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Orli Wald, “el ángel de Auschwitz”

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Aurelia ‘Orli’ Torgau (1914-1963) también se llamó Orli Reichert; y después Orli Wald. Fue rebotando por diversos apellidos al mismo tiempo que le iba zarandeando la historia. Nació en Francia pero era alemana, en una zona que fue cambiando sus fronteras a golpes de cañón y trinchera. 

Militó en las juventudes comunistas, se casó con un hombre que se pasó al nazismo y su compromiso político le llevó primero a prisión y luego a Ravensbrück y Auschwitz. Muchas vueltas y una constante: sus convicciones y su ayuda a los más débiles. Una ayuda que le llevó a ser conocida comoel ángel de Auschwitz”, lugar del que nunca regresó del todo. 


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Orli Wald nació como Aurelia Torgau en Bérelles (Francia) en una familia de padre alemán, August, y madre francesa, Marie. Desde su nacimiento, la pequeña de seis hermanos recibió las bofetadas de una época convulsa. Su padre, ingeniero, había encontrado trabajo en Francia, pero la Primera Guerra Mundial lo convierte en enemigo. Los Torgau son internados en una campo de concentración en Guérande. 

En agosto de 1916 -Orli tiene apenas dos años– la madre y los seis hijos son expulsados a Luxemburgo. De ahí se trasladan a Tréveris donde se les une el padre, tras ser liberado en 1919. 

Militante comunista

Tréveris (también conocida como Trier, o Trèves en francés; los lugares fronterizos son un lío) es famosa por ser el lugar donde nació Karl Marx. Por tanto, no es raro que haya un movimiento comunista importante en la zona. En dicho movimiento se integra August, que será uno de los fundadores de la sección local del KPD (Partido Comunista Alemán).

A las juventudes comunistas se afiliarán sus dos hijos mayores y, un poco más tarde, Orli. La pequeña de los Torgau es una activa militante comunista durante el final de la década de los 20.

La llegada de los nazis al poder en 1933 no arredra a Orli, que sigue con su labor de oposición, ahora necesariamente clandestina. Con contactos en Luxembrugo, se ocupa del contrabando de material propagandístico y educativo a Alemania.

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En 1934 la arrestan por primera vez, pero no pueden probar nada y la tienen que soltar. Ese mismo año se casa con otro simpatizante comunista, un albañil llamado Fritz Reichert. Pero Fritz, como tantos otros, estaba dejando su compromiso socialista para acercarse a los nazis, que además ahora tienen  todo el poder.

Reichert tuvo prisa para subirse a ese tren y se afilia a las SA (Sturmabteilungen 1936.
Imaginen las discusiones. El matrimonio solo dura seis meses, acaba en divorcio y con el arresto de toda la célula comunista de Orli. Su marido tiene muchos puntos para ser el delator. No es tan raro, son tiempos de crueldad en Alemania. El divorcio, por cierto, no se hizo efectivo hasta 1939.

Ziegenhain y Ravensbrück

Orli Wald –quizás debería llamarla Torgau todavía, nunca Reichert– es interrogada -ejem, ya saben- por la Gestapo. Es el 23 de junio de 1936: Orli tiene 22 años y pasará los próximos cuatro en prisión, sentenciada por el delito de “alta traición al Reich.

Es cierto que la mayoría del pueblo alemán acogió el nazismo y lo apoyó, por convencimiento, miedo o interés. Pero también es cierto que hubo oposición alemana a Hitler. Acabaron asesinados, en cárceles o campos de concentración.

No fueron legión, pero hubo más orli walds de las que se quiso reconocer al final de la guerra. La historia de todo un pueblo engañado e hipnotizado convenía, y ensombreció a gente como Sophie Scholl, los periodistas del Münchener Post, los Hampel; o la propia Orli Wald. Por citar solo algunos ejemplos mencionados en este blog.
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A los 26 años había cumplido su condena en la cárcel de mujeres de Ziegenhain.  Pero por esas curiosidades de la justicia nazi –ese oxímoron–  no es liberada. A cambio le dan un traje a rayas con un triángulo rojo en el pecho y la encierran en el temible campo de concentración de Ravensbrück. 

Allí se hizo amiga de Margarete Buber-Neumann, una compatriota comunista maltratada por el estalinismo (de un gulag en Rusia fue entregada por Stalin a Hitler) lo que le hizo replantearse su fidelidad al partido. A Wald le ofrecen testificar en contra del líder comunista luxemburgués, Zenon Bernard, a cambio de una rebaja de su pena. Pero Orli no incrimina a Bernard con su testimonio. 

El ángel de Auschwitz

Las cosas aún van a empeorar: en marzo de 1942 la trasladan a Auschwitz. Será la interna número 502 y trabajará en la enfermería de Birkenau. Pueden imaginar los horrores que tuvo que presenciar allí. Aunque pronto se hizo popular entre los presos por su amabilidad y su preocupación por los enfermos. En aquel infierno, un pequeño gesto se convertía en algo grandioso. Y en enormemente arriesgado. 
Orli Wald-auschwitz-presa 502- Ravensbruck-nazismo-segunda guerra mundial-presa política-comunista-ángel de auschwitz-campo de concentraciónEn el invierno de 1942 Orli coge el tifus, algo casi rutinario en Birkenau teniendo en cuenta la alimentación y la higiene del lugar. Al año siguiente Wald se ha convertido en la Lagerälteste (algo así como la veterana o decana) de la enfermería. Una condición contradictoria.

Por un lado le da más oportunidades de ayudar a otros prisioneros, cuidándolos o incluso ayudando a algunos a huir de un lugar donde si entrabas los más seguro es que acabaras muerto. Junto con un médico judío establece una enfermería paralela a los SS, en la que salvan muchas vidas. Arriesgando las suyas, claro. Su carácter dulce, abnegado, fuerte y valiente no pasa desapercibido para el resto de presos. Por eso la bautizan como “el ángel de Auschwitz.

Pero la condición de ‘enfermera jefa’ llevaba el reverso de la moneda. Orli tuvo que trabajar codo con codo con Joseph Mengele, y presenciar sus atrocidades disfrazadas de experimentos. E, incluso, ayudar al siniestro doktor en las selecciones: éste muere, éste no, de momento. 

Todo eso pasa factura a Orli, que en el verano de 1943 intenta suicidarse. Unas compañeras la rescataron a tiempo. “No podía seguir viendo muerte todo el tiempo”, declaró años después.

Orli Wald

En enero de 1945, con los rusos cerca de Auschwitz, empiezan las terribles marchas de la muerte: el traslado de los presos, a pie, a otros campos en territorio alemán.  Junto con otras 9.000 mujeres, Orli es enviada de nuevo a Ravensbrück. Aquejada de tuberculosis, está muy débil, con lo que se queda en el campo auxiliar de Malchow.

Eso la salva de los asesinatos en masa de los últimos días en el campo principal, entre febrero y marzo de ese año. En abril de 1945, un poco recuperada, logra huir de Malchow con otras prisioneras. Se encuentran con soldados rusos. Sus supuestos libertadores la violan. 

Por fin libre. Bueno, es un decir. Sobrevive a la guerra pero con incontables heridas: la más urgente es la tuberculosis, que la lleva a ingresar  en el Sanatorio de Sülzhayn. Allí conoce a un editor, luchador antinazi y prisionero, como ella. Su nombre es Eduard Wald. En 1947 se casan y ella se convierte definitivamente en Orli Wald. 

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Orli Wald con su marido Eduard Waldo, en 1955.

Su precaria salud redujo mucho su movilidad. Pero las peores cicatrices de Orli eran las anímicas. Tantas desgracias no hay manera de arrancarlas de un alma sensible. Intentó rehacer su vida, escribir sobre lo que había vivido e incluso dedicar un tiempo a la política. Los Wald se mudaron a Hannover y  se vincularon a la socialdemocracia alemana, intentando reconstruir un país en ruina física y moral. Orli Wald se unió al SPD en 1951.

Auschwitz nunca se va

Pero tanto su precaria salud física como la continua sombra depresiva no hacían fácil su nueva vida. El cuidado atento de su marido no evitó otros intentos de suicidio y sus ingresos en el psiquiátrico. Las imágenes de Auschwitz acudían una otra vez a su mente. Evitaba a los niños pequeños y aborrecía la música, ya que ambas cosas la devolvían a los días en el campo de exterminio.
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En aquellos años las víctimas de tan terribles experiencias, con su síndrome postraumático a cuestas, no eran tratadas adecuadamente. La sociedad entera aún no sabía cómo digerir el Holocausto. (Tampoco tengo claro que ahora sepamos). A Orli no pudieron ayudarla.

Toma cada vez más drogas para evitar que los recuerdos la mortifiquen. Y por la noche los muertos de Auschwitz se pusieron de pie nuevamente«, decía Eduard Wald sobre dichos episodios. El juicio contra Eichmann en Jerusalem, en abril de 1961 abre más la herida. Y aún más la preparación de los juicios de Frankfurt, impulsados por el fiscal Fritz Bauer contra miembros de las SS en Auschwitz. 

Al final se quebró

Orli quiere colaborar, elabora listas, hace un esfuerzo. Pero ya no puede más. Los juicios se celebraron entre 1961 y 1963. Wald no testificará. Los recuerdos son tan abrumadores  que el 1 de enero de 1962 colapsa. Muere a los 48 años en la institución psiquiátrica de Ilten, cerca de Hannover.

Por fin el “ángel de Auschwitz” puede escapar del campo. Por cierto, Orli declaró más de una vez que “en un sitio como Auschwitz nadie podía ser un ángel”. Hasta el final se lamentó de no haber podido hacer más. 

En una de sus cartas a Margareta Glass, amiga y compañera en Auschwitz, Orli se confiesa:

“No puedo olvidar Auschwitz. Aún veo las chimeneas y los niños arrojados al fuego. Luché en vano, no puedo luchar más. ¿Para qué sigo viviendo?”.

cartel-avenida Orli Wald-Hannover

 

En 1984, la ciudad de Hannover le dedicó una calle, pero con el apellido Reichert, lo que derivó en muchas criticas. En 2007 se subsanó el error y se inauguró la Orli-Wald-Allee (Avenida de Orli Wald) cerca del cementerio donde está enterrada.

Cada 8 de marzo su tumba se llena de flores. Si van por allí, lleven de mi parte. Gracias.

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