Francisco de Cuéllar, náufrago en Irlanda

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Fotografía de portada propiedad de Miquel Silvestre

Contra lo que dice la historiografía inglesa tradicional, el desastre de la Empresa de Inglaterra de 1588, también conocida como la Armada Invencible, no fue solamente obra de la marina inglesa, sino, muy mucho, de las tempestades y otros errores hispanos. De hecho, la mayor parte de las víctimas a manos inglesas fueron los exhaustos náufragos asesinados al llegar a la costa. Pero el náufrago del que voy a hablar hoy se les escapó a los ingleses. Franscisco de Cuéllar, logró salvar el pellejo y vivir para contarlo. La carta que dirigió a Felipe II contando sus desventuras  “que casi parecerá sacada de algún libro de caballerías”, según él mismo escribe, permaneció escondida trescientos años en la Real Academia de la Historia hasta que en 1884 fue rescatada. Si solo la mitad es verdad, su peripecia es asombrosa.

Como viene siendo tradicional con este tipo de personajes, Francisco de Cuéllar es más conocido en Irlanda que en la propia España. Se pueden visitar los lugares que frecuentó, cerca de Donegal, en el llamado “The Cuéllar Trail”. No hay personajes más olvidados en la historia oficial que los soldados derrotados.

El lugar y la fecha de nacimiento de Cuéllar no están claros. Algunos lo sitúan en Cuéllar, Segovia, pero otras pistas llevan a La Rioja, a León o a Toledo. Cuando en 1588 se embarca en la Gran y Felicísima Armada ya llevaba el bueno de Francisco bastantes tiros pegados. Se había alistado en la invasión de Portugal, había navegado hasta Brasil y a la vuelta participó en la victoria española en la Islas Terceiras, julio de 1582, la primera batalla naval con solo naves mancas (sin remos) de la historia.

De visita por la costa irlandesa

La siguiente aventura no fue tan feliz. Otoño de 1588, el galeón en el que viaja Cuéllar, junto a otros dos, se ancla cerca de la costa de Irlanda, en el actual condado de Sligo. Están allí cinco angustiosos días, hasta que un temporal los arrastra a la costa, donde se hacen pedazos. Del millar de tripulantes apenas sobreviven 300, a los que la empobrecida población local les roba literalmente todo, hasta dejarlos en pelota picada. Cuéllar, agarrado a una tabla, consigue llegar a la orilla sin ser detectado. Deambula por el lugar herido en las piernas, exhausto y perdiendo a ratos la consciencia. Mientras el gran Felipe II encara horas amargas sentado en su despacho al calor de la lumbre, Cuéllar, arrastrándose, contempla 600 cadáveres en la playa, de los que se alimentan los cuervos y los lobos.

Empieza a caminar hacia el interior, pero la muerte le persigue. Llega a la abadía de Staad, incendiada por los ingleses.  Allí encuentra a otros 12 españoles ahorcados en el interior. Los monjes habían huido a los montes, ya que los ingleses apenas distinguen entre católicos españoles e irlandeses. Cuéllar, descalzo, dolorido y hambriento, intenta volver a la playa por ver si en los restos de las naves encontraba comida. Por el camino se encuentra a otros españoles, desnudos y helados de frío que le cuentan calamidades. Decide alejarse de la costa por miedo a los saqueadores sin saber muy bien a dónde ir. En el camino confraterniza con pequeño grupo de tres lugareños que lo hiere en una pierna, le roba la camisa y todo el dinero que aún conservaba.  Una mujer que acompaña a tan simpáticos nativos se apiada de él y le ayuda: cura un poco la herida, le da comida y le indica como llegar hasta el condado de Leitrim, donde estaría seguro. En el camino tuvo otro encuentro con saqueadores, que le dan una paliza y, en lo que parece una costumbre local,  le quitan  la ropa de nuevo, con lo que tuvo que hacerse un faldón con ramas. Divisa unas cabañas abandonadas, donde encuentra otro grupo de españoles tan desvalidos y asustados como él. Hacen noche y a la mañana aparecen unos labradores irlandeses, así que los españoles tienen que mantenerse ocultos bajo las pajas de las chozas durante todo el día hasta que los labradores se marchan.

En su tour por los bellos parajes de la verde Irlanda  llega a las tierras de un tal O’Rourke, “aunque éste es salvaje, es muy buen cristiano y enemigo de herejes, y siempre tiene guerra con ellos”. Allí se refugia Cuéllar con otros 80 españoles, lo que le costó al noble irlandés la horca en Londres en 1590.

En el castillo de McClancy

Un tiempo después, noviembre de 1588, Cuéllar arriba con otros 8 españoles al territorio de los McClancy, que también estaba en guerra contra los ‘herejes’ ingleses. En aquellas tierras consiguen Cuéllar y sus compatriotas hospitalidad de los “salvajes”: ”Su propiedad destos salvajes es vivir como brutos en las montañas, que las hay muy ásperas en aquella parte de Irlanda donde nos perdimos. Viven en chozas hechas de pajas”.

Hombres hechos a penalidades y peligros como Cuéllar no desprecian las oportunidades y el bueno de Francisco aprovecha para confratenirzar y acercar posturas con las irlandesas:

La mujer de mi amo era muy hermosa, por todo extremo y me hacía mucho bien, y un dia estabamos sentados al sol ella y otras sus amigas y parientas; preguntábanme de las cosas de España y de otras partes, y al fin me vinieron á decir que les mirase las manos y les dijese su ventura; yo, dando gracias á Dios, pues ya no me faltaba más que ser gitano entre los salvajes, comencé á mirar la mano de cada una y á decirles cien mil disparates

Ese es mi Francisco, al que se le ve ya un poco más recuperado. Pero no hay tregua larga para nuestro héroe. Los soldados de la reina se acercan al castillo, dispuestos a remediar el problema de los españoles y de los rebeldes irlandeses de un solo tiro. McClancy dedice huir con su gente a las montañas pero a los españoles nos les viene bien, se les habían quitado las ganas de trekking por un tiempo.

Apárteme con los ocho españoles que conmigo estaban, que eran buenos mozos, y díjeles que bien vian todos los trabajos pasados, el que nos venía v que para no vernos en más era mejor acabar di una vez honradamente, y pues teníamos buena ocasión no habia que agiuirdar más ni andar huyendo por montañas y bosques desnudos (…) nos metiésemos los nueve españoles que allí estábamos, en él, y le defendiésemos hasta morir, lo cual podíamos hacer muy bien, aunque viniesen oí rogdos tantos poder más del que venía, porque el castillo es fortísimo y muy malo de ganar.

Así que los irlandeses se van y los nueve españoles se quedan guardando el castillo. Mil ochocientos ingleses se presentan con malas intenciones y allí ahorcan a dos españoles, como diciendo. Les prometen una vuelta segura a España si rinden el castillo, pero Cuéllar y los demás no se fían un pelo. El castillo realmente era inexpugnable así que tras 17 días de asedio y viendo que los españoles no se achantan, el mal tiempo hace desistir a los sitiadores, que se marchan a mejores pastos.

A su vuelta al castillo, el señor McClancy estaba tan contento que agasaja a los valientes españoles, les propone hacerlos su guardia personal e incluso ofrece a Cuéllar la mano de una de sus hijas. Pero no cuela. A estas alturas ya sabemos que Cuéllar no es de echar raíces y le suponemos un poco cansado de tanto erasmus avant la lettre: él solo quería volverse con los suyos. McClancy no los quería dejar marchar así que se escapan una noche “diez días después de la Navidad” de 1588.

Black irish

Vuelta on the road le da tiempo a Cuéllar de seguir pasando buenos ratos: “de suerte que se podia andar librementente en la villa, que era de casas pajizas, y allí había unas mozas muy hermosas, con las cuales yo tenía mucha amistad, y entraba en sus casas algunos ratos á conversación y parlar”. De tanta parla, los “black irish”, esos irlandeses que salieron morenos. Al final, con la ayuda del obispo Raimundo Termi, (camuflado de paisano para despistar a los ingleses, qué cosas) se unió a un grupo de otros 12 españoles. Embarcaron para Escocia, donde los españoles eran bien acogidos. Lo de bien acogidos es porque no querían matarlos, porque allí pasó 6 meses tal como llegaron de Irlanda, casi desnudos y sin nada que comer, a expensas de las limosnas. Al final el Duque de Parma fletó un barco para rescatar a los españoles que quedaban en Escocia y Cuéllar zarpó de Britania rumbo a Flandes, con la nostalgia de tantos amigos ingleses y de alguna irlandesa.  Ya estaba a salvo.

Pues no. En aquel tiempo Cuéllar se estaba aficionando a desembarcar a lo marine en los sitios, así que embarrancó en Flandes donde los holandeses lo recibieron con unas buenas salvas de artillería, pero no de honor, sino de las que se tiran a dar. Y así entró Cuéllar en Dunquerque, herido y con solo su camisa, muy a su estilo.

Después de Dunquerque el bueno de Francisco siguió dando tumbos por el mundo, allá donde le llevara el tercio a las órdenes de Alejandro Farnesio, haciendo europeísmo a arcabuzazos: Flandes, Francia, Piamonte, Nápoles. Una vez repasada Europa embarcó de nuevo a las Indias y ahí su pista empieza a borrarse, aunque los últimos datos lo sitúan en Madrid en 1604.

Se desconoce el año y el lugar de su muerte. Yo apuesto a que murió en su cama.

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12 pensamientos sobre “Francisco de Cuéllar, náufrago en Irlanda”

  1. Estimado ‘el blog insostenible’,

    Interesante artículo, aunque con los siguientes errores históricos:
    0. – Calificar de “erasmus en Irlanda” una empresa que costó la vida a 10.000 españoles, muertos muchos de ellos ahogados, ejecutados, ahorcados y decapitados, me parece cuanto menos, anacrónico y carente de gracia.

    1. – “ni fue obra de la marina inglesa”:
    Incorrecto. Batalla de Gravelinas (8 de Agosto 1588).

    2. – “Islas Terceiras, julio de 1582, la primera batalla naval de la historia en mar abierto”:
    Incorrecto. Batalla de los Pueblos del Mar (1190-1176 a. C.).

    Respecto al final del valiente capitán segoviano Francisco de Cuéllar es inexacto. Los últimos datos que tenemos le sitúan en Madrid (1603-1604) “en situación de reformado, vecino de Madrid”, tras la patente para la armada a cargo de don Luis de Córdoba (1602).

    Un saludo,

    Descubre Irlanda
    http://descubreirlanda.blogspot.com.es/

  2. Hola. Muchas gracias por las correcciones. Aunque la participación de la marina inglesa en la derrota es incuestionable, sigue siendo una cuestión sujeta a la opinión hasta que punto la marina inglesa derrotó en batalla a la Armada o fueron, como en la famosa frase, “los elementos”. Eso en ningún caso elude los errores españoles en la empresa aunque sí puede rebajar el triunfalismo inglés, una admirable operación de propaganda política, por otra parte.
    Y respecto a lo del ‘erasmus’ tienes razón y entiendo lo que dices, aunque eso lo veo en la larga disputa entre ‘historiadores’ y ‘periodistas’ a la hora de contar hechos históricos. Es obvio que la peripecia está llena de muerte y dolor y creo que al lector es no se le escapa. El titular, como todo en prensa, quiere llamar la atención y ‘actualizar’ el tema. He intentado dar un toque ligero y hasta humorístico si quieres para facilitar la lectura e interesar a los no ‘historiadores’ a que es obvio que es un texto que no pretende ser académico, aunque si con cierto rigor. En cuanto pueda (problemas informáticos) corrijo el final, gracias por el apunte.
    Y si hay alguien que pueda sentirse herido o molesto con el titular lo lamento y me disculpo, pensé que después de tanto tiempo cabía una broma. No siempre se acierta.

  3. me parece muy interesante.lo triste de lo que es historia es que la hace ,quien gana.pobre patriotas lo que padecieron mas ,mas, mas ,me duele es que la gente actual apenas sabe de nuestra gran historia en el mundo..tristemente sabemos mas de la historia de otros paises como EEUU. estamos globalizados o mejor americanizados es mas correcto,un saludo uno de huelva y gracias

    1. Muchas gracias Manuel, me alegro que te haya gustado. Yo creo que hay historias increíbles en la historia (perdón por la redundancia) de España, dignas de ser contadas. Son hazañas que muchas veces se ven sometidas a juicios anacrónicos, es decir, juzgamos con parámetros actuales a personas de otras épocas, con otros valores y creencias.
      Dicho esto la cosa ha de ir en dos direcciones, hay muchos hechos execrables protagonizados por esos ‘conquistadores’. Y, también triste y demasiado común, el pago para todos aquellos que “dieron gloria” a la Corona siempre fue terriblemente injusto y hasta cruel. Mientras, los listillos y aprovechados han ido medrando. Eso sí ha sido una constante en nuestra historia.

  4. Gracias por lo de Francisco de Cuéllar, que era un vecino muy querido aqui en cuellar que hoy en nuestros días le seguimos queriendo.

    UN SALUDO DESDE CUELLAR(Segovia)

  5. Hola
    Vivo en Colombia, me llamo Francisco Cuéllar y mi ADN muestra que mi ancestro masculino era Vikingo y merodeaba geneticamente Escosia e Irlanda. Varios antepasados se llamaron como yo.
    Nuestro Capitan famoso estuvo en las entonces llamadas Indias y no se si sdemas de Bradil y Chile, también estuvo en Colombia/Panamá.
    Que bueno sería conocer ese ADN !!

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