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La procesión de Genarín

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 «Y siguiendo tus costumbres
que nunca fueron un lujo
bebamos en tu memoria
una copina de orujo.»

En la noche del Jueves a Viernes Santo de 1929, 30 de marzo para más señas, Genarín recorría su ruta habitual por el leonés barrio de San Lorenzo, lugar poco recomendable para almas cándidas y en el que él era casi una leyenda. En la base del tercer cubo de la muralla, a la altura de la calle de Las Carreras, el bueno de Genaro decide hacer hueco en su vejiga para el nuevo orujo por venir. En ese momento, el pellejero, cual moderno Cable Hogue, es arrollado por el progreso; concretamente por el primer camión de la basura de la ciudad de León. Allí quedó atrapado Genarín, entre el camión y la muralla. Cuenta la leyenda que la Moncha, una de sus prostitutas habituales, lo vio y cubrió su cuerpo con un periódico.

Una muerte anónima de un humilde pellejero en un arrabal de una ciudad de provincias. Más de 80 años después, unas 15.000 personas lo recuerdan en procesión.

Para que se imaginen a Genarín

Su nombre completo era Genaro Blanco, apellido común en León para los huérfanos, en honor a la Virgen Blanca. Había tenido varias profesiones (la última pellejero) de las de ir tirando para acompañar el orujo con un trozo de queso con pan y una naranja; su dieta habitual. Si se daba bien lo de las pieles y le quedaba un remanente, lo invertía en ocio: jugar al tute o la garrafina y frecuentar a las señoritas de de la «Bailabotes» y de “Doña Francisquita«, ésta última justo encima de la cantina del Carabina, donde tal vez probaba suerte en el juego del cartoncillo. A saber. En la taberna del Carabina se vendían, a un real, un cartón con cuatro cartas de la baraja. Cuando todos estaban vendidos se sacaba una carta de una baraja y  el agraciado que la tuviera en su cartón podía elegir meretriz para subirse a Doña Francisquita a lo que fuera que hicieran allí. Parece que la devoción a dichos lugares y la perseverancia de Genaro era legendaria. Tanto que ya se había convertido en una especie de portero de ambos burdeles.

Los evangelistas

La muerte de Genaro no tiene más que un breve en la prensa leonesa al día siguiente. Pero su ausencia deja huella y al año siguiente cuatro compañeros de andanzas deciden recordar a su colega de tabernas y burdeles, iniciando lo que se conoce como el entierro de Genarín. Un homenaje que inician en la Plaza del Grano y que recorre las calles que él frecuentaba, haciendo las consiguientes paradas-homenaje en los establecimientos de ocio antes mencionados. La estrafalaria cofradía, conocida como los evangelistas, parece sacada directamente de la pluma de Valle-Inclán o de Albert Cohen y sus Esforzados.

Tenemos a Eulogio “El gafas”, taxista y, según cuentan, el versificador más inspirado sobre las andanzas de Genarín. También está  Nicolás Pérez “Porreto”, comercial de una casa de pinturas y árbitro de fútbol. El tercero es Luis Rico, un aristócrata que dilapidó toda su fortuna al estilo Genarín, o Best style, para los futboleros. Y el cuarto, Francisco Pérez, mecánico dentista y poeta, en deliciosa combinación. Lo de los libros se lo pagaba él la mayoría de la veces, claro. Fue el mayor propagador de la enseñanzas de Genarín y el que más tarde murió, en 1988, por lo que pudo atravesar los oscuros años de la prohibición franquista y ver resurgir la procesión de los borrachos.

Paréntesis. A los dos últimos, aristócrata y escritor, les acompaña habitualmente el adjetivo bohemio, relativo a su vida en burdeles y tabernas. Los dos primeros, taxista y comercial, se quedan en borrachos y puteros. Dicha distinción, que se da siempre en estos casos, creo que merecería un estudio en profundidad, algo que se escapa de este blog. Cierro paréntesis.

Los cuatro evangelistas perseveraron en su culto a Genarín y cada Jueves Santo iniciaban su particular via crucis por los lugares tocados con la magia del pellejero. La procesión fue creciendo aunque, como pueden imaginar, durante la época franquista todo fueron dificultades. En 1957 se prohibió, era intolerable que mientras unos sufrían la muerte de Jesús otros hicieran un canto a la vida con la de Genarín. La leyenda cuenta que la prohibición fue debida a que en ese año la procesión pagana superaba en asistentes a la religiosa, pero vayan a saber.

La procesión

La cosa va más o menos de la siguiente manera. Tras la cena, la Cofradía de Nuestro Santo Padre Genarín se dirige a la Plaza del Grano, donde cargan a hombros los pasos de la procesión: La Cuba (en el que van las ofrendas), la imagen de Genaro, la Muerte y la Moncha. También van cuatro cabezudos que representan a los evangelistas. Los cofrades llevan una corona de laurel bendecida con orujo y la santa dieta (el nombre es mío): orujo, queso, pan y una naranja.  Recorren las calles a golpes de orujo, las mismas calles que vieron deambular completamente doblado a su padre fundador, mientras recitan versos satíricos en su honor y van parando en algunas tabernas. Acaban el recorrido en la muralla, en ‘los cubos’, donde murió Genaro. Allí el ‘Hermano Trepador’ sube a lo alto de la muralla y deja como ofrenda la santa dieta antes mencionada.

Por una parte esta procesión no deja de ser también una especie de homenaje a los legionarios romanos que fundaron León. Creo que ellos estarían en su salsa en el entierro de Genarín.  Sin negar la evidente impronta del cristianismo en nuestro ADN, seguimos siendo romanos. Además, como subgenio muy interesado en el pastafarismo esta cofradía es la mía. La Semana Santa se me antoja, a mí que no soy experto, una de las fiestas cristianas más paganas.  Heredera de ritos muy antiguos, adaptados posteriormente por el cristianismo, sigue teniendo ese aire pagano de venerar las imágenes de los diferentes dioses (y diosas) por las calles. Son noches mágicas, nadie que haya vivido alguna puede dudarlo. Con todo el respeto a las procesiones religiosas –hay otras siete en León esa misma noche–, me parece que la de Genarín está más cerca del sentido original de todo esto: celebrar del fin de la oscuridad del invierno y el triunfo de la vida, que vuelve a germinar. Cualquier Jueves Santo de estos me acerco a León; mientras, me tomaré un orujo en memoria de Genaro y en celebración de la primavera.

*Al hombre de la foto algunos lo identifican como Genaro Blanco, aunque no está confirmado.

2 comentarios sobre “La procesión de Genarín”

  1. La Bailabotes tenia reclinatorio con su nombre en S Isidoro y en su vivienda, no en su «negocio» celebraba reservadamente lo mas granado y el suelo estaba tapizado con acolchado

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