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Fowler y Belmont, sobre el valor

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El 26 de agosto de 1914, Patrick Fowler era un soldado más. Irlandés nacido en Dublín, formaba parte del 11º Regimiento de Húsares. Aquel día se enfrentaba a los alemanes en la batalla de Le Cateau, una de las primeras carnicerías de la Primera Guerra Mundial, aquella atrocidad. 

No se reseña ningún desempeño relevante de Fowler en aquella batalla. Pero Fowler pasó a la historia. Por haber sobrevivido. Pero, sobre todo, por cómo lo hizo. 

Patrick Fowler se pasó casi toda la guerra escondido en un armario. Más de cuatro años. Una hazaña que no hubiera sido posible sin la segunda heroína de esta historia, Madame Belmont-Gobert. 

Vayamos por partes.

Veterano de la India y Egipto

Cuando empieza la Primera Guerra Mundial, ese desastre que parece que nadie supo anticipar, la sensación entre muchos jóvenes británicos es que aquello acabaría en unos meses. Y que acabaría bien, claro, entre himnos, banderas al viento y gritos de júbilo. Muchos voluntarios se alistan, cegados por grandes palabras  como gloria y honor.  Palabras huecas, que son las que más resuenan. Además hay uniformes, como los de los húsares, que molan mucho. 

Fowler no era uno de ellos. Tenía 38 años y llevaba 19 años en el ejército británico, sirviendo en India y Egipto. Tiempo sobrado para saber de qué iba aquello de las guerras y los ejércitos; y que la primera obligación del soldado es sobrevivir. Tal vez ya había experimentado algunas novedades que nos legó la Gran Guerra, como el shell shock.primera guerra mundial- patrick-fowler-Le Cateau

Aquella batalla de Le Cateau era una especie de segundo acto de la de Mons que, resumiendo, vino a ser un desastre para los británicos, obligados a retirarse ante el empuje de la infantería y artillería alemanas. 

En una de esas desbandadas de los soldados británicos, Patrick Fowler se encontró de repente solo y perdido en el bosque, sin rastro de su unidad.

Fowler y María Belmont se conocen

Tuvo que sobrevivir tras las líneas enemigas, vagando por un bosque cercano a Cambrai, escondiéndose de los alemanes y comiendo lo que pillara. Esa aventura duró unos cuatros meses, hasta que un agricultor de la zona, Louis Basquin, lo vio el 15 de enero de 1915 cerca del pueblo de Bertry. Encontró a un hombre medio congelado y hambriento; en fin, en las últimas. 

Aquí es donde entra Marie Belmont-Gobert. Heroína con un par y suegra de Basquin, para más señas. Madame Belmont vivía junto a su hija Angèle en una granja de Bertry. Allí llevó Basquin al soldado perdido. Le habían salvado la vida, pero había un pequeño inconveniente: Bertry en aquel momento era zona alemana así que tenían que pensar en un lugar donde esconder a Fowler de los soldados del Káiser. 

1.50 m de alto por 0.50 de profundidad

¿Dónde? No se si Madame Belmont se lo pensó mucho o improvisó, el caso es que encontraron un escondite: un armario de cocina, de esos donde guardar platos y vasos. O sea, una caja de madera de un metro y medio de alto por medio metro de profundidad. Patrick no era un hombre pequeñito, para meterse tenía que retorcerse y mantenerse en cuclillas con las rodillas pegadas el pecho. 

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Al principio se trataba de pasar un mal rato: contener la respiración durante un posible registro, hasta que los alemanes se volvieran a marchar. Pero el problema para Fowler y para Madame Belmont, que no olvidemos que arriesgaba su vida, se complicó aún más.

Los alemanes se instalan en la granja

Al poco tiempo de la llegada de Fowler la granja es requisada por los alemanes. Es una casa grande, hay que aprovecharlo. Tiene dos plantas, con dos habitaciones por piso. Arriba se instalan ocho oficiales alemanes. Abajo viven Madame Belmont y su hija Angèle; y un tal Patrick, en la cocina, aunque eso no los sabían los nuevos inquilinos.

Ahora los soldados alemanes no pasan un momento a registrar, viven allí. Desayunan, comen, cenan, se toman un café, hablan de sus novias mientras se fuman un pitillo. En fin, hacen vida a tres metros de distancia del armario donde Fowler, acurrucado y mirando por un agujerito, tiene que estar horas quieto y casi aguantando la respiración para que no se note su presencia. Tres o cuatro horas inmóvil, aguantando calambres. Un simple estornudo y todo se acabó. 

Y las señoras con el miedo a ser descubiertas en cualquier momento. Para disimular, Madame Belmont deja de vez en cuando una puerta abierta del armario. Un ardid  para que los alemanes no sospechen que hay gato encerrado, con perdón.

Así durante 4 años, que se dice pronto. 

Durante todo ese tiempo Patrick pasaba los días en el armario y las noches en la casa o los alrededores, con mucho cuidado de no despertar a sus enemigos y compañeros de piso. 

Rompen el armario

En octubre de 1915 hay un momento de tensión importante. Otro soldado británico que andaba escondido por la zona, el cabo Hull, es descubierto. Tanto él como su protectora, la enfermera británica Edith Clavell, son fusilados.

En cuanto descubren a Hull, los alemanes organizan una batida por la zona a la búsqueda de otros enemigos escondidos. Llegan a casa de las Belmont como elefantes en cacharrería. La dueña les esperaba sentada a la mesa, frente al armario. Me la imagino aguardando, inmóvil, en silencio absoluto, salvo el tic-tac del reloj del salón. Tal vez reza. 

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Las Belmont posan junto al armario, con la foto de Fowler y sus condecoraciones

Llegan los alemanes. Mientras los intrusos gritan y dan golpes a todo, Madame Belmont demuestra una gran sangre fría. Un oficial se para junto al armario, lo examina durante un momento y de forma violenta arranca una de las puertas. 

Está vacío. Los alemanes se marchan sin encontrar a nadie. No se si a Madame Belmont le llegaron rumores o fue pura intuición, el caso es que ese día había decidido cambiar a Fowler de escondite, ocultándolo bajo un colchón. 

Viuda de guerra

Nadie, salvo las Belmont, sabía que Fowler estaba allí. En las navidades de 1915, Edith Fowler, su mujer, había recibido una notificación del ejército de que era, oficialmente, “viuda de guerra. Bueno, quizás alguien más se enteró ya que un tiempo después se dio un chivatazo y volvieron a trasladar a Patrick a un escondite bajo el suelo del granero. Allí permaneció un mes. Una vez más escapó de los registros.

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Fowler en 1918

Posteriormente los alemanes decidieron que necesitaban alojar en chez Belmont a más soldados: ocuparon la casa completamente y echaron a sus propietarias, que tuvieron que mudarse a una pequeña cabaña a las afueras del pueblo.

Pero las Belmont no estaban dispuestas a abandonar a Fowler. Al abrigo de la noche y a pesar del pedazo de barba que tenía el amigo Patrick, le vistieron de mujer y así lo sacaron de su agujero. Atravesaron el pueblo y se lo llevaron con ellas a la cabaña. La ventaja es que la casa estaba a salvo de miradas alemanas y allí Patrick tuvo más libertad para pasear por los campos, aunque fuera solo por la noche. 

Arrestado por espía

El 10 de octubre de 1918 el ejercito británico entró en Bertry y acto seguido arrestó a Fowler por espía. Su historia era demasiado increíble para ser cierta. Por suerte el malentendido duró poco. Arrestado y camino del cuartel se cruzó con un oficial que lo conocía de Le Cateau. Dicho oficial  confirmó su identidad y las circunstancias que le llevaron tras las líneas enemigas. 

Muy delgado y visiblemente envejecido, Fowler se reunió con su familia, que todos esos años le había creído muerto. Luego se reintegró a su unidad y posteriormente fue licenciado, tras 23 años de servicio.

La Oficina de Guerra británica pagó a Madame Belmont una asignación de 1,5 francos diarios por los gastos ocasionados por su soldado, del 1 de noviembre de 1915 all 10 de octubre de 1918. También fue nombrada Oficial Honoraria de la Orden del Imperio Británico, y su hija Angèle, miembro honorario de la misma. 

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Madame Belmont (en el centro) junto a Fowler, durante su visita a Londres.

El caso cayó en el olvido hasta que en 1927 un corresponsal del Daily Telegraph informó que Madame Belmont seguía viviendo en Bertry, pero casi en la pobreza absoluta. El diario impulsó una colecta que llegó a recaudar casi 3.500 libras –de la época– para ella, su hija y otras dos mujeres que habían escondido a otros dos soldados británicos. 

También se les pagó un viaje a Londres, donde fueron agasajadas por el alcalde la ciudad y posteriormente recibidas por los reyes en el Castillo de Windsor. 

Patrick ganó la guerra: se fue a vivir a Escocia con su mujer y sus tres hijas y murió en 1964, con 90 años. 

El famoso armario está expuesto en el King’s Royal Hussars Museum de Winchester.

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Armario expuesto en el museo de Winchester

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