Minijobs y bloggers, una historia de amor

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“Las letras no dan para comer. ¡Las letras son colorín, pingajo y hambre!”
Ramón del Valle-Inclán 

Los minijobs, que ahora son lo más cool porque se lo acaba de copiar de Alemania el Banco Central Europeo (dios lo confunda y haga algo útil para la gente) parece que no son tan nuevos. Al menos la comunidad de escribas de Internet, siempre a la última, les pueden pasar la mano por la cara en ese aspecto. Digo pueden porque me refiero a los bloggers profesionales, y yo no lo soy: están ciegos los cazatalentos. Lo de los minijobs (¿tecnología alemana para curar jamones?) tiene mucha tela que cortar en otras entradas, ahora me interesa hablar de los juntaletras.

Como dirían en Star Trek, Internet es la última frontera porque el negocio del futuro está en crear contenidos para la red.  Hay demanda de contenidos que atraigan a nuevos colonos/consumidores y, entre esa demanda, se encuentran los escritores. Pensé que me moriría sin ver éste momento y hasta me da un escalofrío pelopúntico cuando lo pienso: ¿trabajadores esenciales, con su tarjeta azul y todo?  Imaginen la alegría de éste proletario de las letras ante la puerta del maravilloso parque temático que nos está preparando Merkozy al saber que su trabajo iba a ser valorado, por fin. Atrás quedaban, ceniza y polvo, las palabras del maestro Valle-Inclán.

0,003 € por palabra

Pues no.  Valle sigue más actual que nunca. Es cierto que hay muchas ofertas y que en ellas, por supuesto, se pide gente que sepa escribir para generar “buenos contenidos, consejos y críticas con estilo”. Todo por la escalofriante cifra de 1 € cada entrada de 300 palabras. Con una entrada no te llega para el café, cosa que no es del todo cierta: lo puedes comprar en una máquina de vending que te sale más barato. Hay que ser flexible por el bien del país, como dicen los empresarios, y dejarse de tanta demagogia.

Además, siempre puedes encontrar algo mejor: 2 dólares por una entrada de 200 palabras. Eso sí te da para el café y para un cigarro liao, según cotice el dólar en cada momento. Con 100 artículos (5 al día durante 20 días) te encuentras a final  de mes con 200 dolarazos sin darte ni cuenta. Lo que desconozco es si te dejan la opción de hacer 10 artículos al día y embolsarte 400 pepinos, con lo que si abandonas el café y el tabaco, vicios perniciosos, puedes ahorrar para la jubilación.

Aunque hay que ser justos, los anuncios eran de 2009. Ahora seguro que las retribuciones han subido, para ponernos al nivel de nuestros socios europeos. Por cierto ¿no les repele la expresión?

En la interesante entrada de Debora Ramírez en prnoticias.com, que he enlazado anteriormente y que inspira la mía, tenéis otros ejemplos de ello. Como el que pedía 50 post a 2 euros cada uno. Si leen el anuncio verán que al menos la oferta era real, estaba claro que necesitaban con urgencia un redactor para las temáticas  de climatización.

Un brindis al sol

Pero como ilustra la cita de Valle-Inclán, no son los primeros. Ni serán los últimos. Señores y señoras, la clase media se acaba y tonto el último. En un país en el que el sueldo de los ejecutivos no para de crecer pero el de todos los demás no para de bajar, los plumillas no iban a ser la excepción. No todos somos Pérez-Reverte (lo digo con admiración, compro todos sus libros) ni vamos a ganar lo mismo pero ¿tan poco vale un texto medianamente bien escrito?

España no es el país de la envidia, es el del desprecio. Todo lo que hacen los demás está chupao (sin van a un bar verán que eso incluye a Messi o Ronaldo, según el momento) y por eso no merecen casi nada. La labor del prójimo no supone esfuerzo, ni pericia ni talento. En este caso se trata solo de pulsar teclas, cómodamente sentado; eso lo hace cualquiera con la punta de lo que sea.

A eso se une algo también muy de aquí que se acomoda perfectamente con los tiempos que vienen:  la calidad se convierte en un brindis al sol. Se pregona hasta enronquecer pero metidos en harina importa bien poco. Total, con que sirva para ir tirando ya vale, si al consumidor le va a dar lo mismo. Cogemos el texto inglés, traducimos con Google, que es más barato, et voilà. Se trata de que haya letra ¿desde cuándo importa que un texto esté bien escrito? Yo sostengo la teoría de que los diarios acabarán siendo escritos por los que redactan las instrucciones de los productos de los chinos.

La culpa es de la piratería

Luego, los mismos emprendedores que ofrecen sueldos ridículos a los creadores (escritores, músicos, dibujantes, etc.) se rasgarán las vestiduras ante la cultura del gratis total que hay en Internet. Es la gente que descarga gratis pasándose el canon por los nikons la culpable de todo. No les interesa ver que todo esto empezó antes de Internet, en el momento en que ellos mismos despreciaron el trabajo intelectual.

Un buen ejemplo sería la prensa tradicional, ahogada por Internet y agarrándose a la batería de cocina para seguir a flote. Los lectores abandonan el papel y no logran convencerles de que paguen por la versión online.

Pero fueron ellos los que devaluaron el producto, recortando las redacciones, desprendiéndose de buenos profesionales con años de experiencia por becarios baratitos a los que ni siquiera les dedicaban un tiempo para enseñarles el oficio. ¿Quién lo iba a hacer, si los habían despedido a todos por improductivos? No lo digo yo, lo dice David Simon (palabra de dios, te alabamos señor). En una interesantísima entrevista sobre su exprofesión dice cosas como: “A alguien en Wall Street se le ocurrió que podía hacerse más dinero publicando periódicos malos que publicando periódicos buenos, así que recortaron costes, redujeron la redacción y cubrieron menos asuntos para tener más beneficios. (…) Cuando llegó la Red, los periódicos estaban tan destripados que no pudieron ni protestar y empezaron a regalar su producto.”

Pero no seamos pesimistas, para redactores y bloggers, como yo mismo, se abre un futuro esperanzador: estamos en un campo más que abonado para que, más temprano que tarde, se abran las grandes alamedas y florezcan los minijobs. Tal como está el patio lo digo con la ironía pequeña, no se crean.

Dicho todo esto, si hay algún lector interesado en contratarme yo estoy dispuesto. Eso sí, por 3 euros las 200 palabras, que tengo un caché. Faltaría.

Un comentario sobre “Minijobs y bloggers, una historia de amor”

  1. Respecto a los minijobs, no se porque les llaman minijobs si deberían decir minisueldos, ya que seguro que va a haber un abuso en los horarios de flipar. Y lo pero es que se va a permitir. Tan claro como cuando se decía, en los preludios del euro, que habría una inflacción de flipar con la entrada de la moneda común. Y bien que se dio.
    Respecto al sueldo de los e-redactores, a parte de la injusticia que pueda representar, me entristece que haya gente que considere que «un buen contenido, consejos y críticas con estilo» pueda valer un euro. Tiene cojones.

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