Elena Cortés, desahucios y políticos valientes

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Antediluviana, desfasada, caduca, populista, irresponsable. Incluso, revolucionaria, que ya es decir. Todo eso, y supongo que mucho más, ha tenido que oírse la Junta de Andalucía, y en especial la consejera de Fomento, Elena Cortés, desde que impulsó el pasado 9 de abril un Decreto Ley de Vivienda que, citando el propio texto, pretende “asegurar el cumplimiento de la Función Social de la Vivienda”. El decreto, convertido posteriormente en ley (ley antidesahucio lo llama la prensa) tras la aprobación del  parlamento andaluz, se encuentra actualmente suspendido cautelarmente por el Tribunal Constitucional, a requerimiento del gobierno del PP.

Así que para determinados voceros Elena Cortés es una inconsciente y una demagoga. Muy lejos de aquellos políticos serios, sensatos, que toman decisiones ponderadas, de sentido común. Políticos que incluso, cuando se ven obligados por las circunstancias, hacen lo que se debe hacer, toman la única decisión posible. Y lo hacen aún en contra de la opinión mayoritaria de sus gobernados porque son valientes y no se dejan llevar por lo que opina el populacho, también conocido como pueblo soberano durante la campaña electoral. Que esas decisiones valientes siempre vengan definidas por los poderes económicos es una feliz coincidencia. Al tomarlas, valientemente se exponen a perder las elecciones, con el riesgo de caer posteriormente en varios consejos de administración.

Pero gente como Elena Cortés se deja llevar por la vía fácil: dorar la píldora al poderoso lobby de la PAH enfrentándose a bancos, inmobiliarias, el gobierno de la nación y la troika, que, todo junto y muy revuelto, debe ser lo que ella llama “capitalismo inmobiliario”. Para allanarse aún más el camino, Cortés dice que la crisis es en realidad una “estafa del capitalismo inmobiliario”. Qué cosas tiene Elena.

_elena_cortesEl decreto empieza con una exposición de motivos que se atreve a citar el artículo 25 de la Declaración de Derechos Humanos, el 11 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales y el 47 de la Constitución Española. Los tres artículos hablan del carácter social de la vivienda, un derecho básico para tener una vida digna. Con eso Cortés y compañía demuestran que son un grupo de ingenuos que apelan a los textos que sustentan la legitimidad del sistema sin haberse enterado de que la legitimidad del sistema la sustentan la Champions League y el Sálvame. Con sus variantes cuando estos cogen vacaciones, que está todo pensado para que no haya un vacío de poder.

Por tanto, la esencia de la ley andaluza es considerar el derecho a la vivienda por encima del de propiedad, fijando multas a quien mantenga pisos vacíos sin ofrecerlos en alquiler y la expropiación temporal de viviendas que estén a punto de desalojar a familias en riesgo de exclusión. Expropiación dice, te has pasao un pasote, Elena.

El mal ejemplo

Aunque me parece que lo importante aquí no es si va a beneficiar a pocos o a muchos, ni siquiera quiénes van a ser los perjudicados. Lo que está en juego es la posibilidad de abrir un grieta en la religión oficial del imperio. Por eso desde Madrid a Frankfurt hay un montón de gente llevándose las manos  la cabeza ¿Pero cómo se atreve? Y nos amenazan con las siete plagas: inestabilidad, debacle financiera, invasión alienígena, qué se yo. “Puede tener potenciales implicaciones negativas para la estabilidad del sistema financiero en su conjunto”, dicen desde Bruselas. Pero no especifica cuáles ni da números, por lo que a un analfabeto económico como yo se le escapa en qué medida la ley se puede cargar el entramado financiero de España. Y en esa misma línea de pensamiento ignorante: vaya birria de sistema que no aguanta la obligatoriedad de poner en alquiler una vivienda vacía.

Lo que sospecho es que el miedo está en que si se llevara a la práctica la ley, al sistema no le pasaría nada grave, seguiría tan pichi. Igual algunos deberían renunciar al yate, pero no caería el cielo sobre nuestras cabezas. Incluso podría ser beneficiosa para la mayoría. ¿Se imaginan? Si hemos hecho esto y nada ¿qué tal si probamos esto otro? Algo así se está poniendo en juego en Washington estos días: no se puede permitir que el programa de salud de Obama (más limitado que los europeos) se ponga en marcha y al día siguiente el país no se derrumbe bajo una dictadura orwelliana dirigida por comunistas sedientos de gulags. Los sacerdotes que sostienen el sistema miran en las entrañas de sus excels y ven que la más mínima variación del rumbo nos hundiría. Lo que pasa es que no los enseñan porque no los entenderíamos. Hay que creerles, han demostrado que nunca se equivocan. Y nos piden que sigamos construyendo mohais con frenética fe, que así #saldremos.

el rotoDurante muchos años en Europa las brujas fueron un problema social importante, una fuente de males para la comunidad que había que exterminar a sangre y fuego. Doctores tenía la Iglesia para detectarlas y proceder al tratamiento. Hasta que esas mismas mujeres independientes y con conocimientos dejaron de ser perseguidas, y se acabó el problema. La persecución a las brujas pasó a ser una lección de la historia, una muestra de los estragos del pensamiento único alimentado por el miedo y la ignorancia. Seguimos siendo los mismos, no se engañen.

El pensamiento único es considerar absolutamente todo bajo la ley del beneficio económico: desde la salud a la intimidad. Y ese pensamiento se ha infiltrado hasta el tuétano de nuestras democracias. Es el que lleva a estigmatizar a colectivos como los enfermos o los jubilados: son antieconómicos.

A Elena Cortés, con el apoyo de otros, se le ha ocurrido que el derecho a la vivienda está por encima del negocio. Cual hidalgo manchego, un exceso de lectura de la Constitución y los Derechos Humanos le ha llevado a perder el seso. Sigue batallando y no lo tendrá fácil, veremos cómo acaba, porque estos no son molinos, son gigantes de verdad. Parece que Elena, como otros dentro de su partido, cree que se puede vencer a los gigantes desde dentro del régimen. A mí me parece que no, aunque no me importaría nada equivocarme y que ella tuviera razón.

Así que le deseo toda la suerte del mundo y fuerzas para seguir en su empeño. Porque Elena, esto más que un post es un abrazo. Cuídate.

 

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