La CIA tiene una de teles que te rilas

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http://www.youtube.com/watch?v=-XZyvq1KXKY

Llevamos una semana fantástica, la del triunfo del Bien contra el Mal. Entre que el Barça se ha cargado a Bin Laden y los gringos han eliminado a Mourinho, amanece un nuevo día. Pero fíjense que en vez de estar feliz como una lombriz a mí me da un poco de bajón. ¿Por qué? ¿Por qué?, que diría el otro. Yo sí tengo la respuesta: por mis queridos ‘medios de comunicación’.

El caso del fútbol (aunque sigo sin entender por qué el canal público catalán, TV3, rebaja tanto su nivel de calidad en este tema) la verdad es que no importa mucho, es circo y como tal hay que verlo. El que me preocupa más es el otro, con vidas de verdad en juego.

La noticia no la voy a repetir porque quien no la conozca, aparte de tener todo mi respeto, no estará leyendo esto. Los americanos del norte que hablan inglés y no son canadienses montaron una operación de película y mataron al tipo que a su vez quería matar a medio mundo. Soy consciente de que el mundo es un poquito mejor con ese tipo muerto. Como también sería un poco mejor sin Estados que realizan ejecuciones sin juicio saltándose todas las leyes internacionales. No se, es una opinión. Por mi parte solo deseo que los movimientos democratizadores en el mundo árabe (con sus sombras, que también las tendrán) no se distraigan con el sainete y sigan a lo suyo, lo más lejos posible de los unos y los otros.

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Belchite, Beirut, Sarajevo, Misrata…

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Iglesia-catedral de San Martín y convento de San Rafael, en el antiguo Belchite

Es Belchite, en España, y ocurrió en 1937, pero podría ser cualquier sitio y en cualquier tiempo. Podría ser Beirut durante los 80, Sarajevo en 1992 o un barrio de una cuidad de Libia ayer mismo. Si todas las guerras son trágicas, las que se dan entre los que el día anterior eran vecinos lo son todavía más.

En un lugar como éste, lo primero que piensas es en la gran suerte que tienes de no haber estado allí en el momento fatídico, de visitar las ruinas, de vuelta de unas felices vacaciones, una primavera de 2011. Y, en seguida, piensas que eso es puro azar y sientes por un momento que ese lugar y ese momento pueden cruzarse en tu camino algún día; la certeza absoluta de que no va a ser así no la tiene nadie. Porque además son otros los que con mando a distancia mueven la ruleta trucada y deciden donde cae la bola.

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Cómprate unas zapatillas veganas, multiculturales y sostenibles

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Hoy, por cuestiones laborales (no me gano la vida con esto ¿lo pueden creer?) he recibido una nota de prensa que vendía unas zapatillas deportivas o sneakers, con perdón. “Se trata de una zapatilla ecológica y vegana (eco-vegana), puesto que renuncia a cualquier uso de materiales de origen animal”, decía la nota. También decía que valen 75€.

Esto roza el vomitiv marketing, tendencia cuya etiqueta me atribuyo (con un par), tal como podéis leer en mi entrada sobre el ‘caso Galiano’. Ahora estoy a la espera de lo próximo que me quieran vender y que sea vegano, se admiten apuestas.

Que conste que en la sección ‘corralina’ están los tipos que se valen del veganismo para venderme unas zapatillas, no quienes practican esa filosofía. Toda persona mayor de edad (el tema de los niños pequeños es más espinoso) es libre de comer lo que le apetezca y me parece una opción tan respetable como disfrutar un buen asado.

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Tuareg

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Desde hacía tres meses, al ejecutivo medio de mediana edad, desnudo frente al espejo del baño, no le gustaba lo que veía. Luego se miraba el perfil y le gustaba aún menos. Había aprendido a convivir con su rostro y tolerar su incipiente calvicie, pero esa barriga lo mortificaba.

La barriga llevaba varios años con él, sobre todo desde que accedió a la tarjeta de empresa y a que su superior firmara las notas de gastos mientras consultaba su smartphone.  Y parecía que lo lo llevaba bien: sus dos hijas hacían bromas cariñosas de vez en cuando aterrizando sobre ella y el sexo muy ocasional y rutinario con su mujer no había cambiado desde que su estómago se ensanchara notablemente. En ese sentido su frustración sexual mantenía la línea.

Pero desde hacía tres meses el ejecutivo medio de mediana edad no paraba de mirarse la barriga, consultar por Internet regímenes de adelgazamiento milagroso y preguntarle a su mujer sobre dietas.

Esto último había mosqueado un poco a su mujer durante un tiempo, sobre todo tras ver en unas fotos de la fiesta de la empresa que la secretaria de su marido tenía 15 años menos y 40 centímetros más de pierna sin celulitis, tal como demostraba aquella minifalda.  Aunque la verdad es que tampoco le importaba demasiado, tal vez una aventura sexual con aquella chica  le haría menos insistente en su cama, lo que le suponía un alivio. Además, el nerviosismo y la desazón con la que últimamente su marido se iba a la oficina desmentía cualquier posible flirteo con su secretaria. Eso sí que a su mujer empezaba a preocuparle un poco: él llamaba más asiduamente a la oficina con el pretexto de alguna dolencia y se quedaba en el pequeño gimnasio en el que había convertido su despacho en casa, ejercitándose en la bicicleta estática hasta desfallecer. Todo apuntaba a una crisis de madurez de libro.

Desde hacía tres meses, los días que acudía al trabajo, el ejecutivo medio de mediana edad salía de casa sin desayunar y con tal nudo en el estómago que parecía que no le llegaba la camisa a la barriga. Salía muy temprano, cuando aún era de noche, como si así compensara los días que faltaba. Llegaba el primero a la oficina y de muy mal humor, que se iba templando con el paso de las horas y un par de broncas. Al final de la tarde, el ejecutivo medio de mediana edad volvía a tensarse. Entonces empezaba a deambular perdiendo el tiempo, mientras cada uno huía de él como podía. Todos en la oficina estaban de acuerdo que la dieta y el último ascenso lo estaban matando lentamente y que debían tener cuidado para que no les arrastrara. Era un tema que evitaban conscientemente porque cualquier alusión a su dieta o al Volkswagen Touareg de empresa  que le habían concedido a petición propia, desataba en él una furia contenida pero evidente.

Desde hacía tres meses, era el último en salir del trabajo y, otra vez de noche, camino a casa, volvía la desazón. Entraba en el pequeño parking compartido de su edificio de apartamentos de lujo y tras colocar con sumo cuidado el coche en su plaza (el sistema de ayuda al aparcado era un bendición para él) se quedaba en el Touareg unos minutos, con el motor y las luces apagadas. Notaba como la cara le ardía, deseaba quedarse allí toda la noche y a la vez salir lo antes posible. Miraba nerviosamente hacia izquierda y derecha, por el retrovisor, una y otra vez. Ahora.

El ejecutivo medio de mediana edad, con su maletín y su barriga a cuestas, se encaramaba hacia los asientos traseros, luego los atravesaba contorsionándose y finalmente salía del coche por la puerta del maletero. Se arreglaba la ropa, comprobaba que estaba solo y se quedaba un momento mirando el coche, perfectamente encajado a escasos centímetros de sus vecinos de plaza, sudando del esfuerzo y la vergüenza.

Desde que hace tres meses le entregaron el coche de empresa, el ejecutivo medio de mediana edad subía en el ascensor del parking hacia su casa musitando, cada noche, “joder, estoy demasiado gordo para un Touareg”.

Licencia Creative Commons
Tuareg por Miguel García Vega se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported.


Esta es mi pequeña contribución a la mejor fiesta del calendario.

Feliz Sant Jordi a todos.

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La tecnología no es neutral. Parte V

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La tele se mete en política

Sigamos con Postman y cómo afecta la llegada de la televisión al discurso político. Pero antes de seguir tengo que recordar una cosa: Postman vivió en el mundo pre-Internet, un mundo en el que la televisión era diferente porque no había sufrido todavía la influencia de la Red.

De todas maneras, en este capítulo no se va a notar, hay cosas que no han cambiado, sobre todo la principal, que ya comentaba en el capítulo anterior: la televisión tiene un gran punto débil, es muy fácil de apagar, o de cambiar de canal, que viene a ser lo mismo. Por eso debe entretener en todo momento, todo debe ser un show.  Si a eso se une la voluntad de querer abarcar todos los campos del discurso público, se obtiene espectáculo las 24 horas del día, no importa el tema que sea.

En Estados Unidos, la vanguardia mundial en cuanto a televisión se refiere, ya hace años que se televisan juicios “de interés social”, u otros acontecimientos, en directo. En España se siguió al minuto la huelga encubierta de controladores (uff, eso merece una entrada, ya veremos) porque parecía que había obligación de hacerlo. Y porque era espectacular, claro. La gente perdiendo los nervios da muy bien en cámara. Los aeropuertos colapsados de gente con sus maletas o gritando eran irresistibles. Entre esas imágenes y la repetición machachona de la frase ‘el país paralizado’ se consiguió que la gran mayoría de los españoles, que no cogieron un avión ese día y que, como yo, tuvieron un día absolutamente normal (fueron de compras, cogieron el coche, fueron al cine, otros al hospital, etc) repitieran la consigna como un mantra: el país se había paralizado. Lo único que cambió el día de toda esa gente es que no había otro tema en la tele, así se consiguió  el famoso estado de excepción. Gracias a la tele. Así paralizas un país, controlando la tele. Claro que para ello se necesitan unos cuantos medios en la misma dirección, sin fisuras.

Eso es lo que hace bien la tele, crear sensaciones generales aún en contra de tu experiencia personal.

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14 de abril ¡Viva la República!

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Hoy es otra vez 14 de abril, ya queda uno menos para la vuelta de la República.

Me gustaría hacer un brindis por aquella II República que, en parte gracias a sus propios errores, acabó en tragedia, pero intentó modernizar España y convertirla en una democracia avanzada en la que hubiera sitio para la justicia social.

Y, nostalgias aparte, la República es la única forma racional de gobierno democrático. El poder hereditario que no pasa por las urnas no puede llamarse, a estas alturas del partido, democrático.

Dando una vuelta por Internet hace unos meses encontré, por casualidad, lo que veis abajo, y lo guardé para mejor ocasión. Creo que esta es buena.

En una octavilla de mano editada en la imprenta Gutemberg de Guadalajara el 31 de Mayo de 1931 podíamos leer lo que daban a llamar Mandamientos Republicanos:

 

  • El Primero, amar a la justicia sobre todas las cosas.
  • El Segundo, rendir culto a la dignidad.
  • El Tercero, vivir con honestidad.
  • El Cuarto, intervenir rectamente en la vida política.
  • El Quinto, cultivar la inteligencia.
  • El Sexto, propagar la instrucción.
  • El Séptimo, trabajar.
  • El Octavo, ahorrar.
  • El Noveno, proteger al débil.
  • El Décimo, no procurar el beneficio propio a costa del perjuicio ajeno.

 

Parecen ingenuos, pero no es un mal reglamento de vida, no señor.

Nada más, que paséis un buen día.

¡Salud y República!

Me gusta la República
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Pedazos de la Historia. Historias 'mínimas' que nos cuentan quiénes fuimos y por qué somos. Vistas desde el fondo a la izquierda.