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La trobairitz y la soldadera

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Hasta hace cuatro días yo no sabía quiénes eran las trobairitz. En los siglos XII y XIII debían hacerse muy largas las tardes en los castillos de los poderosos, sobre todo porque no trabajaba ninguno. Aparte de entrenarse en el manejo de las armas y procurar no ser envenenado, poco más había por hacer.

Así que, armas aparte, los que no se daban a la oración y la mística se dieron a la literatura y el canto. En los siglos XII y XIII surgieron en el sur de Francia (o Catalunya Nord, no se me enfaden mis paisanos) los trovadores. Posteriormente la moda se extendió por otros lugares del Occidente cristiano.

Los trovadores componían y cantaban en lengua provenzal u occitano. Era una poesía culta y refinada, surgida entre las clases ricas para consumo propio, una afición para pasar el rato. Una poesía profana sometida a unas reglas estilísticas muy marcadas que cantaba lo que se ha venido a llamar el “amor cortés”.

¿Qué era eso? En teoría una concepción platónica y mística del amor, un estado de sufrimiento gozoso que lleva al nirvana, pero en el que no se consuma nada de nada. El trovador canta las excelencias de su inalcanzable amada. ¿Por qué inalcanzable? Pues porque la amada era la mujer de otro, así que había que guardar las apariencias y mantenerse lejos de la espada del cónyuge. Tanto que a menudo se usaban seudónimos en lugar del nombre de la señora.

Pero este esquema de trovador y amada-señora-de no siempre se dio así. Aunque se han documentado pocos casos y quedan pocas pruebas escritas, existieron algunas mujeres que le dieron la vuelta al asunto, las trobairitz.

Les presento a las trobairitz

Trobairitz se llamó a las mujeres que componían versos y luego los cantaban o recitaban, exactamente igual que sus colegas masculinos. Hasta ese momento las mujeres se habían limitado a escribir música sacra, así que las trobairitz son las primeras compositoras de música secular en Europa.

Al igual que los hombres, eran de clase alta, con gran formación literaria y musical; y al igual que ellos, cantaban a un amor imposible, tanto hacia señores como, en algún caso, señoras.

En este punto tengo que decir lo que muchos lectores y lectoras deben estar pensando: el rollo del amor platónico de antes no cuela. Manteniendo unas mínimas formas por aquello de que la nobleza era el espejo de la sociedad cristiana, el “amor cortés” de los trovadores no era ni más ni menos que un amor adúltero.

Con todos los velos que un lenguaje de seda pueda interponer, lo que anhelaba el trovador era tener a su amada desnuda a tiro y a partir de ahí dejar correr la imaginación y algún fluido que otro.

No nos tiene que sorprender, ya que en aquel ambiente todos los matrimonios eran concertados por motivos políticos o económicos, no tenían nada que ver con el amor o el deseo. Así que el amor o el deseo fuera del matrimonio era lo más habitual y, manteniendo ciertas formas, algo cotidiano. Lo que han hecho las clases altas toda la vida, vamos.

Las trobairitz se encontraban en el mismo punto, querían acostarse con el marido o la mujer de otro/a. Esto ya supone una auténtica revolución en los palacios. Una mujer expresándose de igual a igual, que deja de ser el objeto de deseo para ser sujeto activo que además expresa deseos amorosos.

Y va la tía y además lo canta.

trobairitz 03

Lo que distingue la poesía de algunas de las trobairitz que nos ha llegado es un grado de desinhibición mayor que el de sus colegas masculinos. No soy un experto pero supongo que para una mujer que había tenido la valentía de adentrarse en ese terreno desconocido, en un asunto de hombres, ir un poco más allá de ese platonismo impostado ya no suponía una barrera importante.

Dicen los críticos que la poesía de las trobairitz es más personal, más directa y cercana que la de los trovadores. Tal vez (de nuevo improvisa el profano que les habla) porque ellas tienen que gritar más para ser escuchadas.

Beatriz, la condesa compositora

condesa de diaEntre las trobairitz más famosas está Beatriz de Dia (ca. 1140-1175), Condesa de Dia, de la que han sobrevivido 5 de sus poemas, y la única de la que se conserva también la música de uno de ellos.

Sobre su vida todo son dudas, incluso son borrosas sus fechas de nacimiento y muerte. Incluso su nombre: para unos es Beatriz, para otros Isoarda; según a que condesa se refieran. La versión más aceptada es que estaba casada con Guillermo de Poitiers pero enamorada de otro trovador, Rimbaud de Orange, al que le dedicaba sus “cansóns”.

Como esta delicia: en versión castellana aquí, en original al final del post.

He estado muy angustiada
por un caballero que he tenido
y quiero que por siempre sea sabido
cómo le he amado sin medida;

Ahora comprendo que yo me he engañado,
porque no le he dado mi amor,
por eso he vivido en el error
tanto en el lecho como vestida.

Cómo querría una tarde tener
a mi caballero, desnudo, entre los brazos
y que él se considerase feliz
con que sólo le hiciese de almohada,
lo que me deja más encantada
que Floris de Blancaflor:
Yo le dono mi corazón y mi amor,
mi razón, mis ojos y mi vida.

Bello amigo, amable y bueno,
¿cuándo os tendré en mi poder?
¡Podría yacer a vuestro lado un atardecer
y podría daros un beso apasionado!

Sabed que tendría gran deseo
de teneros en el lugar del marido,
con la condición de que me concedierais
hacer todo lo que yo quisiera.

El poema, y sobre todo los cuatro versos finales, lo dicen todo. Sobran más comentarios.

María Balteira, la soldadera

Si de la Condesa de Día se sabe poco, menos aún de María Pérez Balteira, nacida en Betanzos y que vivió un  siglo después, aunque no se ha confirmado la fecha de nacimiento ni de muerte.

De ella solo sabemos leyendas nacidas en las ‘cantigas de escarnio’ de juglares y trovadores, entre los que se encuentra el mismo rey Alfonso X. Cantares que, como su nombre indica, tiraban con bala, más preocupados por escandalizar y exponer el mal ejemplo que por dejarnos una biografía veraz. Pero el tiempo pone las cosas en su sitio y aquellos retratos ofensivos nos enseñan hoy una mujer fascinante a la que apetece invitar a una copa y sentarse a escucharla.

María fue la soldadera más famosa de la España medieval. El nombre de soldadera viene de la soldada que estas mujeres recibían en la corte por cantar y bailar. Si las aristocráticas -y amateurs– trobairitz ya estaban mal vistas por dedicarse a un asunto de hombres, imaginen las juglaresas, mujeres de clase baja que se ganaban la vida con un oficio tan respetable en aquellos tiempos como la prostitución. Ay, aquellos tiempos, tan tan lejanos…

maría pérez balteira

De María cantaron sus colegas juglares que poseía una belleza extraordinaria, que bailaba con gracia y que tocaba varios instrumentos, como la guitarra, la viola o el pandero.

Y también cantaron que era viciosa, le gustaba jugar a los dados y retar a los hombres en competiciones de tiro con ballesta; que le agradaba andar entre soldados, frecuentar las tabernas, beber y acostarse con quien le viniera en gana, incluyendo clérigos y monjes, por supuesto. En fin, que se atrevió a vivir como ellos.

Parece ser que era hidalga y dejó la supuesta comodidad de clase media para vivir los caminos. Hay testimonios que la sitúan participando en una cruzada alrededor de 1257. En fin, puro carpe diem, mi prima.

Beatriz y María

Me apeteció hoy juntar a tomar un vino a Beatriz y María. De una no conocemos su vida, de la otra no conocemos su arte. No coincidieron en el tiempo, pero interesante dueto hubieran hecho.

Probablemente no se parecían en nada, salvo en su pasión por la música y por la vida. Las veo, salvando tiempo y espacio, hablando de canciones, de música, de instrumentos y de su pelea por abrirse paso y dejarse oír, a codazos y sonrisas. Me imagino a María diciendo barbaridades y a Beatriz haciendo como que se escandalizaba, para aumentarlas luego en suave y perfecto occitano. Y a las dos parar la conversación en seco, admirar el magnífico culo del cantinero que pasa por su lado e intercambiar una sonrisa.

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