La tecnología no es neutral. Parte III

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La Galaxia Gütemberg

Decíamos ayer que la aparición de nuevas tecnologías, según McLuhan y Postman, proponen un cambio para el que no hay vuelta atrás. Eso ocurre, -y tal vez en mayor medida- con los medios de comunicación. Las formas del discurso público regulan e incluso dictan el tipo de contenido que surge de ellas. Un nuevo medio cambia la estructura del discurso, exigiendo un cierto tipo de contenido.

Los historiadores utilizan tres fechas para separar, en la historia de Occidente, el paso de la Edad Media a la Edad Moderna.

La primera de ellas es la caída de Constantinopla, en 1453, a manos de los turcos. Así acabó el Imperio Romano de Oriente (Bizancio) y con ello el último vestigio de la antigüedad.

La segunda es la llegada de Colón, en 1492, a tierras americanas. El mundo occidental se habría como nunca lo había hecho y demostraba su voluntad de expandirse por todo el planeta. Un hito histórico similar a la llegada a la Luna pero con mayores consecuencias: suponía el encuentro de dos civilizaciones humanas que se habían ignorado durante siglos.

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La tecnología no es neutral. Parte II

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Un poco de McLuhan para seguir

A todo esto, Neil Postman (1931-2003), profesor, sociólogo y crítico cultural estadounidense fue discípulo de Marshall McLuhan (1911-1980) en la Universidad de Columbia. Y eso se nota.

Por cierto, inciso. Si queréis ver a McLuhan aquí lo tenéis en acción. McLuhan sale al final pero vale la pena verlo entero.

Yo también salgo, soy el pesao que sabe tanto sobre McLuhan.

Pero sigamos con las cosas serias.

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La tecnología no es neutral. Parte I

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De MacLuhan y Potsman

Si esta página cae en ojos de un estudiante de Comunicación ya sabrá de qué va, y si no (los programas cambian, los profesores se descuidan) que vaya a buscar el libro de Postman. Quienes no hayan caído en las garras de dicha carrera pero les interese el tema, que hagan lo mismo. Al fin y al cabo desde hace años tengo la teoría de que en bachillerato debería haber dos asignaturas obligatorias: Nutrición y Medios de Comunicación. Lo que más hacemos es comer y consumir mass media  sin tener ni puñetera idea de cómo se hacen ambas cosas.

El libro del que quiero hablar hoy es Divertirse hasta morir, el discurso público en la era del “show business”, y fue escrito por un tal Neil Postman en 1985. Pero no se precipiten y lo den por obsoleto hasta que no lo hayan leído o acaben, tengo la esperanza, de leer esta especie de reseña.

 

El prefacio del libro no solo anuncia su tesis principal, además es brillante. A un tipo impresionable como yo, le noqueó. Empieza diciendo que los estadounidenses reflexivos, tras aguantar la respiración,  se congratulaban de que hubiera pasado 1984 sin que en su país (ni en el resto de Occidente, añado yo) se hubiera cumplido la pesadilla autoritaria que profetizaba Orwell en su novela. Pero estaban tan pendientes de Orwell que no se habían dado cuenta que lo que sí se había cumplido era lo que temía Aldous Huxley en “Un mundo feliz.

El estado tenebroso de Orwell en el que un Hermano Mayor (que no Gran Hermano), decida todo por nosotros y nos prohíba todo lo que le de la gana se ha revelado en nuestras democracias occidentales, salvo algunos intentos diría que desesperados, poco probable. No parece viable a largo plazo.

En la visión de Huxley no hace falta ningún dictador que uniforme el discurso y nos diga constantemente qué debemos pensar y qué no. Pero mejor en palabras de Postman.

Lo que Orwell temía era que se prohibirían los libros. Lo que temía Huxley era que no habría razón para prohibir ningún libro porque no habría nadie que quisiera leer. Orwell temía a los que nos pudieran privar de información. Huxley temía a los que nos darían tanta que nos reducirían a la pasividad y el egoísmo. Orwell temía que se nos ocultara la verdad. Huxley temía que la verdad se ahogara en un mar de irrelevancia.(…) En 1984 las personas son controladas mediante el dolor. En Un mundo feliz, son controladas mediante el placer. Resumiendo, Orwell temía que nos destruyese lo que odiamos. Huxley temía que nos destruyese lo que amamos.

Joder con Huxley.

El libro (y este escrito) tratan de la posibilidad de que fuera Huxley,  y no Orwell, el que tuviera razón.

Internet ha cambiado la película. Por más que lo intentan algunos gobiernos, creo imposible ponerle puertas al campo. Parece aún más claro que el mundo de Orwell (con permiso de Google) cada día es un poco más improbable. Pero ¿y el de Huxley?

Continuará, que tengo que irme a dormir.

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La regla The Wire

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Aquí pienso ir soltando las filias y fobias de un mundo que me apasiona (a veces aprisiona y apisona) desde siempre: el cine y la televisión. Aunque son diferentes son lo mismo. No soy un nativo digital pero sí nací con los dos, son parte de mí.

Pero antes de continuar en esta sección os aconsejo aplicaros la regla the wire, no me gustaría haceros perder vuestro valioso tiempo.

Si no te gustó, no sigas leyendo, no parece que estemos en el mismo universo.
Si no la has visto, no sigas leyendo. Vete a verla. Se puede hasta comprar.
Si la has visto y te gustó, no sigas leyendo. Vete a verla de nuevo. Hazlo por mí, que todavía lo tengo pendiente.

the wire serie tv
Si quieres saber cómo funcionan las cosas mira esta serie, no pierdas el tiempo con los telediarios.
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A quien pueda interesar

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Hoy es 20 de febrero, otra vez. Otro 20 de febrero, hace 19 años, fue sin duda uno de los mejores días de mi vida.

No voy a comparar lo de hoy con aquello, pero me gusta que sea otro 20 de febrero cuando empiece esta aventura que no se adónde me llevará. Tal vez acabe pronto en un callejón sin salida, tal vez dure mucho y me lleve por soleadas avenidas. No lo se y tampoco quisiera saberlo. Ya se verá, paso a paso.

Todos los augurios son buenos. El parto, la tarde anterior, plácido y rodeado de amigos.

Es solo el primer paso, pero de momento la cosa va bien.

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¿Por qué insostenible?

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El nombre tiene, como todo en la vida, varios motivos.

El primero. Con poco tiempo desde tomar la decisión, no se me ocurría otro. Este blog iba a ser una mezcla de cosas diferentes y temas diferentes, sin rumbo definido. Cuando se fue definiendo, el nombre ya estaba allí, como el dinosaurio.

El segundo. No podía dedicarle mucho tiempo. No era sostenible en el tiempo. Luego ha resultado que sí.

El tercero. Parecía que la situación económica y política era insostenible. Error de novato, lo reconozco. Aguantamos lo que nos echen y más. Resiliencia le llaman ahora en marketing.

El cuarto. ‘Sostenibilidad’ y ‘sostenible’ eran palabras un poco gastadas. Tengo cariño por las palabras gastadas, ellas no tienen la culpa.

Con el tiempo el blog fue dejando el deshago la opinión sobre política  para irse decantando a “historías mínimas” de la historia universal. ¿Por qué? Mis opiniones no son muy interesantes, ya hay mucha gente opinando en la red con mayor capacidad para ello. Me divierto más, y creo que vosotros también, contando historias olvidadas, curiosas, sorprendentes y reales. Que también es una forma de opinar, o al menos lo intenta, pero sin soltaros un rollo.

Así que, volviendo al principio, cuando el blog cambió, el nombre ya estaba ahí. Quizás ahora sea sostenible, aunque eso ahora nunca se sabe.

 

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Pedazos de la Historia. Historias 'mínimas' que nos cuentan quiénes fuimos y por qué somos. Vistas desde el fondo a la izquierda.