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Los chicos del avión

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10 min de lectura aprox.

El 18 de noviembre de 1983, a las 15.40 horas, el vuelo de Aeroflot 6833 esta listo para partir desde Tiflis, capital de la república soviética de Georgia, hacia Batumi, una localidad turística a orillas del Mar Negro. La torre de control comunica con la tripulación del Tupolev-134 antes de salir: todo normal. Tiempo estimado 40 minutos, condiciones meteorológicas perfectas.

Hay 64 personas a bordo, siete miembros de la tripulación y 57 pasajeros. Entre esos pasajeros, 7 jóvenes que teóricamente iban a celebrar la reciente boda de dos de ellos y que perpetraron un secuestro que salió terriblemente mal. Murieron 8 personas: piloto, copiloto, una azafata, dos pasajeros y tres secuestradores. 

Un secuestro mal planificado y mal ejecutado por un grupo de intelectuales sin ninguna preparación. Los secuestradores eran médicos y artistas. Las piezas no encajan ¿Qué hacían secuestrando un avión con 4 pistolas? Muchas de las claves de lo que pasó en aquel vuelo siguen siendo un misterio muchos años después. 

Eran los artistas  Gia Tabidze (31 años), Dato Mikaberidze (24), Soso Tsereteli (24); los hermanos Paata y Kakha Iverieli (26 y 28, ambos médicos), un actor bastante conocido, Gega Kobakhidze (22), y la estudiante de arte Tina Petviashvili (19). Los dos últimos, los recién casados. 

secuestro-aereo-georgia-1983-aeroflot 6833Hijos de artistas e intelectuales. Clase alta del régimen, muchos georgianos no podían empatizar con ellos. 

Aeroflot 6833, el vuelo inesperado

Algunos de los pocos testimonios sobre el hecho vienen de un documental llamado Bandits (Zaza Rusadze, 2003) y una película más actual, Rehenes (Rezo Gigineishvili, 2017). 

El plan, por llamarlo de alguna manera, era subirse a un avión con destino a Batumi. La excusa era celebrar entre amigos la boda del día anterior entre el actor Gega Kobakhidze y la estudiante Tina Petviashvili. Batumi era una ciudad turística, lo que reforzaba su coartada. Una vez en vuelo, armados con cuatro pistolas compradas en el mercado negro, desviarían el avión hasta Turquía y pedirían allí asilo político. 

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Abajo a la derecha Temur Chikhladze. No iba en el avión, aunque conocía el plan. También fue procesado y ejecutado.

Cualquier plan organizado debe tener en cuenta los posibles contratiempos. No era el caso. Llegan al aeropuerto y burlan, con la ayuda de una trabajadora del aeropuerto ajena a sus planes, el control de equipajes. Pero el vuelo que esperaban no será el suyo, suspendido por falta de pasajeros.

A cambio pueden coger otro vuelo -el Aeroflot 6833que hace una ruta más larga: Leningrado-Tiflis-Batumi. La aeronave, por tanto, es más grande. Ya no irán prácticamente solos en un pequeño avión, sino en uno mayor y más difícil de controlar. Cabía la opción de abortar y esperar mejor ocasión, pero ellos deciden continuar, ya irán improvisando.

Secuestro, nervios  y disparos

Ya a bordo, los nervios van en aumento. Si hacemos caso a la película, el despegue se retrasa un poco cuando la policía entra para evacuar a un borracho que estaba formando escándalo. A los 10 minutos del despegue empieza la acción. Hay versiones contradictorias y no queda claro si el avión vuelve a Tiflis antes o después de que los secuestradores saquen sus armas. El caso es que los pilotos avisan a la torre de control de que van a volver y que están siendo atacados por unos secuestradores.

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Cartel de la película de 2017 sobre el secuestro

La histeria se apodera del avión. Según el documental, cuando Mikaberidze se da cuenta que han vuelto a Tiflis se suicida. Se inicia un tiroteo con la tripulación en el que Soso Tsereteli resultará herido; morirá días después en el hospital. 

En el aeropuerto esperan fuerzas especiales venidas de Moscú. Se efectúan muchos disparos al avión desde tierra. Algunos padres de los secuestradores son avisados y se ofrecen para negociar. Pero las autoridades se niegan. Las fuerzas especiales asaltan el avión y arrestan a los culpables. En resultado final son ocho personas muertas, incluyendo tres de los secuestradores.

Los chicos del avión o la jeans generation

En el rígido control de la información que imperaba en la URSS, el mundo conocería el caso del Aeroflot 6833 días después, a través de la agencia de noticias oficial, Tass. En el New York Times, por ejemplo, apareció el 23 de noviembre, con una breve nota, algunos datos erróneos y muchas incógnitas. En la televisión georgiana, se habla de 7 “bárbaros” que habían intentado secuestrar un avión para huir del país y habían causado la muerte de 8 personas. 

El presentador de la televisión dijo: “El gobierno socialista los apoyó, les dio la oportunidad de estudiar música, arte e idiomas. Y a cambio ¿qué hicieron? (…) Invirtieron ese talento, energía y habilidades para asesinar a gente inocente. Todos ellos serán castigados. Duele pensar en todo esto”.

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Eduard Shevardnadze, primer secretario del partido Comunista de Georgia durante un discurso en Moscú en 1981.

El líder del Partido Comunista de Georgia, Eduard Shevardnadze –posteriormente ministro de exteriores de Gorbachov y presidente de la Georgia independiente– los llamó “bandidos” y pidió la pena de muerte para ellos. 

Entre la opinión pública georgiana no ayudó el retrato de los jóvenes secuestradores. Todos ellos eran ‘niños bien’, hijos de las élites intelectuales de la república caucásica. Sufrían la falta de libertad de expresión, la prohibición de salir del país, de carecer de cosas normales en Occidente, como pantalones vaqueros o discos de los Beatles, que estaban prohibidos. Aunque eran cosas que, según aparece en la película, ellos podían comprar en el mercado negro sin muchos problemas.

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Tina Petviashvili y Gega Kobakhidze durante la celebración de la boda, la noche anterior al secuestro.

Su ansia por escapar a Occidente había llevado a la tragedia. Eran miembro de la llamada ‘generación de los jeans’ que en los tramos finales de la URSS suspiraban por el fin de la dictadura. Pero sobre todo por llevar una vida ‘a la occidental’ que muchas veces eran una fantasía utópica: la prohibición de salir del país idealizaba un Occidente que no conocían. Para los georgianos de a pie, los chicos del avión, como les llamaban, eran unos privilegiados que llevaban una vida regalada.

Funeral de estado y juicio

A los pocos días se celebra un funeral de estado por los tres miembros de la tripulación, piloto, copiloto y azafata, que son condecorados como Héroes de la Unión Soviética. A los dos pasajeros muertos directamente se les olvida. 

De repente, los secuestradores supervivientes pasan de ese difuso sentimiento de opresión como clase privilegiada bajo una dictadura a una represión violenta, física. El primer día lo negué todo, al segundo declaré todo lo que sabía. Todo mi valor se esfumó. El resto hizo lo mismo. No estábamos preparados para esto”, recuerda Tina Petviashvili en el documental. 

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Banquillo de los acusados. Tina fue la única no condenada a muerte, y salió en libertad 5 años después.

Nueve meses después, tras el juicio, ella será la única que salga con vida del asunto, con una condena de 15 años. Tanto su marido, el actor Gega Kobakhidze, como los hermanos Iverieli serán condenados a muerte y ejecutados. También será condenado y ejecutado el sacerdote de 33 años Temur Chikhladze la única persona fuera del grupo de secuestradores que conocía sus planes.

De nada sirvió la recogida de firmas pidiendo clemencia. El del  Aeroflot 6833 era el 14 incidente de piratería aérea en la URSS desde 1970, y hacía unos años las penas se habían hecho más duras. Se quería dar ejemplo. 

Sentencia, ejecución y silencio

Pero la sentencia a muerte no fue el castigo final. Lo que vino después fue una tortura para los familiares. Los reos condenados a muerte desparecieron. Sus familias no podían verlos, no sabían dónde ni en qué estado se encontraban. Así pasaron nada menos que 5 años, desde 1984 a 1989. Cinco años sufriendo, con rumores de todo tipo, que incluía la posibilidad de que siguieran vivos. 

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Tina Petviashvili en el documental Bandits, en 2003.

La realidad es que fueron ejecutados a los dos meses de la sentencia. Se había acelerado el asunto saltándose la propia ley soviética que estipulaba que debían pasar 9 meses entre sentencia y ejecución. También se desguazó el avión, con demasiados impactos de bala hechos desde fuera. Todo el mundo tenía prisa por olvidarse del avión. 

En 1989 cae el régimen comunista. Llega la democracia y la independencia de Georgia. Tina Petviashvili ve anulada su sentencia y sale en libertad. Se reconoce oficialmente que los acusados fueron ejecutados, pero se sigue sin comunicar el paradero de los restos.

La madre de Gega cuenta como en 2001 un hombre se le acerca por la calle y le dice que sabe dónde está enterrado su hijo. En una cuneta. Los familiares van allí por su cuenta y desentierran unos restos. No son de Gega, sino de Soso Tsereteli, el secuestrador herido que murió en el hospital. Es el único que tiene una tumba con sus restos. Los demás, a día de hoy, siguen en paradero desconocido.

¿Héroes o irresponsables?

Durante la transición georgiana lo ocurrido en el Aeroflot 6833 se vuelve un tema muy incómodo. Hoy día en la calle la opinión sigue dividida. Para unos, los jóvenes secuestradores son un ejemplo, unos luchadores por la libertad cuyo ejemplo recordar.  Otros los siguen llamando bandidos y terroristas; o siendo más benévolos, unos aventureros ingenuos cuya inconsciencia costó vidas.  Tina Petviashvili considera años después que nada de aquello valió la pena.

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Cartel del documental de 2003. El de la izquierda es Gega Kobakhidze.

Es este un asunto que da vueltas sobre esa zona gris tan querida en este blog. Los medios y los fines, el eterno debate.

Aunque tras ver la película, el documental e información en internet –significativa la escasez de la misma, incluidos medios occidentales– sigo con muchas preguntas sobre la realidad y las expectativas de “los chicos del avión”. 

¿Estaban tan desesperados como para jugarse la vida en una acción a todas luces poco meditada?¿En qué momento este grupo de artistas, médicos y actores se vieron capacitados para secuestrar un avión? Según Tina, no había plan B. ¿Les traicionó su soberbia de clase alta ilustrada para pensar que podrían salir indemnes de una acción así? Parece que no hubo nadie entre ellos que pinchara la burbuja  de fantasía en la que vivían. ¿Podían haber evitado las autoridades a última hora el resultado fatal y no les interesó? 

Treinta y cinco años después hay más preguntas que respuestas. Y no parece que haya mucha gente dispuesta a averiguarlas. 

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4 pensamientos sobre “Los chicos del avión”

    1. Muchas gracias Juli por el comentario. La película la verdad es que no me gustó nada pero el documental sí, aunque sigue dejando preguntas.
      El doc está en youtube e en inglés.

  1. Gracias Patricia. Te recomiendo el documental. Aunque, mejor o peor, ya está resumido en el post. Mucha más información no encontré. Tal vez en georgiano 🙂

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