firmar pero sí hacer mucho dinero. El escándalo es mayúsculo –tanto, que la palabra estraperlo quedó en el idioma para designar el comercio ilegal y los chanchullos– y termina con muchas carreras políticas. Entre ellas las del mismo Lerroux y la de nuestro protagonista.   

Corría el año 1935 y Pich i Pon tuvo que dimitir de todos sus cargos. Al año siguiente estalla la Guerra Civil y se exilia a París, donde muere en 1937, a los 59 años.  

A ver, Netflix, este hombre lleva mucho tiempo pidiendo una serie. O una película, al menos. Además, tiene un perfil político bastante actual ¿no les parece?

Bonus track, un poco más de Pich i Pon

Imbuido del espíritu populista de l’amic Joan, y como sé qué le gusta a mi público, acabo con una ensalada variada de piquiponadas.

Pero recuerden, no todas están verificadas.

– “En la Rambla de Catalunya han abierto un restaurante con luz genital”. 

– “Este calor es impropio de estos días. Parece que hayamos entrado en plena calígula”.

– Durante la primera Guerra Mundial, con el país dividido entre anglófilos y germanófilos, proclamó:  ¡Barceloninos! (catalanizando el gentilicio) Aquí no hay bifias ni bofias (filias ni fobias), aquí todos somos hermafroditas (neutrales)”.

– Era hombre afable y de talante abierto, por eso un a vez declaró:  “Soy partidario del homosexualismo, es decir, que hombres y mujeres puedan amarse y dejarse cuando les parezca bien”. Vale, se hizo un lío, pero era liberal. 

– Una de las más famosas. Parece que había alguien discutiendo, a propósito de Mussolini, sobre quién había sido el mayor tirano de la historia. Pich lo tenía claro: “El peor de todos había sido Tirano de Bergerac”.  

-Para no cansar acabo ya, con una de mis favoritas y de la que hay testigos fiables. Dirigiendo “Publicaciones Gráficas S.A”, editorial que, además de los suyos, imprimía otros diarios y revistas, se encontraron con un problema de planificación. Parecía imposible poder imprimir a tiempo todo lo que tenía comprometido. Entonces, dirigiéndose a su equipo creó una bella piquiponada políglota, mezclando inglés, francés y catalán: “Han de salir. Hay que hacer un trust de força”.

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