La tecnología no es neutral. Parte III

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La Galaxia Gütemberg

Decíamos ayer que la aparición de nuevas tecnologías, según McLuhan y Postman, proponen un cambio para el que no hay vuelta atrás. Eso ocurre, -y tal vez en mayor medida- con los medios de comunicación. Las formas del discurso público regulan e incluso dictan el tipo de contenido que surge de ellas. Un nuevo medio cambia la estructura del discurso, exigiendo un cierto tipo de contenido.

Los historiadores utilizan tres fechas para separar, en la historia de Occidente, el paso de la Edad Media a la Edad Moderna.

La primera de ellas es la caída de Constantinopla, en 1453, a manos de los turcos. Así acabó el Imperio Romano de Oriente (Bizancio) y con ello el último vestigio de la antigüedad.

La segunda es la llegada de Colón, en 1492, a tierras americanas. El mundo occidental se habría como nunca lo había hecho y demostraba su voluntad de expandirse por todo el planeta. Un hito histórico similar a la llegada a la Luna pero con mayores consecuencias: suponía el encuentro de dos civilizaciones humanas que se habían ignorado durante siglos.

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“En el pecado llevan la penitencia” o “quiero que hagan la peli”

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monjas Zaragoza robo
¿Qué llevarán en las mochilas?

A estas alturas todos sabéis la noticia, hasta en el extranjero se han enterado. Unas monjas, (monasterio cisterciense de Santa Lucía, en Zaragoza, para más señas) han sido robadas. Para más información tenéis éste o cualquier otro diario, sale en todos.

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Dior vs Galliano, vaya cuajo

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Inicio esta sección “Mucho cerdo y poca corralina” (titulada por mi novia, dicho sea de paso) con la indignación de la semana. Se que el asunto no es importante, pero para hablar de lo de Libia, por ejemplo, necesito un poco más de tiempo.

En realidad a mí lo que le pase a Galliano la verdad es que me trae un mucho sin cuidado. No creo que le espere un futuro terrible, hay mucha gente que lo lo tiene peor. Tal vez sea un idiota, en el ambiente en el que se mueve (no lo digo por la moda, sí por el dinero) debe ser muy difícil resistirse a serlo. Pero no lo se, no lo conozco y nunca me interesó el personaje.

Pero sí me interesa cómo funciona el mecanismo que se ha puesto en marcha esta semana.

Despido, Galliano, Dior, the sun
Ahí lo tienes, Master and Commander

La noticia salta cuando unos periodistas del prestigioso The Sun graban con cámara oculta unos insultos antisemitas (incluso acusó a alguien de ser fea, solo le faltó la pedofília, al gachó) estando totalmente ebrio y sin saber, lógicamente, que le hablaba al mundo entero. No disculpo el racismo (es cansino tener que aclarar eso cada vez que rozas ciertos temas) pero yo con mis amigos en el bar he dicho cosas terribles e igual de estúpidas. Y ellos también.

De hecho ahora mismo llevo dos gintonics: con dos más me vería capaz de gritar ¡Viva Franco, Arriba España! o ¡Visca el Barça!, según se diera. Pero, claro, nunca me bebería cuatro gintonics en un plató de televisión.

Además, a saber qué dijeron antes los portadores de la cámara, adalides de la libertad de información. Todo vale para hacer rentable tu periódico.

Pero lo verdaderamente indignante es el segundo acto. Me gustaría saber qué tipo de cosas dicen, sin cámaras delante, los propietarios de Christian Dior. Ésos que han despedido de manera fulminante al que durante años han debido halagar hasta la náusea.

Y lo mejor de todo. Tras el último desfile, con el diseñador despedido, se dan cuenta, después de más de 50 años, que los que trabajan allí son otros modistos y modistas anónimos que dan el callo cada día. Y en una brillante acción de vomit marketing (me pido el copyright) los sacan a saludar tras el último desfile, mientras las joyas baten al ritmo de las palmas de los invitados.

Seguro que más de una se quedó con las ganas de decirle al brillante estratega del marketing “ahora va a salir a saludar tu puñetera madre”.

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La tecnología no es neutral. Parte II

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Un poco de McLuhan para seguir

A todo esto, Neil Postman (1931-2003), profesor, sociólogo y crítico cultural estadounidense fue discípulo de Marshall McLuhan (1911-1980) en la Universidad de Columbia. Y eso se nota.

Por cierto, inciso. Si queréis ver a McLuhan aquí lo tenéis en acción. McLuhan sale al final pero vale la pena verlo entero.

Yo también salgo, soy el pesao que sabe tanto sobre McLuhan.

Pero sigamos con las cosas serias.

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La tecnología no es neutral. Parte I

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De MacLuhan y Potsman

Si esta página cae en ojos de un estudiante de Comunicación ya sabrá de qué va, y sino (los programas cambian, los profesores se descuidan) que vaya a buscar el libro de Postman. Los que no hayan caído en las garras de dicha carrera pero les interesa el tema, que hagan lo mismo. Al fin y al cabo desde hace años tengo la teoría de que en bachillerato debería haber dos asignaturas obligatorias: Nutrición y Medios de Comunicación. Lo que más hacemos es comer y consumir mass media (perdón por la expresión) sin tener ni puñetera idea de cómo se hacen ambas cosas.

El libro del que quiero hablar hoy es Divertirse hasta morir, el discurso público en la era del “show business”, y fue escrito por un tal Neil Postman en 1985. Pero no se precipiten y lo den por obsoleto hasta que no lo hayan leído o acaben, tengo la esperanza, de leer esta especie de reseña.

El prefacio del libro no solo anuncia su tesis principal, además es brillante. A un tipo impresionable como yo le noqueó. Empieza diciendo que los estadounidenses reflexivos, tras aguantar la respiración,  se congratulaban de que hubiera pasado 1984 sin que en su país (ni en el resto de Occidente, añado yo) se hubiera cumplido la pesadilla autoritaria que profetizaba Orwell en su novela. Pero estaban tan pendientes de Orwell que no se habían dado cuenta que lo que sí se había cumplido era lo que temía Aldous Huxley en Un mundo feliz.

El estado tenebroso de Orwell en el que un Hermano Mayor (que no Gran Hermano), decida todo por nosotros y nos prohíba todo lo que le de la gana se ha revelado en nuestras democracias occidentales, y salvo intentos como la penúltima ley antitabaco, poco probable. No parece viable.

Pero en la visión de Huxley no hace falta ningún dictador que uniforme el discurso y nos diga constantemente qué debemos pensar y qué no. Pero mejor en palabras de Postman.

Lo que Orwell temía era que se prohibirían los libros. Lo que temía Huxley era que no habría razón para prohibir ningún libro porque no habría nadie que quisiera leer. Orwell temía a los que nos pudieran privar de información. Huxley temía a los que nos darían tanta que nos reducirían a la pasividad y el egoísmo. Orwell temía que se nos ocultara la verdad. Huxley temía que la verdad se ahogara en un mar de irrelevancia.(…) En 1984 las personas son controladas mediante el dolor. En Un mundo feliz, son controladas mediante el placer. Resumiendo, Orwell temía que nos destruyese lo que odiamos. Huxley temía que nos destruyese lo que amamos.

Joder con Huxley.

El libro (y este escrito) tratan de la posibilidad de que fuera Huxley,  y no Orwell, el que tuviera razón.

Internet va a cambiar la película, y tras los sucesos en el mundo árabe parece aún más claro que el mundo de Orwell (con permiso de Google) cada día es un poco más improbable. Pero ¿y el de Huxley?

Continuará, que tengo que irme a dormir.

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Me gusta Ramoncín

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Se que decir esto en Internet es como entrar en el campo del Barça con un letrero de ‘Viva Mourinho’, pero ahí lo dejo.

La verdad es que el titular tiene un poco de trampa, como todos. No es que me guste el personaje en el que se ha convertido tras dejar la música por las tertulias y luego por la SGAE, una bajada en picado a los infiernos que él sabrá si le compensó.

Pero he de reconocer que lo escucho de vez en cuando, porque tengo una edad y en mi adolescencia era uno de los héroes del barrio. En mi barrio podías bajar por la calle de Los Chichos (qué grandes), girar por la esquina del Heavy Metal o sentarte en la plaza de los cantautores, en la que pasaba buenos ratos. O subir por la cuesta de lo que se llamaba rock urbano: Leño, Burning, Ramoncín y otros. Y me dió por ahí.

Ramoncín barriobajero, mucho antes de la SGAE
Qué jóvenes éramos. Yo mucho más, que conste.

Aquel chaval no era el tipo que es ahora, y me refiero a los dos.  Cuando me pongo las canciones, normalmente a escondidas, se produce la magia y los dos volvemos a aquellos maravillosos años.

Porque las canciones te acompañan toda la vida, e incluso evolucionan, pero siempre vienen marcadas por el lugar y el momento en el que nacen. En el estudio de grabación y en tu memoria, un lugar al que apetece volver de vez en cuando con un ipod y una cerveza.

Y vuelvo a aquellos vinilos, llenos de energía y con toda una vida por delante. Y mientras escucho veo las caras de mis amigos de entonces y de aquella chica que nunca volveré a ver, porque ya solo está cuando escucha conmigo Ángel de cuero, Hormigón mujeres y alcohol, Valle del Cas, Canciones desnudas, Forjas y aceros o Putney Bridge. ¡Cómo voy a desprenderme de ellas!

Así que mientras con Rosendo, el hermano bueno, legal, puedes salir a plena luz del día por las avenidas y sentarte en el parque, a Ramoncín lo veo en pequeños locales llenos de humo (en los bares de mi cabeza se fuma, pero no se lo digáis a la Pajín). Nos sentamos en un rincón y, como ahora mismo, recordamos, por ejemplo, aquel concierto en el que por primera vez toqué unas tetas por debajo de la ropa. La chica iba desabrochada y estaba tan borracha que se me cayó encima, yo solo quise evitar que se cayera y la agarré como pude. Puro romanticismo.

Llevo gafas de pasta, pero no me pidáis que renuncie a Ramoncín.

Prometo hacerlo a escondidas.

N.B. Ví el vídeo, y la ejecución que Ramoncín hace de la canción de Nirvana es algo cruel que nunca debía haber pasado. Una cosa no quita la otra.

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Parece mentira ¿verdad?