Operación Dulcinea, Santa Liberdade

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El 20 de enero de 1961 John F. Kennedy toma posesión de su cargo, convirtiéndose en el 35 presidente de los Estados Unidos. Su famoso -y muy manoseado– discurso aumenta su popularidad. No solo en EE.UU; en todo el mundo millones de personas ven en JFK una esperanza.

Aquel dulce día, el nuevo presidente no tiene ni idea de qué es el Santa María –alias Santa Liberdade–, ni el DRIL ni quiénes son el capitán Galvao o el profesor Xosé Velo. Tal vez tampoco quien era Dulcinea.

Pero un trabajo como el que acaba de estrenar no da tregua. Solo tres días después, Kennedy se enfrenta a su primera crisis. Una piedra de toque para probar su capacidad de liderazgo internacional. Y va a tener un montón de asesores explicándoles quienes son esos portugueses y españoles que acaban de liarla parda.

¿Quieren saber cómo?

El Santa María era un trasatlántico portugués, propiedad de la Companhia Colonial de Navegaçao. Botado en 1952, era uno de los más modernos de la flota y cubría la ruta entre la Península Ibérica y Sudamérica, haciendo escalas por distintos puertos del Caribe.

Postal del Santa María

Había salido de Lisboa el 9 de enero de 1961, con una tripulación de 350 personas al mando del capitán Mário Simões da Maia. Llega a Venezuela el 20 de enero, el día de la toma de posesión de JFK. Al anochecer del 21 zarpa rumbo a Florida, con ruta posterior hacia Tenerife y de vuelta a Lisboa. Lleva unos 600 pasajeros: portugueses, españoles, estadounidenses, holandeses y británicos.

Sobre las 2 de la mañana del 22 de enero, un grupo de hombres armados entra en el puente de mando e inician la “Operación Dulcinea”, nombrada así quizás por el carácter quijotesco de la acción. La tripulación está desarmada, así que el comando, pésimamente armado, consigue rápidamente el control del barco. La escasa resistencia deja, no obstante, dos heridos y un muerto:  el tercer oficial, Joao Costa. Tras esos primeros forcejeos la tripulación colaboró –aunque con algunos actos de sabotaje posterior– para mantener operativa la nave bajo la vigilancia de los secuestradores, que no eran marineros. Los asaltantes rebautizan el barco como Santa Liberdade.

El DRIL

¿Quiénes eran esos secuestradores? El barco había sido tomado por un grupo de 24 guerrilleros del DRIL, 12 portugueses y 12 españoles. El DRIL (Directorio Revolucionario Ibérico de Liberación) había sido fundado en 1959 por exiliados portugueses y españoles, la mayoría gallegos. Su objetivo era derrocar a las dos dictaduras de la Península Ibérica, la de Salazar en Portugal y la de Franco en España. Aunque la prensa franquista (como la actual) no dudó en usar el trazo grueso y tacharlos a todos de comunistas, en realidad en el DRIL coexistían varias ideologías unidas en el antifascismo, compartiendo posiciones progresistas y con un raíz iberista. De hecho, ni Velo ni desde luego Galvao, líderes de la acción que nos ocupa, tenían mucha simpatía por el comunismo.

No era un grupo muy numeroso, aunque si muy ibérico: estaban siempre peleándose entre ellos y duró poco. En febrero de 1960 fue su primera acción –varias bombas en Madrid, sin víctimas– siendo el secuestro del Santa María la segunda. En 1964 cesó su actividad.

¿Quiénes dirigen la acción?

El grupo de activistas del DRIL que secuestraron El Santa María estaba comandado por un triunvirato: el portugués Henrique Galvao y los gallegos José Fernández –alias Comandante Sotomayor– y Xosé Velo.

Henrique Galvao era un militar portugués que había apoyado la llegada de Salazar al poder. Pero el ninguneo del régimen combinado con su egocentrismo le hacen pasar a la oposición y acaba exiliado en Venezuela, donde entra en contacto con el DRIL. Su carácter altivo y clasista provoca muchos choques con Pepe Velo, pero su glamour militar y su gusto y acierto para manejar el aspecto mediático de la acción le convierten en el cabecilla visible y responsable del gran éxito propagandístico de la aventura.

Si Galvao era la cara ante la opinión pública, Xosé (Pepe) Velo era el ideólogo, el líder político de la acción. Velo era un maestro republicano y galleguista que tras numerosas peripecias –que darían para un post entero– acaba escapando de las torturas del franquismo y es acogido en Venezuela. Aunque no es anarquista sí hay en su pensamiento y en su talante un claro aire libertario en busca de utopías. Hombre de letras, es un gran orador y a la vez un hombre de acción que quiere despertar a una oposición republicana dormida o acomodada. Para ello trama la Operación Dulcinea.

De izq a drcha: Galvao, Velo y Sotomayor

El tercer protagonista se sitúa todo momento en un plano inferior a los anteriores: es el comandante Sotomayor (nombre de guerra de José Fernández Vázquez). Sotomayor es un teniente de navío que combatió con la República y con la resistencia francesa, lo que le supuso caer preso de los nazis, que lo encerraron en Auschwitz. Tras la guerra vivirá un tiempo en Francia y luego pasará a Venezuela, donde se une al DRIL. Aunque de cara a la opinión pública su papel es mucho más discreto que el de Galvao y Velo, su participación fue clave ya que es el único con experiencia en el mar.

Improvisación ibérica

El plan inicial, al menos en la mente idealista de Pepe Velo, era llevar el Santa Liberdade hasta África para iniciar allí un movimiento de liberación en las colonias portuguesas y españolas, al estilo del Granma y los barbudos de Fidel y Che Guevara. Y luego traspasar ese espíritu revolucionario para liberar la Península Ibérica de Franco y Salazar. Para ello, tras la toma del barco, debían navegar hacia África sin ser detectados durante el máximo tiempo posible.

Se suponía que sería una operación incruenta, pero el tiroteo, con un fallecido y un herido de importancia, cambia el plan inicial. Cuando el herido y un pasajero enfermo son desembarcados y cuentan su historia, se descubre todo el pastel. Los ocupantes del DRIL deciden arriesgar toda la operación porque quieren mostrarse al mundo como activistas políticos, no como terroristas o piratas. Por el mismo motivo, acompañados por el capitán, deciden hacer un inventario con el compromiso de que nade falte cuando acabe el secuestro.

Guerrilleros del DRIL

También procuran que su presencia sea lo menos incómoda posible tanto para la tripulación como para el pasaje. Colocan una pancarta con el nuevo nombre, Santa Liberdade, pero el resto de actividades del barco, así como sus horarios, se respetan. La única diferencia es que eliminan las barreras de clase en el barco y se permite a los viajeros de tercera disfrutar de la piscina, por ejemplo. La falta de violencia y el buen trato hace que, salvo la lógica preocupación, los pasajeros lo lleven bastante bien. Algunos, españoles y portugueses, simpatizan con los revolucionarios. Uno de ellos, un ex alumno de Velo, documentará la odisea con su cámara de Súper 8.

¿Piratas o luchadores por la libertad?

Una operación concebida desde el silencio y la invisibilidad como elementos clave conseguirá su éxito precisamente por lo contrario, al convertirse en noticia de portada de la prensa mundial. Life les dedica un reportaje y Paris Match les da la portada después de que un actor y doble de acción cinematográfico, Gil Delamare, se lanzara en paracaídas sobre el barco con una cámara para fotografiar la vida a bordo. Posteriormente, el periodista y escritor Dominique Lapierre también podrá entrar al barco para entrevistar a Galvao que, al mando del ‘frente mediático’, ha convertido el barco en una especie de radio libre contra las dictaduras peninsulares.

Todos esto irrita a Franco y Salazar, que contestan desde los diarios del régimen. Desde el lado franquista la táctica es silenciar todo lo posible la presencia española, narrando el secuestro como un asunto portugués. Tachan a los activistas de “piratas”, “gángsteres”, “forajidos” y algún diario propone para Galvao “colgarlo del palo mayor del Santa María”  sin juicio previo. Como es tradición en España,  se acusa al comunismo internacional de estar detrás de la acción.

En la prensa portuguesa, que asume el protagonismo de Galvao en un asunto principalmente portugués, la reacción es similar a la española. La Operación Dulcinea supone un golpe propagandístico contra el Estado Nuovo, pone a la dictadura portuguesa en el punto de mira. Además, con Galvao se publicita una oposición no comunista –y por tanto más presentable– a Salazar.

¿Y qué opina Kennedy de todo esto? Recuerden, tenemos a Kennedy que todavía no se sabe el camino entre su dormitorio y el Despacho Oval enfrentándose al secuestro de un barco con 55 estadounidenses a bordo. Una vez localizado el barco, JFK ha mandado para allá a parte de la VI Flota para asegurarse de que a los rehenes americanos no les pase nada.

Pero sobre la mesa tiene un informe de su gabinete jurídico que dictamina que, aquello que la creativa prensa española ha sentenciado como acto de piratería que se corrige con una soga, es una acción política legítima en respuesta a unas dictaduras que no respetan los derechos fundamentales. Por el mismo precio, la VI Flota yanqui se convierte desde ese momento en ‘escoltasdel Santa Liberdade, evitando cualquier posible ataque de barcos españoles o portugueses.

Final negociado

En otro éxito propagandístico del comando, estos consiguen negociar de tú a tú con los americanos el final de la aventura. El almirante jefe de la flota envía un representante al barco, el contraalmirante Allen Smith, que llega acompañado de varios periodistas. Allí se cuadran todos y echan un rato escuchando los himnos nacionales de Portugal, Estados Unidos, el himno gallego y el de la República Española. El tal Smith aguantó el concierto como un profesional, esperando poder ir a lo suyo.

La VI Flota de Estados Unidos ‘escoltando’ al Santa Liberdade.

Y lo suyo es acordar que la travesía del Santa Liberdade terminara en el puesto brasileño de Recife, donde liberarían a tripulación y pasajeros. A cambio, la marina estadounidense emite una nota señalando que los rehenes han sido bien tratados y que sus captores son activistas políticos opositores a sus respectivas dictaduras. En Recife son bien recibidos por el gobierno brasileño, que les concede el asilo político.

Velo aún acaricia la idea de, una vez desalojado y reabastecido el barco, seguir la travesía hacia África y sus planes de liberación. Pero ni Galvao ni el resto están por la labor de forzar las cosas ante un plan con tan pocas posibilidades. Al fin y al cabo han improvisado divinamente y han alcanzado un éxito propagandístico muy por encima de lo imaginado teniendo en cuenta lo precario de la operación.

Con mucha más audacia que medios han secuestrado un trasatlántico durante 10 días sin tener que lamentar desgracias personales (salvo el accidente de Joao Costa), han captado la atención mundial, han negociado de tú a tú con el ejército estadounidense y han conseguido ser considerados activistas políticos y salir sanos y salvos de la aventura. Se dice pronto.

Pero ni a las dictaduras ibéricas, por supuesto, ni a la acomodada oposición republicana les interesa darle mucha cuerda a esta odisea, que queda arrinconada como nota al margen de la lucha contra Franco.

Pasaron muchos años hasta que se empezó a recuperar el tema y a día de hoy sí hay bastante información, con documentales y libros sobre la audacia de un pequeño grupo de antifranquistas y antisalzaristas que durante unos días consiguieron la atención de John F. Kennedy y el asombro del resto del mundo.

Gracias a mi amigo Mario por ponerme sobre al pista de esta historia.

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