Peter y Margaret, una historia de amor y ciencia

Para compartir:
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Email to someone
email
7 min de lectura aprox.

portada01

Hoy toca una historia de amor, la de Peter y Margaret. Se conocieron en las Islas Vírgenes en 1964 y estuvieron conviviendo noche y día durante 10 semanas en las que a Peter le dio tiempo de enamorarse de Margaret. Pero la cosa no duró, el amor no prosperó por varios motivos.

En primer lugar, tanto Peter como Margaret formaban parte de una investigación financiada por la NASA e ideada por el polémico neurocientífico John C. Lilly con el fin de explorar nuevas formas de comunicación. Y llegó un momento en que la atracción de Peter por Margaret, la joven asistente del doctor Lilly, puso en peligro los resultados de uno de los experimentos más extraños de los años 60, que ya es decir.

El segundo inconveniente es que Peter era un delfín.

Llámalo amor o llámalo sexo (o ambas cosas), el caso es que el acoso de Peter y algún problemilla con el LSD acabaron con la paciencia y el dinero de la NASA.

John C. Lilly tiene una idea

Pero vamos al principio de esta historia de amor, sexo, drogas y delfines. Todo empieza con el doctor John Cunningham Lilly: médico, neurocientífico, filósofo y escritor. Y psiconauta, como él mismo se definía. Un hijo de los años 60, vamos.

John C. Lilly en 1977
John C. Lilly en 1977

Aunque su carrera empieza de manera convencional, graduándose en medicina en 1942, su paso por el ejército, para el que realiza varios trabajos, le hace interesarse por materias poco ortodoxas. Primero investiga para la fuerza aérea la fisiología en grandes alturas. Más tarde se interesa por el psicoanálisis, la estructura cerebral y la conciencia. Idea el primer tanque de aislamiento sensorial (ya saben, aquello de la piscina insonorizada de agua salada que hemos visto en algunas pelis) y, ya en los 60, se mete de lleno en los estudios sobre los efectos del LSD y la ketamina.

Los prueba él mismo, unas veces solo y otras en compañía de delfines, donde siente que entra en contacto con ellos y “participa en sus conversaciones. De ahí le viene la idea de intentar comunicarse de una forma más natural con ellos. Tienen cerebros grandes, una viva inteligencia y la capacidad de imitar los patrones del habla humana.

¿Y si enseñamos inglés a un delfín? Se puso manos a la obra y convenció a la NASA. En aquella época los estudios sobre el lenguaje interesaban a todo el mundo, y a la agencia espacial norteamericana especialmente, de cara a posibles comunicaciones con el espacio exterior.

La NASA le dio el dinero y Lilly empezó la investigación en un centro de las Islas Vírgenes. Un laboratorio-delfinario llamado “La Casa del Delfín”. Pero como Lilly andaba siempre de viaje (las fuentes no aclaran si en avión o en psicodélicos) deja el experimento de campo a Margaret.

Peter y Margaret se conocen

Margaret Howe Lovatt era una joven de poco más de 20 años, sin conocimientos científicos pero con una gran amor por los delfines. Se entera de que cerca de su casa se está organizando un experimento con delfines y allí se presenta a echar una mano en lo que haga falta.

A pesar de su nula formación científica los investigadores valoran su predisposición, su aguda capacidad de observación y el buen entendimiento con los animales. En el delfinario, Margaret conoce a los tres sujetos del experimento: dos delfinas adultas, Sissy y Pamela; y uno adolescente, Peter.

Por aquella época se trabajaba mucho sobre la idea de que el lenguaje se trasmite desde la madre y que es muy importante la relación continua y afectiva. El problema es que Peter no miraba a Margaret precisamente como una madre.

margaret-howe-lovatt

Pero no nos adelantemos. Tenemos a los tres delfines y a Margaret totalmente implicada con el reto de enseñarles a hablar inglés; algo que, aunque considera factible, presuponía un nivel de dificultad como mínimo similar al de un español medio.

Eligieron centrarse en Peter, el más joven de los tres. El problema es que tras las lecciones de la mañana, Peter volvía con el resto de congéneres, olvidándose de sus clases, así que iban a apostar por la inmersión total: Margaret y Peter compartirían todo el día y estrecharían su relación.

Peter y Margaret se van a vivir juntos

A tal efecto se ideó un coqueto apartamento para ambos. Dos habitaciones y un balcón exterior, parcialmente inundados, donde empezaron su convivencia en pareja seis días a la semana; el séptimo Peter se volvía al delfinario.

Margaret, que trabajaba en un escritorio flotante y disponía de un camastro, podía caminar por las habitaciones y Peter tenía suficiente agua para estar cómodo. Así pasaban los días juntos: estudiaban, jugaban, comían y dormían juntos.peter y margaret

 

Peter empezó a hacer progresos imitando algunas palabras como one, we, play o hello, aunque no me queda claro si sabía el significado de las mismas. Lo que Peter sí sabía es que cada día le gustaba más Margaret, él estaba convirtiéndose en un macho adulto y una cosa llevó a la otra. La historia más vieja del mundo: él insinuándose y ella dándole largas.

Los primeros acercamientos fueron delicados, pero poco a poco la frustración de Peter se fue haciendo un poco más violenta, provocándole a Margaret algunos moratones.

Cada vez más excitado, Peter no atendía ni al hello, ni al one, ni al my tailor is rich ni nada. Él solo tenía una idea fija. “Se frotaba una y otra vez contra mis piernas, hacía círculos a mi alrededor y estaba generalmente tan excitado que no podía controlar su actitud hacia mí”, explica Margaret en “The Girl Who Talked to Dolphins”, un documental de la BBC sobre el extraño experimento.

La solución fue llevarlo con hembras de su especie a que se desfogara, pero esto no acababa de gustar a los investigadores, ya que podían perderse los avances conseguidos en su aprendizaje del inglés. Así que lo volvieron a llevar al apartamento de Margaret.

MargaretAndPeter

Tal vez eso fue una nueva señal confusa para Peter, que volvió a las andadas. Esta vez cambió de táctica y fue más caballeroso, aunque su estilo de cortejo yo no lo recomendaría: empezó a frotarse contra las piernas de la chica y a mostrarle sus genitales en plena erección.

Con Peter en ese plan  no había manera de enseñarle nada y Margaret no quería perder a su alumno, así que –tal vez en un exceso de celo profesional– decidió que lo que estaba pasando era “como un picor, solo hacía falta rascar para quitárselo de encima y seguir adelante” y le practicó un trabajito manual para calmarlo.

Peter y Margaret se separan

Para Margaret no significó nada sexual y, según la profesora, la  táctica funcionó. Pudieron volver a las lecciones, pero el asunto trascendió y algunos medios empezaron a hablar del aspecto sexual del experimento. Eso, unido a la mala fama que el doctor Lilly empezaba a adquirir entre la comunidad científica –experimentos con delfines y drogas psicodélicas incluidos– hizo que la NASA cortara el grifo a los 10 meses de iniciarse.

La separación fue triste para Margaret, pero aún peor para Peter. El delfín fue trasladado a un acuario de Miami adonde se llevó su tristeza: nunca más vería a su amada. Su salud fue empeorando y un día decidió hundirse en el fondo del tanque y dejar de respirar. Los cuidadores dijeron que fue un suicidio. ¿Por amor?

Una cosa es aprender inglés, que tampoco pudo, y otra las complejas relaciones humanas. El experimento quiso humanizar a Peter, pero se acercó tanto a los humanos que  eso lo mató.

Para compartir:
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Email to someone
email

Un pensamiento sobre “Peter y Margaret, una historia de amor y ciencia”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.